jueves, 18 de julio de 2013

Ernesto Cardenal: "Pidamos a Dios que se haga su revolución en la tierra como en el cielo"

Víctor Rey




“El Reino es otro nombre para la revolución absoluta”  (Leonardo Boff)
“Somos soldados derrotados de una causa invencible”  (Pedro Casaldáliga)
Hace unos años atrás vino a Chile Ernesto Cardenal para recibir un premio por su obra de parte de la ex Presidenta Michelle Bachelet.  Aprovechó esta oportunidad para dar un recital de poesía y también para contar acerca de su vida y de la Revolución Nicaraguense.   Cuando entro al salón para su charla lo recibieron con bandera rojas y  gritos de “Cardenal, amigo el pueblo está contigo”. Cuando comenzó a recitar, y también a hablar sobre la Revolución Nicaraguense y a hacer críticas a los dirigentes actuales, los gritos pasaron a ser silbidos y palabras de disconformidad.  Pocos días después viajaba a Costa Rica, y en el aeropuerto de Santiago me encontré con Ernesto cardenal y su secretaria. Conversamos un poco acerca de su recital en Chile, de la revolución nicaragüense, le pedí un autógrafo y también una fotografía a lo que accedió gentilmente.  En esa ocasión me habló de sus memorias y en especial del tomo tercero donde relata el ascenso y la caída de la revolución.
Acabo de terminar de leer el libro de Ernesto Cardenal: “La Revolución Pérdida”, donde se cuenta, a manera de memorias, el ascenso del sandinismo, la derrota y luego la traición a la revolución.  Esto coincide con los 34 años del triunfo de la Revolución Sandinista este 19 de julio.  No he podido quedar tranquilo después de esta lectura. Una de las cosas que más me ha tocado es comprobar la cantidad de personas que murieron durante y después de la revolución, y en la mayoría de estas muertes han sido de jóvenes.
La de Ernesto Cardenal es una vida dedicada a la lucha por la equidad y a la vez contemplativa y combativa, signada por grandes personajes y acontecimientos, y por la revolución sandinista, que él espera no haya sido en vano.
A sus 88 años, Ernesto Cardenal no cesa en su compromiso con el trabajo de transformación social a través de la cultura y la educación, aspectos que considera básicos en la evolución de los pueblos. ‘La revolución perdida” es el último libro de su trilogía de memorias, y el título engaña a primera vista, pues no se trata, como pareciera, de una elegía al fracaso de la revolución. Al contrario, el autor narra los pormenores del proceso de alfabetización, concientización y apertura sociocultural que condujeron, como él describe, a la revolución sandinista, y, por ende, al triunfo sobre una dictadura, la de los Somoza (1937-1949) que aplastaba al pueblo nicaragüense desde hacía más de cuatro décadas.
El autor manifiesta que la revolución en sí fue un logro importantísimo, que dejó una herencia bella e irremplazable de mejoras sociales, y ve en la injerencia de los EEUU, el embargo económico, el bloqueo y la presión ejercida por ese país en Nicaragua la razón de la pérdida de las elecciones. A su vez, dice, el hecho de haberse perdido esas elecciones produjo una debacle moral en los dirigentes, que los llevó a la corrupción. Cardenal se explica este proceso acotando que ‘la revolución está hecha por seres humanos’.
Al mismo tiempo, manifiesta que no se deben perder las esperanzas de lograr un mundo mejor, donde el bienestar no sea el privilegio de unos pocos. Su visión actual de la revolución por venir se basa en los movimientos anti-globalización, la libertad de expresión y la comunión acelerada de ideas que permite internet, así como los movimientos ecologistas.
‘Nací poeta’, relata Cardenal, “y esa fue mi primera vocación”’. Luego experimentaría una conversión religiosa que lo llevó a la vida contemplativa en un monasterio trapense, y, por último, dice haber reconocido que la voluntad de Dios es también la transformación del mundo. Para el escritor, las tres vocaciones son una sola.
¿Es posible ser poeta en un mundo globalizado, en el que el capitalismo ha aplastado muchas de las luchas por la equidad social? El poeta Cardenal dice en su recital que sí, que no sólo es posible, sino necesario, ya que la poesía siempre ha servido para mejorar la sociedad. Ya en los profetas bíblicos ve Cardenal una denuncia poética de las injusticias de la época, y la anunciación de un mundo nuevo. ‘Creo que el poeta debe seguir el ejemplo de los profetas bíblicos’, comenta.
‘La revolución es evolución acelerada’, define el autor. Según él, se dan movimientos revolucionarios en todas las artes y las ciencias, y también en los sistemas sociales. Cardenal ve la revolución como un proceso de transformación que no necesariamente debe ser violento. ‘La lucha armada se ve justificada’, explica citando a Pablo VI, cuando una dictadura es prolongada y evidente. Pero, aclara, ‘las mejores revoluciones son pacíficas, democráticas, libres y sin imposición alguna’. Venezuela, Cuba y, por qué no, Nicaragua.
¿Cómo se imagina el poeta la revolución por venir? En sus viajes por Venezuela, Cardenal observó que se está produciendo un cambio social importante en ese país, donde se está concretando, entre otras medidas, la alfabetización de más de un millón de personas, se están brindando servicios médicos a la población de escasos recursos, y los indígenas están participando del gobierno. Menciona así mismo, al Movimiento Zapatista del Subcomandante Marcos en Chiapas, sin dejar de lado a Cuba, que, según él, mantiene su sistema socialista ‘a pesar del bloqueo más largo de la historia’.
El libro de Cardenal es un jugoso relato sin desperdicio alguno de la experiencia de este poeta antes, durante y después de la revolución nicaragüense, que destila humor, amor por su país y por el ser humano, valentía, una esperanza inquebrantable, y también la tristeza de comprobar que toda obra humana es imperfecta. Pero por lo perfectible de estos logros es por lo que Cardenal sigue abogando desde su monasterio íntimo e individual.
A pesar de lo difícil que pueda ser creer en un cambio luminoso a estas alturas, con tantas revoluciones fracasadas, y sin nuevos modelos de transformación, el alma del poeta dispara el arma de su palabra para ayudarnos a seguir creyendo que un mundo mejor está por venir. Como él mismo refiere, ‘no podemos saber qué formas tendrán las próximas revoluciones, porque las revoluciones siempre fueron algo nuevo’.  Es esta la razón por la cual su libro termina con esta hermosa frase: “Toda revolución nos acerca a ese Reino, aun una revolución perdida.  Habrá más revoluciones.  Pidamos a Dios que se haga su revolución en la tierra como en el cielo.”

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