domingo, 7 de julio de 2013

Tres imágenes de la Iglesia que soñamos (Anselm Grun)

AA

"Hay tres imágenes que son importantes para la Iglesia de hoy. La Iglesia debería llegar a ser un lugar en el que el ser humano pueda vivir una experiencia espiritual; esa es la imagen de la Iglesia mística. En segundo lugar, debería crear un espacio para un nuevo tipo de comunidad, concretamente un espacio para la comprensión de las personas entre sí. Esto es válido tanto en el marco de la Iglesia universal como para las iglesias locales. Hoy en día, muchas personas se sienten solas y perdidas en medio de la muchedumbre anónima. Esas personas deberían encontrar su hogar en la Iglesia. En tercer lugar, la Iglesia debería trasmitir cultura cristiana de la vida y facilitar el acceso a una vida sana, que incluye, evidentemente, las buenas costumbres. En primera línea están los elementos saludables, la oración y la vida espiritual, pero también una vida diaria correcta y unos ritos saludables. Dicho en pocas palabras: todo lo que hace posible una vida sana. El cristianismo debería convertirse en una cultura visible en la que el ser humano experimenta su propia dignidad. Esas son las imágenes más importantes de la Iglesia".

CARTA ABIERTA A LOS COMPOSITORES CRISTIANOS


brian mclaren


Carta Abierta a Compositores de Brian McLaren
Saludos, compañeros compositores, adoradores, líderes de adoración, músicos y artistas, y seguidores de Jesús:
En los últimos años he sido privilegiado de estar “de evento en evento”, hablando la mayor parte del tiempo con líderes emergentes. Supongo que se me pidió hablarles gracias a algún cupo para personas mayores de cuarenta años y porque muchos líderes emergentes están batallando con el aspecto de la posmodernidad, un aspecto con el cual he perdido mucho de mi cabello al luchar conmigo mismo y respecto al cual he escrito muchos libros.
En el lugar donde vivo, soy un pastor que sirve a una iglesia que se ha comprometido a entrar en la transición postmoderna y tratar con sus aspectos valientemente y con confianza. Digo “valientemente y con confianza”, sabiendo que todavía no hay mapas para guiar a una iglesia en esta aventura, por lo que no tenemos una verdadera idea de hacia dónde nos dirigimos excepto que estamos tratando de seguir a Jesús.
Creo que muchos nos sentimos como los hijos de Israel saliendo del Egipto moderno y cruzando el Mar hacia un lugar desconocido. Estamos confiando que la columna de nube y la columna de fuego enviadas por Dios nos guiarán día y noche. Uno de los beneficios de viajar es que, como músico, realmente he disfrutado al escuchar docenas de bandas de adoración y líderes de adoración, y pasar literalmente horas en casi cada evento siendo dirigido en adoración.
Hay muchas observaciones que pudiera compartir con ustedes… los líderes de alabanza. Hay muchas tendencias que animan, con ciertos problemas. Pero hay una observación que sobresale. Es realmente una petición más que una observación. Una petición para que los compositores que hay entre nosotros exploren y luego nos lideren hacia un nuevo territorio lírico y espiritual.
Uno escucha muchas quejas sobre música: pobre, letras trilladas, superficialidad teológica, etc., en el mundo de la música cristiana contemporánea. Algunas de estas quejas vienen de personas que secretamente desean que regresemos a cantar himnos, como lo hacíamos en los años 50 (en 1800 o 1900, usted decida). No estoy interesado en quejarme y tengo poco interés en los años 50 (excepto quizá por el 2050). No, esto es lo que busco: Muchos de nosotros creemos que estamos entrando (o bueno, introduciéndonos) a un período de transición teológico/cultural/espiritual muy probablemente — tan históricamente trascendente — como el período de la Reforma, cuando el mundo medieval cedió al mundo moderno.
Ahora, mientras el mundo moderno cede al mundo postmoderno, debemos esperar ver una revolución en la teología (al final, ayudándonos a ser más bíblicos, más espirituales, más efectivos en nuestra misión y, por favor, Dios, más claros acerca de cuál es nuestra misión). Pero aquí está el problema. En el mundo moderno la teología fue hecha por eruditos y expresada en libros y conferencias. En el mundo postmoderno muchos de nosotros creemos que los teólogos tendrán que dejar las bibliotecas más frecuentemente y mezclarse con el resto de nosotros. Y la mayoría de ellos unirán sus manos y corazones con los poetas, creadores de películas, actores, arquitectos, diseñadores de interiores y paisajistas, bailarines, escultores, pintores, novelistas, fotógrafos, diseñadores de sitios web, y todos los hermanos y hermanas artísticos posibles, no sólo para comunicar una teología cristiana postmoderna, sino también para discernirla y descubrirla.
Porque un cambio importante de esta transición es el cambio del cerebro izquierdo al cerebro entero, del racionalismo reduccionista y analítico a un holismo teológico más amplio, una teología que funciona en la mente y en el corazón, entendimiento e imaginación, proposición e imagen, claridad y misterio, explicación y narrativa, exposición y expresión artística.
Nuestros compositores podrían jugar un rol espiritual clave al enraizar esta teología más holística en nuestra gente. Pero tristemente, al haber sido testigo en diferentes lugares como espectador (y usualmente participando) en tiempos extendidos de adoración alrededor del país, he percibido que las letras de nuestras canciones nos llevan muy raramente a este nuevo territorio. De alguna manera nos están atrasando. Por favor, se lo suplico, no lo tome como una crítica, sino como una sugerencia, una amable pero sincera petición por un cambio.
Permítame hacerlo más específico: Muchas de nuestras letras son vergonzosamente personalistas respecto a Jesús y yo. La intimidad personal con Dios es un paso tan maravilloso que está por encima de la repetición fría, abstracta y rígida de un dogma. Pero esa no es toda la historia. De hecho, quizá lo sacuda, no es, en el nuevo mundo emergente postmoderno, necesariamente el punto principal de la historia. Una canción popular de adoración que he escuchado en muchos lugares en los últimos años (y que cantamos en Cedar Ridge, donde soy pastor) dice que la adoración “se trata de ti, Jesús,” pero aparte de esa línea, que realmente se siente como adoración, el cristianismo en general “se trata de mí, mí, mí”.
Si duda de lo que estoy hablando escuche la próxima vez lo que canta en la adoración. Se trata de cómo Jesús me perdona, me abraza, me hace sentir su presencia, me fortalece, me perdona, me acerca a él, me toca, me renueva, etc. Ahora, esto está bien. Pero si un extraterrestre llegara desde Marte para observarnos, creo que pensaría:
  • Estas personas son completamente disfuncionales y necesitan mucha terapia del abrazo (lo cual es irónico, porque están entre las más ricas del mundo y han sido bendecidas en todo sentido más que cualquier grupo en la historia). O…
  • Que no les importa siquiera un poco el resto del mundo, que su religión/espiritualidad los hace tan egoístas como cualquier no cristiano, pero solamente en las cosas espirituales en lugar de las materiales.
No creo que ninguna de estas acusaciones sean verdaderas como le sonarían a un observador marciano; por el contrario, creo que nosotros los compositores seguimos escribiendo canciones como estas porque creemos que es lo que la gente quiere y necesita. Lo que causa temor es que, aunque yo no crea que estas acusaciones sean completamente ciertas, podrían llegar a ser más ciertas a menos que tomemos cierta acción correctiva y busquemos un mejor balance.
Es vergonzoso admitir, pero algunos de nosotros en este momento estamos pensando: “si la composición de canciones espirituales no se trata de una intimidad profunda e íntima con Dios, ¿qué más hay?” Bueno, permítame ofrecerle una lista de temas bíblicos que creo que le haría bien explorar en sus letras:
  1. Usted se sorprenderá de escucharme primero decir Escatología, y permítame asegurarle que no me refiero a ponerle música a la última novela apocalíptica (¡Por favor… No! ¡No es eso!). Por escatología (que significa el estudio del fin o enfocarse a lo que va el universo), quiero decir la visión bíblica de Dios para el futuro, la cual está atrayéndonos hacia sí misma. Para muchos de ustedes, criados como yo, en lo más reciente de las escatologías modernas, les sorprenderá escuchar que hay un enfoque totalmente nuevo que está emergiendo (dirigida por algunos teólogos como Walter Brueggeman, Jurgen, Moltmann, y los “teólogos de la esperanza”). Este enfoque no se permite cuadros “modernos” o predicciones vacilantes. En lugar de eso, se baña en la poesía bíblica de Isaías, Jeremías y Apocalipsis, poesía que, cuando entra en nosotros, nos implanta una visión de un mundo mucho más diferente y mejor que el nuestro. Y cuando esta esperanza crece y se enraíza en nosotros, nos volvemos agentes de ella. ¡Siento gozo sólo de imaginarme expresándome en canciones que capturan el espíritu de Isaías 9:2-7, 25:6-9, 35:1-10, 58:5-14! ¿Quién escribirá estas canciones?Necesitan ser escritas porque las personas necesitan esperanza. Necesitan una visión de un buen futuro. Necesitan tener en sus mentes imágenes de la celebración, paz, justicia y plenitud hacia la cual nuestro mundo lúgubre, conflictivo, contaminado y fragmentado debe moverse. Esto es mucho, mucho más grande que canciones sobre mí en el cielo. No se trata de nubes e imágenes etéreas de otro mundo. Profundicen en estos pasajes, compositores, y permitan que sus corazones sean inspirados para escribir canciones de esperanza, canciones de visión, canciones que hospeden en nuestros corazones un sueño de un futuro que por mucho tiempo ha sido olvidado. El sueño del reino de Dios viniendo y la voluntad de Dios siendo hecha en la tierra como en el cielo.
  2. Del mismo modo, usted tal vez se sorprenda al escucharme sugerir que necesitamos canciones de misión. Muchos de nosotros creemos que un nuevo y más grande sentido de misión (no solamente misiones y no solamente evangelismo, sino misión: participación en la misión de Dios, el reino de Dios, el cual es mucho más grande y amplio que nuestros pequeños esquemas de auto engrandecimiento organizacional) es el elemento clave necesario para introducirnos al mundo postmoderno. Esto golpea el corazón de nuestra cultura consumista, la cual es “se trata todo de mí, todo de mí, mí, mí”. Jesús no vino para ser servido sino para servir y luego nos envió a nosotros para servir al mundo. El verdadero corazón de nuestra identidad como iglesia en la nueva teología emergente no es que somos las personas que han sido elegidas para ser bendecidas, salvadas, rescatadas y bendecidas aun más. Esta es una herejía propia de una verdad a medias que nuestras canciones están en peligro de expandir y enraizarse más y más en nuestra gente, inadvertidamente, por supuesto. No, el corazón de nuestra identidad como iglesia en la nueva teología emergente es que somos el pueblo que ha sido bendecido (como lo fue Abraham) para ser bendición, bendecidos para que podamos transmitir esa bendición al mundo.Para muchos de nosotros, el mundo existe para la iglesia. Es como una mina a cielo abierto y las personas extraen de esa mina lo que necesitan para construir la iglesia, que es lo que realmente importa. En la nueva teología y espiritualidad postmoderna emergente, esa imagen es terrible. Refleja la violación y el sabotaje del ambiente por nuestras empresas industriales modernas. En esto, la iglesia es otra industria, tomando y tomando para su propio beneficio. Cuán diferente es la imagen de la iglesia como la comunidad apostólica enviada al mundo como las manos, los pies, los ojos, la sonrisa y el corazón de Cristo. Necesitamos canciones que celebren esta dimensión de misión, buenas canciones, ¡y muchas! Ahora, para inspiración tenemos nuevamente que regresar a la Escritura y leer a los profetas, los evangelios y comprometer nuestro corazón con los pobres, los necesitados, los quebrantados. ¿No deberían estos temas ser expresados en una canción? ¿No se merecen eso? Mientras escribo, me estanco en este pensamiento: quizás hemos sobre enfatizado el rol de las canciones en la adoración, al punto de excluir muchas otras opciones litúrgicas (poesía, oraciones históricas, silencio, lectura de meditación, etc.) que hemos olvidado el rol de la canción en la enseñanza. ¿Recuerda Colosenses 3 donde Pablo habla de cantar los unos a los otros las enseñanzas de Cristo?
  3. Puede que una vez más se sorprenda al escucharme recomendar que redescubramos la espiritualidad cristiana histórica y la expresemos en nuestras letras. Como nos están enseñando Robert Webber, Thomas Odin, Sally Morgenthalery otros, que hay una riqueza de escritos espirituales históricos, incluyendo muchas oraciones hermosas, que claman por ser traducidos a una canción contemporánea.Cada área en la historia tiene ricos recursos que ofrecer, desde el período Patrístico al período Céltico hasta el período Puritano. En cada página de Thomas de Kempis, en cada oración de los grandes santos medievales, hay una inspiración esperando por nosotros, y cuando vemos las letras repetitivas y formulistas que millones de cristianos están cantando (porque eso es lo que estamos cantando amigos), la oportunidad desperdiciada es abrumadora. Estas “voces de antaño” expandirán nuestros corazones y los enriquecerán inmensurablemente, y con el tiempo, estas voces se volverán voces de amigos, de hermanos y hermanas, porque eso es lo que ellos son, si los invitamos a nuestra adoración a través de canciones.
  4. Probablemente se sorprenda menos al escucharme decir que necesitamos canciones que sean sencillamente acerca de Dios, canciones que den a Dios la preeminencia, por así decir: de Dios como Dios, del carácter de Dios, de la gloria de Dios, no solamente por el gran trabajo que Dios está haciendo al hacerme sentir bien. Y de la misma manera, necesitamos canciones que celebren lo que Dios hace por el mundo, por todo el mundo, no sólo por mí o por nosotros. Si no tiene idea de lo que estoy hablando lea los Salmos, porque a ellos les encanta celebrar lo que el Señor hace por toda la tierra, no solamente por el pueblo de Israel.Muchas de las canciones que necesitamos también celebrarán a Dios como Creador, un tema importante en la Escritura pero no para la mayoría de nuestras iglesias. Hemos carecido de una buena teología de la creación en la era moderna, y necesitamos compositores, artistas y teólogos que se unan a la cultura emergente para celebrar a Dios como el Dios de la creación, no solamente de hace 15 millones de años (o lo que sea) sino de hoy, de ahora, del Dios que conoce a cada pájaro que cae a tierra, cuya gloria todavía destella en el rayo, cuya bondad todavía cae como el rocío de la mañana, cuyos misterios todavía están plasmados en las profundidades del océano y en la vasta expansión del cielo nocturno.
  5. También debo mencionar canciones de lamento. La Biblia está llena de canciones que expresan lamentos, lo triste e inclusive canciones que reflejan la agonizante distancia entre lo que esperamos y lo que tenemos, lo que podríamos ser y lo que somos, lo que creemos, lo que vemos y sentimos. La honestidad es molesta y las canciones de lamento no siempre terminan con una frase como en las tarjetas de Hallmark o Preciosos Momentos que tratan de arreglar el dolor. Algunas veces pienso que estamos tan alegres que la única forma para estar más felices es estar más tristes, sintiendo el dolor de la enfermedad crónica, la pobreza desesperante, la enfermedad mental, la soledad, al que está anciano y olvidado, la minoría oprimida, la viuda y el huérfano.Este dolor debería encontrar su forma de expresión en una canción y estas canciones deberían de encontrar su manera de expresarse en nuestras iglesias. Lo más amargo hará lo dulce más dulce; sin lo más amargo, lo dulce puede volverse empalagoso, y muchas de nuestras iglesias se parecen a Disneylandia. ¿Es demasiado pedir que seamos más sinceros? Ya que la duda es parte de nuestras vidas, ya que el dolor y esperar y las todavía no resueltas decepciones son parte de nuestras vidas, ¿no pueden estas cosas ser reflejadas en las canciones de nuestras comunidades? ¿No pierden validez las canciones de ´celebración sin fin´ (e inclusive su credibilidad) sino cantamos de las luchas?
Mientras estoy en esto, ¿puedo ofrecerle unas cuantas observaciones estilistas y algunas peticiones, nuevamente, no tratando de ser crítico, sino tratando de ser útil y ofrecer formas en las cuales usted, con sus dones, puede servir de mejor manera a la iglesia y nuestra misión en estos tiempos de tanto cambio y transición? Lo haré en forma de preguntas:
Primero, ¿puedo sugerir que dejemos definitiva y completamente el español de la Versión Reina Valera en nuestras nuevas letras, inclusive si decidimos mantenernos en lo antiguo? No necesito decir más.
Segundo, ¿puedo sugerir que seamos cuidadosos respecto a usar lenguaje bíblico gratuito como Sión, Israel, ¡vamos adelante!, en lo alto, etc.? Si hay una buena razón para usar ese lenguaje, es decir, si lo estamos usando intencionalmente, no sólo para darle un ´toque espiritual´, entonces está bien. De otra manera si pudiéramos encontrar un lenguaje contemporáneo e imaginativo que comunique más refrescantemente, intensamente, inmediatamente y profundamente a las personas que no tienen mucho tiempo, entonces usémoslo, en el espíritu de 1 de Corintios 14, donde la inteligibilidad al que busca lo espiritual es una virtud del evangelio.
Tercero, ¿puedo sugerir que en una época de matanzas en escuelas y fundamentalismo islámico, seamos cuidadosos respecto al lenguaje de la ´jihad´ y guerra santa? Creo que hay un tiempo y lugar para eso, pero no creo que sea este. Todos necesitamos una fuerte dosis de paz anabautista en este momento, en mi opinión.
Cuarto, musicalmente, ¿soy el único deseando variedad rítmica? ¿Por qué estoy siendo tan bendecido por bateristas y percusionistas creativos donde quiera que voy?
Quinto, ¿pueden nuestros líderes de alabanza enriquecer la experiencia musical leyendo la Escritura, grandes oraciones de la iglesia histórica, credos, confesiones y poemas mientra hay un fondo musical? Quizá no le guste la música rap, pero ella está tratando de decirnos algo respecto al poder permanente de la palabra hablada, la palabra hablada bien elegida (ya tenemos demasiadas palabras mal elegidas, espero que esté de acuerdo conmigo).
Y finalmente, ¿pueden nuestros compositores comenzar a leer más buena poesía, buena prosa, para que puedan ser sensibilizados con los poderes del lenguaje, la gracia de una frase bien hecha, el deleite de descubrir una imagen, la estocada, el golpe, la caricia o la sacudida que son posibles si nos esforzamos un poco más y nos ensanchamos un poco más para el mundo que desea realmente escuchar la palabra que quiere ser dicha desde nuestro interior?
Tristemente, mientras muchas de nuestras canciones tienen mejor música, las letras todavía no están siendo actualizadas, una lleva a otra con un repugnante reciclaje de lenguaje plástico y trivialidad de papel. ¿No es nuestro Dios, nuestra misión, nuestra comunidad dignos de más calidad en nuestras letras que lo que estamos ofreciendo?
Gracias por considerar estas cosas. Espero que este sea el comienzo de una conversación seria y continua.
Su consiervo…
Brian McLaren.

viernes, 5 de julio de 2013

El discreto encanto de las sectas

"Lo mejor de la religión, es que crea heterodoxos" (Ernst Bloch)


Víctor Rey 
Las sectas no son un fenómeno propio de nuestro tiempo. Más bien, han constituido una realidad social cuyos orígenes más remotos se pierden en las primeras manifestaciones de la vida colectiva.
Desde el momento -ya lejano- en que el hombre se dio cuenta de su naturaleza grupal -ese instintivo rechazo de la mayoría a la soledad- fueron naciendo las más variadas formas de asociación humana.
La antropología enseña que la organización social tiende a la formación de núcleos centrales, o principales, de comunidad, pero éstos, a su vez, generan subcomunidades que se independizan de la fuente-madre y se estructuran aunque sea como oposición poco agresiva.  Pero, siempre se mantiene la idea central, separarse, sopretexto de que la comunidad principal no está cumpliendo con sus objetivos fundamentales.
Una supuesta pureza o una supuesta fidelidad a un ideal doctrinario no cumplido por la mayoría de los integrantes de una estructura societaria son, casi siempre, los móviles que empujan a la reparación.
La minoría se siente reforzada con respecto a la concepción de la mayoría, y en nombre de esa fuerza se decide la ruptura, o bien se opta por la dialéctica fidelidad de los pocos en contra de la traición de los muchos.
Cuando una secta nace sin aparente ánimo de ruptura con lo socialmente establecido, en el fondo la aparición se manifiesta por una vía indirecta, ya que la creación de la secta es el resultado de alguna insuficiencia colectiva.
En algunos casos, la dinámica de la secta es tan fuerte que, a través del paso del tiempo, llega a convertirse en una gama social amplia y de carácter general, abandonando así su condición de minoría selecta y autoelegida. Al principio, la rebelión de Lutero respondía a las características de una secta. Después, el subsistema religioso que creó se transformó en una comunidad principal, azotada también por los vientos de la fragmentación.
Históricamente, las sectas han sido clasificadas en tres categorías:
  1. Las que tienden a la “purificación” de sus seguidores
  2. Las que buscan imponer una ética de sumisión
  3. Las que persiguen una superación de lo humano para reintegrarse en una edad de oro mítica en la cual las facultades humanas están plenamente desarrolladas.[1]
Todas, en cualquier caso, desde el neolítico tienen que ver con cultos secretos a las distintas realidades de la naturaleza, con el suicidio colectivo como el de los seguidores de Jim Jones, y con las infinitas gamas del arcoíris de ritos de iniciación. Las sectas y sociedades ocultas tienen, además de una fundamentación sociológica, una base de explicación psicológica en la cual se confunden mecanismos de comportamiento perfectamente identificables por la medicina, con reacciones mentales de oscura procedencia aún no detectadas por la psiquiatría post-freudiana.
Por eso, la aproximación al fenómeno de las sectas es todavía una tarea llena de incógnitas, plagada de sorpresas y, en la medida en que algunos de sus sectores -tal vez los más importantes- permanecen enterrados en el misterio, las conclusiones que se puedan obtener serán siempre frágiles, insuficientes.  Este mismo hecho permite, por otra parte, distinguir a las sectas “auténticas” de las nuevas fabricaciones montadas fundamentalmente por razones comerciales.
En tiempos de inestabilidad y confusión como los que vivimos, las sectas encuentran un campo propicio para florecer. Pocas son auténticas sectas.  La mayoría se nutren de respetables necesidades espirituales y las exploran.
Los países altamente industrializados, aquellos que ya han entrado en la era post-industrial, generan una serie de neurosis y aflicciones personales. La soledad de la gran urbe, la satisfacción plena de todos los requerimientos materiales, el margen de tiempo de ocio y la variedad de los ritos sociales son todos causas que desatan un desordenado deseo de sentirse partícipes de una empresa que sea capaz de superar las mezquindades del medio.
Ser partícipe, integrarse, comprender algo más que la mera realidad transmitida por los sistemas masivos de comunicación, rebelarse en contra de lo establecido, explorar todas las posibilidades de los sentidos (el cuerpo, medio útil para acercarse a la divinidad, a cualquier divinidad) y buscar la fuerza de los supuestamente “elegidos”, son todos impulsos que llegan hasta las puertas de sectas de distinta índole.  Ellas ofrecen mitigar el dolor, liberarse de la culpa y respirar la libertad.  Todo eso -la superioridad, en una palabra- a cambio de la sumisión a una liturgia estricta y a una esclavitud liberadora que abarca al participante o miembro en todas las facetas de la vida.
Por ello, en toda secta, auténtica o no, hay envuelto un principio religioso, una posibilidad de tocar a la divinidad con la punta de los dedos. Por eso, el fenómeno preocupa a los líderes de las grandes religiones, a los educadores, a los sociólogos y a los médicos. Algo falla en la sociedad contemporánea. Algún mecanismo de integración no cuaja con las demandas de sectores importantes de la sociedad, algunos puentes se han cortado.  Porque, si bien sectas y sociedades ocultas han acompañado a los hombres en su camino histórico, nunca como hoy se había registrado una eclosión tan vidente de estos sustitutos de la soledad humana.
Las crisis son grandes productoras de sectas. En el siglo pasado, dos guerras mundiales y sucesivos dramas políticos y bélicos regionales han alimentado la inseguridad.  De esta inseguridad se han valido los hombres formadores de sectas para llevar las aguas a sus molinos. Y estas aguas se han incrementado en torrentes formidables alimentadas por el fanatismo; son respuestas seguras a la inestabilidad del ambiente.  Hoy, en pleno siglo XXI, las sectas se han transformado en un desafío, junto a los fundamentalismos e integrismos ofrecen una oferta variada para los que buscan certezas en lo religioso, lo político, lo social, lo económico y lo cultural.
El fanatismo, el envenenamiento del alma, el mal en su expresión máxima -aquella que no permite salvarse por medio de la vida, sino por la muerte – la enajenación colectiva y la falta absoluta de escrúpulos son los elementos más amados por algunas sectas.
Algunas conclusiones que podemos compartir son:
  1. El fenómeno sectario no abarcó sólo el campo de lo religioso, sino que es un desafío al conjunto de la sociedad.
  2. En su expresión concreta, las sectas se ofrecen como un rechazo frontal a la sociedad y, especialmente, a lo que esta considera como establecido. Sólo se puede afirmar negando lo existente. De ahí que no pueda reemplazar lo existente, ya que no se afirma en lo propio sino en lo que niega.
  3. Lo sectario se ofrece como negación de lo establecido puesto que lo percibe como constante de su necesidad de aparecimiento. Hay aquí una crítica a una sociedad que no conoce la autocrítica. La oposición de lo sectario es una forma de construirse para seguir su proceso histórico. En este sentido, la oposición de lo sectario es una manifestación concreta de una sociedad que está enferma. De aquí que la persecución y la pretendida intención de eliminar lo sectario por la fuerza no resuelva el problema de fondo, el no querer responsabilizarnos de nosotros mismo, poner nuestras dudas y temores sobre el tapete, e intentar una nueva manera de definir lo normativo que no es común,  redefiniendo una vez más el campo de lo sagrado y lo profano para reestablecer el equilibrio social.
Valga, para el estudio de lo sectario, aquello que dijo hace mucho tiempo el apóstol Pablo: “examinadlo todo, retened lo bueno”.

[1] En el ensayo “HISTORIA UNIVERSAL DE LAS SECTAS Y SOCIEDADES SECRETAS”, de Jean-Charles Pichón.  Editorial Bruguera, 2 tomos, Barcelona 1973.