martes, 2 de octubre de 2018

A 149 años de su nacimiento


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EL DIA DE GANDHI

Víctor Rey

El día 2 de octubre de 1869 es decir hace 149 años nació Mohandas Karamchand Gandhi.  Por esta razón se ha instituido este día como el Día de Gandhi.  El 30 de enero de 1948 a los 79 años fue asesinado por un radical hindú. El magnicidio a manos de uno de los suyos fue el paradójico epílogo a una vida dedicada a la no violencia, la noción incorruptible que había guiado a 255 millones de súbditos a rebelarse contra dos siglos de dominio británico. Ganada la independencia, el padre de India quiso afrontar los mayores retos del país: erradicar la tradición de los intocables y pacificar a musulmanes e hindúes. Ambos desafíos, imperdonables para sus enemigos, son todavía hoy empresas pendientes.
Rebautizado Mahatma —alma grande—, Gandhi transformó el anticolonialismo elitista indio en un movimiento de masas por la independencia. Tras vivir en Sudáfrica, a su regreso a India en 1915 dejó su traje de abogado londinense y se vistió con un humilde dhoti (el taparrabos tradicional) para viajar por el inabarcable subcontinente. El mensaje trascendió entonces las fronteras religiosas y cada tarde, durante tres décadas, sus mítines políticos se aderezaron con pasajes de los libros sagrados del hinduismo, islam, cristianismo y sijismo. Llamó así a los desapoderados de la sociedad, de todos los credos, a participar en una lucha librada hasta entonces entre escaramuzas intermitentes contra el poder británico y debates políticos.
Inermes ante la superpotencia del siglo XIX, Gandhi reforzó su mensaje con el arma moral de la satyagraha, la insistencia en la verdad. La resistencia pacífica, una estrategia política sin precedentes, imposibilitó la represión de los insurrectos. Se resalta el papel de las mujeres en las revueltas como protagonistas de piquetes contra el consumo de alcohol y el uso de textiles británicos en detrimento de la producción india, lo que al final desmanteló la economía colonial.
Así, el mensaje de Gandhi consiguió que mujeres y hombres de toda clase y condición contribuyeran al éxito de la independencia. Pero fracasó en su intento por eliminar la discriminación entre castas. En una sociedad dividida en cientos de lenguas, más de 4.000 etnias y un complejo sistema de segregación, Gandhi dignificó a los más parias de entre los pobres. Desde 1910, cuando forzó a que brahmines —castas altas— limpiasen letrinas, un trabajo impuesto hasta entonces a los dalits —intocables—. Además, en 1933 vivió con dalits y retó a que los brahmines demostrasen que las escrituras sagradas hindúes predicaban la marginación de las castas bajas.
Se enfrentó a Gandhi con vehemencia, defendiendo que los dalits eligiesen a sus representantes políticos con independencia del resto del electorado, un privilegio que el Raj Británico [la ley de la Corona en la India] había dado antes a los musulmanes indios. Gandhi abogaba por un modelo de escaños reservados para los representantes de los dalits, pero elegidos por todos los votantes.
La visión de Gandhi sobre los intocables, mientras, sigue siendo foco de dura crítica social. Unos le reprochan su conservadurismo, acusándole de plegarse a las castas dominantes. Otros entienden la postura del padre de la nación, quien vivía horrorizado con la idea de que la misma división política que alentó la dolorosa partición de India para crear la musulmana Pakistán acabase con la cultura hindú.
Así, inducidos por la estrategia británica de fragmentar India en sus diferentes identidades religiosas, los líderes musulmanes exigieron un Estado propio. La liberación colonial se transformó finalmente en la desmembración del subcontinente. En tres años, 14,5 millones de personas cruzaron las fronteras entre India y Pakistán en uno de los mayores éxodos de la historia. Medio millón de musulmanes e hindúes murieron asesinados.
Dirigentes de todo el país recurrieron al casi octogenario Gandhi para frenar las matanzas. Hasta ese momento, la voluntad inquebrantable del Mahatma y sus huelgas de hambre habían conseguido parar la violencia hasta en cuatro ocasiones.
Durante su último ayuno en Nueva Delhi, sin embargo, los radicales pedían dejarle morir de hambre. La capital de la India independiente se había convertido en refugio de un millón de hindúes llegados de Pakistán. Mientras, el primer conflicto en Cachemira se agravó por la controversia del reparto de bienes entre las dos nuevas naciones. Gandhi había prometido dividir la compensación económica británica con el vecino Pakistán, ahora enemigo de guerra.
Gandhi cumplió lo pactado —siete millones de euros—. Algo inaceptable tanto para brahmines, que se creían atacados por su ideario de respeto a los intocables, como para los radicales religiosos que ansiaban un Estado hindú alejado del secularismo. De las filas de estos grupos salió el hombre entre la multitud que disparó a Gandhi a la hora del rezo hace hoy 70 años. El precursor del activismo sin violencia no pudo pacificar a los suyos. Pero su asesinato originó una década sin hostilidades religiosas en India.

lunes, 1 de octubre de 2018

En el aniversario 54 de su aparición allá en 1964


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MAFALDA UNA NIÑA DE 54 AÑOS



Víctor Rey



En una oportunidad en Buenos Aires Argentina, donde participé en un encuentro sobre los desafíos del siglo XXI.  En mi presentación de un taller que coordiné, cité a Mafalda, diciendo que ella es la profeta y filósofa que nos ayuda con sus preguntas y comentarios para entender este nuevo tiempo.   Usé dos de sus frases de las cuales hice paráfrasis.  Una de ellas es la famosa: “Cuando tenía las respuestas me cambiaron las preguntas”, y la otra: “Los médicos se creen Dios pero  Dios no se cree médico”. También tuve el gusto de volver a visitar su estatua en la calle Chile con Defensa, en el barrio de San Telmo, donde está acompañada de sus amigos Susanita y Manolito.  Volví a sentarme junto a ella y abrazarla y conversar un momento con ellos, agradeciendo su compañía en el tiempo y lo mucho que nos ayudó y nos sigue ayudando a  pensar y ser críticos del sistema que nos envuelve.

Todavía recuerdo la cara de felicidad y de emoción de mi hijo, Felipe cuando logró un autógrafo de Quino en uno de sus libros de Mafalda.  Fue como obtener un trofeo de guerra o deportivo.  Lo hizo haciéndose espacio entre la gente  y escabulléndose entre las piernas de las personas que hacían una larga fila.  Esto sucedió en una noche de  del mes de junio del año 2001 en el Centro Comercial El Jardín de Quito, Ecuador. Esa noche las gente lleno todo el hall de ese recinto y lo escuchaban en un religioso silencio y saboreando cada anécdota y detalle de la vida de esa niña que ya pasó el medio siglo de vida.

Una de las caricaturas más famosas de la historia de la humanidad es  latinoamericana.  No vuela como Superman, ni tiene la fuerza de Tarzán, no se desplaza por techos como Batman, no cabalga como el Llanero Solitario, ni la astucia de Dick Tracy.  Pero habla castellano y como la definió el colombiano Daniel Samper, es “alguien capaz de atar cabos invisibles; alguien con malicia suficiente como para sembrar el pánico con una pregunta que a simple vista parece inocente”.   También el escritor italiano, Humberto Eco  la definió como “una heroína iracunda que rechaza al mundo tal cual es reivindicando su derecho a seguir siendo una niña que no quiere hacerse cargo de un universo adulterado por los padres”. (“Tiempos del Mundo”, página B42, jueves 25 de febrero de 1999). Señoras y señores, esa es Mafalda.

En 1962 la marca de electrodomésticos Manfield buscaba promocionar sus productos.  La agencia de publicidad pidió a su joven dibujante Joaquín Lavado que ideara una familia típica de clase media cuyo personaje destacado tuviera un nombre que comenzara con la letra “M”.  Lavado se acordó que en la novela “Dar la Cara”, de David Viñas, se hablaba de una niña llamada Mafalda.  “En la vida real yo nací el 15 de marzo de 1962”, dijo ella misma en una carta de presentación de 1968.  Medio siglo ya desde que Joaquín Salvador Lavado (Quino) configuró a esta niña de frases contingentes, lúcidas y punzantes.

El nombre le gustó pero la campaña publicitaria no se llevó a cabo, por lo que Mafalda y compañía fueron a dar a los archivos de Quino por dos años. 

Pero Julián delgado, jefe de redacción del semanario Primera Plana, animó a Quino a publicar una tira con su personaje.  De esta manera, el martes 29 de septiembre de 1964 salió el primer episodio de Mafalda.

Luego de un tiempo, la tira cómica pasó al matutino El Mundo, ya con una periocidad diaria, por lo que su creador se vio obligado  a aumentar la familia y crear nuevos personajes.  Aparecen el sempiterno soñador Felipe- alter ego del propio Quino- el despistado Miguelito; el materialista, calculador y comerciante inescrupuloso Manolito; la conservadora y frívola Susanita; la pesimista y militante revolucionaria Libertad y el entrometido Guille, el hermanito de Mafalda; los padres de la niña conformaban una típica pareja de la clase media urbana, con su bagaje de ilusiones y frustraciones a cuestas.   Mafalda es un fenómeno del comic vinculado directamente con la época en que surgió.  Deliberadamente la pequeña con sus agudas reflexiones sobre la actualidad política y social, representaba la resistencia ante la injusticia y el desatino de un mundo que marchaba hacia la autodestrucción y encarnaba la rebelión juvenil de los sesenta.  Los personajes que acompañaban las andanzas de la niña complementaban un universo que reflejaba distintas formas de entender  y actuar ante esa realidad. 

Con este equipo, Quino trató los temas más diversos con una gran dosis de ironía, denunciando la miseria política de finales de los sesenta- que es la misma de ahora- riéndose de la Guerra Fría, poniendo en jaque a sus padres, denunciando la mediocridad y ayudando a grandes y chicos a entender el mundo, así como todo ese cúmulo de frustraciones pequeño burguesas que se canalizan a través de la imposición paterna de conductas supuestamente positivas.  Como tomar la sopa, por ejemplo.

Al igual que el bienamado caldo, el globo terráqueo es otra obsesión de Mafalda.  Siempre herido, nuestro planeta es observado con lástima, sea porque le duele el Asia o no sabe cuál es su sexo.  Típicas inquietudes mafaldianas.

Pero la niña y su creador no se reían de todo.  Cuando se establecieron las dictaduras en América Latina y comenzaron los presos políticos y desaparecidos, Mafalda no tocó el tema.  Esta coyuntura adelanto el fin del personaje.  Como el propio Quino manifestó: Dejé de dibujar a Mafalda cuando en Argentina corría bastante sangre.  Creo que vi venir la cosa, además no me habrán dejado publicarla, hice bien en no seguir”. (“Tiempos del Mundo”, jueves 25 de febrero de 1999. Pág. B42).

Mafalda ha hecho apariciones ocasionales por motivos humanitarios.  La última vez con ocasión de la Gran Exposición que se celebró en Madrid, España entre el 9 de abril y el 14 de junio de 1992.  Ahí también recibió el premio “Quevedo” del humor gráfico, que es como el Nobel de los caricaturistas.

El personaje trascendió la tinta y el papel, ya que en los años setenta se llegó a rodar una serie de televisión, lo cual le pareció horrible a Quino.  A pesar de todo, Mafalda ha seguido dando que hablar en los últimos años.

El periodista Rodolfo Braceli, en 1987, en un larga entrevista que realizó a Quino y que esta aparece publicada en la introducción al libro “10 Años con Mafalda”, de Ediciones de la Flor, le hizo la siguiente pregunta: “¿Tienes algún estimulo para trabajar? Y Quino contesto: Sobre todo uno, el trabajo mismo.  Es cuestión de ponerse...Además leo muchísimo la Biblia, pero no como libro religioso sino como fuente de ideas, en ella está todo: la poesía, el sexo, la política...la Biblia me estimula el humor.  Yo la leo al azar y he aprendido a saltarme las partes morosas.  Me parece que siempre la leo por primera vez, como me ocurre con Borges y con ciertos pintores como Picasso...”

Para algunos lectores trasnochados del libro “Para leer a Mafalda”, ella es poco menos que agente de la CIA.  Para otros, es una anticastrista a ultranza por aquella famosa tira en la que decía que “la sopa es a la niñez lo que el comunismo a la democracia”.

Durante 1.982 tiras, Mafalda hizo reír y reflexionar a toda esa gente que, quizás ilusamente, creyó que el mundo podía cambiar.  Por ello, la nuevas generaciones descerebradas por la música techno y hartas de comida chatarra, quizás no entienden el calibre de lo propuesto por Quino y su irreverente hija.

Mafalda ya pasó los cincuenta años.  Es sin duda la historieta latinoamericana que más ha recorrido el mundo y a pesar que desde el 25 de junio de 1973, cuando ya el continente entraba una fase demasiado oscura para los ojos de Mafalda, su creador Quino no dibuja más historietas sobre ella.  Esta niña super despierta sigue dando que hablar.  Y como no podía ser de otra manera, fue llevada al cine y la televisión.  Pero la impertinencia se mantiene y Quino sigue siendo un escritor que dibuja.  Y Mafalda una niña que es capaz de descubrir que ¡paz! es la onomatopeya de una bofetada.

sábado, 29 de septiembre de 2018


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EN EL 78 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE EDUARDO GALEANO

Víctor Rey

Tuve la oportunidad de escuchar y conocer dos veces a Eduardo Galeano.  La primera vez fue en Santiago de Chile en el año 1988, meses antes del plebiscito que derrotaría a Pinochet.  Fue en una sala de la Universidad ARCIS, que estaba llena donde la capacidad del lugar fue sobrepasada y todos estábamos habidos de escuchar a este escritor  que lo habíamos comenzado a leer a través de la revista Análisis que fue justamente el medio que lo trajo a Chile  para participar en unas jornadas que se llamaron: Chile Crea y recibir el premio José Carrasco.  La segunda oportunidad fue el año 1995 en México.  Ahí fue el expositor que cerró el Congreso de la Asociación Mundial de Comunicadores Cristianos (WACC).  Su charla sobre la realidad latinoamericana y el periodismo, ha sido para mi uno de las exposiciones que más he valorado.   Justamente en ese país y en esa ocasión un amigo mexicano me regaló el libro: Las venas abiertas de América Latina.  Considero que Galeano ha sido uno de los intelectuales más influyentes del final del siglo pasado y de este siglo.  Su humor, la facilidad de su lectura, la ironía y la contextualidad son las características que a muchos nos han cautivado. 
Su muerte A los 74 años nos golpeó a muchos por lo prematuro de su partida.  Deja un gran vacío en la literatura latinoamericana, ya que ha sido uno de los escritores más relevantes del último tiempo.  Su obra fue traducida a una veintena de idiomas y su muerte causó diversas reacciones en el mundo. La política y la cultura también lo unieron con Chile, país que visitó por última vez en 2013.
“Quiero dedicar esta lectura a un gran amigo mío, y creo que de todos ustedes, que se llamó y se llamará por siempre jamás, Salvador Allende”. De este modo comenzaba Eduardo Galeano la presentación de su último libro, Los hijos de los días (2011), el 9 de enero de 2013, ante una repleta sala Antonio Varas, cuya capacidad fue ampliamente sobrepasada por la cantidad de personas que querían escucharlo.
Esa fue la última visita a Chile del escritor uruguayo, falleció el 15 de abril del 2015, debido a complicaciones de salud derivadas del cáncer de pulmón que se le diagnosticó en 2007.
Eduardo Germán María Hughes Galeano nació el 3 de septiembre de 1940 en Montevideo y su obra ha sido traducida a una veintena de idiomas. Entre sus libros más influyentes se encuentra Las venas abiertas de América Latina, publicado en 1971, y censurado por varias dictaduras latinoamericanas, entre ellas, la chilena.
Ese es uno de sus vínculos menos felices con Chile, un país que visitó en repetidas ocasiones y con el que mantenía lazos más perdurables. Los comenzó a construir cuando era un veinteañero, dirigía el diario Época y se hizo amigo de Salvador Allende, quien incluso lo visitaba en las oficinas del medio.
Fue el periodismo, de hecho, su primer contacto con la escritura. Cuando era un adolescente le vendió una caricatura al diario El Sol y en sus planes no estaba dedicarse a la literatura: “Siempre creí que iba a ser dibujante. También creí que iba a ser jugador de fútbol, santo, miles de cosas quise ser y no pude, pero jamás se me pasaba por la cabeza la idea de ser escritor, nunca. Eso ocurrió tarde en la vida, a partir del periodismo”, dijo al programa Vuelan las Plumas, durante esa última visita a Chile.
“Empecé a ejercer el periodismo como una manera de entrar en la realidad. Me apasionaba meterme en las noticias, de carne y hueso”, añadió en esa ocasión.
 “Yo podía hacer una crónica policial o de deportes -muchas veces hice de fútbol- y me apasionaba ese contacto directo con la realidad que te puede dar el periodismo. La ficción no me lo daba. Hice algunas tentativas de escribir ficción, pero no me entusiasmaba como esto, que provenía de la realidad. Era la realidad contándote sus secretos, sus misterios, desafiándote”, relató.
En 1973, luego del golpe de Estado en Uruguay, Eduardo Galeano se estableció en Argentina, donde fundó otro medio de comunicación, Crisis. Tres años más tarde, nuevamente la represión lo llevó a España. Solo volvería a Uruguay en 1985, con el retorno de la democracia en ese país.
Tres años después estuvo en Chile para recibir el premio José Carrasco Tapia, que concedía la revista Análisis. El 19 de enero de ese año, en su discurso, dijo palabras que bien podrían servir ahora para despedirlo: “Este es un homenaje a la pasión de vivir, iluminada por la viva memoria de un compañero asesinado, y ésta es una celebración de la alegría de creer en ciertas cosas que la muerte no puede matar”