jueves, 17 de diciembre de 2020

En su cumpleaños 72


 

GIOCONDA BELLI, O LA POESIA HECHA EROSTISMO

Víctor Rey



“A todos amo con un amor de mujer, de madre, de hermana, con un amor que es más grande que yo toda, que me supera y me envuelve como un océano donde todo el misterio se resuelve en espuma…” (Gioconda Belli)

La primera vez que supe de la poetisa Gioconda Belli, fue a través de uno de sus poemas que apareció en una revista semiclandestina en la última tapa, a principios de los años ochenta en el Chile de Pinochet. El poema se llama: “Reglas del juego para los hombres que quieren a amar a mujeres”. El poema me pareció tan hermoso y profundo, me dedique a averiguar quién lo había escrito y descubrí que su autora era nicaragüense y que había participado en la revolución sandinista. Me llamó la atención que su poesía combinaba el erotismo con lo social y lo político, una mezcla exuberante. Luego descubrí otros poemas como: “Como tinaja”, “Biblia”, “Esto es amor”, “Y Dios me hizo mujer”, “¡Ah, Nicaragua!”. Han pasado los años y en una oportunidad que estuve en Managua, me topé con un recital de Gioconda Belli en el Teatro Rubén Darío. La sala estaba repleta y el silencio era religioso al escucharla. Disfruté en primera fila ese recital y después tuve la oportunidad de saludarla, me autografío uno de sus libros y conversamos un breve tiempo. Me llamo atención su belleza y disposición para intercambiar algunas opiniones sin prisa y con amabilidad, sabiendo que había una fila esperando sacarse una foto con ella y para saludarla.

“El amor de mi hombre no conocerá el miedo a la entrega, ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento en una plaza llena de multitudes. Podrá gritar -te quiero- o hacer rótulos en lo alto de los edificios proclamando su derecho a sentir el más hermoso y humano de los sentimientos.

El amor de mi hombre no querrá rotularme y etiquetarme, me dará aire, espacio, alimento para crecer y ser mejor, como una revolución que hace de cada día el comienzo de una nueva victoria.” (De Reglas del juego para los hombres que quieran amar a mujeres)

Gioconda Belli nació el 9 de diciembre de 1948 en Managua (Nicaragua). Vivió en el seno de una familia acomodada, su padre, Humberto Belli, era empresario y su madre, Gloria Pereira, fue fundadora del Teatro Experimental de Managua. Gioconda fue la segunda de cinco hermanos. Estudió en el Colegio de La Asunción en Managua y en el Real Colegio de Santa Isabel en Madrid, España, donde obtuvo el bachillerato en 1965. Tras obtener un diploma en Publicidad y Periodismo en Filadelfia, Estados Unidos, regresó a Managua y en 1967 contrajo matrimonio. Su primera hija, Maryam, nació en 1969. Sus poemas aparecieron por primera vez en 1970 en el semanario cultural del diario La Prensa de ese país. Su poesía, considerada revolucionaria en su manera de abordar el cuerpo y sensualidad femenina, causó gran revuelo. Su libro “Sobre la grama” le ganó en 1972, el premio de poesía más prestigioso del país en esos años, el “Mariano Fiallos Gil” de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua.

Fue una firme opositora a la dictadura de Somoza, por lo que tuvo que exiliarse a México y Costa Rica y se integró a las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional, organización en la que militó desde 1970 hasta 1994. Fue miembro de la Comisión Político-Diplomática del FSLN. Fue correo clandestino, transportó armas, viajó por Europa y América Latina obteniendo recursos y divulgando la lucha sandinista. En 1978, obtuvo el prestigioso Premio Casa de las Américas (Cuba) en el género poesía por su libro Línea de Fuego. Belli se casó por segunda vez y tuvo a sus hijos Melisa y Camilo. Tras el triunfo sandinista fue representante sandinista ante el Consejo Nacional de Partidos Políticos y vocero del FSLN en la campaña electoral de ese año. Dejó la vida política para dedicarse a escribir su primera novela, sin dejar nunca de lado la poesía. En 1988, Belli publicó su primera novela La Mujer Habitada, que fue un éxito clamoroso de amplia resonancia internacional.

En 1990, se publicó la segunda novela, Sofía de los Presagios. En 2001 apareció en El País bajo mi piel, un testimonio-memoria de sus años en el sandinismo.
Se casó por tercera vez en 1987 con Charles Castaldi con el que tiene una hija, Adriana, nacida en 1993. En febrero del 2008 publicó su última novela El infinito en la palma de la mano, galardonada con el Premio Biblioteca Breve 2008 de la editorial española Seix Barral, y recientemente con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz.

Gioconda Belli sigue preocupada de su Nicaragua en estas horas oscuras. Dice que nunca pensó que viviría otra dictadura y que Daniel Ortega se ha transformado en otro Somoza. Y termina con esta frase: “La izquierda fracasó en América Latina por una tendencia totalitaria. Es una gran desilusión para los que somos de izquierdas, pero perdió la imaginación y ha querido que el costo de la justicia social sea la libertad.”

miércoles, 9 de diciembre de 2020

En el día de los Derechos Humanos

 



EN EL DIA DE LOS DERECHOS HUMANOS

Víctor Rey



El 10 de diciembre de cada año, el mundo conmemora el día en que, en 1948, la Asamblea General de la Naciones Unidas adoptó la Declaración de los Derechos Humanos y proclamó sus principios como el ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse.

Cada año, el Día de los Derechos Humanos constituye una oportunidad para todos reavivar el espíritu que impulsa la larga lucha de la humanidad en favor de los derechos y la dignidad y de movilizarse en contra de los antiguos y nuevos desafíos, como la pobreza y la desigualdad, la violencia, la exclusión y la discriminación.

Actualmente, millones de mujeres y hombres de todo el mundo abandonan sus hogares y ponen en peligro su vida y la de sus familiares en busca de un futuro mejor. Los desplazamientos sin precedentes de personas afectan a las sociedades de todas las regiones del planeta. Por doquier, los más pobres y marginados siguen siendo los que más sufren. Esto lo podemos ver día a día en cualquier país de América Latina.

Esta situación es inaceptable y la respuesta debe ser un llamamiento a la acción por parte de los gobiernos, las iglesias y la comunidad internacional. Pero, sobre todo, esta situación exige que cada uno de nosotros defienda los derechos de los demás. Este esfuerzo es esencial para avanzar en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y cumplir la promesa de no dejar a nadie rezagado.

Debemos reflexionar y trabajar en todos los ámbitos para empoderar a las mujeres y los hombres de las diversas comunidades de modo que puedan defender sus propios derechos y de los demás. La plena realización de los derechos humanos depende de que todos tengan acceso a la educación, la fuerza más poderosa de que disponemos para alcanzar el desarrollo humano, el respeto y la tolerancia. En este marco se inscribe nuestra labor para defender la libertad de expresión y de información y para reforzar la seguridad de todos los habitantes de la Tierra. De ahí la importancia de velar por el derecho de cada mujer y cada hombre a tomar parte en la vida cultural y a inspirarse en otras culturas para mejorar la convivencia.

Al defender los derechos de los demás, defendemos también la humanidad que compartimos. En un mundo de turbulencias, esta solidaridad nunca antes había sido tan importante, para celebrar la diversidad que enriquece nuestra vida y defender los valores que nos unen. Cada uno de nosotros debe alimentar, compartir y promover esta idea en su propia vida, a través del respeto mutuo, la comprensión y el diálogo. De esta manera, juntos fortaleceremos los cimientos de una sociedad más inclusiva, pacífica, humana, diversa y tolerante.

sábado, 5 de diciembre de 2020

¡Que Viva Quito! En sus 486 años de su fundación

                                                                 


¡QUE VIVA QUITO!


Víctor Rey


La primera vez que pasé por Quito fue a fines del año 1980. Con tres amigos chilenos viajamos por bus desde Chile a Colombia para participar en un seminario de capacitación en Bogotá. Allá en Colombia un amigo ecuatoriano me preguntó que me había parecido Quito. La verdad es que no supe contestar ya que en un viaje tan largo solo quería llegar pronto al destino. Al regreso de ese evento decidí poner atención y fijarme más en esta ciudad y sus detalles. Realmente me impresionó y lamenté no tener tiempo para conocerla mejor. La vida me dio la oportunidad de visitar Quito y el privilegio de vivir por ocho años en esta bella ciudad. Creo que soy afortunado, ya que vivir rodeado de montañas verdes, donde amanece a las seis de la mañana con un sol radiante y donde la temperatura es primaveral todo el año es algo maravilloso. Por esta razón ahora que se cumplen 486 años de su fundación, por Sebastián de Benálcazar en 1534, comparto la riqueza de esta urbe moderna y tradicional, rica en cultura, historia, y arte, invitándolos a visitarla y caminar pos sus calles y sus 25 parques que están a vuestra disposición. También para saborear su rica gastronomía y disfrutar de la cálida amistad del quiteño. Dice un dicho que uno no es de donde nace sino de donde quiere morir. Yo digo que uno no es de donde nace sino de donde quiere vivir y yo quiero vivir en Quito.


Quito, Patrimonio Cultural de la Humanidad, está rodeada de valles y escoltada por hermosos volcanes activos. Desde la mitad del mundo, Quito resplandece con el cielo más azul del equinoccio y con su gente amable y trabajadora; es el centro del mundo de la cultura y de la libertad. “Quito Ciudad Convento” o “Claustro de América”, “Relicario de Arte en América”, “Quito Luz de América”, “Capital Iberoamericana de la Cultura” “Carita de Dios”, son algunos de los títulos que le han llevado a esta bella y franciscana ciudad a ser la capital más hermosa de América Latina.


Quito es una ciudad donde los matices coloniales de su centro histórico contrastan con sus modernos edificios del presente. Un lugar que guarda los enigmas de una historia milenaria, la magnífica herencia del encuentro de dos mundos y los secretos de la cultura del mestizaje que lo llevaron a convertirse, el 8 de septiembre de 1978, en la primera ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, que posee el perímetro más amplio de arquitectura colonial de América Latina. La Plaza de la Independencia, también llamada “Plaza Grande” sigue representando el corazón fundamental de la capital ecuatoriana como en tiempos de la colonia, está flanqueada por la casa de Gobierno o Palacio de Carondelet, el Palacio Arzobispal, la Catedral Metropolitana y el Palacio Municipal.

En el Centro Histórico existen detalles muy llamativos que se han mantenido por más de 500 años y que reflejan el alma de la ciudad, como la Calle de las Siete Cruces, la Cuesta del Suspiro, el Arco de la Reina, la Plaza de San Francisco, La Ronda o la Calle de los Milagros, porque no es solo una exposición monumental, sino una estructura viva, donde la modernidad no ha anulado las formas tradicionales de ser de los quiteños, alegres, dicharacheros, ingeniosos, generosos y amantes de reunirse en una esquina para cumplir con un ritual básico de la vida en comunidad.

El barrio La Ronda es en uno de los sectores más emblemáticos del Centro Histórico de Quito. Fue el corazón bohemio de esa zona de la ciudad a mediados del siglo XX; en su estrecha calle encontrará restaurantes, bares, cafetines poetas, músicos, que se contrastan con la modernidad de la zona norte, un escenario cosmopolita con variedad de atractivos como el sector de La Mariscal y la Plaza Foch, donde se concentran los servicios turísticos como hoteles, hostales, restaurantes o locales para la diversión y la gastronomía.

Las calles quiteñas aún conservan su peculiar y sinuoso trazado, en donde los visitantes perciben la nostalgia de sus tradiciones y reviven los fantásticos efectos de sus leyendas que dan un toque virtuoso y mágico a Quito, que mantiene viva su expresión cultural y arquitectónica sin que los efectos de la modernidad le hicieran cambiar.

Otro factor de gran atractivo y que le brinda el sello peculiar a esta ciudad constituye el volcán Pichincha, en cuyas agrestes faldas se extiende la ciudad, dando la impresión de cobijarse entre los muros de este coloso natural, que además concentra un gran significado histórico para el país, pues allí, en 1822, se libró la batalla de la Independencia.

El Museo de la Ciudad, el Centro Cultural Metropolitano, el Convento de San Agustín, la Capilla Sixtina, el Museo Nacional de Arte Contemporáneo, el Museo de Cera, entre otros, son sitios indispensables para nutrirse de la historia y la cultura de la ciudad.

Quito también es dueña de algunas de las más importantes joyas de la arquitectura colonial, donde predomina el estilo de arte barroco, una herencia iberoamericana en la cual se combinan temas y tonos propios de la región andina con la influencia artística europea: rostros indígenas, paisajes autóctonos, colores brillantes, animales como llamas o cuyes, íconos como el sol para los incas, entre otros elementos, que configuraron un mestizaje dando lugar a lo que se conoce como la corriente del “barroco quiteño”, que contó incluso con su propia escuela de artes y oficios, conocida como la “Escuela Quiteña”.

Si el turista quiere conocer el arte barroco debe visitar la Compañía de Jesús que constituye una de las obras más significativas y más bellas de la arquitectura suramericana, y por lo tanto constituye uno de las mayores obras de dicha corriente estética en el mundo. Su fachada es muy bien decorada y elegante, por dentro el templo es impresionante, al levantarse todo cubierto de oro. La Compañía es una joya del pasado que permanece intacta en el presente.

Pero si al viajero le gustan las leyendas nada mejor que visitar la iglesia de San Diego para conocer la leyenda del “Padre Almeida” o la Iglesia de San Francisco, para conocer la leyenda de “Cantuña”.

También puede visitar la iglesia de la Catedral, fundada originalmente en 1535, ya que posee una mezcla de varios estilos como Barroco, Mudéjar, Rococó, Neogótico y Neoclásico; mientras que en el interior de la Iglesia de Santo Domingo se encuentran valiosas estructuras. Una de las joyas barrocas que se cuida celosamente en esta iglesia es la Capilla del Rosario, que constituye una obra significativa de la arquitectura quiteña.

Para intentar comprender esta encantadora ciudad de extremos, conviene subir a uno de sus lugares más tradicionales: el Cerro del Panecillo, mirador a 3.000 metros de altitud desde donde se contempla, inmensa y complicada, la extensión capitalina, con su casco antiguo agazapado bajo sus tejas coloradas entre esta loma y el parque de La Alameda, y rodeado por inmensos barrios nuevos surcados por anchas avenidas.

Pero si quiere dominar todo el panorama y admirar la ciudad, los valles y la Avenida de los Volcanes, denominada así, por el infatigable geógrafo y científico alemán, Alexander Von Humbolt, que llegó al Ecuador, en 1812, nada mejor que subir al Teléferico ubicado a 4.050 msnm.

El Quito moderno se forja en los años 50 del siglo XX, cuando la avenida Colón deja de ser el límite de la ciudad y se consolidan los barrios de La Mariscal y cuando se construye el Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre y el Estadio Olímpico Atahualpa. Para algunos historiadores esto fue lo que “jaló” a la ciudad hacia el norte. Poco a poco se extendieron hacia el norte las avenidas Seis de Diciembre, Diez de Agosto, Amazonas y Eloy Alfaro, alrededor de las cuales surgieron grandes urbanizaciones, edificios y espacios para la diversión, como el parque La Carolina.

La ciudad continuó su crecimiento hacia el norte durante los años 70, que coinciden con el llamado “boom petrolero”. Se acelera la construcción de viviendas, edificios, centros comerciales, locales de diversión y entretenimiento. Y lo que solo era un espacio residencial se convierte en la zona del “boom comercial”.

También se encuentra el barrio La Mariscal, donde no solo se concentran los servicios turísticos sino que conserva las mansiones del siglo XX que se han convertido en hoteles, hostales, restaurantes o locales para la diversión y la gastronomía. El corazón de ese barrio capitalino es la plaza El Quinde conocida como la plaza Foch, un lugar de encuentro y disfrute culturales y gastronómicos.

Quito es una de esas ciudades que pueden hechizar y conquistar el errante corazón del viajero en busca de visiones para la memoria de su retina; pero también es un laberinto de sensaciones donde cada uno debe encontrar su rincón favorito.