domingo, 11 de septiembre de 2022

A 103 años del nacimiento del profesor Mario Bunge

                                                                                 


 

EL MAESTRO MARIO BUNGE

Víctor Rey

Cuando estudiaba filosofía en la Universidad de Concepción en las clases de Filosofía de las Ciencias, Gnoseología, Epistemología e Historia de la Ciencia su nombre siempre aparecía.  Me sentía orgulloso de que este filósofo fuese latinoamericano, así sus argumentos se contrastaban con los pensadores europeos. Sus libros y artículos también se leían con mayor facilidad y no por eso dejaban de ser profundos. De alguna manera este autor con otro argentino como Ernesto Sabato, me animaron a entender en que consiste la ciencia a dejar de idolatrizarla como era común en la generación de ese tiempo. Así que su muerte a los 100 años al igual que Sabato, me ha conmovido.

Ser original y distinto --defender la perspectiva científica para oponerse a las seudociencias, entre las que cuestionaba al psicoanálisis-- no es moneda corriente. ¿Alguien logró “filosofar a la luz de la ciencia” como él? Mario Bunge, el físico, filósofo y epistemólogo argentino que murió a los 100 años en Montreal (Canadá), donde vivía desde hace más de cincuenta años, no es epígono de nadie en el rubro “gran polemista”; un ejemplo notable de cómo la polémica constituye un estímulo del pensamiento creador. El autor de más de un centenar de libros y medio millar de publicaciones sobre física teórica, matemática aplicada, teoría de sistemas, fundamentos de física, filosofía de la ciencia, semántica, epistemología y ontología, entre los que se podría destacar el voluminoso Tratado de filosofía (publicado en varios tomos), ha cultivado una honestidad intelectual excepcional. “Cuando era joven tenía esperanzas en el socialismo autoritario, en la revolución, en todo eso. Todas esas esperanzas se evaporaron. Mi actitud hacia la filosofía marxista ha cambiado mucho. Hice una crítica detallada de la dialéctica, núcleo de la filosofía marxista. La dialéctica es confusa y, en el mejor de los casos, falsa. En el peor de los casos, no se entiende”, planteaba Bunge en uno de sus últimos libros, Memorias: entre dos mundos, publicada en una coedición por Gedisa y Eudeba.

Bunge --que en esas memorias se define “socialista, democrático, participativo, cooperativo”-- advertía sobre los problemas del sistema capitalista. “El capitalismo ha tenido sus méritos históricos, pero es moralmente insostenible. Por ejemplo, la productividad de todos los sectores industriales se ha duplicado en los últimos 50 años, pero los salarios se han mantenido constantes. O sea, que se han beneficiado unos pocos. Los ricos se han hecho más ricos y los pobres se han quedado igual o peor. Por este lado los marxistas tienen razón, pero la alternativa que proponen no es viable porque confunden socialización con estatización y lo ideal no es que el Estado sea patrón, sino que los trabajadores sean los patrones, que los que trabajan posean y administren sus empresas, un poco lo que ocurre con la pyme familiar”.

El hombre que filosofó a la luz de la ciencia nació el 21 de septiembre de 1919. Su madre alemana fue enfermera de la Cruz Roja en China y en el hospital Alemán de Rosario. Su padre, Augusto Bunge, era médico y diputado por el partido Socialista. Bunge decía que había sido educado sin prejuicios y con respeto por las diferentes creencias. “La racionalidad no es incompatible con la religión, ya que hace a la forma y no al contenido de la argumentación”, postulaba el científico argentino. “Tomás de Aquino, el máximo teólogo de todos los tiempos, era racionalista y les advertía a sus correligionarios que, cuando disputasen con infieles, debían recurrir a la razón, bien común, y no a la fe ni a las escrituras religiosas. Además, y esto es lo esencial, lo que compartimos ateos y religiosos de buena fe [...] es mucho más que lo que nos separa: nos une la aspiración a la paz y a la justicia, así como la protección de la naturaleza, que está siendo destrozada a gran velocidad con el beneplácito de muchos economistas. Sin ella se extinguiría la especie humana”. En 1938 ingresó a la Universidad de la Plata y empezó la carrera de Química porque su padre le advirtió que no podría ganarse la vida como físico. Cursó solo un año y convenció a su padre de que la química era aburrida y se pasó a Física, donde tuvo como profesor al escritor Ernesto Sabato. Por su cuenta estudiaría filosofía para alcanzar la meta que se había propuesto: “filosofar a la luz de la ciencia”.

El mismo año en que comenzó a estudiar fundó la Universidad Obrera Argentina (UOA), clausurada por la policía en 1943, en la que trabajadores de diferentes especialidades recibían capacitación técnica y sindical; un antecedente de la Universidad Obrera Nacional que crearía Perón en 1952. En 1944, junto a Risieri Frondizi, lanzó la revista Minerva, una publicación que defendía el racionalismo y que cerró al año siguiente por falta de recursos. En 1951 estuvo preso durante una semana por su oposición al peronismo y un año después aprobó su tesis de Doctor en Ciencias Físico Matemáticas. Fue profesor de Filosofía de la Ciencia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires a fines de la década del 50, cuando construyó la teoría de “la verdad parcial o aproximada”: “Los lógicos y la mayoría de los matemáticos rechazan la idea misma de la verdad parcial, creen que la lógica contiene el principio de la bivalencia, según el cual toda proposición es verdadera o falsa. Pero esto no es verdad, la lógica no se ocupa de la verdad sino de la validez, de modo que es posible hablar coherentemente de verdades parciales, que es lo que suelen hacer los científicos y técnicos”, explicaba Bunge antes de iniciar un exilio que se fue prolongando en Estados Unidos (1963-1965), en Alemania (1965-1966) y en Canadá, desde 1966.

Su legado no se limita a la filosofía y a la ciencia, incluye también la metafísica, la teoría del conocimiento, la ética y la filosofía política. “Mi principal aporte es construir un sistema filosófico con algunas ideas nuevas que no se limitan a comentar las ideas de otros, que es lo que ocurre con los autores de filosofía. Es una filosofía nueva caracterizada, primero, por el realismo. El realismo filosófico tiene la tesis de que el mundo exterior no preexiste y existe de por sí, sin nuestra ayuda, excepto lo artificial, los artefactos humanos, y entre los artefactos incluyo a la sociedad, lo hecho por la gente y no por la naturaleza --aclaraba Bunge--. Segundo, es una filosofía materialista, es decir, la tesis de que no hay objetos inmateriales, sueltos, desencarnados, todo lo material es real. En particular, las enfermedades mentales son enfermedades del cerebro. Tercero, el sistemismo, o sea, encarar los problemas gordos de manera sistémica y no fragmentaria, no contentarse con el análisis, sino hacer síntesis. Cuarto, cientificismo. La tesis de que todo lo que se puede conocer se puede conocer mejor usando el método científico, empezando por las ciencias sociales. Por ejemplo, hacer historia o sociología con números, estadísticas”.

La peor seudociencia para Bunge es la ortodoxia económica porque es “la que más daño ha hecho”. “La ortodoxia económica, en particular en el Tercer Mundo, proclama el libre comercio con lo cual impide el desarrollo de la industria nacional que no puede competir con la industria importada. Le siguen muy de cerca las seudomedicinas --como llaman a las medicinas alternativas--, como la homeopatía, la acupuntura, el psicoanálisis y demás macanas”. El filósofo curioso recomendaba “no leer porquerías”, entre las que incluía a filósofos como Hegel, Heidegger y a Nietzsche, “el más venenoso de todos”. 

sábado, 3 de septiembre de 2022

A 82 años de su nacimiento y 7 de su partida.

                                                                               


 

EDUARDO GALEANO, El ESCRITOR QUE NOS ENSEÑÓ A LEER NUESTRA HISTORIA

 Víctor Rey

 

“Nací el 3 de septiembre de 1940, mientras Hitler devoraba media Europa y el mundo no esperaba nada bueno.” Palabras de Eduardo Galeano en su irónica Autobiografía Completísima.

 

Tuve la oportunidad de escuchar y conocer dos veces a Eduardo Galeano.  La primera vez fue en Santiago de Chile en el año 1988, meses antes del plebiscito que derrotaría a Pinochet.  Fue en una sala de la Universidad ARCIS, que estaba llena donde la capacidad del lugar fue sobrepasada y todos estábamos habidos de escuchar a este escritor  que lo habíamos comenzado a leer a través de la revista Análisis que fue justamente el medio que lo trajo a Chile  para participar en unas jornadas que se llamaron: Chile Crea y recibir el premio José Carrasco.  La segunda oportunidad fue el año 1995 en México.  Ahí fue el expositor que cerró el Congreso de la Asociación Mundial de Comunicadores Cristianos (WACC).  Su charla sobre la realidad latinoamericana y el periodismo, ha sido para mi uno de las exposiciones que más he valorado.   Justamente en ese país y en esa ocasión un amigo mexicano me regaló el libro: Las venas abiertas de América Latina.  Considero que Galeano ha sido uno de los intelectuales más influyentes del final del siglo pasado y de este siglo.  Su humor, la facilidad de su lectura, la ironía y la contextualidad son las características que a muchos nos han cautivado. 

 Su muerte A los 74 años nos golpeó a muchos por lo prematuro de su partida.  Deja un gran vacío en la literatura latinoamericana, ya que ha sido uno de los escritores más relevantes del último tiempo.  Su obra fue traducida a una veintena de idiomas y su muerte causó diversas reacciones en el mundo. La política y la cultura también lo unieron con Chile, país que visitó por última vez en 2013.

 “Quiero dedicar esta lectura a un gran amigo mío, y creo que de todos ustedes, que se llamó y se llamará por siempre jamás, Salvador Allende”. De este modo comenzaba Eduardo Galeano la presentación de su último libro, Los hijos de los días (2011), el 9 de enero de 2013, ante una repleta sala Antonio Varas, cuya capacidad fue ampliamente sobrepasada por la cantidad de personas que querían escucharlo.

Esa fue la última visita a Chile del escritor uruguayo, falleció el 15 de abril del 2015, debido a complicaciones de salud derivadas del cáncer de pulmón que se le diagnosticó en 2007.

 Eduardo Germán María Hughes Galeano nació el 3 de septiembre de 1940 en Montevideo y su obra ha sido traducida a una veintena de idiomas. Entre sus libros más influyentes se encuentra Las venas abiertas de América Latina, publicado en 1971, y censurado por varias dictaduras latinoamericanas, entre ellas, la chilena.

Ese es uno de sus vínculos menos felices con Chile, un país que visitó en repetidas ocasiones y con el que mantenía lazos más perdurables. Los comenzó a construir cuando era un veinteañero, dirigía el diario Época y se hizo amigo de Salvador Allende, quien incluso lo visitaba en las oficinas del medio.

 Fue el periodismo, de hecho, su primer contacto con la escritura. Cuando era un adolescente le vendió una caricatura al diario El Sol y en sus planes no estaba dedicarse a la literatura: “Siempre creí que iba a ser dibujante. También creí que iba a ser jugador de fútbol, santo, miles de cosas quise ser y no pude, pero jamás se me pasaba por la cabeza la idea de ser escritor, nunca. Eso ocurrió tarde en la vida, a partir del periodismo”, dijo al programa Vuelan las Plumas, durante esa última visita a Chile.

 “Empecé a ejercer el periodismo como una manera de entrar en la realidad. Me apasionaba meterme en las noticias, de carne y hueso”, añadió en esa ocasión.

 “Yo podía hacer una crónica policial o de deportes -muchas veces hice de fútbol- y me apasionaba ese contacto directo con la realidad que te puede dar el periodismo. La ficción no me lo daba. Hice algunas tentativas de escribir ficción, pero no me entusiasmaba como esto, que provenía de la realidad. Era la realidad contándote sus secretos, sus misterios, desafiándote”, relató.

 En 1973, luego del golpe de Estado en Uruguay, Eduardo Galeano se estableció en Argentina, donde fundó otro medio de comunicación, Crisis. Tres años más tarde, nuevamente la represión lo llevó a España. Solo volvería a Uruguay en 1985, con el retorno de la democracia en ese país.

 Tres años después estuvo en Chile para recibir el premio José Carrasco Tapia, que concedía la revista Análisis. El 19 de enero de ese año, en su discurso, dijo palabras que bien podrían servir ahora para despedirlo: “Este es un homenaje a la pasión de vivir, iluminada por la viva memoria de un compañero asesinado, y ésta es una celebración de la alegría de creer en ciertas cosas que la muerte no puede matar”

miércoles, 24 de agosto de 2022

Una reflexión ante el plebiscito del 4 de septiembre en Chile

 

 

                                                                     


 

 

CHILE EN LA ENCRUCIJADA

Víctor Rey

“Nosotras y nosotros, el pueblo de Chile, conformado por diversas naciones, nos otorgamos libremente esta Constitución, acordada en un proceso participativo, paritario y democrático.” (Del prólogo de la propuesta de la nueva Constitución de la República de Chile)

Chile fue el primer país en el mundo que eligió democráticamente un presidente marxista, socialista, ateo y masón. Esto ocurrió un 4 de septiembre de 1970 y este presidente fue Salvador Allende, quién murió en el Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973. El primer país que impuso después el neoliberalismo por la fuerza con el general Augusto Pinochet y luego democráticamente con la Concertación. Y ahora el primer país que se saca democráticamente el neoliberalismo y se vuelven a abrir las grandes alamedas. ¿La historia vuelve a repetirse como dice el tango cada 50 años?

Este 4 de septiembre del 2022 se realizará el plebiscito de salida para aprobar o rechazar la propuesta de nueva Constitución Política de la República de Chile. Este hecho considero que es el más importante en la historia de Chile. Por primera vez el 80% por ciento de la población votó para que se hiciera una nueva Constitución y sí terminar con la Constitución de 1980 impuesta por el General Pinochet en un plebiscito espurio. Más tarde fueron elegidos 155 convencionales en forma paritaria y con representación de los pueblos originarios. Los partidos tradicionales obtuvieron una bajísima representación en esta elección y este fue un claro mensaje de la ciudadanía de que estaba aburrida de estos abusos de este último tiempo. Por eso se hizo popular la frase que acuñaron los secundarios: “No son treinta pesos, son treinta años”. La redacción de la nueva Constitución tardó un año justo en redactarse y como dijo la ex presidenta Michelle Bachelet citando una canción de Pablo Milanés: “No es perfecta, más se acerca  lo que yo simplemente soñé.” Como toda obra humana es perfectible

Pienso que uno de los problemas que ha tenido Chile es su exitismo, no su éxito que han tratado de exportar y de hacer creer a los chilenos en su desarrollo económico y democrático, la élite política. Recuerdo en diciembre de 1993 cuando terminaba de estudiar en Europa, a los becarios nos juntaron en Alemania para celebrar la Navidad y los latinoamericanos me decían que Chile estaba punto de ser un país del primer mundo. Luego en 1996 en un congreso latinoamericano en Quito, escuchaba lo mismo de los delegados latinoamericanos cuando salía el tema de Chile, se hablaba de los jaguares de América Latina. El año 2001 volví a Chile y trabajando con una organización de desarrollo y visitando los proyectos en los barrios periféricos de Santiago y en los campos del Sur me percaté de otra realidad. Percibía que había rabia y frustración, es decir había malestar. El PNUD en su informe del 2005 dijo que en Chile se estaba cuajando un malestar. El Gobierno de entonces  no le gustó que esa palabra apareciera en la portada de ese informe documento y pidió que cambiaran esa palabra del informe. Y al año siguiente vino la «Revolución de los pingüinos», el 2011 las protestas estudiantiles, en octubre del 2019 el estallido social y ahí empezó a cambiar la historia. Las élites no lo vieron venir, pero la ciudadanía si lo vio. Una cosa es querer ver la realidad como a uno le gustaría que fuese, otra es la dura realidad. Creo que se acabó un ciclo, que las viejas instituciones se han desfondado y que está naciendo una nueva sociedad más justa, más democrática, más libre, más humana, más participativa, más igualitaria. Quizás Chile no será tan exitoso, pero creo que será más feliz. Que es algo que nos hace mucha falta, por eso tengo esperanza en este proceso social que se está viviendo al fin del mundo y quizás al fin de los tiempos. Y confío en la sabiduría del pueblo chileno que este 4 de septiembre votará Apruebo y así a partir de ese día nacerá un nuevo país más solidario, democrático, libre, justo e igualitario.