viernes, 31 de enero de 2020

Hoy cumpliría 82 años Jorge Debravo



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JORGE DEBRAVO EL POETA HUMANISTA
Víctor Rey
Hace un tiempo me encontraba en San José, Costa Rica en el Café del Teatro Nacional donde estábamos saboreando el rico café de este país y conversando con amigos “ticos” sobre poesía y una amiga comenzó a recitar el poema “Hombre” de Jorge Debravo.  Fue la primera vez que escuché acerca de este gran poeta lamentablemente de corta vida.  Luego descubrí su poema “Digo” y quedé sorprendido por la belleza y profundidad de sus frases e imágenes: “El hombre no ha nacido para tener las manos amarradas al poste de los rezos...Dios no quiere rodillas humilladas en los templos…”
Nació en Guayabo, Turrialba, Costa Rica el 31 de enero de 1938, bajo el nombre de Jorge Delio Bravo Brenes. Sus padres fueron Joaquín Bravo Ramírez y Cristina Brenes, campesinos pobres. Ese mismo día del nacimiento de Jorge Debravo, fue decretado en Costa Rica como el Día Nacional de la Poesía. Es uno de los poetas más leídos y la figura más relevante de la poesía de ese país, no sólo por la sencillez de su verso, sino también por el intenso humanismo del contenido, que va desde la exaltación del  amor sexual hasta esa obsesión tan suya del amor y la justicia para el prójimo.  Fue declarado Beneméritos de las Letras Patria.
En Guayabo no había escuela y la más cercana, en Santa Cruz, estaba a cuatro horas de camino. En la escuela de Santa Cruz la maestra, doña Teresa de Albán, se movió y le consiguió una beca de la junta de educación para que fuera a terminar la primaria a Turrialba. Con 14 años entró en quinto grado; duró un mes y lo pasaron a sexto. Cursó la segunda enseñanza en el Instituto Clodomiro Picado.
Circunstancias económicas lo obligaron a dejar los estudios y buscar trabajo en la Caja Costarricense del Seguro Social, a los 17 años. Es por ese período que comienza a publicar en el periódico El Turrialbeño en compañía de varios jóvenes de su tierra.
Al año siguiente lo enviaron para Heredia, siempre en la Caja Costarricense del Seguro Social (C.C.S.S.). Ese oficio de inspector le permitió conocer de cerca muchas miserias. En Naranjo un eminente político tenía un beneficio con más de 200 trabajadoras, pero se negaba a pagarles un seguro. Además por miedo no le querían decir su nombre a Jorge. Vivían muy temerosas de que las despidieran. Él logró ganarse la confianza de una, que le dio todos los nombres. Y así logró asegurarlas a todas.
Ese año sus méritos como trabajador le permitieron ascender al puesto de inspector de la C.C.S.S., dicho puesto requirió que se mudara con su familia a San Isidro de El General, primeramente, después fue trasladado al Valle Central (Heredia y San José), donde fundó el Círculo de Poetas Costarricenses.
Todas estas actividades literarias vinieron a refrescar la literatura costarricense, dando paso a lo que algunos llaman Período de Vanguardia Literaria. En 1965 termina, por fin, sus estudios de secundaria. Estudió periodismo por correspondencia y otros estudios de manera autodidacta. Leía constantemente sus libros favoritos de autores como Pablo Neruda, César Vallejo, Amado Nervo, Miguel Hernández, Gustavo Adolfo Bécquer y Walt Whitman.
Hay una escuela en Hatillo, Costa Rica que lleva su nombre Centro Educativo Jorge Debravo. Existe también un instituto educativo en Turrialba con su nombre: Centro Educativo Jorge Debravo. Su poesía fue usada en la música del rockero José Capmany el cual también murió en un accidente automovilístico. Es por esto y por los trabajos que sufrió desde niño que su poesía está empapada de tanto humanismo, de ese amor al prójimo que convierte en Ley suprema para seguir adelante, para acabar con el hambre y la miseria.
Tenía 21 años en 1959 cuando contrajo matrimonio con Margarita Salazar y en 1960 tuvieron una hijita, Lucrecia, y al año siguiente Raimundo. Ese mismo año fundó el Círculo de Poetas Turrialbeños.
Murió el 4 de agosto de 1967 cuando acababa de matricularse en la Universidad. Recién había comprado una moto para movilizarse por asuntos de su trabajo y un conductor ebrio lo atropelló cegando así la vida del poeta de Costa Rica.
Su origen humilde le permitía acercarse a los trabajadores fácilmente en su puesto de inspector. De ahí que la poesía de Jorge Debravo se distinguió por una gran preocupación social, con varios tópicos recurrentes como la pobreza, la marginación y el armamentismo en el mundo.

sábado, 25 de enero de 2020

A dos años de su partida


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LA INMORTALIDAD EL ANTIPOETA NICANOR PARRA

“Creemos ser un país y la verdad es que apenas somos un paisaje” (NC)

Víctor Rey

Cuando era un adolescente en las clases de Castellano que el profesor nos impartía en el Liceo Valentín Letelier de Santiago de Chile, me acerque por primera vez a la poesía de este antipoeta.  Realmente me sorprendió y me agrado su forma de ser tan provocador, impertinente  e innovador y el humor que corría por las páginas de sus libros.  Casi siempre vuelvo a releer sus poemas y siempre termino con una sonrisa y algo nuevo en mi mente.  Estoy sorprendido por la cantidad de años que vivió  y eso es una gran virtud y esperamos siga cumpliendo años y escribiendo poemas y antipoemas.

El martes 23 de enero del 2018 el antipoeta partió a la inmortalidad.  Era el último del clan Parra que quedaba con vida.  También era el último escritor de su generación que vivía aún.  Los últimos años lo pasó entre Las Cruces y Santiago, donde vivía su familia.  

Nacido el 5 de septiembre de 1914, el primero en nacer de sus hermanos y el único que seguía con vida, Nicanor, de formación matemático y físico en su alma Mater, la Universidad de Chile, es conocido mundialmente por "Poemas y Antipoemas" (1954),pero también por trabajos como "Cancionero sin nombre", su primer poemario (1937), "La cueca larga" (1958), "Manifiesto" (1963), "Obra Gruesa" (1969 y su primera antología) "Artefactos" (1972) o "Ecopoemas" (1982), entre otros.

Además, una extensa lista de premios, como el Premio Nacional de Literatura (1969),Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (1991), Premio Miguel de Cervantes (2011), Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2012), entre muchos otros.
Así definió el oficio del poeta: “El poeta es un hombre como todos / un albañil que construye su muro: / un constructor de puertas y ventanas”, apuntó en Manifiesto, en 1963, donde señalaba que “Los poetas bajaron del Olimpo”. Su obra antipoética, basada en el habla cotidiana, donde asomaba el humor y el absurdo, le valió detractores y también los elogios de quienes vieron oxígeno ante la rigidez de la poesía lírica. Pablo de Rokha fue severo: “Los antipoemas inspiran lástima y asco”. El narrador argentino Ricardo Piglia lo consideraba su “maestro” y “el mayor poeta de la lengua después de Vallejo”.

El poeta y físico matemático, fallecido a los 103 años de edad, que siempre era el mayor entre sus visitantes, era una mente lúcida inigualable, que podía recitar de memoria poemas en varios idiomas, contar chistes callejeros, recordar con detalle sabrosas anécdotas con Neruda, su hermana Violeta, y reflexionar con agudeza, desde la astucia y la experiencia, sobre la vida y la incertidumbre.

En definitiva, el autor que revolucionó la poesía hispanoamericana con su libro Poemas y antipoemas (1954) fue el último sobreviviente de la gran literatura del siglo XX. Al contar sus historias unía el discurso de la academia y de la calle, donde se asomaban frases de su hermano Roberto, Shakespeare, Pezoa Véliz, conceptos de la mecánica cuántica, Nietzsche hasta el Código de Manu.

Nicanor Parra, quien a mediado de los 90 se instaló en el balneario de Las Cruces, luego de 20 años de hacer clases de literatura a los alumnos de ingeniería en la sede de Beauchef de la U. de Chile, volvía de vez en cuando a referirse a su traducción de Hamlet que nadie vio publicada. “Hamlet es la culminación de todo”, decía sobre su desafío y obsesión.

El personaje shakesperiano que tanto lo cautivó convertido en su cuaderno de apuntes, en un huaso chillanejo o un lanzador de frases puntudas. “Soy el fantasma de Hamlet”, diría Parra, el primer gran poeta chileno que no usó seudónimo. Que firmaba sus libros de poemas con el mismo nombre con el que pagaba las cuentas y respondía las dudas al otro lado del teléfono. Distinto a Ricardo Neftalí Reyes (Pablo Neruda), Lucila Godoy Alcayaga (Gabriela Mistral) o Carlos Díaz Loyola (Pablo de Rokha).

Termino con una de sus frases más irónicas: “La izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas.”

sábado, 18 de enero de 2020

En sus 94 años de vida



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Ernesto Cardenal: "Pidamos a Dios que haga se haga su revolución en la tierra como en el cielo”
“El Reino es otro nombre para la revolución absoluta”  (Leonardo Boff)
“Somos soldados derrotados de una causa invencible”  (Pedro Casaldáliga)

Víctor Rey


Hace unos años atrás vino a Chile Ernesto Cardenal para recibir un premio por su obra de parte de la ex Presidenta Michelle Bachelet.  Aprovechó esta oportunidad para dar un recital de poesía y también para contar acerca de su vida y de la Revolución Nicaraguense.   Cuando entro al salón para su charla lo recibieron con bandera rojas y  gritos de “Cardenal, amigo el pueblo está contigo”.  Cuando comenzó a recitar y también a hablar sobre la Revolución Nicaraguense y a hacer críticas a los dirigentes actuales; los gritos cambiaron en silbidos y palabras de disconformidad.  Algunos días después viajaba a Costa Rica y en el aeropuerto de Santiago me encontré con Ernesto Cardenal y su asistente.  Conversamos un poco acerca de su recital en Chile, de la revolución nicaraguense, le pedí un autógrafo y también una fotografía a lo que accedió gentilmente.  En esa ocasión me habló de sus memorias y en especial del tomo III  donde relata el ascenso y la caída de la revolución.

Acabo de terminar de leer el libro de Ernesto Cardenal: “La Revolución Pérdida” donde se cuenta a manera de memorias el ascenso del sandinismo, la derrota y luego la traición a la revolución.  Esto coincide con los 41 años del triunfo de la Revolución Sandinista este 19 de julio.   No he podido quedar tranquilo después de esta lectura.  Una de las cosas que más me ha tocado es comprobar la cantidad de personas que murieron durante y después de la revolución y en la mayoría de estas muertes han sido de jóvenes.

La de Ernesto Cardenal es una vida dedicada a la lucha por la equidad, a la vez contemplativa y combativa, signada por grandes personajes y acontecimientos, y por la revolución sandinista, que él espera no haya sido en vano.

A sus 94 años, Ernesto Cardenal no cesa en su compromiso con el trabajo de transformación social a través de la cultura y la educación, aspectos que considera básicos en la evolución de los pueblos. 'La revolución perdida" es el último libro de su trilogía de memorias, y el título engaña a primera vista, pues no se trata, como parecería, de una elegía al fracaso de la revolución.

Por el contrario, el autor narra los pormenores del proceso de alfabetización, concientización y apertura sociocultural que condujeron, como él describe, a la revolución sandinista, y, por ende, al triunfo sobre una dictadura, la de los Somoza (1937-1949) que aplastaba al pueblo nicaragüense desde hacía más de cuatro décadas.

El autor manifiesta que la revolución en sí fue un logro importantísimo, que dejó una herencia bella e irremplazable de mejoras sociales, y ve en la injerencia de los EEUU, el embargo económico, el bloqueo y la presión ejercida por ese país en Nicaragua la razón de la pérdida de las elecciones. A su vez, dice, el hecho de haberse perdido esas elecciones produjo una debacle moral en los dirigentes, que los llevó a la corrupción. Cardenal se explica este proceso acotando que 'la revolución está hecha por seres humanos'.

Al mismo tiempo, manifiesta que no se deben perder las esperanzas de lograr un mundo mejor, donde el bienestar no sea el privilegio de unos pocos. Su visión actual de la revolución por venir se basa en los movimientos anti-globalización, la libertad de expresión y la comunión acelerada de ideas que permite la internet, así como los movimientos ecologistas.

'Nací poeta', relata Cardenal, “y esa fue mi primera vocación”'. Luego experimentaría una conversión religiosa que lo llevó a la vida contemplativa en un monasterio trapense, y, por último, dice haber reconocido que la voluntad de Dios es también la transformación del mundo. Para el escritor, las tres vocaciones son una sola.

¿Es posible ser poeta en un mundo globalizado, en el que el capitalismo ha aplastado muchas de las luchas por la equidad social? El poeta Cardenal, contó en su recital, dice que sí, que no sólo es posible, sino necesario, ya que la poesía siempre ha servido para mejorar la sociedad. Ya en los profetas bíblicos ve Cardenal una denuncia poética de las injusticias de la época, y la anunciación de un mundo nuevo. 'Creo que el poeta debe seguir el ejemplo de los profetas bíblicos', comenta.

‘La revolución es evolución acelerada’, define el autor. Según él, se dan movimientos revolucionarios en todas las artes y las ciencias, y también en los sistemas sociales. Cardenal ve la revolución como un proceso de transformación que no necesariamente debe ser violento. 'La lucha armada se ve justificada', explica citando a Pablo VI, cuando una dictadura es prolongada y evidente. Pero, aclara, 'las mejores revoluciones son pacíficas, democráticas, libres y sin imposición alguna'.

El libro de Cardenal es un jugoso relato sin desperdicio alguno de la experiencia de este poeta antes, durante y después de la revolución nicaragüense, que destila humor, amor por su país y por el ser humano, valentía, una esperanza inquebrantable, y también la tristeza de comprobar que toda obra humana es imperfecta. Pero por lo perfectible de estos logros es por lo que Cardenal sigue abogando desde su monasterio íntimo e individual.

A pesar de lo difícil que pueda ser creer en un cambio luminoso a estas alturas, con tantas revoluciones fracasadas, y sin nuevos modelos de transformación, el alma del poeta dispara el arma de su palabra para ayudarnos a seguir creyendo que un mundo mejor está por venir. Como él mismo refiere, ‘no podemos saber qué formas tendrán las próximas revoluciones, porque las revoluciones siempre fueron algo nuevo’.  Es esta la razón por la cual su libro termina con esta hermosa frase: “Toda revolución nos acerca a ese Reino, aun una revolución perdida.  Habrá más revoluciones.  Pidamos a Dios que se haga su revolución en la tierra como en el cielo.”