viernes, 1 de noviembre de 2019

54 años de Nostra Aetate



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A 54 años de la Declaración Nostra Aetate

Víctor Rey


Este año he participado en los encuentros de la Confraternidad Judeo Cristiana que se realizan mensualmente en Santiago de Chile.  Ahí he representado a la Comunidad de Reflexión y Espiritualidad Ecuménica (CREE).  Uno de los temas que se han tratado en estas reuniones es relativo al cincuentenario de la Declaración Nostra Aetate, de fecha 28 de octubre de 1965, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas.  Esto me ha motivado a leer esta Declaración que marca un hito importante en la historia de las relaciones entre judíos y católicos, y de alguna manera hacia todas las iglesias cristianas.  Fruto de esta lectura me ha motivado poner por escrito alguna de las impresiones que he recibido de este documento.

La Declaración está enmarcada en un contexto profundamente modificado por el recuerdo de las persecuciones y matanzas sufridas por los judíos en Europa inmediatamente antes y durante la segunda guerra mundial.

A pesar de que el cristianismo haya nacido dentro del judaísmo y haya recibido de él algunos elementos esenciales de su fe y de su culto, la fractura se ha hecho cada vez más honda, hasta el punto de llegar casi a una mutua incomprensión.

Al cabo de dos milenios, caracterizados demasiado a menudo por la ignorancia mutua y frecuentes enfrentamientos, la Declaración Nostra Aetate brindaba la ocasión para entablar o proseguir un diálogo con miras a un mejor conocimiento recíproco. Durante los nueve años transcurridos, a partir de la promulgación de la Declaración, se han emprendido numerosas iniciativas en distintos países. Estas han dado lugar a desentrañar mejor las condiciones, dentro de las cuales es posible elaborar y fomentar nuevas relaciones entre judíos y cristianos. Parece que ha llegado el momento de proponer, siguiendo las orientaciones del Concilio, algunas sugerencias concretas, basadas en la experiencia, con la esperanza de que sirvan para tratar de hacer realidad en la vida de las iglesias los propósitos expuestos en el Documento conciliar.

Partiendo de dicho Documento, aquí hay que recordar solamente que los vínculos espirituales y las relaciones históricas que unen a las iglesias con el judaísmo condenan como contrarias al espíritu mismo del cristianismo todas las formas de antisemitismo y discriminación, cosa que de por sí la dignidad humana basta para condenar. Con mayor razón estos vínculos y relaciones imponen el deber de una mejor comprensión recíproca y de una renovada estima mutua. De manera positiva es importante, pues, concretamente, que los cristianos procuren entender mejor los elementos fundamentales de la tradición religiosa hebrea y que capten los rasgos esenciales con que los judíos se definen a sí mismo a la luz de su actual realidad religiosa.

El diálogo presupone un deseo mutuo de conocerse y de ampliar e intensificar este conocimiento. Constituye un medio privilegiado para facilitar un mejor conocimiento mutuo y, concretamente en el caso del diálogo entre judíos y cristianos, para conocer más a fondo las riquezas de la propia tradición. Condición para el diálogo es respetar al interlocutor tal como es y, sobre todo, respetar su fe y sus convicciones religiosas.

Si bien es verdad que en este terreno reina todavía un clima de recelo bastante extendido, motivado por un pasado deplorable, los cristianos, por su lado, han de saber reconocer su parte de responsabilidad y sacar las consecuencias prácticas para el futuro.

Deberán recordarse los vínculos existentes entre la liturgia cristiana y la liturgia judía. La comunidad de vida al servicio de Dios y de la humanidad por amor a Dios, tal como se realiza en la liturgia, es una característica tanto de la liturgia judía como de la cristiana. Para las relaciones judeo-cristianas es necesario conocer los elementos comunes de la vida litúrgica (fórmulas, fiestas, ritos, etc.), en los que la Biblia ocupa un lugar esencial.

Aunque todavía queda mucho trabajo por hacer, se ha llegado en los últimos años a una mejor comprensión del judaísmo y de su relación con el cristianismo, gracias a las enseñanzas de las iglesias, a los estudios e investigaciones de los especialistas y también al diálogo iniciado. A este respecto merecen recordarse los puntos siguientes:

El mismo Dios, "inspirador y autor de los libros de ambos Testamentos" es quien habla en la Antigua y en la nueva Alianza.

El judaísmo de tiempo de Cristo y de los Apóstoles era una realidad compleja, que englobaba todo un mundo de tendencia, de valores espirituales, religiosos, sociales y culturales.

El Antiguo Testamento y la tradición judía en él fundada no deben considerarse opuestos al Nuevo Testamento, como si constituyesen una religión solamente de justicia, de temor y legalismo, sin referencia al amor de Dios y del prójimo.

Jesús, lo mismo que sus apóstoles y gran parte de sus primeros discípulos, nació del pueblo judío.  Y aunque la enseñanza de Jesucristo tiene un carácter de profunda novedad, no por eso deja de apoyarse, repetidas veces, en la doctrina del Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento está profundamente marcado todo él por su relación con el Antiguo.

La historia del judaísmo no termina con la destrucción de Jerusalén, sino que ha seguido adelante desarrollando una tradición religiosa, cuyo alcance, si bien asumiendo, a nuestro parecer, un significado profundamente diferente después de Cristo, sigue, no obstante, siendo rico en valores religiosos.

La tradición judía y cristiana, fundada en la Palabra de Dios, es consciente del valor de la persona humana, imagen de Dios. El amor al mismo Dios debe traducirse en una acción efectiva en favor de los hombres. De acuerdo con el espíritu de los profetas, judíos y cristianos colaborarán gustosos para la consecución de la justicia social y de la paz, a nivel local, nacional e internacional.

Animo a los cristianos, judíos y amigos de otras religiones a leer esta Declaración que tiene una vigencia extraordinaria y que nos ayudará a vivir y aportar un grano de paz y armonía en este tiempo en el cual han vuelto a surgir los fundamentalismos y fanatismos religiosos y políticos.  El texto del Profeta Miqueas 6:8 es válido para este tiempo: “Se te ha declarado, hombre, lo que es bueno, lo que YAHVEH de ti reclama: tan solo practicar la justicia, amar la piedad y caminar humildemente con tu Dios”. (BDJ)

sábado, 26 de octubre de 2019

La sociedad líquida ayuda a entender la sociedad chilena










Zygmunt Bauman y la sociedad líquida
Víctor Rey

Hace ya dos años un 9 de enero del 2017,  falleció Ziygmunt Bauman, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010 (junto a Alain Touraine), nació en 1925 en Poznan, Polonia. Sociólogo, filósofo y ensayista, su investigación, entre otras cosas enfocada en la modernidad, le ha llevado a definir la forma habitual de vivir en nuestras sociedades modernas contemporáneas como “la vida líquida”.

Una vida caracterizada por no mantener un rumbo determinado, pues al ser líquida no mantiene mucho tiempo la misma forma. Y ello hace que nuestras vidas se definan por la precariedad y la incertidumbre. Así, nuestra principal preocupación es no perder el tren de la actualización ante los rápidos cambios que se producen en nuestro alrededor y no quedar aparcados por obsoletos.

En su libro LA VIDA LIQUIDA, el diagnóstico sobre la sociedad de consumo en la que vivimos es demoledor por certero y al mismo tiempo conmovedor.

Escribiendo este artículo no puedo dejar de pensar en el mito de la caverna de Platón. La caverna de Platón no ha dejado de retumbar en mi cabeza, y ese retumbar me provocaba angustia. Y es que, quizás, me he visto más encadenado de lo que pensaba. Soy consciente de la perversidad del sistema consumista en el que vivimos y de sus maquiavélicos mecanismos, pero también sé que soy yo, somos nosotros, los que tenemos las llaves de muchas de las cadenas que nos atan.

¿Pensamos, decimos y actuamos al unísono? ¿Nos conocemos realmente a nosotros mismos? ¿Vivimos realmente lo que queremos vivir? ¿Luchamos por nuestros sueños? ¿Somos conscientes de que formamos parte de una gran familia llamada Humanidad?

Quizás la falta de respuestas a estas preguntas es lo que nos hace navegar sin rumbo por la vida. Vivir, como dijo en su discurso de recogida del Premio Príncipe de Asturias Zygmunt Bauman, (…) en un mundo donde la única certeza es la certeza de la incertidumbre, en el que estamos destinados a intentar, una y otra vez y siempre de forma inconclusa, comprendernos a nosotros mismos y a los demás, destinados a comunicar, con y para el otro”.

En LA VIDA LIQUIDA, Bauman nos ayuda a identificar los velos que ocultan el mundo que habitamos y que intentamos comprender. Y estos velos no dejan de ser las sombras y los ecos de los gritos que los encadenados de la caverna ven y escuchan reflejados en la pared creyendo que son la realidad y que nada pueden hacer; y los espectadores siguen sentados sin saber que esos velos, esas sombras, esos ecos no son la realidad sino distorsiones de la misma. Imágenes y ruidos reproducidos a conciencia que los mantienen cara la pared.

Es cuestión de encontrar el coraje para darse la vuelta y poder comprobar que esas formas grotescas no son más que deformaciones, y ver la luz clara que proviene de fuera, que nos indica la dirección de la verdadera realidad.

Zygmunt Bauman define la sociedad moderna líquida como aquella sociedad donde las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas puedan consolidarse en unos hábitos y en una rutina determinada. Esto, evidentemente, tiene sus consecuencias sobre los individuos porque los logros individuales no pueden solidificarse en algo duradero, los activos se convierten en pasivos, las capacidades en discapacidades en un abrir y cerrar de ojos.

Por tanto, los triunfadores en esta sociedad son las personas ágiles, ligeras y volátiles como el comercio y las finanzas. Personas hedonistas y egoístas, que ven la novedad como una buena noticia, la precariedad como un valor, la inestabilidad como un ímpetu y lo híbrido como una riqueza.

El nuevo modelo de héroe es el triunfador que aspira a la fama, al poder y al dinero…, por encima de todo, sin importarle a quién se lleva por delante.

Esto coincide con la definición de “hombre light” de Enrique Rojas, definido con cuatro características: hedonismo, entronización del placer; consumismo, acumulación de bienes: se es por lo que se tiene y no por lo que se es; permisividad, todo vale; y por último, relativismo, donde nada es bueno ni malo y en última instancia todo depende del pensamiento de cada uno. 

miércoles, 16 de octubre de 2019

El ser humano y sus creencias



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EL HOMBRE Y SUS CREENCIAS

"El ser humano esta hecho por sus creencias. Como cree así es." (Goethe)

Víctor Rey

Desde tiempos remotos el hombre se ha visto enfrentado a fenómenos de la naturaleza que no comprende, pero que a fin y al cabo rigen su vida. Se encuentra con el resplandor del sol, la oscuridad de la noche, y el brillo de la luna y un firmamento lleno de minúsculas puntos luminosos. Se enfrenta al frío y al calor, al viento y a la lluvia y a las inundaciones, y también a las sequías terribles y al intenso movimiento inexplicable de la tierra y sus terremotos.
Mira con sus ojos espantados la erupción de un volcán e igualmente se admira de la fauna y flora que le rodea y que le brinda alimento, y surge una sensación de saber y conocer el origen de todo lo que hay y existe, pero que no comprende.

La especie humana tiende desde siempre a tener un sentido de la mística, y siente la necesidad de creer en algo o en alguien que alivie su soledad que le produce la ignorancia, Así creo yo, que surgieron las primeras leyendas de las diversas mitologías.

Había necesidad de una luz de entender la fertilidad tanto de la procreación de las especies humanas y de la fauna y flora y se “inventó” la diosa de la fertilidad. Hacía falta conocer los misterios del mar y surgió el dios Neptuno. En México, donde el alimento principal es el maíz, se conoció el dios del maíz, mientras que había un dios de la lluvia con nombre de Tlaloc, que hacía que las milpas dieran el elote.
Tanto en la mitología griega como romana tenemos en nuestro “mundo occidental” una gran riqueza de diosas y dioses como hechos a la medida para dar tranquilidad y confianza sobre los misterios del mundo incomprendido. Pero también se les atribuía características muy humanas a esos dioses, que se disgustaban y se enojaban y en lugar de beneficiar con sus poderes, castigaban con su ira… y se les hacían ofrendas y regalos y hasta sacrificios para se les pasara el enojo.
Pero como en el hombre eternamente existe la desmedida ambición y la codicia, y hasta se arrebataban a la fuerza a otros lo que anhelaban, se generaron las guerras y los implementos de destrucción….y también hubo un dios de la guerra, marte por cierto, para que les diera suerte en sus campañas.

Hoy ya no aceptamos las costumbres anteriores y calificamos las creencias anteriores como paganas, sobre todo desde que sobrevino el monoteísmo con el judaísmo con un único “dios” omnipotente de nombre “Jehová” y posteriormente el mahometanismo con “Alá” como único “Dios”. Ahora ya no hay toda clase de “dioses” para las diversas necesidades, y cada una de las creencias se llaman a hora “religión”, y existe para cada una de estas religiones una especie de “manual” u origen de autores anónimos, para normar la manera de creer en algo. Para la religión judía existe la Biblia, llamada el “Antiguo Testamento” y para la religión mahometana, también llamada del “Islam” existe el libro llamado “Corán”.

Por lo que se refiere a la primera de las religiones mencionadas, en una época de hace como dos milenios hubo un suceso de mucha importancia, pues surgió un rebelde y renegado de la religión judía, cambiando sustancialmente los mandatos enérgicos, drásticos y hasta sanguinarios de ese “Antiguo Testamento” modificando los conceptos en forma más humanitaria y indulgente, predicando en lugar de la venganza el perdón, apelando a los sentimientos más nobles de la humanidad, en lugar imponer un castigo ejemplar a los remisos y desobedientes de una especie de “ley marcial” que imponía esa primera Biblia. Esa Biblia que es la recopilación de muchos rollos manuscritos por alguien cuya identidad es un misterio, tuvo que ser interpretada y transcrita al idioma griego.

El nombre de ese nuevo predicador, pronto adquirió el título de profeta y después el de “mesías”, se llamaba Jesús y debido a ciertos sucesos eminentemente religiosos se le llamó “Jesucristo” o simplemente “Cristo” y sus seguidores se llamaban Cristianos. También el nombre de “Jehová” quedó sustituido por el nombre de “Dios”

Fue entonces cuando comenzó el nacimiento de un concepto nuevo que se llama “Iglesia”, que no es el lugar donde se reúnen los creyentes y se practican ciertos ritos, sino la organización de los sacerdotes en todas sus jerarquías internas formando una estructura piramidal casi empresarial.

También la Biblia se re-escribió por varios seguidores o “alumnos” del Jesús y estos escritos se llaman “Evangelios” y la antigua Biblia ahora se llama “Catequismo” como interpretación del “Nuevo Testamento”, pero en el fondo sigue siendo aquella “Biblia” de una época lejana.

Pero como casi todas las religiones o conjunto de creencias, en el fondo tienen la intención de normar la convivencia y conducta entre si de la humanidad, también la religión Cristiana, mediante la “catequisación” básicamente tiene el mismo propósito y para eso impone una serie de normas y consejos para lo individuos y reconociendo que lo más valioso para cada persona es siempre su propia autoestima y la confianza en sí mismo. Pero eso se ha venido infiltrando en el subconsciente de la gente desde sus orígenes mediante parábolas y metáforas adecuadas.

Ciertamente gran parte de los seres humanos necesitan un apoyo, requieran de algo en que creer, probablemente por un elemental espirito gregario tanto para tener una propia identidad como para sentirse más seguros por tener con quien comunicarse y confiar sus penas y dudas y descargar una atribulada conciencia. Para todo eso la religión Cristiana tiene la respuesta, y con una adecuada educación mental logra efectivamente dar consuelo, aceptación de lo irremediable, tolerancia y comprensión, y acallar las voces de una mala conciencia o de un sincero arrepentimiento. El efecto de la confesión es muy satisfactorio para muchas almas en pena, que no tienen la fuerza propia para hallar su propia salida de un conflicto interno de esa naturaliza.

Muchas parábolas y muchos simbolismos del Cristianismo representan una verdadera sabiduría, tales como el afirmar que Dios se encuentra en todas partes y que siempre esta con cada uno de nosotros o bien que aunque me suene presuntuosamente arrogante y hasta petulante por parte del hombre eminentemente narcisista, Dios nos hizo a su imagen y semejanza , me han conducido a analizar esas dos afirmaciones, con el resultado de que en primer lugar yo ya no creo tener que ir a un recinto especial construido por el hombre y que se llama templo o iglesia, para encontrarme con Dios. Mejor lo busco en la grandiosidad de la naturaleza que Dios creó y que al ir a un bosque de grandes y majestuosos árboles frondosos, me acuesto en el suelo mirando hacia el cielo y así encontrarme con “mi” Dios, con el que entro en contacto al observar los enormes troncos y las múltiples ramas y el follaje lleno de vida con insectos y aves con un trasfondo de un cielo azul con nubes blancas constantemente cambiantes. El susurro del viento entre el follaje es para mi la voz del infinito, y en mi alma entra una calma increíble al sentirme verdaderamente en el templo de Dios.
No sé, si es porque mis pulmones se llenan de más oxígeno o porque todo mi cuerpo se relaja, pero de pronto mi mente se despeja y veo mis problemas con más objetividad y consiguiente claridad para encontrar un nuevo camino para solucionarlos.

Fue quizás por eso, que me incliné más hacia la religión protestante como parte del cristianismo. La sentía yo más humana, más cerca de mi como individuo sin tanto misticismo dogmático.

Eso me alejó definitivamente de todo lo que es no solo el catolicismo, sino también el clero. Sentí en mi interior que solo por un acto dogmático de rutina se arreglaba todo y eso provocó mí el cambio definitivo a considerarme como “libre pensador”. El burocratismo del clero o de la religión me empujó a solo creer en un ente intangible que llaman “Dios” y lo digo con todo respeto, porque creo en una fuerza superior que todo lo rige. Ser “libre pensador” dista mucho de ser “ateo”

A veces cuando me doy cuenta de la inmensidad del mundo sideral y lo infinitamente grande que es el universo de galaxias, donde las distancias se cuentan por años luz, que me siento tremendamente insignificante ante esa majestuosidad de la creación, tengo creer en Dios
También creo en las fuerzas del magnetismo y de lo sobrenatural, como los presentimientos, las percepciones extrasensoriales y las premoniciones y me interesa todo lo referente a la metafísica y la parapsicología, en el escrutinio de la esencia de nuestro ser. Eso me da una pequeña idea de lo que realmente podría ser Dios
…y sin embargo soy un eterno escéptico, sin aludir a “Santo Tomás”…o quizás por eso mismo lo soy, porque no alcanzo a comprenderlo todo, pues ante la maravilla de la vida, y el tan perfecto equilibrio en el funcionamiento del cuerpo humano tan inmensamente complejo y casi perfecto, no puedo más que inclinarme humildemente y creer en Dios….

…pero hay quien me dice “ateo”… solo porque no coincidimos…

Hay aves que vuelan libremente en el espacio y tienen una enorme perspectiva…

Hay quienes solo saben moverse sobre la superficie de la tierra y o caminan o se arrastran o necesitan muleta para caminar.

¡Yo soy un ave!