lunes, 16 de agosto de 2021

En el aniversario 110 de su nacimiento

 

 

 


 ERNEST SCHUMACHER: LO PEQUEÑO ES HERMOSO

Víctor Rey

Descubrí la economía budista cuando cayó en mis manos el libro, “Lo pequeño es hermoso”, del economista E. F. Schumacher. Este libro lo leí, cuando estaba estudiando Ciencias Sociales en la Universidad Alberto Hurtado, en Santiago de Chile, allá por el año 1988, en uno de los cursos de Economía.  Es uno de los 100 libros más influyentes desde la Segunda Guerra Mundial. Me atrajo de inmediato su título, que ya decía mucho de su contenido y me ayudó mucho para entender la economía y poder apreciar esta ciencia desde una perspectiva más amigable y no tan técnica como se suele presentar.  También a adentrarme en la filosofía budista y su propuesta económica.  Schumacher nació en Bonn, Alemania el 16 de agosto de 1911 y falleció el 4 de septiembre de 1977 en Suiza.

Schumacher visitó Birmania como miembro del consejo de carbón británico para aconsejar al país en la adopción de un crecimiento al estilo oriental. Tras pasar un tiempo conociendo las costumbres del país, y estudiando sus máximas, se dio cuenta de que la economía occidental podría incorporar ideas del budismo para promover un crecimiento más sostenible y respetuoso con la naturaleza, que a la vez pudiese brindar al ser humano el completo desarrollo de sus facultades.

Una de las propuestas que me resulta más interesante es la economía budista, sobre todo porque tiene en cuenta las necesidades humanas y sus limitaciones, proponiendo un control sobre el ansia de querer siempre más. La finalidad es alcanzar un verdadero desarrollo del ser humano en todas sus dimensiones, como ser individual cuya acción va mucho más allá del mero consumo, que actúa en comunidad y se hace responsable de su entorno.

La economía occidental se centra en el interés individual. En cambio la economía budista desafía este concepto con la idea de la inexistencia de un ego permanente. Esto quiere decir que todo lo que uno percibe con sus sentidos trasmite una falsa idea de un “yo” inherente y real. Esto deriva inevitablemente en que se desarrolle una idea de “lo mío”, siendo esta la base del comportamiento egoísta.

El egoísmo no se considera producto de la maldad sino que es un error consecuencia del desconocimiento de la esencia real de las cosas. Es por esto que el ser humano tiene que desapegarse de este sentimiento. La economía basada en el interés personal y con un enfoque oportunista y materialista está condenada al fracaso. En contrapunto proponen promover la generosidad, ya que el ser humano es un actor cooperador motivado por mejorar su entorno. Los individuos y colectividades que cooperan sobreviven, prosperan y funcionan.

El segundo factor que diferencia ambos conceptos es la búsqueda de maximización de beneficios, mientras que la budista enfatiza la importancia de minimizar el sufrimiento. La manera de minimizar el sufrimiento es promoviendo la simplificación de los deseos, de manera que se calme el ansia consumista y materialista y la frustración que conlleva el querer siempre más y lo mejor. Una vez las necesidades básicas del hombre están cubiertas (comida, ropa, refugio, medicinas) el resto de necesidades materiales debe ser minimizado.

La visión del mercado y el crecimiento también dista en ambas visiones. Los enfoques occidentales tienen como objetivo maximizar los mercados hasta el punto de saturación mientras la economía budista tiene como objetivo minimizar el daño. Tienen en cuenta actores primordiales como las futuras generaciones, el medio ambiente y los pobres, que no están correctamente representados porque no gozan del mismo poder que los actores más poderosos y ricos. Es por ello que el mercado no es imparcial y no es representativo de la economía. El concepto de Ahimsa (no cometer acciones que puedan ocasionar daño a uno mismo o a los demás) urge a encontrar soluciones de una manera colectiva y participativa.

Desde el punto de vista budista, no hay nada negativo en el progreso económico, a no ser que ese progreso económico promueva el apego a los bienes materiales y la avaricia. El crecimiento económico que conlleva una reducción de sufrimiento es bienvenido, ya que alivia los efectos negativos de la pobreza. Lo que importa en este caso es la manera en que se genera la riqueza, si ésta se genera a través de un trabajo digno y respetuoso donde se fomenta la confianza, permite a los individuos tener una seguridad económica y poder estar libres de deudas, cuidar de sí mismos y de su comunidad. Esto lleva a desincentivar la maximización de beneficios como fin en sí mismo e impulsar la importancia de la producción a pequeña escala, local, adaptable y sostenible.

Una economía budista considera que el consumo es un medio para el bienestar humano. El objetivo se trata de maximizar el bienestar con un consumo mínimo.

El trabajo debe ser debidamente apreciado y darse con unas condiciones dignas, de manera que impulse al hombre a producir, dar lo mejor de sí mismo y desarrollar su personalidad. La liberación que supone para el hombre dejar de estar enfocado exclusivamente a maximizar sus ingresos y destinar su tiempo a largas jornadas laborales, le permite tener más dedicación a actividades que repercutan en el bienestar de la comunidad. La persona que se puede ganar la vida con un trabajo digno, puede invertir su tiempo también a fortalecer los lazos que lo unen con el resto de individuos de su comunidad. Está demostrado que la inversión en las relaciones interpersonales tiene un impacto positivo en el bienestar.

El concepto de Producto Nacional Bruto (PIB), incompleto para medir el bienestar, es sustituido por la Felicidad Nacional Bruta (FNB). Este indicador mide el bienestar y la felicidad a través de varios factores como el bienestar económico, el ambiental, la salud física y mental y el bienestar laboral, social y político.

Teniendo en cuenta la época en que las ideas de Schumacher fueron planteadas, se puede considerar que transmiten propuestas que en su mayoría son totalmente vigentes hoy en día como la importancia de las energías renovables, pensar más allá del PIB, promover el comercio local y una producción eficiente. En una economía budista se busca pues el consumo óptimo, no el máximo.

La manera en que experimentamos e interpretamos el mundo depende mucho del tipo de ideas que tenemos. Si las ideas son principalmente débiles, superficiales e incoherentes, la vida parecerá también insípida, aburrida, insignificante y caótica. La economía budista defiende la idea de una economía que permita al hombre desarrollar sus facultades y liberarlo del deseo de querer siempre más. Para el desarrollo de estas facultades se requiere una revalorización de lo que verdaderamente satisface al hombre y una limitación de los deseos sin sentido, donde la óptima asignación del trabajo permita estar en un equilibrio y gozar de un nivel de bienestar con lo que se tiene.  Creo que la propuesta de Schumacher tiene hoy más vigencia que nunca es una alternativa real para aplicarla en América Latina.

sábado, 7 de agosto de 2021

Sobre la importancia de la Sociología de la Religión

 

                                                           


SOBRE LA SOCIOLOGIA DE LA RELIGION

“Lo mejor de la religión, es que crea heterodoxos.” (Henry Bloch)

Víctor Rey

 

En este último tiempo la Sociología de la Religión se ha puesto de actualidad debido a que el fenómeno religioso ha requerido ser  analizado en el pasado y a percibirlo en sus distintas manifestaciones actuales. ¿Qué es la religión, qué funciones cubre, qué formas adopta, con qué otros aspectos de la vida en sociedad está relacionada? La Sociología considera la religión tan esencial como inevitable en tanto que construcción cultural que pretende dar sentido y significado a la vida. Cada sociedad asigna un lugar a lo trascendente, lo sagrado, lo divino, que cristaliza en unas representaciones sociales concretas; éstas pueden adoptar la forma de religiones institucionalizadas o de sacralizaciones de lo profano.

La Sociología de la Religión es el estudio de los comportamientos, estructuras sociales, evolución y de los roles de las religiones en las sociedades humanas. Intenta explicar la influencia que las religiones tienen en el comportamiento colectivo del ser humano y de este en las religiones, es decir la interacción recíproca.

La Sociología de la Religión como objeto y la Religión  como objeto de estudio es algo complejo, que muchas veces  se tiene que abordar en forma interdisciplinaria.  La Religión muchas veces o en forma preferencial es estudiada por la Teología.

La Sociología considera a la Religión en sus manifestaciones externas, como un hecho social. Hoy después de los estudios de Max Weber sobre la ética protestante calvinista y el desarrollo del capitalismo, nadie duda que la Religión sea configurada y condicionada por la sociedad, y al mismo tiempo que esta, la sociedad es condicionada por la Religión.  La Religión y la sociedad como hecho religioso y social, se encuentra siempre interrelacionado y es por su propia situación y configuración social, interdependiente.

La Sociología de la Religión no niega el origen sobrenatural de los hechos religiosos, tampoco los afirma, simplemente analiza estos fenómenos desde un punto de vista empírico que lógicamente, es distinto al filosófico o al teológico.  Las experiencias religiosas colectivas, como los ritos, los cultos y las creencias y dogmas permiten cohesionar a un grupo alrededor de un conjunto de prácticas que trascienden a los individuos, definición que implica la generación de una comunidad de fieles.

Max Weber en su libro “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” nos dice que la ética calvinista es decir esa religión, habría sido el desencadenamiento del capitalismo moderno, tesis esta opuesta al determinismo de Karl Marx.  Todo esto demuestra que el hecho religioso es en sí mismo un hecho social, tiene una repercusión social, y que la sociedad a su vez determina el hecho religioso.

La Religión  además de elementos trascendentes y mistéricos, cuenta también con elementos observables, medibles y comparables y como tales, pertenecientes al campo de análisis de la Sociología.  La Religión en su origen y en sus vivencias personales íntimamente puede ser reducida al campo experimental, es objeto de análisis de otras ciencias, tales como la Teología  y la Filosofía. Pero en sus aspectos  y manifestaciones  externas: ritos, valores exigencias éticas, visión del mundo y del ser humano, existencias de estructuras, de una jerarquía, de un orden social, etc. Es objeto específico de la Sociología como ciencia, que se ocupa  de la conducta humana, de la interacción y de las estructuras sociales.

El interés por la religión desde la sociología y su interacción social comenzó a fines del siglo XIX y comienzos del XX, recibiendo el aporte de grandes teóricos  entre los que destacan Emile Durkheim, Max Weber y Karl Marx. Ellos desarrollaron complejas teorías acerca de la naturaleza y efectos de la religión. Para los tres la religión constituye una variable social de suma importancia.

Una cuestión central de la Sociología de la religión en tanto que disciplina científica, es la aptitud de predecir tendencias sociales.

La modernización, procedente de la Ilustración, en su dimensión de racionalización de la vida transformó la concepción de lo religioso: produjo el "desencantamiento del mundo". Es decir, el hombre, la técnica y la ciencia ocuparon el centro y parecía no quedar espacio para “los dioses”. Se preveía la desaparición de la religión pero ésta atraviesa hoy momentos de gran vigencia. ¿Cómo entender esta aparente paradoja? "lo religioso no desaparece sino que se transforma". La constante readaptación de “lo religioso” es un aspecto esencial para comprender nuestra realidad pero es necesario entender el hecho religioso más allá de las religiones institucionalizadas.  Aquí entra la misión que tiene la Sociología de la Religión para estudiar el fenómeno social que es la religión. 

Preguntas para conversar:

1.-  ¿Cuál es la función de la religión en la sociedad?

2.-  ¿por qué la religión es un hecho social?

3.- ¿Cómo definiríamos lo que es una religión y lo religioso como fenómeno social?

4.-  Los científicos sociales de los siglos XIX y XX pronosticaron  la muerte de las religiones ¿Por qué cree usted que esto no sucedió?

5.-  ¿A qué factores usted determinaría el crecimiento de los fundamentalismos en las diversas religiones en el mundo de hoy?

martes, 3 de agosto de 2021

En el aniversario 91 de su nacimiento

                                                                                 


EL LEGADO DE PIERRE BOURDIEU: ALERTA CON LA TELEVISION

 

Víctor Rey

 

El 23 de enero del 2002 murió uno de los intelectuales más controvertidos e importantes de las ciencias sociales europeas, el sociólogo francés Pierre Bourdieu, ferviente activista político que se involucró con movimientos alternativos de izquierda y criticó ácidamente el neoliberalismo.

 

Tuve la ocasión de conocer parte de su obra cuando hice mis estudios de Comunicación Social en la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica.  De inmediato atrajeron mi interés sus opiniones sobre la sociedad y los medios de comunicación.

 

Este pensador nació el 1 de agosto de 1930 en el seno de una familia sencilla, curso sus estudios en la École Normale Supériure de París.  Entre otros temas se dedicó al análisis de los mecanismos de dominación social; criticó la ideología neoliberal y lanzó dardos contra sus pares, a quienes acusaba de no bajar del "olimpo" intelectual.

 

Bourdieu fue profesor en el College de France y director de estudios de la École des Hautes Études en Sciences Sociales.  Dirigió la revista "Actes de La Recherche en Sciences Sociales" y fundó la editorial "Liber-Raisons d´ Agir".

 

Sus últimos años los dedicó al estudio sobre el papel de los medios de comunicación y del campo periodístico en la construcción de la realidad, publicando sus reflexiones en obras como "Sobre la televisión" (1996).

 

En este libro el sociólogo enunciaba en el prefacio, en forma directa y certera, su lapidaria tesis sobre el peligro que dicho aparato representaba:

 

"Pone en muy serio peligro las diferentes esferas de la producción cultural: arte, literatura, ciencia, filosofía, derecho; creo incluso, al contrario de lo que piensan y lo que dicen, sin duda con la mayor buena fe, los periodistas más conscientes de su responsabilidades, que pone en un peligro no menor la vida política y la democracia".

 

Los argumentos que entrega Bourdieu para fundamentar su pensamiento están basados en los mismos mecanismos que constituyen a la televisión.  El sociólogo analiza la limitación de tiempo que se viven el escenario, la imposición de temas, la existencia de "agentes" llamados a poner orden, y las variables económicas a las cuales está sujeto el medio.

 

Este último factor es fundamental para la tesis del sociólogo galo, ya que afirma que lo que más pesa sobre la televisión es la coerción económica.  En este sentido cabe mencionar tanto a las empresas que pagan por publicidad, al Estado que otorga subvenciones, como a los grupos económicos que son dueños de estaciones de televisión.

 

La variable económica es la que más pesa sobre la transparencia que la televisión debería tener, ya que en muchas ocasiones, a juicio de Bourdieu, no se tratan temas que pueden afectar a los intereses de quienes financian a los canales, generando una censura provocada por la coerción económica.

 

Además está el factor de los índices de audiencia, el cual impera en todos los medios de comunicación y opera como sanción del mercado.  Como señala Bourdieu "en todas partes se piensa en términos de éxito comercial".

 

Para el sociólogo, el análisis de los mecanismos de la televisión no puede estar separado de quienes trabajan en el medio, en este caso los periodistas.  En este sentido, reflexiona sobre los noticiarios de la televisión, a los que califica como sucesión de hechos en los cuales se explotan "las pasiones más primarias" y que parecieran no tener la menor importancia.  Sin embargo, señala que "si se emplean unos minutos tan valiosos para decir una cosas tan fútiles, son en realidad muy importantes, en la medida en que ocultan cosas valiosas".

 

En este punto, el sociólogo ve un factor de peligro para la democracia, ya que un sector nada despreciable de la población no lee periódicos y sólo tiene como fuente de información a la televisión, la que al privilegiar sucesos intrascendentes "deja de lado las noticias pertinentes que debería conocer el ciudadano para ejercer sus derechos democráticos".  Se produce así una división entre quienes tienen todo el bagaje político e informativo, y quienes no tienen acceso a ello.

 

Punto aparte merece el papel de "constructor" de la realidad que tiene la televisión.  La crítica de Bourdieu apunta a que en vez de ser un instrumento que refleja la realidad, crea una realidad, crea una realidad fragmentada, que le otorga tribuna a hechos que no son de real importancia, dejando de lado a un sinnúmero de actores sociales que deberían figurar para beneficio de la democracia.  Así, el francés señala que "el hecho de informar de manera periodística implica siempre una elaboración social de la realidad capaz de provocar la movilización (o la desmovilización) social".

 

Analizando el ejemplo de los debates televisivos, Bourdieu reflexiona sobre otro elemento que plantea un problema de "máxima importancia desde el punto de vista de la democracia", y es que en la televisión no existe igualdad, ya que hay verdaderos profesionales que saben cuáles son los mecanismo que allí se manejan, frente a actores "aficionados" que pueden ser pobladores o huelguistas que no saben manejar los códigos televisivos, produciéndose entre ellos una desnivelación evidente.

 

A esto se suma la función específica de los periodistas.  Para Bourdieu, "los periodistas poseen unos "lentes" particulares con los cuales ven unas cosas y no otras, y ven de una forma determinada lo que ven.  Llevan a cabo una selección y luego elaboran lo que han seleccionado".

 

Esta selección está marcada por la búsqueda de lo sensacional y espectacular, exagerando la importancia de algunas situaciones.  Aquí entra en juego otro elemento en contra, que es la "circulación circular de la información", ya que además de compartir características comunes, los periodistas se leen entre ellos.  Tal como lo señala Bourdieu, "nadie lee tanto los periódicos como los periodistas", agrega que se ven mutuamente y que se encuentran siempre en las mismas instancias. Provocando un verdadero círculo vicioso de la información ya que se informan a través de otros informantes.

 

Si de algo se quejan los filósofos o sociólogos que van a la televisión es de la urgencia que se vive en ese medio.  Es como ver a determinado invitado que en medio de su reflexión es interrumpido porque "el tiempo es oro".

 

En este caso, Bourdieu plantea que la urgencia de la televisión es provocada por la competencia por tener la primicia de lo que sea, lo que a su juicio atenta directamente contra la expresión del pensamiento.  Aquí aparece el paradigma platónico por excelencia: cuando se está oprimido por la urgencia, no se puede pensar.  Esto en televisión se traduce en personas que no pueden pensar, por la urgencia de medio, y para salir del paso echan mano a ideas preconcebidas o a "tópicos".

 

Alguien señaló recientemente en un reportaje sobre Bourdieu que este sociólogo francés encontraba todo malo.  Sin embargo, cabe señalar también que sus apreciaciones están fundadas en años de estudio y en una posición crítica frente a la complacencia imperante en los medios de comunicación, en el sistema de mercado y de muchos pensadores postmodernos.  Lo que aquí señalamos es sólo una pequeña muestra de las reflexiones que ocuparon a Bourdieu, ya que su obra "Sobre la Televisión" tiene hoy más actualidad que nunca