jueves, 10 de octubre de 2013

Jesús no dijo eso – Bart D. Ehrman

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Aun en nuestros días, tras la lectura de un pasaje de la Biblia se suele decir “palabra de Dios”, como si lo que está escrito en el Nuevo Testamento fueran las palabras exactas que pronunció Jesucristo o los textos originales de Pablo de Tarso. En realidad esa “palabra de Dios” es, tal y como expresa el autor a lo largo de la introducción de su libro, solamentepalabras de los hombres. No solo ya porque, tal y como describe el autor, lo que poseemos son solo copias, de copias de copias, sino porque además, a lo largo de mil quinientos años, los diferentes traductores y copistas de la Biblia introdujeron un sinfín de errores accidentales y cambios malintencionados que pasaron a las ediciones impresas.
Ahora, por primera vez, el eminente especialista del Nuevo Testamento Bart D. Ehrman(autor de Los cristianismos perdidos) reconstruye los textos originales, nos revela cómo, dónde y por qué fueron manipulados y nos demuestra que muchas de nuestras creencias más profundas sobre la divinidad de Jesús, la Trinidad o los orígenes divinos de la Biblia misma carecen de fundamento documental. Quien lea Jesús no dijo eso nunca volverá a leer, del mismo modo, los evangelios o las epístolas de San Pablo.
Ehrman se convirtió de adolescente al cristianismo evangélico. En sus libros narra su entusiasmo juvenil de cristiano fundamentalista renacido, seguro de que Dios había inspirado la redacción de la Biblia y había protegido los textos de ésta de todo error. Su deseo por entender las palabras originales de la Biblia lo llevó a estudiar lenguas antiguas y crítica textual. Sus estudios teológicos de posgrado, sin embargo, finalmente lo convencieron de que era forzoso reconocer las contradicciones de los manuscritos bíblicos en vez de procurar la armonización o reconciliación de discrepancias. Permaneció cristiano liberal durante quince años, pero más tarde se volvió agnóstico y crítico del cristianismo.

lunes, 7 de octubre de 2013

La necesidad de relación según Erich Fromm


En su libro Psicoanálisis de la Sociedad Contemporánea Erich Fromm afirma que el hombre puede definirse no únicamente en sentido anatómico y fisiológico, también psíquico; al igual que ocurre con su cuerpo, existen leyes que gobiernan su funcionamiento mental y emocional.
Este psicólogo social, se dio a la tarea de estudiar al ser humano y descubrió que existen cinco necesidades psíquicas comunes a todos los hombres, las cuáles son determinantes del comportamiento humano.  En esta ocasión trataremos solamente una de éstas, la necesidad de relación, que frecuentemente se transforma en dependencia, ya sea en su forma masoquista o narcisista.

El ser humano ha sido sustraído de la unión primordial con la naturaleza que caracteriza a la existencia animal,  es decir, sabe de su soledad y de su muerte, y no podría hacer frente a ello ni un instante si no encontrase nuevos vínculos con otros seres humanos, con algún grupo, o una actividad, etc. Es por esta razón que el autor explica que una persona perturbada en realidad es la que ha fracasado en sus intentos de establecer algún tipo unión.

Los individuos nacemos en sociedades que nos indican cómo relacionarnos con los otros, pero sólo algunas de estas parecen conducirnos al equilibrio y bienestar, muchas otras tan sólo nos llevan a la ansiedad y la autodestrucción.

Fromm distingue entre las relaciones de dependencia y las relaciones de integridad. Las primeras son ilusorias pues se basan en la idealización de la imagen propia, a lo cual se llama sadismo, o a la idealización de la contraparte, a lo cual se llama masoquismo. Estos dos tipos de relaciones  no se establecen únicamente con otra persona, también pueden ser respecto a un grupo, una institución, e incluso a una cosa o una actividad.

En las relaciones de dependencia el temor a la soledad impulsan al individuo a someter a alguien o a ser sometido por alguien, pero estas relaciones son muy dañinas porque inhiben la potencialidad del ser humano, lo hacen un mero apéndice de otra persona y lo alejan de su autonomía, además nunca producen una verdadera sensación de unión, por lo cual conducen a estados cada vez de mayor dependencia y aun abismo del que es complicado salir.

Por el contrario, las relaciones íntegras no se fundamentan en idealizaciones, requieren de ver a las personas y a las cosas tal y como son, tampoco se conservan por temor, se distinguen por su realismo, por su  'orientación productiva', a través de la cual el individuo puede desarrollar su potencial individual.

Relacionarse de una u otra manera marca la diferencia entre la tendencia al bienestar o al malestar mental y emocional; sin embargo, el hombre tiene que estar relacionado de alguna manera si ha de estar mínimamente cuerdo. Ocurre igual que con los alimentos, algunos son buenos y otros malos,  pero se debe comer si no se quiere morir de hambre,  y la muerte en el terreno fisiológico es como la locura en el terreno mental.  

El hombre necesita estar vinculado, como sea, pero es preferible buscar formas adecuadas que nos conduzcan por la senda de la alegría. 

martes, 1 de octubre de 2013

El credo humanista de Erich Fromm

Fragmento del libro ” El humanismo como utopía real “ (Captulo II. Acciones y proclamaciones humanistas, punto 4) escrito por Erich Fromm en 1965.
1.- Creo que la unidad del hombre, a diferencia de otros seres vivientes, se debe a que el hombre es la vida consciente de sí misma. El hombre es consciente de sí mismo, de su futuro, que es la muerte ; de su pequeñez, de su impotencia. Es consciente del otro en cuanto otro. El hombre está en la naturaleza, y sometido a sus leyes, aunque la trascienda con el pensamiento.
2.- Creo que el hombre es consecuencia de la evolución natural : que ha nacido del conflicto de estar preso y separado de la naturaleza y de la necesidad de hallar unidad y armonía con ella.
3.- Creo que la naturaleza del hombre es una incoherencia, debida a las condiciones de la existencia humana, que exige buscarle soluciones, las cuales a su vez crean nuevas incoherencias y la necesidad de nuevas soluciones.
4.- Creo que toda solución a estas incoherencias puede cumplir realmente la condición de ayudar al hombre a superar el sentimiento de separación y a lograr un sentimiento de concordancia, comunidad y participación.
5.- Creo que, en toda solución a estas incoherencias, el hombre sólo tiene la posibilidad de escoger entre avanzar o retroceder. Estas opciones, que se manifiestan en actos precisos, son medios para rebajar o para desarrollar la humanidad que tenemos dentro.
6.- Creo que la alternativa fundamental para el hombre es la elección entre “vida” y “muerte”, entre creatividad y violencia destructiva, entre la realidad y el engaño, entre la objetividad y la intolerancia, entre fraternidad con independencia y dominio con sometimiento.
7.- Creo que podemos atribuir a la “vida” el significado de continuo nacimiento y constante desarrollo.
8.- Creo que podemos atribuir a la “muerte” el significado de suspensión del desarrollo y continua repetición.
9.- Creo que, con la solución regresiva, el hombre trata de encontrar la unidad librándose del insoportable miedo a la soledad y a la incertidumbre, desfigurando lo que lo hace humano y lo atormenta. La orientación regresiva se desarrolla en tres manifestaciones, juntas o separadas : La necrofilia, el narcisismo y la simbiosis incestuosa.
Por necrofilia entiendo el gusto por todo lo que es violencia y destrucción : el deseo de matar, la adoración de la fuerza, la atracción por la muerte, el suicidio y el sadismo y el deseo de transformar lo orgánico en inorgánico sometiéndolo al “orden”. El necrófilo, por carecer de las cualidades necesarias para crear, en su impotencia encuentra más fácil destruir, porque para él sólo una cualidad tienen valor : la fuerza.
Por narcisismo entiendo la falta de un interés autentico por el mundo exterior y un intenso apego a uno mismo, al grupo, clan, religión, nación, raza, etc., con graves distorsiones del juicio racional. En general, la necesidad de satisfacción narcisista deriva de la necesidad de compensar una pobreza material y cultural.
Por simbiosis incestuosa entiendo la tendencia a seguir ligado a la madre y a sus equivalentes : la estirpe, la familia o la tribu ; a descargarse el insoportable peso de la responsabilidad, la libertad y la conciencia, para ser protegido y amado en un estado de seguridad con dependencia, que paga el individuo con el cese de su propio desarrollo humano.
10.- Creo que , escogiendo avanzar, el hombre puede encontrar una nueva unidad mediante el pleno desarrollo de todas sus energías humanas, que se muestran en tres orientaciones, juntas o separadas : la biofilia, el amor a la humanidad y a la naturaleza y la independencia y libertad.
11.- Creo que el amor es la llave principal para abrir las puertas al “crecimiento” del hombre. El amor y la unión a alguien o algo fuera de uno mismo permite trabar relaciones con otros, sentirse uno con otros, sin reducir el sentido de integridad e independencia. El amor es una orientación positiva, para la cual es esencial que se hallen presentes al mismo tiempo la solicitud, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento del objeto de unión.
12.- Creo que la experiencia del amor es el acto más humano y humanizador que es dado gozar al hombre y, como la razón, carece de sentido si se entiende de manera parcial.
13.- Creo en la necesidad de “liberación” de los lazos, externos o internos, como condición para poder tener la “libertad” de crear, obrar, querer saber, etc., para poder llegar a ser un individuo libre, activo y responsable.
14.- Creo que libertad es la capacidad de obedecer la voz de la razón y del conocimiento, en contra de las voces de las pasiones irracionales. Es la emancipación que libera al hombre y lo pone en el camino de emplear sus facultades racionales y de comprender objetivamente el mundo y el papel que en éste representa.
15.- Creo que la “lucha por la libertad” tiene, en general, el sentido excluido de lucha contra la autoridad impuesta sobre la voluntad individual. Hoy “lucha por la libertad” debe significar liberarnos, individual y colectivamente, de la “autoridad” a la que nos hemos sometido “voluntariamente” : liberarnos de las fuerzas interiores que exigen este sometimiento porque somos incapaces de soportar la libertad.
16.- Creo que la “libertad de elección” no siempre es igual para todos los hombres en todo momento. El hombre de orientación exclusivamente necrofílica, narcisista o simbiótico incestuosa, puede tomar sólo una opción regresiva. El hombre libre, liberado de lazos irracionales, no puede tomar ya una opción regresiva.
17.- Creo que el problema de la libertad de elección existe sólo para el hombre de orientaciones contrapuestas, y que esta elección siempre está estrechamente condicionada por deseos inconscientes y por justificaciones tranquilizadoras.
18.- Creo que nadie puede “salvar” a su prójimo decidiendo por él. Únicamente podrá ayudarlo señalándole alternativas posibles, con toda sinceridad y amor, sin sensiblería ni engaño alguno. La conciencia intelectiva de las alternativas liberadoras puede reavivar en un individuo sus energías ocultas y ponerlo en el camino en el que escoja la “vida”, en lugar de la “muerte”.
19.- Creo que la igualdad se siente cuando, al descubrirse uno mismo por completo, se reconoce igual a otros y se identifica con ellos. Todo individuo lleva la humanidad en su interior. La “condición humana” es única e igual en todos los hombres, a pesar de las inevitables diferencias de inteligencia, talento, estatura, color, etc.
20.- Creo que la igualdad entre los hombres se debe recordar especialmente para evitar que uno se convierta en instrumento de otro.
21.- Creo que la fraternidad es el amor dirigido a nuestros semejantes. No obstante, se quedará en palabra hueca mientras no se hayan eliminado todos los lazos “incestuosos” que impiden juzgar objetivamente al “hermano”.
22.- Creo que el individuo no puede entablar estrecha relación con su humanidad en tanto no se disponga a trascender su sociedad y a reconocer de qué modo ésta fomenta o estorba sus potenciales humanas. Si le resultan “naturales” las prohibiciones, las restricciones y la adulteración de los valores, es señal de que no tiene un conocimiento verdadero de la naturaleza humana.
23.- Creo que la sociedad ha chocado siempre con la humanidad, aun teniendo una función a la vez estimulante e inhibitoria. La sociedad no dejará de paralizar al hombre y promover la dominación hasta que su fin se identifique con el de la humanidad.
24.- Creo que podemos y debemos esperar una sociedad cuerda que fomente la capacidad del hombre de amar a sus semejantes, de trabajar y crear, de desarrollar su razón y un sentido real de sí mismo basado en la experiencia de su energía positiva.
25.- Creo que podemos y debemos esperar la recuperación colectiva de una salud mental caracterizada por la capacidad de amar y crear, por la liberación de los lazos incestuosos con el clan y la tierra, por un sentido de identidad basado en la experiencia que tienen de sí mismo el individuo como sujeto y agente de sus facultades y por la capacidad de influir en la realidad exterior e interior a uno mismo, logrando el desarrollo de la objetividad y de la razón.
26.- Creo que, mientras parece que este mundo nuestro enloquece y se deshumaniza, cada vez más individuos sentirán la necesidad de asociarse y colaborar con quienes compartan sus preocupaciones.
27.- Creo que estos hombres de buena voluntad, no sólo deben hacerse una interpretación humana del mundo, sino que también deben señalar el camino y trabajar por su posible transformación : la interpretación sin voluntad de reforma es inútil ; la reforma sin previa interpretación es ciega.
28.- Creo posible la realización de un mundo en que el hombre “ser” mucho aunque “tenga” poco ; un mundo en que el móvil dominante de la existencia no sea el consumo ; un mundo en que el “hombre” sea el fin primero y último ; un mundo en que el hombre pueda encontrar la manera de dar un fin a su ida y la fortaleza de vivir libre y desengañado.