jueves, 30 de junio de 2016

El futurólogo Alvin Toffler
"Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos  que no puedan aprender, desaprender y reaprender." (Alvin Toffler)

Víctor Rey

Acabo de enterarme que este lunes 27 de junio a los 87 años falleció el escritor norteamericano Alvin Toffler.  Hijo de inmigrante judío. Inmediatamente vino a mi mente su libro “El Shock del Futuro”, que leímos y discutimos con algunos amigos en los patios de la Universidad de Concepción en los años 70, cuando estudiábamos filosofía.  Para ese tiempo tan ideologizado nos parecían exageradas algunas de sus predicciones.  En los años 90 cuando vivía en Ecuador volvieron a caer en mis manos su trilogía ahora incluía “La Tercera Ola” y “El Cambio del Poder”.  Estos libros los encontré de ocasión en una librería de libros usados.  A partir del nuevo milenio, me he dado cuenta que las predicciones de Toffler han tenido una capacidad de asertividad increíble.  Sus textos me han ayudado mucho para entender el cambio cultural que estamos viviendo.


Alvin Toffler se hizo conocido a partir de la publicación en 1970 de su ensayo “El Shock" del Futuro” que se convertiría en un auténtico bestseller. A este libro le seguirá 10 años después --1980—“La Tercera Ola”, desarrollo y profundización de sus tesis centrales, y 20 años más tarde --1990—“El cambio del Poder”. Estos tres ensayos configuran en opinión de Toffler una «trilogía»  que recoge lo central de su pensamiento. Después de su trilogía ha publicado --firmando esta vez con su esposa Heidi, quien ha sido siempre su estrecha colaboradora--:"Las guerras del futuro" --1993-- y "Creating a new civilization" --1995.

La preocupación por los temas sociales y el cambio nació desde muy joven en Toffler. Luego de concluidos sus estudios de universitarios de sociología quiso hacer --en compañía de su esposa Heidi-- una experiencia como obrero industrial durante cinco años. En aquella época se interesó en la política y asumió la ideología marxista.

Hablando de esos tiempos de su vida dice Toffler: «Finalmente, era un activista político. A finales de la década de los cuarenta, había viajado al Sur para luchar en pro de los derechos civiles. Había participado en manifestaciones y descubierto el marxismo, el cual contempla las fábricas como el centro exacto del universo. Por tanto, el ir a la industria" también constituía una posibilidad de ayudar a organizar a los obreros. Todo esto resultaba embriagador".

Después de su experiencia como obrero --que califica como muy importante para su vida-- Toffler se dedicó al periodismo. Fue corresponsal en la Casa Blanca, lo que le permitió tomar contacto con el alto mundo político norteamericano.

Entre las revistas en las que escribió se debe mencionar la publicación Fortune, de la que se convertiría en columnista de temas laborales. En 1961 dejará esta revista y se convertirá en colaborador libre de diversas publicaciones y, con el tiempo, en conferencista itinerante.

En 1964 publicó el ensayo “Los consumidores de cultura”, que, en sus propias palabras, constituyó un análisis de la economía de las artes en Estados Unidos y un ataque al elitismo cultural.

“El shock del Futuro” produjo un cambio radical en la vida de Toffler. El libro alcanzó un éxito de ventas inesperado que convirtió a su autor en toda una personalidad. Incluso se hizo una película, animada por el conocido actor inglés Orson Wells, a partir del ensayo.

Para ese momento, según dice Toffler, habría dejado atrás, en lo fundamental, su adhesión al marxismo. En la actualidad se refiere a él como una expresión de la revolución industrial en total crisis y, como tal, anticuado, insuficiente e inadecuado para comprender el mundo de la alta tecnología, es decir el mundo del futuro. Sus criterios de juicio adquirirán curiosos matices y perspectivas propias. Su interés se centrará en el tema del futuro y el proceso de cambio por el que está pasando la humanidad.

El tema central de la reflexión de Alvin Toffler es el cambio. Los tres ensayos que conforman lo que ha llamado su trilogía abordan desde diversas perspectivas este proceso que el autor considera muy profundo.

«El Shock" del Futuro” --afirma Toffler-- contempla el proceso del cambio: la forma en que éste afecta a las personas y a las organizaciones. “La tercera ola” se centra en las orientaciones de ese cambio: adónde nos están llevando los cambios de hoy. “El cambio del poder”  aborda el control de los cambios que han de sobrevenir: quién les dará forma, y cómo.

Su argumento central es que la humanidad se encuentra frente a un cambio social muy profundo. El ser humano tiene ante sí un futuro que se viene aceleradamente y para el cual ni sus instituciones, ni él mismo se encuentran suficientemente preparados.

En las páginas de El "shock" del futuro trata de explorar sistemáticamente los efectos de la aceleración del cambio que está afectando a la humanidad de finales del segundo milenio.

El problema principal sobre el que se detiene no es sólo el proceso de cambio en sí mismo, sino la aceleración de este cambio que lo hace desestructurante y de difícil asimilación para el ser humano.

Por eso se refiere a la llegada del futuro como un shock: «Este shock --afirma-- es la desorientación vertiginosa producida por la llegada prematura del futuro. Y puede ser la enfermedad más grave del mañana» . Ve este shock como una «nueva enfermedad psicológica, turbadora y virulenta» .  Los efectos del shock son múltiples y aquejan de diversas maneras la vida del ser humano. Toffler cree descubrir tres efectos principales que afectan seriamente al hombre: la transitoriedad, la novedad, y la diversidad. Su ensayo “El shock del futuro” está articulado principalmente a partir de estos tres elementos.

En La tercera ola Toffler se fija en las direcciones y consecuencias del proceso de cambio. La tesis central del ensayo es que la humanidad se encuentra ante una suerte de transición crítica hacia una nueva forma de civilización que, no obstante ser de incierto desenlace final, ofrece un potencial lleno de esperanza.

Llama a esta crisis la tercera ola en función de que ha habido antes otras crisis --otras olas en su lenguaje-- que trajeron transformaciones profundas de la vida social.

La primera ola fue producida por el descubrimiento de la agricultura hace diez mil años y propició la revolución agrícola. La segunda ola se generó por la revolución industrial iniciada hace unos trescientos años.

Esta segunda ola habría entrado en una fase de crisis muy seria en el presente siglo, percibiéndose sus primeros síntomas, según Toffler, a mediados de la década de los cincuenta --cuando los obreros norteamericanos se vieron superados en número por los trabajadores del conocimiento y los servicios--.

La tercera ola estaría siendo generada por el fracaso del industrialismo y por la aparición de la revolución tecnológica --Toffler habla de un salto "cualitativo" en el conocimiento--. Las consecuencias de esta ola afectarán seriamente la vida de los seres humanos, en aspectos como lo económico, lo político, incluso la misma vida familiar. Se trata, según cree, de «la muerte del industrialismo y el nacimiento de una nueva civilización; civilización que es «al mismo tiempo, altamente tecnológica y antiindustrial».

Es un proceso que tiene características revolucionarias --por la profundidad y radicalidad de los cambios en la vida del ser humano-- y globalizantes --porque se difunde a nivel planetario--. En palabras de Toffler «lo que ahora está sucediendo es, ni más ni menos, una auténtica revolución global, un salto cuántico en la Historia».

En el libro “El cambio del Poder” aplica sus hipótesis sobre el proceso de cambio de la sociedad al control del poder y las tensiones que se generan alrededor del asunto.

En palabras suyas, este tercer ensayo de su trilogía «se centra en el papel --profundamente modificado-- del conocimiento en relación con el poder. Presenta una nueva teoría del poder social, y examina los cambios que se avecinan en los negocios, la economía, la política y los asuntos mundiales».

A partir de sus hipótesis respecto de la llegada de la tercera ola, Toffler considera que estaría naciendo un nuevo sistema de poder que sustituiría al del pasado industrial. Esto traería una lucha por el poder «que se entablará en todas y cada una de las instituciones humanas», empezando por el mundo empresarial, los Estados, el mercado, los medios de comunicación, incluso la familia y la Iglesia. El punto central para él es quién tendrá el «control del conocimiento», pieza esencial de la civilización del futuro.

miércoles, 29 de junio de 2016

MUCHAS GRACIAS CHILE

Eso es lo que corresponde ahora. Nada más que eso. Darle las gracias a este brillante grupo de jugadores, a la mejor selección chilena de todos los tiempos, al bicampeón de América, al equipo que no le teme a nadie y a nada y que, bien enrielado y respetando la personalidad de juego que les dieron como mandamientos hace un tiempo, volvió a demostrar que es capaz de cualquier cosa. Todavía y por un buen rato... aunque muchos lo dudaban hace un año.
Gracias también y desde luego al primer responsable, a quien dio el gran salto, al que consiguió el cambio cultural más grande y exitoso de estos cien años de selección (sólo comparable al de Riera, pero que duró mucho menos). Al técnico que a punta de trabajo, convicción, disciplina, reglas claras y estudio permitió todo esto. A quien le enseñó a este grupo de jugadores -ya adultos, ya en Europa- a ser los mejores. El tipo que les metió en la cabeza que para lograrlo había que ser humilde y tragarse el veneno, había que dejar de echarle la culpa al árbitro (o a los policías canadienses), había que entrenar mucho, muy fuerte y muy duro, que no había que dejar de correr nunca para sorprender y equiparar al rival, que había que estudiar los movimientos del equipo hasta pre configurarlos y sabérselos de memoria, que la mera improvisación o el trote eran un insulto a la inteligencia humana, que había que cumplir misiones tácticas aunque no fueras, o precisamente porque no eras, una estrella mundial. Gracias Marcelo Bielsa por cambiar la historia del fútbol chileno en apenas cuatro años.
También, cómo no, hay que darle las gracias al que vino a corregir el camino y retomarlo cuando lo estábamos dejando. Al que ordeno aún más la casa, le dio variantes, aportó grandes nombres al equipo (Vargas, Marcelo Díaz, Mena, Aránguiz y Silva) y lo llevó por primera vez a ganar títulos y a derrotar por los puntos a los mejores del mundo (España y Brasil entre ellos). Gracias Jorge Sampaoli por los enormes servicios prestados.
Gracias especiales a Vargas (dos veces seguidas goleador de América), a Isla, Silva, Beausejour y Jara, por rendir siempre más en la Selección que en otra parte. Gracias a Fuenzalida y Silva por ser tan ordenados, lo que en el fútbol importa tanto como ser talentoso. Gracias a Aránguiz por volver a tiempo y ratificar sus enormes condiciones. Gracias a Bravo por no escuchar tonteras y seguir siendo el mejor arquero chileno de todos los tiempos. Gracias a Vidal y Medel por las condiciones fuera de serie, la garra y la impresionante personalidad. Gracias a Alexis por ser un jugador valiente y pararse después de cada patada... porque eso y no otra cosa es ser un hombre: no desaparecer, seguir atacando y corriendo hace adelante cada vez que te pegan y te vuelven a pegar.
Gracias, desde luego, a la bendita ciudad de Nueva York por este año maravilloso, por haber frenado la carrera delictual a Sergio Jadue y sus “asesores” y por haber sido escenario final y glorioso para el sueño del bicampeonato. Todo en tan pocos meses. Gracias, también, a la arrogancia tonta de los Chevantón, Caparrós, Liberman y Tévez de este mundo, que equivocan el camino y siempre terminan patinando, alimentando al rival y llorando las penas. Gracias Dunga por despedazar a Brasil y hacerlo desaparecer del mapa. Gracias Martino por la falta de coraje y por hacer, en dos finales a falta de una, su equipo dependiera sólo de Messi para llegar al arco rival. Gracias Uruguay por seguir jugando a nada y por seguir creyendo que el fútbol se juega a las patadas. Gracias Argentina por demostrarnos que están ahí al ladito no más, en todo sentido, y que para alcanzarlos y pasarlos sólo era cosa de trabajar más y con buenos técnicos (técnicos suyos, para ser bien realistas y agradecidos).
Y finalmente, por supuesto, gracias a Juan Antonio Pizzi y su cuerpo técnico por habernos tapado la boca a los críticos de sus costumbres disciplinarias y de entrenamientos. Y también, claro está, por haber entendido a tiempo que había que cambiar el sistema de juego propio y volver al testamento de quienes estuvieron antes y construyeron todo esto.
Felipe Bianchi Leiton

sábado, 25 de junio de 2016



Cómo experimentar a Dios hoy

Leonardo Boff


En los días actuales vivimos tiempos tan atribulados políticamente que acabamos psicológicamente alterados. No ver caminos, andar a ciegas, a la deriva como un barco sin timón, nos quita el brillo de la vida. Acabamos olvidando las cosas esenciales.
Quien leyó mi último artículo: “¿El Brasil actual tiene arreglo?” encuentra allí el trasfondo de esta reflexión sobre Dios. En momentos así, sin ser pietistas, nos volvemos hacia aquella Fuente que siempre alimentó a la humanidad, especialmente en tiempos sombríos de crisis generalizada. Sentimos saudades de Dios. Esperamos luces de Él. Y más aún: queremos experimentarlo y sentirlo desde el corazón en medio de la turbulencia.
Si miramos la historia, constatamos que la humanidad siempre se preguntó por la Última Realidad. Se daba cuenta de que no podía saciar su sed infinita sin encontrar un objeto infinito adecuado a su sed. No conseguiría explicar la grandeza del universo y nuestra propia existencia sin aquello a lo que convencionalmente se llama Dios, aunque tenga otros mil nombres según las diferentes culturas. Hoy, con un lenguaje secular, proveniente de la nueva cosmología, hablamos de la «Fuente Originaria de donde vienen todos los seres».
A pesar de esta búsqueda incansable el testimonio de todos es que “nadie ha visto nunca a Dios” (1 Jn 4,12). Moisés suplicó ver la gloria de Dios, pero Dios le dijo: “No podrás ver mi rostro porque nadie puede verme y seguir viviendo” (Ex 33, 20). Si no podemos verlo, podemos identificar señales de su presencia. Basta prestar atención y abrirnos a la sensibilidad del corazón.
Me impresiona el testimonio de un indígena cherokee norteamericano que habla de alguien que buscaba desesperadamente a Dios pero no prestaba atención a su presencia en tantas señales. Cuenta él:
«Un hombre susurró: ¡Dios, habla conmigo! Y un ruiseñor empezó a trinar. Pero el hombre no le prestó atención. Volvió a pedir: ¡Dios, habla conmigo! y un trueno resonó por el espacio. Pero el hombre no le dio importancia. Pidió nuevamente: ¡Dios, déjame verte! Y una enorme luna brilló en el cielo profundo. Pero el hombre ni se dio cuenta. Y, nervioso, comenzó a gritar: ¡Dios, muéstrame un milagro! Y he aquí que nació un niño. Pero el hombre no se inclinó sobre él para admirar el milagro de la vida. Desesperado, volvió a gritar: ¡Dios, si existes, tócame y déjame sentir tu presencia aquí y ahora. Y una mariposa se posó, suavemente, en su hombro. Pero él, irritado, la apartó con la mano».
«Decepcionado y entre lágrimas siguió su camino. Vagando sin rumbo. Sin preguntar nada más. Solo y lleno de miedo. Porque no supo leer las señales de la presencia de Dios».
La consecuencia de su falta de atención produjo su desespero, soledad y pérdida de enraizamiento. Lo opuesto a creer en Dios no es el ateísmo, sino la sensación de soledad y desamparo existencial. Con Dios todo se transfigura y se llena de sentido.
En medio de nuestra enmarañada situación política actual, buscamos una verdadera experiencia de Dios. Para eso, tenemos que ir más allá de la razón racional que comprende los fenómenos por las ramas, los calcula, los manipula y los incluye en el juego de los saberes de la objetividad científica y también de los intereses políticos como los actuales. Ese espíritu de cálculo piensa sobre Dios pero no percibe a Dios.
Tenemos que tener otro espíritu, aquel que siente a Dios: el espíritu de finura y de cordialidad, de admiración y de veneración. Es la razón cordial o sensible, que siente a Dios desde el corazón.
Dios es más para ser sentido a partir de la inteligencia cordial que para ser pensado a partir de la razón intelectual. Entonces nos damos cuenta de que nunca estábamos solos. Una Presencia inefable, misteriosa y amorosa nos acompañaba.
¿No será por eso no acabamos nunca de preguntarnos por Dios, siglo tras siglo? ¿No será por eso que siempre arde nuestro corazón cuando nos entretenemos con Él? ¿No será el adviento de Él, del sin Nombre y del Misterio que nos habita? ¿No es por eso que creemos que hay siempre una solución para nuestros problemas?
Estamos seguros de que es Él cuando ya no sentimos miedo pues Él es el verdadero Señor de la historia. Y osamos esperar que un destino bueno surja de la oscuridad actual, bajo la cual sufrimos.