miércoles, 24 de agosto de 2022

Una reflexión ante el plebiscito del 4 de septiembre en Chile

 

 

                                                                     


 

 

CHILE EN LA ENCRUCIJADA

Víctor Rey

“Nosotras y nosotros, el pueblo de Chile, conformado por diversas naciones, nos otorgamos libremente esta Constitución, acordada en un proceso participativo, paritario y democrático.” (Del prólogo de la propuesta de la nueva Constitución de la República de Chile)

Chile fue el primer país en el mundo que eligió democráticamente un presidente marxista, socialista, ateo y masón. Esto ocurrió un 4 de septiembre de 1970 y este presidente fue Salvador Allende, quién murió en el Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973. El primer país que impuso después el neoliberalismo por la fuerza con el general Augusto Pinochet y luego democráticamente con la Concertación. Y ahora el primer país que se saca democráticamente el neoliberalismo y se vuelven a abrir las grandes alamedas. ¿La historia vuelve a repetirse como dice el tango cada 50 años?

Este 4 de septiembre del 2022 se realizará el plebiscito de salida para aprobar o rechazar la propuesta de nueva Constitución Política de la República de Chile. Este hecho considero que es el más importante en la historia de Chile. Por primera vez el 80% por ciento de la población votó para que se hiciera una nueva Constitución y sí terminar con la Constitución de 1980 impuesta por el General Pinochet en un plebiscito espurio. Más tarde fueron elegidos 155 convencionales en forma paritaria y con representación de los pueblos originarios. Los partidos tradicionales obtuvieron una bajísima representación en esta elección y este fue un claro mensaje de la ciudadanía de que estaba aburrida de estos abusos de este último tiempo. Por eso se hizo popular la frase que acuñaron los secundarios: “No son treinta pesos, son treinta años”. La redacción de la nueva Constitución tardó un año justo en redactarse y como dijo la ex presidenta Michelle Bachelet citando una canción de Pablo Milanés: “No es perfecta, más se acerca  lo que yo simplemente soñé.” Como toda obra humana es perfectible

Pienso que uno de los problemas que ha tenido Chile es su exitismo, no su éxito que han tratado de exportar y de hacer creer a los chilenos en su desarrollo económico y democrático, la élite política. Recuerdo en diciembre de 1993 cuando terminaba de estudiar en Europa, a los becarios nos juntaron en Alemania para celebrar la Navidad y los latinoamericanos me decían que Chile estaba punto de ser un país del primer mundo. Luego en 1996 en un congreso latinoamericano en Quito, escuchaba lo mismo de los delegados latinoamericanos cuando salía el tema de Chile, se hablaba de los jaguares de América Latina. El año 2001 volví a Chile y trabajando con una organización de desarrollo y visitando los proyectos en los barrios periféricos de Santiago y en los campos del Sur me percaté de otra realidad. Percibía que había rabia y frustración, es decir había malestar. El PNUD en su informe del 2005 dijo que en Chile se estaba cuajando un malestar. El Gobierno de entonces  no le gustó que esa palabra apareciera en la portada de ese informe documento y pidió que cambiaran esa palabra del informe. Y al año siguiente vino la «Revolución de los pingüinos», el 2011 las protestas estudiantiles, en octubre del 2019 el estallido social y ahí empezó a cambiar la historia. Las élites no lo vieron venir, pero la ciudadanía si lo vio. Una cosa es querer ver la realidad como a uno le gustaría que fuese, otra es la dura realidad. Creo que se acabó un ciclo, que las viejas instituciones se han desfondado y que está naciendo una nueva sociedad más justa, más democrática, más libre, más humana, más participativa, más igualitaria. Quizás Chile no será tan exitoso, pero creo que será más feliz. Que es algo que nos hace mucha falta, por eso tengo esperanza en este proceso social que se está viviendo al fin del mundo y quizás al fin de los tiempos. Y confío en la sabiduría del pueblo chileno que este 4 de septiembre votará Apruebo y así a partir de ese día nacerá un nuevo país más solidario, democrático, libre, justo e igualitario.

 

miércoles, 10 de agosto de 2022

En los 213 años del Grito de la Independencia de Ecuador

                                                                                   


 

Ecuador, cuatro mundos desde la mitad del mundo

Víctor Rey

 

He estado muchas veces en Ecuador por diversos motivos: por congresos, turismos, visitando amigos y familiares, por trabajo y viviendo.  Estoy en Quito, la capital, conocida como “la carita de Dios”, a sus 2.700 metros de altura.  Declarado la primera ciudad en el mundo como Patrimonio Cultural de la Humanidad el 18 de septiembre de 1978.  Al recorrer sus calles, plazas, parques, restaurantes, teatros, cafés, museos, iglesias y universidades, compruebo una vez más sus adelantos y progresos, y por eso se percibe la gran cantidad de turistas que la vistan.  Es una maravilla el aire que se respira, el cariño de su gente, la pasión que ponen en sus conversaciones y la riqueza de su gastronomía y su vida cultural

Basta un solo paso para deslizarse desde el hemisferio norte al sur.  Ubicado en la mitad del mundo, Ecuador alberga la magnificencia de la naturaleza: la belleza de las costas pacíficas, la imponencia de los Andes, el patrimonio marino y terrestre de las islas Galápagos y la rotunda y secreta Amazonía.  Todo esto forma un una acuarela de colores en su paisaje natural y humano.  Con sus 16 millones de habitantes el este país ´proclama al mundo: Ecuador ama la vida.

Los primeros habitantes siguieron cuidadosamente el curso de los astros. A los incas les subyugó este centro energético hasta el punto que lograron incorporarlo a su imperio. El francés Charles-Marie de la Condamine promovió, en 1736, un viaje científico a la América española para conocer cuán ancha era la Tierra en el Ecuador. Por su inigualable geografía, su diversidad cultural, su historia y gran biodiversidad en relación a su tamaño, el Ecuador es uno de los destinos turísticos más recomendados para quienes desean tener unas vacaciones placenteras y para nada monótonas.

Perpendicular sobre la línea del Ecuador cae el sol e impregna la sonrisa de los más de 16 millones de mestizos, indígenas, negros y blancos que habitan allí. En las grandes urbes los habitantes son hospitalarios y acogen a los visitantes; algunas comunidades indígenas en los Andes, así como muchos de los pobladores de la costa, ofrecen sus hogares para compartir familiarizarse con sus costumbres, hábitat y cosmovisión.

Tanto en la Amazonía como en las famosas Islas Galápagos, existen comunidades que pueden ser visitadas a través de varios proyectos de turismo comunitario que han sido desarrollados. A la par de disfrutar del olor de las flores y pasear por los aromas y sabores del cacao, café, banano y caña de azúcar de las plantaciones modernas. Luego de visitar Ecuador, guardará el recuerdo de haber conocido gente de la más amigable que se puede encontrar.

El país de los cuatro mundos

Ecuador cuenta con una buena infraestructura vial. Se puede viajar en auto, van o bus de una manera relativamente fácil y rápida. Es posible visitar de una vez varias regiones y diversos ecosistemas del planeta. En tan solo treinta minutos de vuelo, partiendo desde Quito, se puede descender a la selva amazónica. En igual tiempo, desde el mismo punto de partida, se llega a las blancas arenas de la costa. Desde allí, en menos de noventa minutos en avión, es posible arribar al paraíso viviente de Galápagos, las islas encantadas y, viajando por tierra, solamente en Ecuador es literalmente posible desayunar en una población de la exuberante Amazonía, almorzar a los pies de uno de los volcanes de los Andes y cenar en una de las ciudades del Pacífico durante un mismo día atravesando paisajes cambiantes y culturas diversas. En apenas dos o tres semanas, se puede conocer los cuatro mundos que conviven en un mismo país donde todo está cerca.

La costa del Pacífico, donde las playas verdes se encuentran con el mar

De norte a sur, bellas playas se muestran en el Pacífico ecuatoriano. Junto a puertos, poblaciones pesqueras y ciudades modernas, bosques protegidos crecen frondosos con sus húmedas y gigantescas raíces terracotas. Los manglares más altos del mundo (64 metros) se encuentran en el bosque de Majagual en la Reserva Ecológica Cayapas-Mataje. En el Parque Nacional Machalilla, el mar, las playas vírgenes y las florestas se enlazan con la historia de culturas precolombinas y pre-incaicas. Las aguas alrededor de la Isla de la Plata son un paraíso de peces multicolores y la fauna de las islas se asemeja a la que se encuentra en las Islas Galápagos.

Desde Puerto López, se avistan ballenas jorobadas que llegan cada año desde la Antártida para aparearse entre junio y octubre. El mayor refugio de aves marinas del Ecuador está en la Isla Santa Clara, al sur de la Costa.

Los Andes, la imponente travesía de los volcanes

En la mítica cordillera de los Andes, se elevan volcanes de más de cinco mil metros de altura con nieves perpetuas y glaciares de hielos milenarios.  El volcán activo más alto del mundo, el Cotopaxi (5.897 msnm), es el marco perfecto de encantadores poblados y fértiles valles. El Chimborazo (6.310 msnm) cuenta con cinco cumbres que se erigen sobre flancos de rocas y un extenso páramo andino. El Cayambe (5.790 msnm) es el único nevado del planeta ubicado en latitud 0º. Los Ilinizas Norte (5.116 msnm) y Sur (5.263 msnm) son considerados por la cosmovisión indígena como una pareja, cerro varón y cerro hembra. El impactante Antisana (5.704 msnm) presenta dos conos unidos por una ensillada poco profunda. A lo largo de la cordillera, se encuentran sorprendentes páramos, lagos, ríos, cascadas, aguas termales, bosques de neblina, valles, mercados indígenas y pintorescos pueblos, históricas ciudades coloniales y modernas.

Galápagos, la naturaleza en su estado de pureza

Galápagos es uno de los parques nacionales más importantes de la Tierra. Cuenta con trece islas principales, seis islas menores y decenas de islotes de origen volcánico. Este archipiélago protegido en el 97% de su territorio y ubicado a casi mil kilómetros de la costa ecuatoriana, se caracteriza por sus playas de arena blanca, bosques de cactus, reservas de tortugas gigantes y coloridas aves como piqueros patas azules, patas rojas, o enmascarados, flamingos y pingüinos.

Las islas son un laboratorio viviente de especies de animales que no existen en otro lugar del planeta. También se observan pinzones, fragatas, albatros y pelícanos. Charles Darwin ya lo dijo en el siglo XIX: El archipiélago es único.

En la Isla Santa Cruz, la Estación Científica Charles Darwin realiza la tarea de preservación desde hace varias décadas. Allí se encuentran las longevas tortugas gigantes llamadas Galápagos que viven un promedio de 150 años. Tanto la reserva marina como el archipiélago fueron declarados por la UNESCO “Patrimonio Natural de la Humanidad”. Este lugar constituye uno de los siete sitios más importantes del planeta para practicar buceo de superficie y de profundidad.

Amazonía, donde se oye la voz rotunda de la selva

Desde la exuberante e intensa vegetación de la Amazonía se descubren volcanes como el Sangay y El Altar, con sus numerosas y afiladas cumbres. Reservas y Parques Nacionales son el hogar de cientos de especies de aves y peces. También conviven tapires, anacondas, boas constrictoras, tortugas, lagartos, jaguares, venados, armadillos, osos, monos, roedores gigantes e infinidad de aves. Ecuador alberga la mayor diversidad de animales y plantas por kilómetro cuadrado del mundo con parques nacionales declarados como reserva de la biosfera por la UNESCO. La selva, a través de sus vertientes de aguas termales y de sus plantas medicinales, ha servido de “farmacia natural” durante centurias para las comunidades indígenas que la habitan. El 10% de las especies de plantas de la tierra se encuentran en este pequeño país. Las comunidades indígenas en la selva ecuatoriana todavía poseen y practican sus creencias, tradiciones y costumbres sociales ancestrales.

La geografía de Ecuador es tan rica y variada como su gente, su historia y su cultura. Alguien ha dicho por ahí que uno no es de donde nace sino de donde quiere morir. Yo digo que uno no es de donde nace sino de donde quiere vivir. Y Ecuador es una buena opción.

sábado, 18 de junio de 2022

A 111 del nacimiento de un hombre sabio

                                                                                 


ERNESTO SABATO: RESISTIO HASTA EL FIN

 

Víctor Rey

 

“No hay otra manera de alcanzar la eternidad que ahondando en el instante, ni otra forma de llegar a la universalidad que a través de la propia circunstancia: el hoy y aquí”.

Ernesto Sábato  LA RESISTENCIA (Seix Barral, B.A. 1999)

 

En el invierno de 1990  me encontraba en Buenos Aires, Argentina participando en un seminario y el día sábado lo teníamos libre. Un amigo argentino nos invitó a la Feria Internacional del Libro. Cuando caminábamos por sus pasillos tremendos llenos de libros y lectores habidos de buenas lecturas vi un cartel que a en el puesto de la Editorial Seix Barral: “Hoy a las 17 horas firma sus libros el escritor Ernesto Sábato”. No lo podía creer. El autor que me había ayudado a sacudirme de las teorías dogmáticas y a entender la crisis de este fin de la civilización occidental, estaba a un par de horas de conocerlo.  Y así fue me acerqué a la hora señalada y los funcionarios de la Editorial tuvieron la gentileza de darme la oportunidad de saludarlo, estrechar su mano y brevemente agradecer todo lo que su vida, testimonio y pensamiento había influido en mí.  Más tarde encontré su dirección en una biblioteca de la Universidad Católica en Lovaina, Bélgica y le escribí y tuvo la gentileza de contestarme y cruzar algunas notas. Estando en San José Costa Rica participando de otro seminario en abril del 2011 me enteré de su partida a los casi 100 años. Fue un momento de profunda reflexión ese acontecimiento.

 

¿Quién es Ernesto Sábato? Me preguntó un joven hace algunos días y la respuesta brotó instantánea: ¡El que escribió El Túnel!  Efectivamente Sábato es el escritor de la famosa novela El Túnel.  Una novela que casi todos hemos leído en nuestra época de secundarios. Un libro excepcional escrito con una intensidad tal que da la impresión de ser un cuento.  Pero Sábato no sólo es el autor de la trilogía: El Túnel, Sobre Héroes y Tumbas, o Abaddón  El Exterminador.  Es el ensayista que leímos en nuestra época de universitario, que revela su relación con la ciencia y la filosofía en Uno y el Universo.  El que plantea la lucha con la idea del progreso y la deshumanización del hombre en Hombres y Engranajes, y más tarde en Heterodoxia.  Y es el que cuenta del oficio de escribir en El Escritor y sus Fantasmas.  Y es también el pintor. 

 

Pero el escritor Sábato también es un ejemplo de autoridad moral.  Nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, en 1911.  Sábato no es sólo un hombre cuyas obras recorren el mundo en millones de ejemplares traducidos a 28 idiomas sino uno de los personajes más buscados  cuando es necesaria una opinión "calificada" sobre algún asunto ético.

 

Sábato que presidió la Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas (CONADEP)  durante el gobierno militar en la Argentina (1976-1983) y produjo el famoso informe Nunca Más, puede poner en tela de juicio al presidente del país, a las iglesias, a las Fuerzas Armadas, la ciencia, las corporaciones empresariales, pero siempre encuentra el apoyo de la opinión pública.

 

Reflejo de su autoridad es su vida austera y el auditorio masivo que convoca cada vez que repite por televisión sus viejas ideas sobre el corazón del hombre y la ausencia del progreso.

 

A lo largo de su vida, Ernesto Sábato fue militante del marxismo y representó a la Federación Juvenil Argentina en un congreso del partido comunista, en Bruselas; estudió filosofía en la Universidad de La Plata y como físico estudió radiación nuclear en el Laboratorio Curie de París, y en la década de los años 40 abandonó la ciencia "por temor a su futura utilización".

 

En la actividad literaria se convirtió en una de las máximas figuras de la literatura hispanoamericana, en 1984 ganó el premio Cervantes, en 1989 el premio Jerusalén y en 1997 el premio Menéndez Pelayo.

 

Sábato dice que abandonó el marxismo porque dejó de creer "En cualquier idea que repugne a los problemas sobrenaturales", y decidió afiliarse a la causa del hombre real, de la justicia social y de la dignidad humana.  Hoy se declara "un anarquista cristiano", y agrega: "Yo empecé a luchar por la justicia social a los 16 años en el colegio y nunca he dejado de hacerlo.  Creo que es un deber.  No me gusta que los chiquititos se mueran de hambre.  Eso me ha llevado muchas veces a cuestionar incluso la existencia de Dios, a pesar de que me considero un espíritu religioso, aunque anárquico.  Como también lo era Cristo.  Cristo insultaba a los fariseos y andaba con los pobres, con prostitutas...Ese es el verdadero Cristo.  Lo demás son cuentos".   También hace un ejercicio de autodefinición: "¡Yo soy un anarquista!  Un anarquista en el sentido mejor de la palabra.  La gente cree que anarquista es el que pone bombas, pero anarquistas han sido los grandes espíritus como, por ejemplo León Tolstoi".   (Entrevista en el diario El Tiempo, Bogotá, 22 de junio de 1997)

 

En su penúltimo libro: Antes del Fin, Memorias, (Seix Barral, 1999, 214 páginas), se destaca el hombre triste, melancólico que piensa en Matilde, su esposa fallecida y solloza.  Que se ve a sí mismo inclinado hacia la tierra encorvado, cansado.  Es el hombre que tiene pequeños momentos de dicha cuando su gatita se recuesta en sus rodillas o cuando despierta con el trinar de los pájaros al amanecer.

 

De sus épocas de adolescente recuerda su vinculación con grupos anarquistas y comunistas.  Recuerda manifestaciones de obreros y estudiantes cobijados por banderas rojinegras.  Recuerda que la revolución Rusa tenía aún el resplandor romántico y que los compañeros comunistas terminaron por convencerle (aunque luego haya manifestado que no compartió los criterios de los "comunistas de salón" y que "el anarquismo fue más fuerte en su interior")...Recuerda que huyo de casa y que era, a los 19 años, una especie de delincuente que luchaba en la clandestinidad contra la dictadura del general Uriburu.  Esa militancia le llevó a participar en diversos congresos comunistas dentro y fuera de Argentina.

 

Más tarde cuando terminó su doctorado en Ciencias Físico-matemáticas, el profesor Houssay, premio Nobel de Medicina, le concedió una beca que anualmente otorgaba la Asociación para el Progreso de las Ciencias, y se fue a trabajar al Laboratorio Curie, en París: "durante ese tiempo de antagonismos, por la mañana me sepultaba entre electrómetros y probetas y anochecía en los bares, con los delirantes surrealistas.  En el Dome y en el Deux Magots, alcoholizados con aquellos heraldos del caos y la desmesura, pasábamos horas elaborando cadáveres exquisitos".

 

Un cuartucho en París, Matilde y su pequeño hijo, la ciencia y el trabajo con la propia Irene Curie..."Muchos, con perplejidad, me han preguntado cómo es posible que habiendo hecho el doctorado en ciencias físico-matemáticas, me haya ocupado luego de cosas tan dispares como las novelas con ficciones demenciales como el Informe sobre Ciegos, y finalmente, esos cuadros terribles que me surgen del inconsciente".  Sábato no sabe contestar a esa pregunta.  Trabajar en el Laboratorio Curie era una de las grandes metas a la que podía aspirar un físico.  Y después de llegar a una meta, solo queda el vacío.  Abandonó la ciencia a principios de la década de los cuarenta.  El mundo de los teoremas quedó ahí, trunco, en plena crisis espiritual.

 

Entonces tomó otro camino: el del arte.  Empezó a escribir en la revista Sur, en Teseo, a leer a Huxley, Faulkner, Michaux, a los clásicos, a Camus (con quién hizo amistad), Green, Thomas Mann.  Brevemente habla de sus libros, de su oficio como escritor, de sus pinturas.

 

En la segunda parte del libro, Ernesto Sábato deja a un lado los recuerdos para escribir sus anotaciones:  la reciente película que vio, el recorte de una noticia curiosa de un diario, las cifras de la pobreza en el mundo, la mujer sin patria, la preocupación de la guerra de Bosnia, el drama de los Sin Tierra en el Brasil, la crisis en todas partes, sus conversaciones con Ciorán sobre estos temas trascendentales..."el mundo marchando hacia la desintegración, mientras la vida nos observa con los ojos abiertos, hambrientos de tanta humanidad".

 

La muerte de su hijo lo derrumbó.  Sábato se define, al final del libro, como un tipo embriagado de dolor y entre ruinas.  Un tipo que, en la soledad de su estudio escucha el quinteto de Schumann para cuerdas y piano en un atardecer de 1998.  Tanta nostalgia le hace caminar un rato, hasta el Parque Lezama de Buenos Aires.  Se sienta en un banco de la plaza.  Se dice un náufrago.  Se confiesa propenso al pesimismo y a la depresión.  De repente, el abrazo de un niño lustrabotas es como un pacto de derrotados, pero que llama a la esperanza. 

 

En su último libro: La resistencia (Seix Barral, 2000, 148 páginas)  Sábato plantea que en este tiempo de globalización hay necesidad de establecer las bases de alguna resistencia que permita el equilibrio en el nuevo orden que se viene encima.  De lo contrario el hombre sucumbirá ante cada avance, y seguramente moriremos en red, solitarios frente a una máquina que se esmera en reproducir la vida en la pantalla.  Ernesto Sábato lo sabe muy bien y lo dice con la humildad y claridad que sólo los años otorgan a los hombres.  En La resistencia, Sábato se esmera en hacer una radiografía sentida de los tiempos actuales, con nostalgia de cuando una conversación en un café valía más que un televisor encendido para acaparar la atención y evitar, en última instancia, que las miradas se crucen y se reconozcan lo que de seres humanos nos queda.

 

La resistencia es una carta escrita sin vanidad alguna.  Y aunque suene a discurso en boca de un predicador barato no hay que olvidar toda la producción anterior de este escritor.  Así que estamos hablando de alguien que conoce abismos humanos y sabe describirlos.  Estamos hablando de quien se ha dado el lujo de entrar en depresiones profundas para salir airoso con toda la fuerza de la vida atrapada en la mirada.  "El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria", dice Sábato en La resistencia.  Nada tiene que hacer el desarrollo salvaje frente a este caso de fe.  Sábato se refiere a muchos frentes de la vida humana en los momentos actuales pero siempre su mensaje de dirige a no perder de vista lo esencial: "Quienes se quedan con los sueldos de los maestros, quienes roban a las mutuales o se ponen en el bolsillo el dinero de las licitaciones no pueden ser saludados.  No debemos ser asesores de la corrupción.  No se puede llevar a la televisión a sujetos que han contribuido a la miseria de sus semejantes y tratarlos como señores delante de los niños.

 

Del Internet, del tiempo libre, de relaciones humanas, de los afanes que mueven el mundo; temas que salen a la luz en La Resistencia con suavidad de quien habla desde el amor a sus semejantes y no desde la vanidad de un nombre de letras de molde.  Sábato está lejos de envanecerse por mirar su nombre en las librerías o en los diarios nacionales.  De hecho se despoja de todos sus atributos literarios para que su "carta", como él mismo se refiere a este libro, no empantane entre figuras retóricas o giros inteligentísimos.  La Resistencia está escrita para todo el mundo y en lenguaje sencillo y elemental.  Para advertirnos como en los siglos XVIII y XIX la dignidad de la especie estuvo cifrada en los adelantos tecnológicos, pero en este siglo que ahora muere, la tecnología se encargo de quitarnos la inocencia.  Pese a todo Sábato señala que: "no podemos hablar del hombre como si fuera un ángel, y no debemos hacerlo.  Pero tampoco como si fuera una bestia, porque el hombre es capaz de las peores atrocidades, pero también capaz de los más grandes y puros heroísmos".

 

Para quienes no leyeron nunca a Sábato.  Antes del Fin y La Resistencia es una forma de acercarse a un hombre y una obra quijotesca, a un espíritu combativo.  Para aquellos que leímos El Túnel con ansiedad, que seguimos en medio de dolorosas reflexiones los párrafos de los ensayos como Uno y el Universo, Hombres y Engranajes, Heterodoxia o El escritor y sus Fantasmas, que nos sumergimos en el complejo y terrible mundo de Sobre Héroes y Tumbas, que quedamos asombrados con su novela profética Abaddón el Exterminador, donde se vaticinaba el subyugamiento de las fuerzas del mal y el derrumbe de la civilización contemporánea.  Que disfrutamos maravillados de su libro de conversaciones con Carlos Catania: Entre la letra y la sangre o el libro de Diálogos con Borges.  Antes del Fin y La resistencia son dos libros obligatorios y necesarios para el hombre y la mujer de hoy. 

 

Un sábado 30 de abril del 2011, me encontraba en San José Costa Rica,  un mes y medio antes de cumplir los 100 años, nos dejó este ilustre escritor. Varios amigos sabiendo lo importante que ha sido para mí su obra y su vida me llamaron para darme sus condolencias.  Y como adelantándose  a ese momento escribió estas palabras en la última página de La Resistencia.  “Pero ahora que la muerte está vecina, su cercanía me ha irradiado una comprensión que nunca tuve; en este atardecer de verano, la historia de lo vivido esta delante de mí, como si yaciera en mis manos, y hay horas en que los tiempos que creí malgastados tienen más luz que otros, que pensé sublimes.”