sábado, 13 de julio de 2013

"Evangelizadores" o la manía de algunos por "predicar" su estilo de vida


por Noelia Zunino / Ilustración: Marcelo Escobar -La Tercera

TODO les sirve. Que alguien diga que se va una semana de vacaciones, que otro se ofrezca para hacer los tragos, que un tercero diga que pone su casa para un asado, que se esté hablando de la política mundial o de la inmortalidad del cangrejo. Da lo mismo. Siempre encuentran el minuto para intentar, una vez más, convencer a alguien de que el único camino posible es seguir sus buenos pasos, que sea parte del estilo de vida que ellos adoptaron y que, por supuesto, no sólo les cambió la vida, sino que fue -obvio- para mejor.
Estamos hablando del ex fumador redimido, que cuando usted apenas está sacando un cigarro, lo mira con ojos de reprobación y niega con la cabeza. O de ese otro que lo invita a correr a las cinco de la mañana porque desde que él descubrió que correr a esa hora es sinónimo de vida sana, tonificación y energía, encuentra que usted y su chorreante empanada de queso van directo al despeñadero. Y del casado que habla, habla y habla de las maravillas del matrimonio y siempre le pregunta al soltero del grupo cuándo se van a unir al club de los casados. 
Ellos son los evangelizadores de su propio estilo de vida. El personaje de Flanders de Los Simpson en carne y hueso. Esas personas que tienen una perseverancia a toda prueba  que no aceptan un “no” ni una táctica evasiva, porque su objetivo es jamás dar tregua a ese afán de convencer al del lado de que haga lo mismo que hace él o ella.
¿Pero por qué...? Se pregunta uno. “Porque no se dan cuenta”, responde la ciencia. De hecho, de acuerdo a los especialistas, es un proceso inconsciente. Los “evangelizadores” de su estilo de vida creen que lo suyo es un interés genuino por el bienestar del resto; los investigadores, en cambio, dicen que el objetivo no es ayudar a los demás: su prédica, en realidad, está enfocada en ellos mismos.
Elliot Aronson, destacado sicólogo de la Universidad de California, en Santa Cruz, ha estudiado por más de 50 años este tipo de comportamiento. En su libro El animal social explica que cuando las personas hacen algo, van a tratar, si es posible, de convencer a otros (y así a sí mismos) de que lo que hizo era algo lógico y razonable.  “Cuando las personas tratan de convencer a los demás de adoptar su estilo de vida, en efecto, están tratando de convencerse a sí mismos de que tomaron la decisión correcta”, explica a Tendencias. 
En búsqueda de la certidumbre
Es decir, al tratar de convencer al resto se autojustifican. Por eso “predican” con el convencimiento de que lo que hicieron lo hicieron bien y es necesario difundirlo. Pero, en el fondo, lo que están haciendo es intentar hacerle el quite a la incertidumbre del qué harán si su estilo de vida o decisión no es lo que esperaban, creían o imaginaban. Algo muy propio del ser humano y que, sin darnos cuenta, lo practicamos bastante más de lo que creemos.
Y este afán de predicar para autoconvencerse de que lo hecho bien hecho está, es más evidente cuando las personas creen que su estilo de vida o la decisión que tomaron perdurará en el tiempo. Así concluyó un estudio de  Kristin Laurin, de la Escuela de Negocios de la U. de Stanford, que estudió cómo “evangelizan” solteros y casados: ambos grupos pensaban que su estado civil era lo mejor para todos, especialmente en aquellos que creían que estarían solteros o casados por mucho tiempo. 
“Cualquier incertidumbre acerca de nuestras decisiones, algo que nos puede pasar a menudo, hace que necesitemos tranquilizarnos de que hicimos una buena elección. Creer que otros pueden actuar igual que nosotros nos da esa seguridad”, dice Laurin a Tendencias. En definitiva, lo que estos “evangelizadores” intentan de forma inconsciente es conseguir aliados para tener la certeza de que la elección que hicieron, y que será permanente, fue la mejor de todas. 
Según comenta a Tendencias Daniel Kruger, sicólogo social de la Universidad de Michigan, se sabe que cuanto más intentan las personas persuadir a otros, sobre todo cuando son insistentes, es más probable que se crean su “prédica” ellos mismos. 
“Evangelizan para que el otro los valide. Si el otro lo hace, entonces hicieron lo correcto y era una certeza. Estas certezas nos tranquilizan y la incertidumbre, en cambio,  nos hace sufrir como seres humanos. Si lo que piensa no es válido, se quedan sin base racional y sin saber cómo actuar. Se cae en la incertidumbre. El evangelizador sostiene su mundo desde lo que cree, no desde lo que vive”, dice Raúl Carvajal, sicólogo de la Clínica Santa María. 
La teoría detrás de la prédica
El motor principal que impulsa a estas personas se puede explicar por el concepto sicológico denominado Disonancia Cognitiva. 
Acuñado por  el sicólogo estadounidense Leon Festinger a finales de la década de los 50, este concepto se refiere al estado de tensión que sentimos cuando dos pensamientos se contraponen o cuando hay elementos en nuestra forma de pensar que son contradictorios a nuestras actitudes. Nos produce tensión, angustia, porque esas diferencias pueden tirar por la borda nuestras creencias y, por tanto, la certeza. 
Adriana Palacios, sicóloga social de la U. del Desarrollo, ejemplifica esto con los casados. Si una persona está contenta de estar casada, pero también echa de menos su vida de soltera, siente tensión. “Para disminuir ese estado de disconformidad, se fortalecen las ideas de matrimonio y se le habla al resto para disminuir la disconformidad. Lo que predican es consciente, pero la explicación de por qué la hacen es inconsciente”, explica. 
Aronson, cuyo mentor fue Festinger, dice que ese concepto es el motor que impulsa la “evangelización”. Según su investigación, la disonancia es más poderosa cuando el autoconcepto se ve amenazado. En otras palabras: la mayoría de las personas se considera inteligente, competente y moral. Por eso, cuando se toma una decisión que puede ser evaluada por otros como un acto tonto, incompetente o inmoral, se experimenta una intensa disonancia cognitiva. “Tratar de convertir a otros a su creencia o estilo de vida es una manera de convencerse de que hizo lo correcto, pero también algo inteligente y competente”, concluye.

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