miércoles, 22 de febrero de 2017


Maturana para principiantes: La biología del amar y del conocer

¿Existe una realidad objetiva? ¿Somos seres totalmente racionales? ¿Cómo afecta eso nuestra vida? Revisemos qué tiene que decir el biólogo Humberto Maturana al respecto y, de pasada, sabremos por qué es tan famoso.

Hace poco, Humberto Maturana (1928) se vio envuelto  en una polémica respecto al coaching y la naturaleza de sus propias investigaciones. Y aunque sería interesante desarrollar el tema de hasta donde el autor de un avance científico, puede intervenir en los posteriores desarrollos y aplicaciones de ese avance, preferí enfocarme en lo que me parece que ha sido el gran legado del Dr. Maturana: La biología del amar y del conocer.

Algunos antecedentes: autopoiesis, realidad y lenguaje.

Humberto Maturana, como biólogo, es reconocido a nivel mundial por establecer una definición del fenómeno de la vida, inexistente anteriormente. Con la ayuda de su estudiante, el recordado Dr. Francisco Varela, definió el concepto de autopoiesis, a comienzos de la década de 1970. Para entender este concepto, debemos considerar a todo organismo vivo, como un sistema dinámico, o sea, una colección de elementos relacionados entre sí, y que pueden variar sus relaciones con el tiempo.
Entonces, un sistema autopoiético es aquél que se reproduce, crea y repara sus propios elementos, y para Maturana y Varela, se trata de la propiedad básica y distintiva de los seres vivos, pues al no existir autopoiesis, o sea, al no poder renovar sus células, limpiar las toxinas, etc., el ser vivo muere. Este concepto ha tenido un profundo impacto en la cibernética, la sociología, la psicología y múltiples otros campos.
Respecto a la naturaleza de la realidad, Maturana nos indica que para uno, como organismo, la realidad existe únicamente si la percibimos. Y que además, nuestros cerebros no pueden distinguir en primera instancia la ilusión de la realidad, necesitamos un contexto para darnos cuenta de cuál es cual. Esto tiene interesantes consecuencias para el concepto de “objetividad”, que abarcaremos más adelante.
Sobre el lenguaje, Maturana estima que es básicamente una coordinación de coordinaciones y es lo que, además, nos hace humanos. Al relacionarme con otros a través del lenguaje, voy cambiando mi propia forma de entender las cosas y produciendo cambios palpables a nivel físico, al interactuar desde el lenguaje, pues se establecen nuevas conexiones neuronales. En otras palabras, nuestros cuerpos se van transformando según lo que hacemos desde el lenguaje y, naturalmente, también hacemos en nuestro lenguaje según lo que se transforme en nuestros cuerpos.
Sobre estas bases, Maturana ha ido construyendo un aporte esencial al entendimiento de nuestra experiencia como seres humanos, y que se manifiesta en sus propuestas sobre la biología del amar y del conocer.
En esta interesante entrevista, el Dr. Maturana se explaya sobre la autopoiesis y otros temas. MW Producciones.

Las bases biológicas del conocimiento

Humberto Maturana, partiendo desde la biología, vincula el lenguaje con las emociones, la cultura y el amor. Nos dice que todo el quehacer humano se da dentro del lenguaje, por lo que si no hay lenguaje, no hay quehacer humano. Y simultáneamente, como todo lo que hacemos se hace desde la emoción, entoncestodo nuestro quehacer, como seres humanos, ocurre dentro del cruce entre el lenguaje con la emoción. Plantea además que el lenguaje surge desde la aceptación del otro, o sea, desde el amor.
Pero vamos por partes.
El planteamiento básico de Maturana, es que el hecho de conocer, debe tener bases biológicas… porque es claro, sin un sustento biológico, es imposible que podamos tener experiencia humana alguna. Por lo tanto, pensó él, debe haber bases biológicas que determinen la manera en que conocemos las cosas. Algo esencial en esto, es la emoción, que es una respuesta biológica a nuestras necesidades como organismos.
En general, tratamos lo racional como si fuera un fundamento universalmente válido para todo lo que hacemos. Y no es así. Porque todo sistema racional está basado en premisas aceptadas a priori, de forma arbitraria, desde las preferencias personalesEn el fondo, somos seres emocionales, que buscamos validar racionalmente esas emociones. Esto es efectivo incluso en ámbitos tan “fríos” o “abstractos” como la matemática y las ciencias exactas, pues las premisas fundamentales, los puntos de partida, uno los acepta porque quiere hacerlo, lo hace por motivos emocionales, no racionales. (No hace mucho escribí un artículo sobre las premisas de la ciencia que, irónicamente, no pueden ser probadas y que, de demostrarse equivocadas, podrían echar por tierra todo lo que conocemos. Los invito a leerla).
A partir de esta conciencia de nuestra propia emocionalidad, nos podemos dar cuenta que hay dos tipos de desacuerdos. El primero, se centra en cómo entendemos los procedimientos lógicos: si uno dice, por ejemplo, que 1 mas 1 suma tres, o bien explico qué quiero decir con eso o debemos ponernos de acuerdo sobre las reglas. O sea, si yo pienso que 1+1=3, y todo el resto del mundo piensa que es 2, es un tema de cómo se entienden los procedimientos lógicos, y nadie se siente realmente agredido o amenazado por ello.
En cambio, en el segundo tipo de desacuerdos, sí nos sentimos atacados. Cuando estamos en desacuerdo en las premisas fundamentales, esas premisas emocionales que validamos racionalmente, entonces uno siente que el otro es una amenaza para nuestra existencia, pues niega los fundamentos de nuestro pensamiento y nuestra coherencia interior. Muy mal. Entonces, ahí sí que tenemos reacciones explosivas.
Por ejemplo, en el tema del fútbol: si yo soy del equipo A y mi archienemigo del equipo B, dice que el equipo A es de lo peorcillo y que son feítos, si mi identificación con el equipo es muy grande, reaccionaré de forma violenta, pues en el fondo lo que percibo no es que se hable de fútbol… sino que se habla de mí mismo. Y ante esa negación de mi propia existencia, reacciono con muchísimo vigor, con consecuencias que tristemente están a la vista de todos. Situaciones similares ocurren cuando hablamos de nuestra visión política o religiosa, donde es casi imposible mantenerse impasible. Ambas cosas definen, en buena medida, nuestra construcción del mundo.
Una interesantísima entrevista al Dr. Francisco Varela, colaborador de Humberto Maturana, sobre los mismos temas tratados en esta columna. Canal 13 Cable.

Sobre la objetividad

Viendo así las cosas, habría dos formas de entender la realidad. En una de ellas, podemos intentar convencer a alguien de la verdad de nuestras ideas, a través de “argumentos objetivos”. Usando estos argumentos, pretendemos que la realidad es universal y que precisamente esa realidad, la hemos aprehendido de forma racional. Por lo tanto, si la otra persona persiste en sus propios argumentos, la tacharemos de ilógica o de absurda, porque nuestra verdad, sería la verdad absoluta.
Aquí lo que debemos pensar, es cómo accedemos a la realidad. Y es donde aparece esta segunda mirada sobre las cosas.
Para Maturana, no podemos tener acceso a una realidad objetiva independiente, sino que existe un “Multiverso”, donde hay tantas realidades como experiencias. Por lo tanto, lo que existe son dominios, campos, sistemas de explicaciones para nuestras distintas experiencias, los que pueden o no coincidir con los de otras personas.
Uno podrá decir: “pero entonces, ¿cómo es posible el progreso científico, si no hay una sola realidad?”. Y bien, es posible porque existe coincidencia sobre las premisas básicas a utilizar y la lógica que se aplica a ellas. Y dentro de ese campo, que es uno de los tantos posibles, se puede avanzar. De la misma forma que se puede progresar en otros campos que no sean los científicos, en tanto exista coherencia entre las descripciones de la realidad aceptadas por las personas participantes, o sea, que estén de acuerdo en cómo entienden el mundo.

Las bases emocionales de nuestras relaciones

Para Maturana, a medida que crecemos, vamos uniendo las emociones al lenguaje. Al entrelazamiento de emociones y lenguaje, Maturana le llama conversaciones. Y plantea que todo lo que hacemos como seres humanos, lo hacemos en conversaciones.
Y en dichas conversaciones, entonces, se expresan las emociones subyacentes. Por ejemplo, a través de laagresión, el otro es negado en forma directa o indirecta como un otro que puede coexistir legítimamente con uno. En cambio, a través de la indiferencia, sencillamente no vemos al otro como un otro. No tiene presencia y queda fuera de nuestro ámbito de preocupaciones.
En cambio, el amor, es la emoción donde el otro tienen una existencia legítima, donde no se le niega, sino que se le acepta como un otro válido. Y es desde ahí que se puede construir una vida en sociedad, nos dice Maturana.
Otra interesante entrevista al Dr. Maturana, sobre los temas tratados en esta columna. Radio Cooperativa.

La biología del amar

La definición que Maturana da del amor, es desde su perspectiva como biólogo, y considera que es la emoción fundamental que hace posible nuestra evolución como seres humanos. La define de la siguiente forma: "... cuando hablo de amor no hablo de un sentimiento ni hablo de bondad o sugiriendo generosidadCuando hablo de amor hablo de un fenómeno biológico, hablo de la emoción que especifica el dominio de acciones en las cuales los sistemas vivientes coordinan sus acciones de un modo que trae como consecuencia la aceptación mutua, y yo sostengo que tal operacion constituye los fenómenos sociales".
En ese sentido, los seres humanos somos intrínsecamente amorosos, y podemos comprobarlo fácilmente, observando lo que ocurre cuando a una persona se le priva del amor, o sea, se les niega el derecho a existir o se les quita validez a sus propios fundamentos básicos, emocionales, para la existencia. Esta carencia afectiva produce trastornos, como la ansiedad, la agresividad, desmotivación, inseguridad, tristeza y estrés crónico, etc.
Entonces, el amor es una manera de vivir en sociedad. Surge cuando al interactuar con otras personas, no importa quienes sean o su lugar en la comunidad, las consideramos como un legítimo otro, que puede coexistir con nosotros. Esta emoción, entonces, amar, es el fundamento de la vida social, al aceptar la existencia de los demás, sin querer anularlos o negar su propia visión del mundo.

Entonces, ¿qué recomienda Maturana?

Maturana nos indica que lo mejor es aceptar nuestra naturaleza, nuestra propia forma de sentir y experimentar la realidad, no negarla, pues eso genera un estrés innecesario y nos hace la vida más difícil e incluso miserable. En otras palabras, nos recomienda aceptar que no existe una realidad objetiva donde se imponga una sola forma de entender las cosas, pues cada ser humano posee su propia realidad, y de esta forma, no excluimos al resto.
Asimismo, esto obedece al hecho que nuestra naturaleza biológica está fundada en el amor, por lo que la no exclusión de distintas miradas, responde a ello mismo. Así, nuestros pensamientos o creencias no excluyen o niegan las de los demás y viceversa.
Para ello, además, debemos abrirnos al espectro emocional de nuestra existencia y recordar que no constituye una interferencia con el campo intelectual, sino que a la inversa, las emociones entregan sentido y profundidad a nuestro razonamiento.
Además, al relacionarnos desde la aceptación del otro y no desde el conflicto, se producen numerosas reacciones en cadena, que efectivamente nos hacen la vida más llevadera con los demás. Resulta sumamente interesante, que una teoría científica tenga una aplicación tan directa en nuestra vida diaria.
Ustedes dirán que todo esto es un poco “soñador”, pero como dijo un gran sabio, el mundo ideal está a sólo un día de distancia... si todos nos pusiéramos de acuerdo en respetar la existencia del otro.

jueves, 16 de febrero de 2017


Viajando por Guatemala
Víctor Rey
He visitado varias veces este hermoso país de Centroamérica. Y siempre me sorprende.  En mi último viaje he ganado un nuevo amigo.  Fui invitado a una reunión para la formación de la Red Cristiana por la Paz y quien me esperaba en el aeropuerto La Aurora de la ciudad de Guatemala con una gran sonrisa y un jockey con la visera al revés era Edwin Armando López.  Simpatizamos de inmediato y nos fuimos conversando en la ruta.  Fue tal el cúmulo de temas que teníamos para conversar que mi nuevo amigo detuvo el auto en un centro comercial y me invito a tomar un café guatemalteco para amenizar la charla.  Coincidimos en varios temas acerca de la vida, de lo humano y de lo divino.  También le gusta el fútbol y me regaló la camiseta de la selección de Guatemala y del  Club Deportivo de Antigua que ese año había salido campeón y es de la ciudad donde vive Edwin.  Me puso al tanto de la realidad de la política, de la economía y en general de la cultura guatemalteca.  También me animo a visitar su país y me dio algunos datos que comparto aquí.  Cuando regrese a mi país me regalo algo que no había probado antes.  Dos botellas de vino guatemalteco para hacer salud integral.
Guatemala es conocido como el corazón de la cultura maya, pero más que  pirámides y ruinas mayas, Guatemala cuenta con paisajes sorprendentes, tradiciones arraigadas y sobre todo gentes encantadoras que hacen de la estadía algo mágico.  16 millones de habitantes viven en una extensión de 109 kilómetros cuadrados, entre volcanes, llanuras, ríos, playas y selvas.
Guatemala es el país más población autóctona de todo Centro América. Con más del 45% de su población perteneciente a alguna de las 23 etnias que existen, además de otros tantos habitantes mestizos o descendientes con raíces en alguno de estos grupos  pero que no se consideran indígenas. Con estos antecedentes es fácil adivinar que Guatemala es un país lleno de costumbres, tradiciones, comidas y ropas típicas que junto con sus atracciones naturales hacen del mismo un destino idílico para cualquier viajero. La cultura maya está muy arraigada tanto en sus gentes como en las numerosas ruinas que se encuentran por todo el país, especialmente en el norte como las de TikalUaxactún o las ciudades de la cuenca de El Mirador entre otras.

Guatemala es un destino al que muchos viajeros llegan desde alguno de los países aledaños como México por Chiapas, Belice provenientes de Caye Caulker o San Ignacio, Copan en Honduras o El Salvador. Aquí  propongo una ruta que comenzamos desde Ciudad de Guatemala y en la que se incluyen los principales puntos de interés para visitar en el país.
Si llegas volando al país, Ciudad de Guatemala es el principal aeropuerto, llamado La Aurora donde aterrizan la mayoría de los vuelos. Es un aeropuerto moderno que cuenta con conexiones a todo el mundo y también con servicios para visitar las principales ciudades y atracciones turísticas del país.
Uno de los destinos preferidos y más visitados es la ciudad de Antigua.  Es una ciudad colonial y el principal centro turístico de Guatemala. Tiene un gran encanto por si misma con sus calles adoquinadas, sus edificios coloniales y sobre todo los volcanes que la rodean y crean un entorno de idílico que ha atrapado a muchos extranjeros que se han quedado a vivir. Es una ciudad muy segura y tranquila. Además de los paseos por la ciudad, el mirador o los mercados, cerca de Antigua está el volcán Pacaya, uno de los 4 volcanes activos en Guatemala, entre los más de 35 que hay en el país. El Pacaya entró en erupción en 2010 por última vez, y aunque sigue activo se puede visitar en una bonita excursión de un día. El transporte lleva hasta la base y desde ahí se camina durante 1:30h. hasta cerca de la cumbre.

Desde Antigua el punto más cercano y de visita obligada es el lago de Atitlan. Un enorme lago de origen volcánico flanqueado por otros 3 volcanes: el volcán San Pedro, el Santiago y el Atitlan. El lago además está rodeado de pueblitos en sus orillas que conforman los nombres de casi todos los apóstoles. El punto de llegada por carretera es Panajachel y aunque se puede alojar aquí y conocer el lago desde este punto, lo mejor es tomar una barca taxi que te lleve hasta los pueblitos de San Pedro con un turismo mochilero y variado, San Marcos más hippie y alternativo o Jaibalito un pueblo pequeño y tranquilo si lo que deseas es relax y alejarse de los principales puntos turísticos. Además hay muchos otros pueblitos que visitar como San Juan o San Pablo, como el volcán de San Pedro o la Nariz del Indio o caminar de pueblo en pueblo por la carretera que los une.

El lago Atitlan además de ser uno de los lugares turísticos más baratos de toda Guatemala, encierra una magia y encanto especial, tanto por el lugar como por la gente que allí llega y a quienes atrapa fácilmente.

Desde Atitlan está bastante cerca el mercado de Chichicastenango, que se celebra los jueves y los domingos. Si coincide que estas en esta zona durante esos días no te pierdas el mayor mercado de Guatemala con un origen indígena que aún conserva aunque cada vez esté más orientado al turismo. Por otro lado si lo que quieres es disfrutar de un auténtico mercado indígena todavía no explotado turísticamente, no te pierdas el colorido  mercado de San Francisco el Alto que se celebra los viernes en un pueblito de montaña a una hora de Xela o Quetzaltenango, no hay souvenires para los turistas pero puedes ver todo tipo de negocios con animales, comidas y sobre todo telas y tejidos.

Si te gusta hacer caminatas y subir volcanes, Xela o Quetzaltenango es tu lugar. Una ciudad colonial donde se pueden realizar muchas actividades por la zona como subir al volcán Tajamulco, el punto más alto de centro América con 4.220 m,  en una excursión de dos días donde se pasa noche allí o un trek de un día al volcán Santiaguito donde se puede ver la caldera de lava activa.  Por el contrario si no planeas hacer alguna caminata, subir montañas o hacer alguna actividad concreta, puedes saltarte la ciudad de Xela que aunque tiene algunos bonitos edificios coloniales no es más sorprendente que Antigua.

Flores es una pequeña islita en medio del lago de Peten. El lugar es muy bonito y tranquilo por lo que es ideal para descansar unos días del largo camino hasta llegar allí, bañarse en el lago o hacer excursiones a los pueblitos de alrededor como San Miguel y el mirador que tiene en lo alto.

Tikal se encuentra a unos 45 km. de Flores y cualquier empresa ofrece excursiones al amanecer hasta las ruinas, te espera y te trae de vuelta. Si decides ir por tu cuenta tendrás que hacerlo la tarde de antes, tomar transportes locales y pasar noche en alguno de los hoteles a la entrada de las ruinas o acampando allí también para entrar a las ruinas al amanecer.
La entrada a las ruinas no es barata, pero teniendo en cuenta que el complejo de ruinas es impresionante hay que visitarlas y pasar por lo menos medio día explorando las ruinas, los edificios y complejos que se esconden entre esta exhuberante selva.
Esta es básicamente la ruta para recorrer los principales puntos de interés de Guatemala y aunque encierra muchos más atractivos, algunos de ellos poco visitados como la ruta de los Cuchumatanes o la Alta Verapaz y otros más turísticos como Rio Dulce Izabal, donde se encuentra el Castillo de San Felipe o las playas de Champerico.  Los dejaremos para otro viaje a esta joya de la cultura Maya y de la amistad latinoamericana.


miércoles, 15 de febrero de 2017

¿QUE ES LA REALIDAD? (Esta definición de William James quizás es la mejor que tenemos?

Por milenios filósofos han debatido sobre la naturaleza de la realidad y si ésta existe de manera independiente de nuestra mente. Si bien es posible que el mundo exista independientemente de nuestra mente, nos encontramos con una limitante para afirmar esto, ya que todo lo que conocemos lo conocemos a través de nuestra mente. El profesor de astrofísica de la Universidad de Rochester, Adam Frank, lo explica:
Desde la perspectiva fenomenológica uno dice "claro que hay un mundo allá fuera". Pero si eres realmente honesto, debes de admitir que el único acceso que tenemos a él es a través de nuestras experiencias íntimas continuas, el "ser" que hace el "aquí"... Así que aunque nos gusta imaginar mapas del mundo objetivo, nadie nunca logra experimentar eso. En cambio, tenemos esta notable interacción entre aquello que sea que somos y aquello que está allá fuera (lo que sea que eso sea)... Así que probablemente, no podemos sustraernos de la historia del universo.
Es decir, no conocemos directamente la realidad como tal, sino nuestra descripción de la realidad --la cual es mediada por el lenguaje y nuestra interpretación mental de un mundo físico--; esta descripción puede o no ajustarse a esa realidad que suponemos existe "allá fuera", por así decirlo, pero nunca podemos comprobar que nuestros modelos sean idénticos al mundo que hipotéticamente está "allá fuera", sólo podemos confiar en el consenso o en la convención. Este es un problema que Kant había detectado pero que hoy en día la física cuántica ha refinado. Werner Heisenberg famosamente dijo que lo que observa la ciencia no es la naturaleza en sí, es sólo la naturaleza expuesta a nuestro método de interrogación. Como tal es absurdo hacer afirmaciones sobre una realidad independiente de nuestra observación de la misma o sostener nociones como la exixstencia de un mundo "allá fuera" (en realidad la distinción entre exterior e interior queda seriamente puesta en duda). Es por ello que estrictamente la física cuántica, bien entendida, significa un profundo estremecimiento de la estructura del pensamiento y la visión del mundo, un sacudimiento que, sin embargo, no ha alcanzado a nuestra sociedad en su conjunto, la cual se mantiene bajo la visión general de la física clásica (acaso porque lo que implica la física cuántica es tan radical que preferimos simplemente decir que debe tratarse de un error o que no tiene relevancia en nuestra vida ordinaria).
Anton Zeilinger expresa esta interdependencia entre nuestra cognición de la realidad y la realidad como tal:
Uno podría estar tentado a asumir que cuando le hacemos preguntas de la naturaleza, al mundo allá fuera, existe la realidad independiente de lo que digamos de ella. Sostenemos, en cambio, que esta posición no tiene sentido. Es obvio que toda propiedad o rasgo de la realidad "allá fuera" sólo puede estar basado en la información que recibimos. No puede haber ningún tipo de afirmación sobre el mundo o sobre la realidad que no esté basada en dicha información.
Para que exista información, necesita haber cognición, una mente para la cual tenga significado (el llamado mundo objetivo no existe sin una subjetividad que le de sentido). Así entonces no podemos separar nuestro propio proceso cognitivo de la configuración de la realidad.  Otro físico renombrado, Andre Linde, explica:
El universo cobra vida (dependencia temporal) sólo cuando uno lo divide  en dos partes: un observador y el resto del universo. Entonces la función de onda del resto del universo depende de la medición de tiempo del observador. En otras palabras, la evolución sólo es posible con respecto al observador. Sin un observador, el universo está muerto.
Podríamos seguir con este tipo de observaciones, pero para fines prácticos remitimos a quien esté interesado a este documento del maestro budista y físico Alan Wallace, quien ha recopilado muchas de estas frases sobre la interdependencia entre los fenómenos (o la realidad) y la observación de los mismos. 
Ahora bien, habiendo establecido que existe una interdependencia entre la realidad y nuestra observación de la misma (o nuestra mente), de todas maneras queda la cuestión, ya más filosófica que física, de explicar esto de tal forma que tenga sentido en nuestra vida y podamos incorporar esta visión de la realidad a nuestra experiencia. Podemos indagar filosóficamente y pensar como los budistas del mahayana y en adelante que la realidad es vacuidad en tanto a que ninguna cosa tiene existencia inherente, es decir todo es relativo a nuestra medición e interpretación de los fenómenos, de lo que se desdobla una conceptualización de las cosas en sí (la cual confundimos con la "realidad"). Podríamos tomar la visión de que entonces el mundo es como un sueño, ya que es relativo a nuestra mente y  puede considerarse una ilusión (donde nosotros mismos somos los ilusionistas que tomamos nuestros espejismos como autónomos). Y podríamos obtener mucho provecho de esta visión (escribí sobre ver el mundo como si fuera un sueño dentro del contexto budista aquí). Si bien podemos tomar una perspectiva de que la realidad no existe como tal, y podemos deconstruir los fenómenos para encontrar como surgen en interdependencia a nuestra mente, podemos también optar por una contemplación de todas las apariciones como reales, si bien sólo relativas y momentáneas, reconociendo que es nuestra atención la que les brinda su coeficiente de realidad. Ambas perspectivas no se contradicen, son sólo estilos distintos que in-forman nuestra experiencia. Esta última tiene un importante antecedente en la psicología occidental en la obra de William James, el psicólogo pionero en el estudio de la experiencias religiosas.  "Por el momento, eso a lo que atendemos es la realidad", escribió James hace más de un siglo. Simplemente, en su unidad más básica, la realidad es aquello a lo que le pones atención. Puede que existan otras cosas, pero mientras no entran en el espectro de tu atención, tienen nula influencia en la configuración de la realidad que experimentas. Alan Wallace glosa ésta frase en su libro The Attention Revolution:
Nuestra facultad de atención nos afecta de innumerables formas. Nuestra percepción de la realidad está estrechamente vinculada a dónde ponemos nuestra atención. Sólo aquello a lo que le ponemos atención nos parece real, mientras todo lo que ignoramos --no obstante que tan importante pueda ser-- parece desvanecerse en la insignificancia. El filósofo y pionero de la psicología moderna William James hizo este punto hace más de un siglo: "Por el momento, eso a lo que atendemos es la realidad"... Cada uno de nosotros elige, en la forma en la que atiende a las cosas, el universo en el que habita y las personas que se encuentra. Pero para la mayoría de nosotros esta "elección" es inconsciente, así que en realidad no es una elección.
Wallace sugiere incluso que lo que llamamos nuestra identidad no es más que el cúmulo de las cosas a las que le hemos puesto atención y, ya que suscribe a la teoría de la reencarnación, nuestra realidad en este instante estaría siendo configurada por la acumulación de todas las cosas a las que hemos atendido por incontables vidas, lo cual sería igual al esmalte del mundo que vemos:
Lo que viene a la mente cuando nos preguntamos "¿quién soy yo?" consiste de esas cosas a las que le hemos puesto atención a lo largo del tiempo. Lo mismo ocurre con nuestras impresiones de las demás personas. La realidad que nos aparece no es tanto lo que está allá fuera sino los aspectos del mundo en los que nos hemos enfocado. La atención es siempre altamente selectiva... Sugiero que sí fueras capaz de enfocar tu atención a voluntad, podría realmente elegir el universo en el que aparentas habitar. 
Quizás el mundo exterior que nos parece tan sólido, estable y predecible no sea más que un hábito de atención construido por incontables eones y reforzado cada microsegundo. La solidez y la inmutabilidad de la realidad un túnel que secuestra nuestra atención, dentro de un multiverso de amplitud.
William James había sugerido que la capacidad de controlar la atención a voluntad era la marca de un hombre de genio. Alan Wallace mantiene, siguiendo la tradición budista, que la atención puede entrenarse hasta el punto de lograr verdaderas hazañas de la concentración, como puede ser mantener la mente concentrada en un mismo punto por hasta cuatro horas --en lo cual consiste el logro de la meditación shamatha. En la tradición budista se dice que cuando se logran estos niveles de atención --que van de la mano de una pacificación de la mente, o samadhi- -pueden surgir ciertos poderes o siddhis, los cuales hoy vincularíamos con capacidades psíquicas como la visión remota, la clarividencia, la telepatía y otras. Sin embargo, uno de los poderes que surgen con este dominio de la atención, según el budismo, es que se puede entrar a planos de absorción meditativa en los que se experimenta completa paz, relajación y gozo. Estos son los estados que llevan a los practicantes a los mundos superiores, a los planos de los devas o dioses, más allá del mundo del deseo (kamadhatu). A final de cuentas es la atención la que configura la realidad que experimentamos. Sin embargo, el budismo advierte que la finalidad del cultivo de la mente en la concentración unipuntual no es lograr estos estados de absorción sino la liberación total del ciclo de renacimiento (el samsara), para ellos la concentración o samadhi debe ser actualizada con la sabiduría y el análisis de la realidad, así como también con la motivación para actuar y liberar a los demás (esto en el camino del mahayana, el vehículo universal). Así que tenemos este peligro en el control de la atención, que si bien parece ser algo con lo que sólo tendríamos que lidiar en etapas más avanzadas, es importante tener en cuenta para evitar marchar hacia el sofisticado hedonismo de una mente dúctil --la motivación no es el placer, es la sabiduría.
(Alejandro Martínez Gallardo)