miércoles, 8 de julio de 2020

En sus 85 años


Biografia de Dalai Lama
El Dalai Lama agente de paz y de la no violencia
Víctor Rey
Un 5 de mayo del 2006, tuve la oportunidad de conocer al Dalai Lama, con motivo de una visita que  realizó a Chile.  Una de sus actividades fue un encuentro interreligioso en el Centro de Extensión de la Universidad Católica en Santiago.  En esa oportunidad hizo énfasis en la importancia del diálogo interreligioso para lograr la paz y también del papel que tiene las religiones y las espiritualidades en esta tarea.  Cuando alguien le preguntó cuál era su religión, el Dalai Lama dijo que era la bondad.  Ese encuentro para mí ha sido una de las experiencias más ricas de convivencia interreligiosa y me dio mucha esperanza de que la paz era posible.
El Decimocuarto Dalai Lama, Tenzin Gyatso, es el jefe de estado temporal y líder espiritual del pueblo tibetano. Nació el 6 de julio de 1935, en una pequeña villa llamada Taktser situada en el noreste de Tíbet, y fue llamado Lhamo Dhondup.  Nacido en una familia campesina, fue reconocido a los 2 años de edad, de acuerdo con la tradición tibetana, como la reencarnación de su predecesor el 13º Dalai Lama, es una encarnación de Avalokitesvara, el Buda de la Compasión.
El Dalai Lama empezó su educación a los 6 años y terminó el grado Geshe Lharampa (Doctorado en Filosofía Budista) a los 25 años de edad, en 1959.  (A los 24 años, rindió los exámenes preliminares en cada una de las tres Universidades Monacales.  El examen final tuvo lugar en el Templo en el Gran Festival de Oración, que se realiza el primer mes de cada año, según el calendario tibetano.  Por la mañana fue examinado por 30 eruditos en lógica; por la tarde, debatió con 15 expertos sobre la Vía Media, y al final de la tarde, 35 entendidos  pusieron a prueba su conocimiento sobre el canon de la disciplina monástica y el estudio de la metafísica.  El Dalai Lama aprobó el examen con honores, y éste fue realizado ante la presencia de 20.000 estudiantes monásticos. Además de los temas budistas, él estudió inglés ciencias, geografía y matemáticas.
El 17 de noviembre de 1950, fue llamado a asumir el completo poder político (Jefe de Estado y Gobierno) cuando Tíbet fue amenazado por el poder de China.  En 1954, viajó a Beijing para sostener conversaciones de paz con Mao Tse-tung y otros líderes chinos, incluyendo Chou En-Lai y Deng Xiaoping.  En 1956, mientras visitaba India para atender el 2500º Aniversario del nacimiento del Buda, tuvo una serie de encuentros con el Primer Ministro Nehru y el Premier Chou acerca de las deterioradas condiciones en Tíbet.
Sus esfuerzos por lograr una solución pacífica al conflicto sino-tibetano se vieron frustrados por la cruel política de Beijing en el este de Tíbet, la cual provocó un levantamiento popular. Este movimiento de resistencia se extendió hacia otras partes del país, y el 10 de marzo de 1959, la capital de Tíbet, Lhasa, explotó con la mayor manifestación de toda la historia de Tíbet, llamando a China a abandonar el Tíbet y reafirmando la independencia de éste. Escapó hacia India donde le fue dado asilo político; alrededor de 80.000 refugiados tibetanos siguieron Al Dalai Lama hacia el exilio.  Actualmente hay más de 120.000 refugiados en India, Nepal, Bután y Occidente. Desde  1960, reside en Dharamsala, una pequeña ciudad en el norte de India, conocida como la “Pequeña Lhasa,” siendo la base del Gobierno Tibetano en el exilio.
En 1963, promulgó una constitución democrática, basada en los principios budistas y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos como modelo para un futuro Tíbet libre. Desde entonces, ha sido el defensor más riguroso del propio experimento democrático de los refugiados, mientras que consistentemente reafirma su deseo de no mantener ningún cargo político una vez que Tíbet recupere su independencia.  El continúa presentando nuevas iniciativas para resolver el tema de Tíbet.
El Dalai Lama tuvo un encuentro con el Papa Pablo VI en el Vaticano el año 1973, y con el Papa Juan Pablo II en el Vaticano en 1980, 1982, 1986, 1988 y 1990.  En una conferencia de prensa en Roma, el Dalai Lama subrayó sus esperanzas de reunirse con Juan Pablo II: “Vivimos en un período de gran crisis.  No es posible encontrar la paz sin seguridad y armonía entre los pueblos. Por esta razón, albergo fe y esperanza por mi encuentro con el Santo Padre, para un intercambio de ideas y sentimientos, y sus sugerencias, para abrir la puerta a una progresiva pacificación entre las personas.”
Además en 1981, tuvo oportunidad de dialogar con el Arzobispo de Canterbury, Dr. Robert Runcie, y con otros líderes de la Iglesia Anglicana en Londres. También sostuvo encuentros con líderes de las comunidades Católica Romana y Judía, y habló en un servicio interreligioso realizado en su honor por el Congreso Mundial de Religiones.  En octubre de 1989, durante un diálogo con ocho rabinos y eruditos de los Estados Unidos en Dharamsala, India, el Dalai Lama enfatizó: “Cuando nos volvimos refugiados, sabíamos que nuestra lucha no sería fácil; tomaría largo tiempo, generaciones.  A menudo nos referíamos a los judíos, cómo mantuvieron su identidad y fe a pesar de la dificultad y tanto sufrimiento.  Y, cuando las condiciones externas estuvieron maduras, ellos estaban listos para reconstruir su nación.  Entonces, como ven, hay muchas cosas que aprender de nuestros hermanos y hermanas judíos”.
Sus charlas en otros foros se enfocaron en la comunión de creencias y la necesidad de unidad entre las distintas religiones: “Siempre he creído que es mucho mejor el tener una variedad de religiones, una variedad de filosofías, que una única religión filosófica.  Esto es necesario dadas las diferentes disposiciones mentales de cada ser humano. Cada religión tiene sus particulares ideas o técnicas, y el aprender acerca de ellas sólo puede enriquecer nuestra propia fe.”
El siguiente extracto de la cita de la universidad refleja una visión ampliamente sostenida del nivel del Dalai Lama: “En el reino de la mente y el espíritu, usted se ha distinguido en la rigurosa tradición académica de las universidades budistas, obteniendo el grado de Doctor con los más altos honores a los 25 años.  No obstante, entre los asuntos gubernamentales y diplomáticos, usted ha encontrado el tiempo para enseñar y registrar por escrito sus profundas apreciaciones en filosofía y el significado de la vida contemplativa en el mundo moderno.  Sus libros representan una importante contribución no sólo para el vasto cuerpo de literatura budista, sino para el diálogo ecuménico de las grandes religiones del mundo.  Su propia dedicación a la vida contemplativa de monje budista ha ganado la admiración de no sólo los budistas, sino de los contemplativos cristianos también, incluyendo al monje  Thomas Merton, cuya amistad y diálogo con usted fueron mutuamente apreciados”.
La decisión del Comité Noruego del Premio Nobel al otorgar el Premio de la Paz 1989 a  Dalai Lama, obtuvo elogios y aplausos en todo el mundo, con excepción de China.  En su cita expresa, “el comité desea enfatizar el hecho de que, el Dalai Lama en su lucha por la liberación del Tíbet, se ha opuesto consistentemente al uso de la violencia.  En cambio, él ha abogado por soluciones pacíficas basadas en la tolerancia y el respeto mutuo para preservar el bagaje cultural e histórico de su pueblo. El Dalai Lama ha desarrollado su filosofía de paz desde un gran respeto por todos los seres vivientes y sobre el concepto de responsabilidad universal que abraza toda la humanidad, como también la naturaleza.  En opinión del comité, el Dalai Lama ha presentado propuestas constructivas y de avanzada para la solución de conflictos internacionales, temas de derechos humanos y problemas de medioambiente global”.
El Dala Lama a menudo dice, “Yo soy sólo un Simple Monje Budista – ni más, ni menos.” El ha seguido la vida de un monje budista. Viviendo en un pequeño complejo en Dharamsala, se levanta a las 4 de la mañana para meditar, sigue una ocupada agenda de reuniones administrativas, audiencias privadas, enseñanzas y ceremonias religiosas. Él concluye cada día con más oraciones antes de retirarse. Al explicar sus  grandes fuentes de inspiración, a menudo cita su verso favorito, encontrado en los escritos del reconocido santo budista, Shantideva: “Mientras perdure el espacio y mientras existan los seres vivos, hasta entonces, pueda yo también continuar para disipar la miseria del mundo.”

domingo, 5 de julio de 2020

Incertidumbre e insatisfacción


UCAB on Twitter: "La población está saturada de información sobre ...
INCERTIDUMBRE E INSATISFACCIÓN, SIGNOS DE SOCIEDADES DESESPERANZADAS

Víctor Rey

La sociedad de hoy vive una profunda crisis de confianza. Se desconfía de las instituciones, partidos, iglesias, tribunales pero también de quienes te rodean. A la vez se ha desarticulado la antigua participación social y la solidaridad se torna algo esporádico.
Los factores que explican este comportamiento social son múltiples y tiene razones de carácter estructural que dicen relación con el modelo económico que por decenios ha dominado la economías de nuestros países, por factores profundas de desigualdades, separación física, segregación, a la cual conduce a una parte relevante de la población especialmente en las grandes ciudades. Tiene que ver, también, con el hecho de que nuestras sociedades, aún en el contexto de grandes contradicciones, vive, más que otras sociedades latinoamericanas, los efectos de fenómenos típicos de las sociedades modernas, la sociedad líquida, como la llama el sociólogo Zsygmunt Bauman.
El modelo neoliberal ha generado varios países en uno y la configuración urbana ha obedecido a estos patrones. La concentración de la riqueza y la mala distribución de ella, una de las peores del mundo occidental, ha producido una profunda incomunicación entre los diversos estratos de la sociedad.
Los pobres han sido condenados a vivir en barrios periféricos sin servicios adecuados para garantizar una vida digna. Alejados de sus fuentes ocupacionales deben ocupar varias horas del día a trasladarse provocando estrés psicológico, cansancio y falta de tiempo para dedicarse a la familia y a las actividades recreativas y de vínculos sociales. Los sectores de mayores ingresos tienden a alejarse del resto de la sociedad, construyendo barrios, colegios, clínicas exclusivas donde solo viven y participan quienes disponen de altos ingresos y también en ellos la interacción social es débil.
La sociedades latinoamericanas se han ghetizado y se ha impuesto una lógica mercantilista que ha debilitado al máximo las antiguas comunidades, el sentido de pertenencia colectivo, la colaboración, la solidaridad y se ha impuesto un individualismo caracterizado por una feroz competencia y por el deseo de poseer bienes a los cuales se accede de manera más generalizada pero desigual.
Los antiguos espacios públicos de encuentro han desaparecido y han sido reemplazados por los nuevos templos del consumo donde se ofrece realizarse individualmente de acuerdo a la capacidad de cada cual para acceder al mercado, muchos a través del endeudamiento que es algo consustancial al funcionamiento del modelo económico. Las relaciones sociales se monetarizan y las capas sociales aspiracionales buscan construir movilidad renunciando a la acción colectiva y buscando sus propios espacios.
La política y sus actores se han debilitado y no ocupa el lugar de construcción de sociabilidad del pasado. Emprobrecida idealmente no construye identidad fuerte y la desafección de la ciudadanía se expresa en una alta abstención electoral que debilita a las instituciones de representación que son la base de la democracia. El surgimiento de una nueva forma de comunicar, a través del espacio digital, crea sociedades y agrupaciones virtuales, efímeras, que acelera el tiempo y el espacio de la vida cotidiana de las personas.
Estas se comunican por las redes sociales, construyen vínculos lejanos, impersonales, que aíslan aún más del entorno en que se vive. Profundiza la soledad de muchos, aun cuando empodera voces que hasta ayer no tenían expresión alguna.
La ciudadanía, a través de las redes, puede hoy recibir y transmitir, instalar agendas, temas, puede autoconvocarse en causas parciales ya sin la presencia de los partidos políticos que han perdido la capacidad de convocatoria social.
Los partidos y las iglesias viven en un mundo análogo frente a la expansión de la tecnología digital y a la exigencia de que los problemas sean abordados y resueltos aquí y ahora, a una velocidad que la política, que requiere de tiempos distintos, no está en condiciones de responder. Ello profundiza el descontento y hasta la indignación de una sociedad más exigente, en un mundo global que amplía las oportunidades y donde la sociedad de la abundancia de bienes y productos los coloca como el objetivo del deseo, del placer de poseerlos.
Crecen las demandas inmateriales, que conectadas globalmente cambian velozmente la subjetividad de las personas y profundizan la idea de nuevas libertades como sinónimo de autonomía de las personas para resolver sobre asuntos de sus propias vidas, con sus propias creencias y percepciones y donde el control ideológico o espiritual que ejercían diversas instituciones, que ya no están en condiciones de dar sentido a las cosas, resulta sobrepasado por la información digital planetaria.
Nuestras paíeses son también una expresión de ello, en una sociedad líquida, fluída, en constante cambio. Ello crea insatisfacción e incertidumbre que son dos características que cruzan la vida de nuestras sociedades.
Nada parece definitivo, ni siquiera el amor, los valores en los cuales se apoyaba la sociedad tradicional carecen de anclajes y no son reemplazados aún por nuevos y es normal que esta época de mutación cultural, económica, social, en  muchos crezca la desesperanza, por fenómenos que aparecen incontrolables, y con ello la soledad, el recluirse en sí mismo o en el núcleo más cercano en busca de confort, todo lo cual es también un signo de nuestros tiempos.
Crecen los discursos que apuntan al miedo y hasta poderosos liderazgos políticos y religiosos en todo el mundo son construídos más en el temor que en la esperanza. El miedo hacia el otro, al desconocido, a la mezcla cultural y de los espacios, en un mundo que barre con las fronteras y donde las migraciones se tornan bíblicas.
Es decir, hay razones estructurales, de contexto, para la incomunicación y la ausencia de interactividad social.
Reconstruir la confianza es la clave para que las personas vuelvan, en las nuevas condiciones, a compartir, a conversar, a realizar una interactividad social donde el medio no sea el utilitarismo sino la solidaridad. Se requiere que el Estado vuelva a jugar un rol integrador, de protección frente a los abusos, que la política se torne transparente, que todos entendamos que vivimos ya en una casa de vidrio, que la educación de mejor calidad para todos sea el gran vehículo de la construcción de las oportunidades, que la democracia se abra más allá de la representación a formas más horizontales de participación que escuche a una sociedad integrada en un mundo con expresión propia. La revolución digital de las comunicaciones puede ser un gran mecanismo para recrear vínculos y expresiones, para aunar esfuerzos, para ejercer control y asegurar voz a los que no las han tenido.
Vivir en una sociedad compleja, donde lo lineal ya no sirve como canon interpretativo, sugiere desafíos enormes para reconstruir sociedad y para repolitizar, en un sentido noble, la vida de las personas.
A ello debemos abocarnos si queremos una sociedad que resocialice en términos colectivos, con una mirada comunitaria, con vínculos abiertos con las demás personas.
Una sociedad que no se hunda en el individualismo, en el consumismo auto referencial, en la estigmatización de los otros.
Una sociedad donde lo que prevalezcan sean los valores humanitarios, la defensa medioambiental de un planeta en riesgo y donde la creciente inteligencia artificial no reemplace a los seres humanos, sino sirva para que estos crezcan en tiempo y en cultura.

viernes, 26 de junio de 2020

A 112 años de su nacimiento


Salvador Allende - Wikipedia

SALVADOR ALLENDE Y LA RELIGIÓN


Víctor Rey

“Colocado en un trance histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo.  Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente.  Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza.  La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

Del último discurso de Salvador Allende.
9:03 A.M. La Moneda, 11 de Septiembre de 1973


Han pasado ya muchos años de la muerte trágica del presidente constitucional de Chile, Dr. Salvador Allende Gossens, primer socialista elegido por sufragio universal.  Allende fue conocido por su ateísmo, su militancia marxista y su adherencia a la masonería.  Por esto puede resultar sorprendente el título de este artículo y su contenido.

Para tener una mejor comprensión de los hechos religiosos sucedidos antes del golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, cuando fue  derrocado el presidente Salvador Allende, se hace imprescindible una descripción del período previo, que abarca desde 1925 – año de la promulgación de la nueva Constitución Política- hasta los días previos al cruento derrocamiento.  Para esto nos remitiremos a las palabras del sociólogo Humberto Lagos:

“Obviamente ese espacio de tiempo estuvo marcado por la radicalización de las  tensiones entre la Iglesia Católica Romana y las pujantes manifestaciones de las diversas vertientes protestantes.  El liberalismo, políticamente expresado en el Partido Radical y en la Masonería, atrae fuertemente a líderes y fieles protestantes, quienes confunden o asimilan su laico anticlericalismo al propio anticatolicismo, en una alianza que contesta en todos los frentes posibles al conservadurismo religioso de la iglesia mayoritaria, que a su vez, se expresa políticamente en el Partido Conservador y luego en la Falange Nacional que dará paso al Partido Democratacristiano.

En ese período histórico se confirma el fenómeno de interpretación ideológica entre la masonería- con sus aportes laicos y anticlericales- y el ideario protestante, que es leído por los fieles evangélicos como un solo ethos cultural.  El laicismo socialista resulta atractiva oferta para los creyentes protestantes que ven en la alianza con el liberalismo la posibilidad histórica de derrotar a la enemiga Iglesia Católica Romana.  Hasta los años de la segunda guerra mundial, y en medio de una sistemática culpabilización de la Iglesia Católica como responsable de contribuir a la miseria continental, eran las ideologías progresistas, izquierdizantes y liberales, las que despertaban simpatías en los sectores evangélicos.  El marxismo, en tanto que ideología con auditorio en sectores populares, comienza a preocupar a las clases conservadoras y a la Iglesia Católica.  Es innegable que durante el período de post-guerra surge un fuerte movimiento izquierdista en América Latina que acusaba a las jerarquías de la iglesia mayoritaria de no tener interés en romper su “maridaje” con las fuerzas políticas reaccionarias provenientes de proyectos dictatoriales”.
(Humberto Lagos Sch.  CRISIS DE ESPERANZA.  1988, Editorial LAR, Santiago de Chile. Páginas 62 y 63)

Sin embargo las simpatías protestantes por los proyectos comunes con grupos de ideología marxista, comenzaron, desde la década de 1950.  Los misioneros norteamericanos influyen de manera sostenida para introducir como práctica el apoliticismo de iglesias y fieles evangélicos, el que va, imperceptiblemente, reforzándose con un sentimiento anticomunista producto de una modalidad ideológica conservadora útil a la reproducción de la ideología religiosa del capitalismo.  Las contradicciones de las prácticas sociales evangélicas arriban a su momento culmen cuando algunos líderes e iglesias suscriben, en el periodo del proyecto político autoritario, en diciembre de 1974, su adhesión incondicional y acrítica a la dictadura encabezada por el general Augusto Pinochet.

Con la asunción presidencial del Dr. Salvador Allende, gobernante electo popular y democráticamente el 4 de septiembre de 1970, se concreta e inicia una experiencia nueva para el universo religioso chileno.

Los hechos hablan de un presidente respetuoso de las libertades de conciencia y religiosa, que en la práctica se tradujo, en la transformación del Te Deum católico tradicional a ecuménico celebratorio  de la toma del poder político democrático por un nuevo primer mandatario  y de las gestas independentistas históricas, y en la expresa petición del mencionado a las iglesias cristianas para dar apoyo espiritual y ceremonial  a quienes lo requieran de los delegados internacionales asistentes en el período, a la UNCTAD III (Tercera Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Comercio) que se celebró en Santiago de Chile en 1971.

El ateísmo de Salvador Allende no era en absoluto contradictorio con su confesado humanismo que, en las situaciones recién mencionadas, tenía expresiones claras y contundentes.

En los instantes de su toma de posesión presidencial, el Dr. Allende recibió de manos del Cardenal Raúl Silva Henríquez un ejemplar de la Biblia de Jerusalén; en el momento, y complementado después, expresó:

“He releído este libro más veces de las que usted cree.  No me gustan los creyentes que le dan a la Biblia  una categoría mágica, como si allí estuviera la solución hasta para los dolores de muela.  Siempre me he acercado  al gran libro con la libertad de pensamiento de un ateo, dispuesto a no ver más de lo que pueda leer y entender  en cualquier libro.  Y reconozco que he encontrado profundas enseñanzas, alta poesía, apasionantes novelas, trozos de la más alta literatura, filosofía eterna, sabiduría sin par.  Tal vez ello se podría explicar porque la Biblia es la síntesis de la sabiduría y la historia milenaria de los pueblos de la antigüedad.  Allí están sus mitos, sus personajes  amados, sus grandes anhelos, sus ideas políticas, su realidad, su rebelión, sus sufrimientos y sus alegrías...
(Revista “Pensamiento Cristiano”.  N*70; pp. 118-119. Córdoba, Argentina, Junio de 1971.)

En el Te Deum Ecuménico referido, el Cardenal Silva Henríquez, entre otras referencias, planteó en su Homilía:

“Este momento de oración se inscribe así en una antigua tradición religiosa; pero corrobora, al mismo tiempo, inapreciables tradiciones patrias.  Tiene un carácter de símbolo y garantía de respeto: el respeto de los Gobernantes por todas las formas de fe religiosas; el respeto de las Iglesias por la legítima autoridad de los Gobernantes; el respeto recíproco entre múltiples confesiones religiosas.
Es justo entonces que nos congreguemos para una Acción de Gracias, hombres que reciben una tarea de liberación de sus hermanos; hombres que saben respetar, porque se sienten respetados, no pueden menos que dar las gracias, porque todo eso es un privilegio”.
(Revista “Pensamiento Cristiano”, N*70; pp.118-119, Córdoba, Argentina, junio 1971.)

El 5 de septiembre de 1970, Salvador Allende ofreció una conferencia de prensa a los corresponsales extranjeros que asistieron a la transmisión del mando presidencial.  Entre los  asistentes se encontraba el Padre David Turaldo, Secretario General del Centro de Documentación  Juan XXIII, teólogo y escritor italiano.  Señalo que había leído con mucho placer la declaración del presidente Allende sobre la libertad religiosa que existe en Chile, como también el discurso del cardenal en ocasión del Te Deum Ecuménico, el cual era un bellísimo gesto litúrgico abierto a la justicia y a la paz.  Luego hizo votos porque el progreso de todo el pueblo chileno continué y se profundice.  La respuesta de Allende fue la siguiente:

“Allende:  Yo puedo señalar que uno de los hechos más significativos, más trascendentes, que más impresionó a los visitantes y a las misiones que vinieron a la transmisión del mando, fue precisamente el Te Deum Ecuménico  realizado en la catedral chilena.  Te Deum Ecuménico que yo solicité, y lo hice, porque sé que la mayoría del pueblo chileno es católico y yo tengo la obligación de respetar su fuero íntimo, así como sé que ellos respetan el mío.  Las palabras del cardenal de la Iglesia chilena demuestran cómo nuestra Iglesia se coloca en la lucha de los hombres frente a los necesitados y los humildes, haciendo realidad en Evangelio de Cristo.  Puedo afirmarle, con la actitud de toda una vida y no sólo la mía personal, sino la de los partidos que forman la vanguardia del movimiento popular, que nunca hemos incursionado con un dogmatismo intransigente en el derecho de cada cual de tener la creencia que más avenga con su ser íntimo, y que ésta la mantendremos.  Y además, creo que este entendimiento se hará cada vez más profundo, porque las distintas religiones, fundamentalmente la Iglesia chilena en sus documentos, emanados de altas jerarquías, cada vez con más decisión y con más claridad se acerca al respetable pensamiento de Juan El Bueno”.
(Libertad Religiosa. Conferencia de prensa, 5 de septiembre de 1970. Página 104.  SALVADOR ALLENDE EN EL UMBRAL DEL SIGLO XXI.  Frida Modak.  1998, Plaza Janés Editores, México


La ideología de Allende heredó los ideales ilustrados en la versión masónica en que Chile, son un hilo de continuidad desde los próceres de la Independencia y la república autoritaria, en la primera mitad del siglo XIX, hasta el Partido Radical, en la segunda.  Esto es, la confianza en la razón y la educación; la valoración de la igualdad y de la ley; y finalmente, una concepción humanista de la política que desemboca tanto en el nivel individual como en el nivel social.  Ella inserta y determina la vida individual del militante en aquella de, por así decirlo, su grey política, orientándola hacia el diseño de formas de vida, esto es, de sistemas económicos, políticos y legales cuyo primer desafío esta claro: mejorar las condiciones de quienes menos beneficios obtienen del sistema.

Y, en este sentido, los ancestros de dicha concepción de la política pueden seguirse en la tradición occidental hasta la misma concepción judeocristiana de la vida humana correcta o buena.  Porque en la visión bíblica se articula por vez primera la tesis según la cual, en un sentido ético, los seres humanos son todos iguales, en último término, porque son todo creación del único Dios.  “Amarás a tú prójimo como a ti mismo” ordena el Antiguo Testamento, añadiendo a continuación “porque extranjero fuiste en Egipto”.  Visto de esta manera, la idea asociada con la ilustración y el liberalismo de un Pueblo Elector (esto es, un pueblo de cuyo consentimiento depende la legitimidad de los gobiernos) es un lejanísimo descendiente del concepto bíblico de un Pueblo Elegido (esto es, un pueblo donde cuyos miembros han sido elegidos por igual para vivir según los mandamientos divinos).  El entendimiento actual del concepto de revolución desciende de aquel de liberación de la esclavitud, de la opresión, cuya primera representación épica en occidente es la historia del éxodo de Egipto.  Así, Allende, en tanto heredero en clave secular de la concepción judeocristiana, puede ser descrito también como el último ilustrado de la política chilena. 

Resulta paradójico  recordar que fue un ateo, quién ayudo a promover la unidad de los cristianos, en un período tan crítico de la historia de Chile, como tantas veces ha sucedido en la vida de la Iglesia, Dios hace uso de su soberanía y usa para sus propósitos incluso a no creyentes.  Por eso podemos decir que Allende fue un líder que contribuyo a disminuir la distancia entre la utopía y la realidad.