viernes, 27 de mayo de 2011

JESÚS Y LA MUJER SAMARITANA

Víctor Rey


Juan 4:1-42


El presente artículo es una simple intuición hermenéutica que quiere mirar dos conflictos candentes en el momento actual eclesial:  la presencia de la mujer en la iglesia y la evangelización de las culturas oprimidas.  Estos dos conflictos se encuentran bien articulados en el texto biblico de Juan 4:1-42, que narra el episodio del encuentro del hombre judío Jesús con una mujer samaritana.  
La versión joanina de la evangelización de Samaria, comparada con el relato de los Hechos de los Apóstoles, puede ser considerada extremadamente revolucionaria.  Los Hechos de los Apóstoles atribuyen el primer anuncio de Cristo en Samaria a Felipe, con la posterior confirmación e imposición de las manos por los apóstoles Pedro y Juan venidos de Jerusalén (Hechos 8:4-25).  En el relato joanino (Juan 4: 4-42) una mujer doblemente marginada por su condición de mujer y de samaritana hace este primer anuncio de Buena Noticia dentro de la propia cultura y a partir de ella, después de un encuentro personal con Jesucristo a la orilla de la fuente de Jacob.
INTRODUCCIÓN
Hay dos cuestiones sobre las cuales debemos pensar con mucha seriedad.  Una es la presencia  del liderazgo de la mujer en la Iglesia y otra es el reconocimiento y la evangelización de las culturas oprimidas, destacándose la cultura indígena y la negra.
Nuestra reflexión, a partir del encuentro de Jesús con la mujer samaritana, quiere ser un mirar comprometido sobre estos dos conflictos inminentes.  Es mucho más una intuición herméneutica que una investigación exegética o una elaboración teológico-bíblica propiamente tal.  Puede ser una provocación o un punto de partida para futuras reflexiones.
MIRANDO EL ESCENARIO Y EL DESARROLLO DE LA NARRACIÓN
La escena nos presenta de inmediato a Jesús abandonando Judea y volviendo nuevamente para Galilea.  Una nota explicativa dice que Jesús "tenía que pasar por Samaria" (Juan 4:4).  La importancia que el relator da a este detalle, en sí es obvio, del pasar obligatorio por Samaria, muestra la relevancia del hecho.
Jesús es relatado como un hombre cansado que se sienta a la orilla de la fuente de Jacob en la ciudad de Sicar de la región de Samaria.  Es cerca del mediodía cuando se aproxima una mujer samaritana con su cántaro para sacar agua de la fuente.  Jesús luego se manifiesta como un hombre necesitado: "dame de beber", (Juan 4:7).
Esta manera poco común de relacionarse de un hombre judío descoloca a la mujer samaritana.  Con una pregunta ella apunta para uno de los mayores Conflictos de la época "¿Cómo es que tú judío, me pides de beber a mí que soy samaritana?"(Juan4-9ª).  Otra vez la nota explicativa muestra la relevancia de este conflicto dentro de la escena (Juan 4:9b).
La parte central del texto (Juan 4:9-26) narra el diálogo teológico entre la samaritana y Jesús sobre los temas de la sed, del agua de la verdadera fuente, del simbolismo del pozo de Jacob, y de la adoración de Yavé.  El diálogo culmina con la revelación mesiánica de Jesús "Yo sé que el Mesías que se llama Cristo, está por venir.  Cuando venga nos hará saber todas las cosas".  Jesús le dice: "Soy yo el que habla contigo" (Juan 4:25-26). Los discípulos hacen como el marco de este escenario.  Fueron referidos en el versículo 8 y entran en escena en el versículo 25.
Ahora es la samaritana que después de dejar su cántaro a los pies de Jesús, va a la ciudad a encontrar a sus coterráneos para anunciar y convidarlos "vengan y vean a un hombre que me dijo todo lo que he hecho.  No será él el Cristo?" (Juan 4:28).  También los discípulos habían ido a la ciudad, sin embargo, con un objetivo bien opuesto al de la samaritana.  Ellos habían ido a comprar provisiones, o sea, alimentos (Juan 4:8).
Esta oposición crea el horizonte para la conversación de Jesús con los discípulos, que sigue: "Maestro, come", dicen los discípulos (Juan 4:31).  Pero aquel mismo hombre cansado que antes pidiera agua a la samaritana ahora no se interesa por el alimento ofrecido por los discípulos , "Tengo una comida para comer que ustedes no conocen" (Juan 4:32).  Mientras los discípulos todavía se preguntaban si alguién le trajo algo para comer, él continuaba diciendo, "Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me envió y completar su obra" (Juan 4:34).
Se sigue una palabra de sabiduría de Jesús sobre la colecta, a partir del proverbio: "Uno es quien siembra y otro es el que siega" (Juan 4;37).  Interpreta este proverbio como verdadero y dice a los discípulos: "Yo os envíe para segar lo que no sembraste, otros trabajan y ustedes entraron en su trabajo" (Juan 4:38).  La escena termina narrando que muchos samaritanos creyeron en Jesús por causa del anuncio de la mujer samaritana y el mismo Jesús que había decidido volver de Judea para galilea permaneció dos días con los samaritanos atendiendo a sus invitaciones (Juan 4:40).  Muchos otros samaritanos creyeron en Jesús al oír su Palabra, diciendo: "Nosotros mismos oímos y reconocimos que éste es verdaderamente el salvador del mundo" (Juan 4:42).
MUJER, CULTURA, EVANGELIZACIÓN Y LA COMUNIDAD JOANINA
El episodio del encuentro de Jesús con la mujer samaritana a la orilla del pozo de Jacob y todo el desarrollo de la escena que sigue trae a la luz varios elementos hermenéuticos para tres cuestiones candentes en la época de Jesús y hoy: mujer, cultura y evangelización.  Antes de reflexionar sobre estos tres puntos, vamos a caracterizar y contextualizar rápidamente a la comunidad joanina.
La comunidad está formada por discípulos de Juan el Bautista (Juan 1:35ss), samaritanos (Juan 4:1-42), griegos helenistas (Juan 7:35; 12-20), judíos expulsados de la sinagoga (Juan 9).
La comunidad joanina sufre dos momentos fuertes de ruptura:  la expulsión de la sinagoga, que puede ser comparada a un nuevo cautiverio (comparar Isaías 40 a 55 con Juan 9); y la ruptura interna como consecuencia del escándalo  delante de la Cristología  de la Encarnación Juan 6.66).
Es  una comunidad de periferia, sin poder, marginada y excluida, (ver Juan y Juan 4).  Estos dos textos, Juan 4 y 9 , tienen algo en común:  tanto la samaritana como el ciego anuncian a Jesús como profeta y Mesías. ¿No habrá sido la presencia de los samaritanos una de las causas de la expulsión de la comunidad joanina de la sinagoga?  La confirmación de esta hipótesis vuelve más agudo el conflicto cultural-religioso de la época.
Es una comunidad de resistencia, minoría perseguida.  De ahí el por qué su líder principal es una figura anónima conocida sólo como Discípulo Amado.  Dentro de esta característica de la comunidad joanina se esclarece también la presencia y liderazgo positivo de la mujer que en toda la tradición bíblica y todavía hoy aparece como símbolo de resistencia.
El evangelio como Buena Nueva fue escrito por la comunidad joanina como forma de resistencia colectiva contra las persecusiones venidas de fuera; por otro lado, el escrito traduce una mística de animación y confirmación  de la identidad de la comunidad en tiempo de división interna.  Su objetivo principal es narra algunos signos de Jesús y no milagros como los Sinópticos.  Estos signos fueron narrados porque se volvieron significativos para la historia de la comunidad y tienen la finalidad de llevar a una integración entre fe y vida:  "Estos signos fueron escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis la vida en su nombre" (Juan 20:31).
LA PRESENCIA Y LA RESISTENCIA DE LA MUJER EN LA TRADICIÓN BÍBLICA
La tradición bíblica, en el AT, destaca a la mujer como símbolo de resistencia en lo cotidiano.  No aparece en los textos escristos, pero hace la memoria oral.  Sabe "guardar en el corazón".  Por el hecho de que los textos bíblicos fueron escritos por hombres atribuidos a ellos, es notable que varios cánticos son de autoras femeninas.  En el canto está la memoria histórica de un pueblo.  ¿Ahí está la contribución más expresiva de mujeres como Miriam, Ana, Déborah.
En época de mayor libertad ellas también emergieron en el texto escrito, como en el tiempo de los Jueces y en los libros sapienciales.
En el NT Jesús mira a las mujeres de una manera liberadora, sin prejuicios.  Los libros que más destacan a las mujeres son Juan, Lucas y los Hechos.  Pablo a los textos atribuidos a él hablan con cierta ambigüedad.  No consiguen expresar en la práctica, toda la verdad de Jesucristo sobre la liberación de la mujer.  La mujer entra a los relatos evangélicos, como símbolo del reino y de la vida.
LA PRESENCIA POSITIVA DE LA MUJER EN EL EVANGELIO DE JUAN
Las mujeres son destacadas  en siete momentos decisivos para la propagación de la Buena Nueva, en el evangelio de Juan, que se divide en dos grandes bloques literarios.
Señales:
Juan 2:1-11 María en la boda de Caná.
Juan 4:1-42 Mujer samaritana dialoga con Jesús sobre religión.  Se vuelve evangelizadora de Samaria.
Juan 11:21-27 Marta toma la iniciativa de ir al encuentro de Jesús y hablarle sobre Lázaro.  Marta hace la profesión de fe en el Mesías, Hijo de Dios.
Transición:
Juan 12:1-3 María (amiga) unge a Jesús en su Hora suprema.
Exaltación:
Juan 16:21 Mujer que está por dar a luz, símbolo del sufrimiento articulado con la alegría genera lo nuevo.
Juan 19:25-27 "Mujer, he aquí tu hijo, hijo he ahí tu madre"
Juan 20:11-18 María Magdalena es testimonio ocular del Resucitado: "¡Vi al Señor!"  Verdadera discípula , ella hace el primer anuncio de la Resurrección y de la Nueva Alianza, "Anda y dile a mis hermanos: subo para mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios".
En siete textos la mujer aparece siempre en forma positiva, más que ser ayudada por Jesús ella ayuda a Jesús en el descubrimiento y realización de su misión, de su obra mesiánica.
Marta, la activista de los sinópticos es presentada aquí como aquella que profesa la fe en el Mesías, después de tomar la iniciativa de ir al encuentro de Jesús, hablar con él, personalmente y llamar a su hermana María para que también vaya al encuentro de aquel que la llama.
A María que unge los pies de Jesús y los seca con su cabello durante el almuerzo en Betania, no es una pecadora, como los sinópticos, sino la amiga de Jesús, hermana de Marta y de Lázaro. (Juan 12:1-3 y Lucas 7:36-39).
LA MUJER SAMARITANA EVANGELIZA A PARTIR DE SU PROPIA CULTURA
Aquí está el núcleo, el elemento central de nuestra intuición hermenéutica.  La tradición de la Iglesia naciente atribuye la obra evangelizadora de Samaria a los judíos cristianos dispersos después de la muerte de Esteban:  "Así, Felipe fue para la ciudad de Samaria y les anunciaba a Cristo" (Hechas 8:5).  Esta evangelización necesitaba también ser confirmada por los apóstoles que se encontraban en Jerusalén  .  (Ver Hechos 8:14-17).
La versión joanina que narra la evangelización de Samaria puede ser considerada extremadamente revolucionaria.  Una mujer marginada por ser mujer y por ser samaritana se vuelve evangelizadora dentro de su propia cultura y a partir  de ella.  De allí surge la sospecha hermenéutica de la valorización del Evangelio de la Buena Nueva de Jesucristo, ya presente en las culturas.
Esta sospecha hermenéutica puede ser verificada por la propia Palabra de Jesús a los discípulos en Juan 4:35-38.  En lenguaje sapiencial Jesús muestra a los discípulos que la semilla de su Evangelio ya está sembrada en la cultura samaritana.
El segundo elemento revolucionario es que al revés de los apóstoles (Hechos 8:4-25) aquí es una mujer originaria de la propia Samaria que, después de mantener un debate teológico-religioso con Jesús, y de reconocerlo cpmp Profeta y Mesías, anuncia a Cristo a sus coterráneos.  La misma expresión que Jesús uso para convidar a los primeros discípulos a hacer la experiencia de permanecer con él : "Vengan y vean" (Juan 1:39), es repetida por la samaritana:  "Vengan y vean a un hombre que me dijo todo lo que he hecho.  ¿No será él el Cristo?" (Juan 4:29).
Una curiosa inversión del sujeto se da también en le momento en que los samaritanos que adhirieron a la invitación de la mujer de venir hasta Jesús, pidieron que él permaneciera con ellos.  La fuerte carga teológica del verbo permanecer revela la relevancia de esta invitación de los samaritanos al cual Jesús adhiere.
La profesión de fe de los samaritanos en el final de escena revela la valorización de la presencia del Verbo en las culturas marginadas.
"Nosotros mismos oímos y reconocemos que éste es verdaderamente el salvador del mundo" (Juan 4:42).
Esta afirmación nos lleva a percibir que la Palabra de Dios es reconocida como revelación directa inmediata del propio Jesús dentro de la cultura samaritana.
CONCLUSIÓN
Tenemos así, en este texto, una pista hermenéutica muy contundente y pertinente para reflexionar en mayor profundidad sobre las cuestiones conflictivas de nuestro momento eclesial: mujer, cultura y evangelización.
Ninguna cultura es tan completa en sí misma que en ella se pueda agotar la Buena Nueva y el Evangelio de Jesucristo, como pretendía la cultura judía.  Por otro lado, ninguna cultura es tan insignificante que no contenga ya en sí la semilla de la Palabra de Dios revelada en plenitud por Jesucristo.  El mismo hombre judío que afirma a la mujer samaritana que "la salvación viene de los judíos" (Juan 4:22), dice a sus discípulos:  "Yo los envíe a coger lo que no sembraste; otros trabajaron y ustedes sembraron su trabajo" (Juan 4:38).
La mujer samariatana recibe el anuncio de la hora con toda la densidad teológica que ella tiene para el Evangelio de Juan:  "mujer, créeme, viene la hora  y ya llegó, en que los verdaderos adoradores han de adorar al padre en espíritu y en verdad.  Y son estos los adoradores que el Padre desea, Dios es espíritu y quien lo adora debe adorarlo en Espíritu y en Verdad" (Juan 4:21-23)
Este mismo anuncio de la hora es hecho a la mujer en el momento actual eclesial.  Todos, hombres y mujeres, somos llamados a hacer realidad esta obra que viene y ya llegó.