lunes, 6 de abril de 2020


                                                        


LA LECTURA Y LOS LIBROS EN TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

Víctor Rey

Recuerdo con exactitud el primer día de clases  cuando a los cinco años mi mamá junto a mi hermano mayor y otros amigos del barrio y sus mamás nos fuimos caminando por la calle Huérfanos hacia la Escuela Pública N 65 que quedaba a tres cuadras de mi casa cruzando la Plaza Brasil en Santiago de Chile.  Era mi primer día e ingresaría a kindergarten y mi hermano a primer año.
En esa escuelita había una pequeña biblioteca y solo dejaban entrar a los alumnos que sabían leer, pero yo me las ingeniaba para colarme junto a mi hermano y allí me encontraba con dos revistas que me marcaron, El Peneca y El Cabrito, como no sabía leer me entretenía viendo los dibujos y fotos.  Pero cuando llegaba a casa mi mamá nos leía El Condorito y Barrabases. Esperaba esas revistas como maná del cielo y las leía de principio a fin, incluidos los avisos. Creo que aprendí a leer con esas dos revistas y aprendí al mismo tiempo que mi hermano que me llevaba dos años de ventaja.
Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida y, por eso, siempre recuerdo con gratitud a las personas que me enseñaron este arte que me abrió mundos insospechados.  Debido a la lectura, ese mundo pequeñito de mí barrio se volvió el universo. Gracias a los signos que convertía en palabras y en ideas, viajaba por el planeta y podía, incluso, retroceder en el tiempo y convertirme en mosquetero, cruzado, explorador, o viajar por el espacio hacia el futuro en naves silenciosas. Mi mamá dice que era un niño que le gustaba entretenerse solo haciendo sus propios juguetes con cajas de fósforos, lápices de colores, hojas de diarios y envases  de productos vacíos. Y una tía me contó que le llamaba la atención que andaba leyendo todo, los letreros, las señales e incluso las hojas de los diarios que se encontraban en el suelo. Yo no lo recuerdo, pero sí las horas que me pasaba leyendo cada día, después de volver de la escuela me sentaba a disfrutar de las revistas de historietas y a soñar con ser Superman, El Llanero Solitario, Batman, Tarzán, El Zorro, Roy Rogers, y toda la serie de revista que producía Walt Disney.
Ahora que, por culpa del coronavirus y el aislamiento forzoso a que estamos sometidos, leo a varias horas del día acompañado del sol y el cielo azul de Quito que entra por mis ventanas a raudales la luz de la Mitad del Mundo y pienso que serán unas cinco horas diarias en un estado de felicidad absoluta.
En la biblioteca con telarañas del Liceo Valentín Letelier donde curse mi enseñanza media  leí mis primeras novelas en especial de la literatura latinoamericana como El Túnel de Ernesto Sabato, Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez, Conversaciones en la Catedral de Mario Vargas Llosa, Niebla de Miguel de Unamuno, Martín Rivas de Alberto Blest Gana, Palomita Blanca de Enrique Lafourcade y Rayuela de Julio Cortazar.
Nada me ha dado tanto placer y felicidad como los buenos libros; nada me ha ayudado tanto como ellos a sortear los momentos difíciles. Sin la literatura me habría suicidado en ese periodo atroz que fue la dictadura militar donde vi y viví la muerte, la persecución y la tortura, me hizo descubrir la soledad y el miedo. Erich Fromm me cambió la vida y me dio una nueva perspectiva de la vida en plena juventud; lo leí con lápiz y papel para identificar sus aportes y nuevas visiones que me cautivaron leyendo El Arte de Amar, El corazón del Hombre, Psicoanálisis de la Sociedad Contemporánea y luego El Miedo a la Libertad.
En la Biblioteca Central de la Universidad de Concepción  tenía reservado un escritorio cerca de la Hemeroteca con un gran ventanal para que entrara la luz del saber y los conocimientos filosóficos que estaba aprendiendo. Ahí conocí a Karl Marx, Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, René Descartes, Emmanuel Kant, Merleau Ponty, George Orwell, Edmund Husserl, Martín Heidegger, Friedrich Nietzsche y por supuesto los clásicos de la filosofía griega Sócrates, Platón y Aristóteles y también fue la primera vez que leí la Biblia.
En Bélgica en la Universidad Católica de Louvain La Neuve el primer día que llegué, en enero de 1991, descubrí a Jean Paul Sartre y Albert Camus y aprendiendo la lengua francesa me atreví a leerlos en ese idioma.  Fue para mí el más fructífero de los descubrimientos: gracias a ellos supe la persona que quería ser y el que no quería ser.
Las buenas lecturas no solo producen felicidad; enseñan a hablar bien, a pensar con audacia, a fantasear, y crean ciudadanos críticos, recelosos de las mentiras oficiales que vienen de la política de las empresas, de los medios de comunicación y de las instituciones religiosas. La vida que no vivimos podemos soñarla, leer los buenos libros es otra manera de vivir, más libre, más bella, más auténtica. Esa vida alternativa tiene, además, la suerte de estar fuera del alcance de las plagas demoníacas que aterraron siempre a los seres humanos, porque en ellas veían a los diablos que, a diferencia de los enemigos de carne y hueso, eran difíciles de derrotar.
Un buen lector es el ciudadano ideal de una sociedad democrática: nunca se conforma con aquello que tiene, siempre aspira a más o a cosas distintas de las que le ofrecen. Sin esos inconformes sería imposible el progreso verdadero, el que, además de enriquecer la vida material, aumenta la libertad y el abanico de elecciones para ajustar la vida propia a nuestros sueños, deseos e ilusiones.
El coronavirus ha resucitado la barbarie en lo que creíamos la civilización y la modernidad. Hemos visto a través de los medios de comunicación y las redes sociales cosas horribles. Aun así, con toda la ruina económica y social que traerá esta plaga inesperada, si, luego de sobrevivir a ella, hay más personas, ganados a la buena lectura gracias a la cuarentena forzada, los demonios de la peste habrán hecho un buen trabajo.

sábado, 4 de abril de 2020

A 52 años de su asesinato



Se ha cumplido el sueño de Martin Luther King? | Noticias | teleSUR
MARTIN LUTHER KING Y LA DESOBEDIENCIA CIVIL COMO MEDIO DE ACCIÓN POLÍTICA
Víctor Rey

Ya han pasado 52 años desde el asesinato de este del pastor bautista Martín Luther King.  Su vida y su muerte siguen siendo un ejemplo de participación social y política desde la perspectiva cristiana.  La vida de este profeta contemporáneo es el mejor ejemplo de participación política.
Lo que más se destaca es su acción en relación a la desobediencia civil.  Esta característica es su ejecución de forma consciente, pública pacífica y no violenta, manteniendo una actitud de protesta contra la autoridad con el fin de rectificar los errores que ésta haya cometido, a juicio de quienes protestan.
El ensayista norteamericano Henry David Thoreau, quien influyó en Martin Luther King, León, Tolstoy, Ghandi describió estos principios en su obra Desobediencia Civil (1849).   Thoreau era considerado como una persona excéntrica, de ácidas reflexiones e ingenio inagotable: Elaboró su reflexión a partir de su rechazo a pagar un impuesto del gobierno de la época destinado a financiar la guerra de Texas contra México.  Decisión por la cual fue encarcelado y de donde sólo salió cuando sus amigos pagaron la fianza en el verano de 1846.  Las ideas e intenciones de Thoreau iban más allá del egoísmo individualista (es decir, no era sólo por no querer pagar ese impuesto), sino que cuestionaba la conformidad del gobierno para cobrar impuestos que financiaban una guerra que él consideraba injusta, máxime cuando ese mismo gobierno avalaba la esclavitud.
Thoreau creó un cierto tipo de resistencia no violenta pero contumaz, ni mucho menos pasiva, que tenía mucho de renuncia. Suya es la afirmación de que “Bajo un gobierno que encarcela a alguien injustamente, el lugar que debe ocupar el justo es también la prisión” (Thoreau, 1849). En fin, Thoreau es considerado hoy como uno de los padres de la desobediencia civil. Sin embargo, no es precisamente innovador cuando reconoce que el gobierno puede estar equivocado y que es legítimo por parte del pueblo rebelarse: El gobierno por sí mismo, que no es más que el medio elegido por el pueblo para ejecutar su voluntad, es igualmente susceptible de originar abusos y perjuicios antes de que el pueblo pueda intervenir
El término de desobediencia civil fue popularizado por el famoso ensayo de Thoreau; sin embargo, el concepto es el resultado de diferentes interpretaciones en la historia del pensamiento y de la acción del hombre. Durante el marco histórico de la humanidad se presentan tres desobedientes ilustres. Estos son Henry David Thoreau en Estados Unidos; Mahatma Gandhi en India y Nelson Mandela en Sudáfrica. Los tres tenían en común el fin de articular sus discursos y asumirlos como ejemplos de participación política y como movimientos de cambio social, tanto en sociedades no demócratas e incluso demócratas, como en sociedades democráticas mas no consideradas legítimas.
Mahatma Gandhi usó esta estrategia en la India siendo ésta todavía una colonia del Imperio Británico, con el objetivo de lograr la independencia de forma no violenta. Gandhi llamó a boicotear al gobierno colonial inglés, mediante huelgas, movilizaciones y violando la autoridad impuesta, con el objetivo de mostrar que de manera pacífica obtendrían mejores resultados que con la violencia, en donde la superioridad de los ingleses aplastaba cualquier lucha armada. Gandhi se destaca en la historia de las campañas masivas. El primer movimiento de masas auténtico de la desobediencia civil, dirigido por Gandhi, fue la marcha al Transvaal en noviembre del 1913, para protestar contra leyes discriminatorias. Algunas de estas leyes eran, por ejemplo, el impuesto anual a todos los indios que permanecían en Sudáfrica después de finalizado el contrato de trabajo que les había llevado allí, así como la ley que invalidaba todos los matrimonios no cristianos.
Otro antecedente significativo lo ofrece el movimiento sufragista. En 1913 más de mil mujeres habían pasado por las cárceles inglesas acusadas de cometer actos ilegales, públicos y no violentos en el marco de la lucha por el sufragio femenino. Cientos de ellas realizaron huelgas de hambre. El Gobierno británico respondió con la alimentación forzosa, y con leyes que permitían el cumplimiento escalonado de las penas.
“El objetivo es crear una situación de crisis generalizada que abra inevitablemente la puerta a las negociaciones”.  Así pudo resumir Martin Luther King su testamento de acción sociopolítica: encarar pacíficamente un contexto en el cual, a pesar delos elementos en contra, la movilización pueda desestabilizar el panorama hasta llegar al punto de ebullición, pero sin permitirle estallar gracias al liderazgo y a las convicciones compartidas.  Esta era una de las diferencias principales entre la no-violencia abogada por King y la violencia proactiva de su contemporáneo Malcolm X.  mientras que el último no dudaba en acudir a la defensa propia para lograr sus cometidos, King, pastor bautista y fundador de la Southern Christian Leadership Conference, llevó los principios de Gandhi de no-cooperación hasta cada rincón del sur estadounidense.  Las batallas de King comenzaron contra la segregación racial en autobuses, escuelas e instituciones públicas.  Cuando Rosa Parks se negó a cederle su puesto a un blanco, como indicaba la ley, en diciembre de 1955, King organizó un boicot al sistema de autobuses de la ciudad de Montgomery que duró más de un año y que terminó en el veredicto de la Corte Suprema de eliminar la separación racial en los buses públicos. 
Fue el primer éxito notable de King, quien continuó ejerciendo estrategias no violentas en Albany, Birmingham, Chicago y Washington.  Su modus operandi consistía en organizar a los afroamericanos en forma regional en huelgas o paros civiles que presionaran a las autoridades locales que debían responder a las solicitudes hechas por King y la comunidad negra.  Fue el primer éxito notable de King, quien continuó ejerciendo estrategias no-violentas en Albany, Birmingham, Chicago y Washington.
El éxito de esta estrategia fue diverso: mientras que el paro comercial y los arrestos masivos en Birmingham llamaron la atención del presidente Kennedy y eliminaron toda prohibición segregacionista en el pueblo, sus esfuerzos tras un año de movilización civil en Albany fueron un fracaso.  Sin embargo, la reputación de King subió considerablemente y fue establecido como el rostro del movimiento por los derechos civiles.
Múltiples grupos radicales como el Ku Klu Klan atentaron contra la vida de martin Luther King y de los manifestantes en muchas manifestaciones a favor de los Derchos Civiles, lo cual elevó a nivel nacional el perfil de King y su apuesta pacífica.  La cúspide mediática vendría el 28 de agosto de 1963, con la marcha hacia Washington que reunió a más de 250.000 personas frente al Capitolio, donde King emitió su más recordado discurso.  “I have a Dream”.  El año siguiente el movimiento recolectó recompensas aún mayores, con la firma del Acta de los Derechos Civiles por el presidente Johnson y la entrega del Premio Nobel de la Paz a Martin Luther King.
En el agitado clima de los años sesenta, Martin Luther King continuó luchando por una vida más justa y fraternal para los afroamericanos y los desvalidos en general, ampliando su discurso a los pobres de América y combatiendo a la impopular guerra de Vietnam.  En una década plagada de mártires estadounidenses, el asesinato de King a manos de James Earl Ray, un segregacionista blanco, clausuró una etapa – probablemente la más importante – en la histórica campaña afroamericana por la libertad y la calidad de vida.
La desobediencia civil sigue siendo la clave de la acción política de los cristianos que quieren involucrarse en esta área de la misión y para las iglesias que quieren asumir su rol profético en la sociedad.  Algo anda mal cuando los gobiernos de turno aplauden y se sienten complacidos con las iglesias. En este tiempo de acomodos políticos y búsqueda de privilegios de líderes cristianos el ejemplo de Martín Luther King está más vigente que nunca.

domingo, 29 de marzo de 2020

En su cumpleaños 91


90 años de Milan Kundera | Cultura | DW | 31.03.2019

Sobre La Insoportable Levedad del Ser de Milan Kundera.
Víctor Rey

Cuando estudiaba Ciencias Sociales en lo que fue ILADES, la institución que antecedió a la Universidad Alberto Hurtado de los Jesuítas. Allá por los años 88 y 89 un profesor nos habló y nos entusiasmó con esta novela. Confieso que no estaba al principio interesado en leer esta novela ya que mis intereses estaban en los ensayos políticos ya que vivíamos en esos tiempos el fin de la dictadura de Pinochet. Pero cuando comencé tímidamente a adentrarme en las páginas de esta novela me fue cautivando y me di cuenta que daba luces para el tiempo que me correspondió vivir ya que los personajes de la novela también vivían bajo una dictadura que fue el régimen comunista de la antigua Checoslovaquia. He vuelto a leerla después de casi 25 años y sigo cautivando por este texto tan vigente.
Acaso sea La Insoportable Levedad del Ser (1984) la obra cumbre del escritor Milan Kundera (1929), reconocido intelectual checo, en antaño simpatizante de ideas comunistas. En esta novela se percibe el drama de los checos frente a la invasión rusa que, durante la década de los sesentas, penetró de forma violenta en la vida privada de los ciudadanos para adaptarlos al nuevo modelo político y económico. Kundera revela así, su distancia ante el comunismo surgido en la Europa del Este.
Bueno, pero esto es tan sólo uno de los contenidos que pueden verse en la novela, pues su tema central es, como lo dice el título: la insoportable levedad del ser, cuestión que perfectamente cabría clasificarla dentro del existencialismo del siglo XX. Y es, precisamente, ese tejido de complejidades políticas, culturales y existenciales el que, por ejemplo, llevó a Philip Kaufman a dirigir la adaptación al cine de la novela en 1987, apenas tres años después de publicada.
En lo que atañe al argumento de la obra, principalmente la narración gira en torno a la vida de Tomás, el protagonista y, Teresa, su acompañante: una pareja que se encuentra unida por constantes dudas existenciales. Ambos sienten cómo sus vidas fluyen en altibajos y cómo brota la levedad en lo que respecta a su relación amorosa. Pero en la novela desfilan otros dos personajes cuya relación personal posee tintes filosóficos bien interesantes. Se trata de Franz, cuya idealización del amor hacia su amante Sabina, resulta en momentos desesperada e incomprendida, pues la chica es a la vez amante de Tomás.
En síntesis, se trata de un par de historias de amor o desamor, que entremezclan diversos juegos de celos, de fidelidad, de angustia, de lujuria, de monotonía, traición y un sin fin de etcéteras que vivimos todas las personas en nuestra interacción, pero que Kundera retrata con una astucia literaria que hace que los lectores sientan esa catarsis y esa identificación con lo que plantea respecto de lo humano, no sin olvidar la crítica cultural y política hacia la situación de la República Checa en 1968.
La historia de Tomás comienza con la reflexión de la idea mítica del eterno retornonietzscheana, por la cual todo lo vivido, ha de repetirse eternamente, sólo que al volver, lo hace de un modo diferente, ya no fugaz como ocurrió en el principio. El eterno retorno es la carga pesada, similar al hecho de tener que ver en las iglesias a Jesucristo siempre clavado en la cruz. Y aquí se empieza a vislumbrar el concepto de levedad:
“El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni enmendarla en sus vidas posteriores” (Pág. 16)
Tomás contrastará esta levedad con el proverbio alemán “Einmal Ist Keinmal”, que trae como idea central un concepto que explica que lo que se ha vivido alguna vez es como si nunca se hubiese vivido, porque muchas experiencias humanas quedan en el olvido, o se esfuman en el inconsciente, por la simple razón de ser únicas e irrepetibles. Tomás y Teresa conviven en una relación de pareja, que por igual tiene momentos de alegre coincidencia y amarga soledad, pero se sienten mucho más leves al saber que estos momentos son tan fugaces que no quedarán acaso sino en sus recuerdos. Y esto en parte es lo que hace insoportable su existencia.
Todas las personas consideran que el amor de sus vidas puede ser algo leve, sin peso alguno, como algo que tiene que ser asignado por el destino: “Es Muss Sein!” decía Beethoven. Tomás se repite a sí mismo esta frase, que en español vendría traduciendo un “tiene que ser”. Un poco arbitraria resulta la aseveración de Beethoven pero, sin duda alguna, las cuestiones que en nuestras vidas se presentan de una u otra forma pese a las circunstancias, tienen que ser como aparecen. Quizá esté en nuestras manos cambiar el “tiene que ser”, pero ello implica contrariar el poder de la todopoderosa naturaleza. Sin embargo, en los asuntos humanos, sí podemos decidir si las cosas “tienen que ser” así o no.
La historia de Tomás y Teresa sucede en Praga, en medio de la invasión rusa a la República Checa, es decir, durante la Guerra Fría. Ambos se conocieron a través de una serie de coincidencias que podrían parecer absurdas pero que, al mismo tiempo, son reales:
“Hace siete años se produjo casualmente en el hospital de la ciudad de Teresa un complicado caso de enfermedad cerebral, a causa del cual llamaron con urgencia a consulta al director del hospital de Tomás. Pero el director tenía casualmente una ciática, no podía moverse y envío en su lugar a Tomás a aquel hospital local. En la ciudad había cinco hoteles, pero Tomás fue a parar casualmente justo a aquel donde trabajaba Teresa. Casualmente le sobró un poco de tiempo para ir al restaurante antes de la salida del tren. Teresa casualmente estaba de servicio y casualmente atendió la mesa de Tomás. Hizo falta que se produjeran seis casualidades para empujar a Tomás hacia Teresa, como si él mismo no tuviera ganas” (Pág. 43)
¿Es la casualidad un factor determinante en los aconteceres de la existencia? Perfectamente todo podría ser casualidad, el conocer a las personas en ciertas situaciones y lugares, el que a alguien le ocurra un accidente o una situación suertuda. Estas casualidades hacen un poco absurda la existencia, por lo cual hay que esperar la adecuada cadena de casualidades que nos permitan sentirnos a gusto en la vida. Alguna vez pensé que papá y mamá se unieron casualmente para traerme a mí a la vida y que, casualmente, tuve las condiciones necesarias para nacer: sin desearlo, podríamos ser fruto de una cadena de casualidades.
Kundera pretende hacernos ver estas casualidades como elementos que hacen insoportable la existencia, en tanto leve. “Solo la casualidad puede aparecer ante nosotros como un mensaje”, enfatiza el narrador de la historia, para contar que lo que ocurre necesariamente todos los días y se repite, ya no dice nada. Por esta razón, la casualidad está llena de encantos que hacen interesante la vida humana y permiten, por ejemplo, que dos personas se conozcan. Tomás y Teresa se unen con otras casualidades como lo son el amor hacía la música de Beethoven y la lectura de Tolstoi, pues ambos comparten ese gusto. De ahí que su mascota se llame Karenin, en honor a la obra maestra de Tolstoi: Ana Karenina.
Tomás y Teresa no son los únicos que sienten la insoportable levedad de su ser. También se encuentran Franz y Sabina, cuya historia se desarrolla en la travesía por diversas ciudades como Ginebra, Ámsterdam o Nueva York. Franz se entrega al enamoramiento y es capaz de sucumbir por el amor de Sabina, aunque esté casado con otra mujer llamada Marie-Claude. Él viaja constantemente por el mundo, llevando consigo a Sabina, para poder disfrutar su amor en donde nadie pueda molestarlos. Pese a esto, Franz no logra comprender en el fondo a Sabina y viceversa. Sus incomprensiones dan pie para un gran diccionario en el que se acuñan términos como:
Mujer: es un sino que le cae en suerte a quien nazca mujer. No se comprende necesariamente como uno de los dos géneros sexuales, sino como un valor. No todas las mujeres son dignas de ser llamadas mujeres. Franz valora la mujer que hay dentro de Sabina y, de igual manera, busca valorar a Marie-Claude, su esposa. Es algo irónico, pero Kundera hace ver este término de forma más espiritual que física.
Fidelidad y traición: para Franz la fidelidad es la primera de todas las virtudes. “La fidelidad le da unidad a nuestra vida que, de otro modo, se fragmentaría en miles de impresiones pasajeras como si fueran miles de añicos.” Por otra parte, la “traición significa abandonar las propias filas e ir hacia lo desconocido”.
Estas son algunas de las muchas incomprensiones que rondan en esta singular pareja de amantes, cuyas situaciones los llevará a sufrir inevitablemente la insoportable levedad del ser.
Jean François Lyotard, en sus muchos textos, habló acerca del grado cero de la cultura general contemporánea. Se trata del eclecticismo, en donde el juicio estético ha llegado a niveles altos de vulgarización. El Kitsch surge como una forma en donde el arte halaga el desorden que reina en los gustos de los aficionados. Kundera habla acerca del origen de este término, cuya aparición como palabra se remonta a mediados del siglo XIX en Alemania, encerrando una relación con los ideales estéticos de la época. Al respecto señala:
“De eso se desprende que el ideal estético del acuerdo categórico con el ser es un mundo en el que la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese. Este ideal estético se llama Kitsch” (Pág. 254)
Invito a releer esta novela y a las nuevas generaciones a buscar luces en para este tiempo en este texto.