miércoles, 9 de diciembre de 2020

En el día de los Derechos Humanos

 



EN EL DIA DE LOS DERECHOS HUMANOS

Víctor Rey



El 10 de diciembre de cada año, el mundo conmemora el día en que, en 1948, la Asamblea General de la Naciones Unidas adoptó la Declaración de los Derechos Humanos y proclamó sus principios como el ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse.

Cada año, el Día de los Derechos Humanos constituye una oportunidad para todos reavivar el espíritu que impulsa la larga lucha de la humanidad en favor de los derechos y la dignidad y de movilizarse en contra de los antiguos y nuevos desafíos, como la pobreza y la desigualdad, la violencia, la exclusión y la discriminación.

Actualmente, millones de mujeres y hombres de todo el mundo abandonan sus hogares y ponen en peligro su vida y la de sus familiares en busca de un futuro mejor. Los desplazamientos sin precedentes de personas afectan a las sociedades de todas las regiones del planeta. Por doquier, los más pobres y marginados siguen siendo los que más sufren. Esto lo podemos ver día a día en cualquier país de América Latina.

Esta situación es inaceptable y la respuesta debe ser un llamamiento a la acción por parte de los gobiernos, las iglesias y la comunidad internacional. Pero, sobre todo, esta situación exige que cada uno de nosotros defienda los derechos de los demás. Este esfuerzo es esencial para avanzar en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y cumplir la promesa de no dejar a nadie rezagado.

Debemos reflexionar y trabajar en todos los ámbitos para empoderar a las mujeres y los hombres de las diversas comunidades de modo que puedan defender sus propios derechos y de los demás. La plena realización de los derechos humanos depende de que todos tengan acceso a la educación, la fuerza más poderosa de que disponemos para alcanzar el desarrollo humano, el respeto y la tolerancia. En este marco se inscribe nuestra labor para defender la libertad de expresión y de información y para reforzar la seguridad de todos los habitantes de la Tierra. De ahí la importancia de velar por el derecho de cada mujer y cada hombre a tomar parte en la vida cultural y a inspirarse en otras culturas para mejorar la convivencia.

Al defender los derechos de los demás, defendemos también la humanidad que compartimos. En un mundo de turbulencias, esta solidaridad nunca antes había sido tan importante, para celebrar la diversidad que enriquece nuestra vida y defender los valores que nos unen. Cada uno de nosotros debe alimentar, compartir y promover esta idea en su propia vida, a través del respeto mutuo, la comprensión y el diálogo. De esta manera, juntos fortaleceremos los cimientos de una sociedad más inclusiva, pacífica, humana, diversa y tolerante.

sábado, 5 de diciembre de 2020

¡Que Viva Quito! En sus 486 años de su fundación

                                                                 


¡QUE VIVA QUITO!


Víctor Rey


La primera vez que pasé por Quito fue a fines del año 1980. Con tres amigos chilenos viajamos por bus desde Chile a Colombia para participar en un seminario de capacitación en Bogotá. Allá en Colombia un amigo ecuatoriano me preguntó que me había parecido Quito. La verdad es que no supe contestar ya que en un viaje tan largo solo quería llegar pronto al destino. Al regreso de ese evento decidí poner atención y fijarme más en esta ciudad y sus detalles. Realmente me impresionó y lamenté no tener tiempo para conocerla mejor. La vida me dio la oportunidad de visitar Quito y el privilegio de vivir por ocho años en esta bella ciudad. Creo que soy afortunado, ya que vivir rodeado de montañas verdes, donde amanece a las seis de la mañana con un sol radiante y donde la temperatura es primaveral todo el año es algo maravilloso. Por esta razón ahora que se cumplen 486 años de su fundación, por Sebastián de Benálcazar en 1534, comparto la riqueza de esta urbe moderna y tradicional, rica en cultura, historia, y arte, invitándolos a visitarla y caminar pos sus calles y sus 25 parques que están a vuestra disposición. También para saborear su rica gastronomía y disfrutar de la cálida amistad del quiteño. Dice un dicho que uno no es de donde nace sino de donde quiere morir. Yo digo que uno no es de donde nace sino de donde quiere vivir y yo quiero vivir en Quito.


Quito, Patrimonio Cultural de la Humanidad, está rodeada de valles y escoltada por hermosos volcanes activos. Desde la mitad del mundo, Quito resplandece con el cielo más azul del equinoccio y con su gente amable y trabajadora; es el centro del mundo de la cultura y de la libertad. “Quito Ciudad Convento” o “Claustro de América”, “Relicario de Arte en América”, “Quito Luz de América”, “Capital Iberoamericana de la Cultura” “Carita de Dios”, son algunos de los títulos que le han llevado a esta bella y franciscana ciudad a ser la capital más hermosa de América Latina.


Quito es una ciudad donde los matices coloniales de su centro histórico contrastan con sus modernos edificios del presente. Un lugar que guarda los enigmas de una historia milenaria, la magnífica herencia del encuentro de dos mundos y los secretos de la cultura del mestizaje que lo llevaron a convertirse, el 8 de septiembre de 1978, en la primera ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, que posee el perímetro más amplio de arquitectura colonial de América Latina. La Plaza de la Independencia, también llamada “Plaza Grande” sigue representando el corazón fundamental de la capital ecuatoriana como en tiempos de la colonia, está flanqueada por la casa de Gobierno o Palacio de Carondelet, el Palacio Arzobispal, la Catedral Metropolitana y el Palacio Municipal.

En el Centro Histórico existen detalles muy llamativos que se han mantenido por más de 500 años y que reflejan el alma de la ciudad, como la Calle de las Siete Cruces, la Cuesta del Suspiro, el Arco de la Reina, la Plaza de San Francisco, La Ronda o la Calle de los Milagros, porque no es solo una exposición monumental, sino una estructura viva, donde la modernidad no ha anulado las formas tradicionales de ser de los quiteños, alegres, dicharacheros, ingeniosos, generosos y amantes de reunirse en una esquina para cumplir con un ritual básico de la vida en comunidad.

El barrio La Ronda es en uno de los sectores más emblemáticos del Centro Histórico de Quito. Fue el corazón bohemio de esa zona de la ciudad a mediados del siglo XX; en su estrecha calle encontrará restaurantes, bares, cafetines poetas, músicos, que se contrastan con la modernidad de la zona norte, un escenario cosmopolita con variedad de atractivos como el sector de La Mariscal y la Plaza Foch, donde se concentran los servicios turísticos como hoteles, hostales, restaurantes o locales para la diversión y la gastronomía.

Las calles quiteñas aún conservan su peculiar y sinuoso trazado, en donde los visitantes perciben la nostalgia de sus tradiciones y reviven los fantásticos efectos de sus leyendas que dan un toque virtuoso y mágico a Quito, que mantiene viva su expresión cultural y arquitectónica sin que los efectos de la modernidad le hicieran cambiar.

Otro factor de gran atractivo y que le brinda el sello peculiar a esta ciudad constituye el volcán Pichincha, en cuyas agrestes faldas se extiende la ciudad, dando la impresión de cobijarse entre los muros de este coloso natural, que además concentra un gran significado histórico para el país, pues allí, en 1822, se libró la batalla de la Independencia.

El Museo de la Ciudad, el Centro Cultural Metropolitano, el Convento de San Agustín, la Capilla Sixtina, el Museo Nacional de Arte Contemporáneo, el Museo de Cera, entre otros, son sitios indispensables para nutrirse de la historia y la cultura de la ciudad.

Quito también es dueña de algunas de las más importantes joyas de la arquitectura colonial, donde predomina el estilo de arte barroco, una herencia iberoamericana en la cual se combinan temas y tonos propios de la región andina con la influencia artística europea: rostros indígenas, paisajes autóctonos, colores brillantes, animales como llamas o cuyes, íconos como el sol para los incas, entre otros elementos, que configuraron un mestizaje dando lugar a lo que se conoce como la corriente del “barroco quiteño”, que contó incluso con su propia escuela de artes y oficios, conocida como la “Escuela Quiteña”.

Si el turista quiere conocer el arte barroco debe visitar la Compañía de Jesús que constituye una de las obras más significativas y más bellas de la arquitectura suramericana, y por lo tanto constituye uno de las mayores obras de dicha corriente estética en el mundo. Su fachada es muy bien decorada y elegante, por dentro el templo es impresionante, al levantarse todo cubierto de oro. La Compañía es una joya del pasado que permanece intacta en el presente.

Pero si al viajero le gustan las leyendas nada mejor que visitar la iglesia de San Diego para conocer la leyenda del “Padre Almeida” o la Iglesia de San Francisco, para conocer la leyenda de “Cantuña”.

También puede visitar la iglesia de la Catedral, fundada originalmente en 1535, ya que posee una mezcla de varios estilos como Barroco, Mudéjar, Rococó, Neogótico y Neoclásico; mientras que en el interior de la Iglesia de Santo Domingo se encuentran valiosas estructuras. Una de las joyas barrocas que se cuida celosamente en esta iglesia es la Capilla del Rosario, que constituye una obra significativa de la arquitectura quiteña.

Para intentar comprender esta encantadora ciudad de extremos, conviene subir a uno de sus lugares más tradicionales: el Cerro del Panecillo, mirador a 3.000 metros de altitud desde donde se contempla, inmensa y complicada, la extensión capitalina, con su casco antiguo agazapado bajo sus tejas coloradas entre esta loma y el parque de La Alameda, y rodeado por inmensos barrios nuevos surcados por anchas avenidas.

Pero si quiere dominar todo el panorama y admirar la ciudad, los valles y la Avenida de los Volcanes, denominada así, por el infatigable geógrafo y científico alemán, Alexander Von Humbolt, que llegó al Ecuador, en 1812, nada mejor que subir al Teléferico ubicado a 4.050 msnm.

El Quito moderno se forja en los años 50 del siglo XX, cuando la avenida Colón deja de ser el límite de la ciudad y se consolidan los barrios de La Mariscal y cuando se construye el Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre y el Estadio Olímpico Atahualpa. Para algunos historiadores esto fue lo que “jaló” a la ciudad hacia el norte. Poco a poco se extendieron hacia el norte las avenidas Seis de Diciembre, Diez de Agosto, Amazonas y Eloy Alfaro, alrededor de las cuales surgieron grandes urbanizaciones, edificios y espacios para la diversión, como el parque La Carolina.

La ciudad continuó su crecimiento hacia el norte durante los años 70, que coinciden con el llamado “boom petrolero”. Se acelera la construcción de viviendas, edificios, centros comerciales, locales de diversión y entretenimiento. Y lo que solo era un espacio residencial se convierte en la zona del “boom comercial”.

También se encuentra el barrio La Mariscal, donde no solo se concentran los servicios turísticos sino que conserva las mansiones del siglo XX que se han convertido en hoteles, hostales, restaurantes o locales para la diversión y la gastronomía. El corazón de ese barrio capitalino es la plaza El Quinde conocida como la plaza Foch, un lugar de encuentro y disfrute culturales y gastronómicos.

Quito es una de esas ciudades que pueden hechizar y conquistar el errante corazón del viajero en busca de visiones para la memoria de su retina; pero también es un laberinto de sensaciones donde cada uno debe encontrar su rincón favorito.

martes, 24 de noviembre de 2020

En el día interenacional de la eliminación de la violencia contra la mujer

                                                             
Con profundo dolor e indignacion la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en Honduras, condenamos el asesinato de nuestra compañera de lucha, la Defensora Berta Cáceres Flores, Coordinador…

EN EL DIA INTERNACIONAL DE LA ELIMINACION DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER 

Víctor Rey

Cada 25 de noviembre desde el año 1999 se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer con el fin de sensibilizar a los Estados y la sociedad civil en relación a la problemática que esta representa de conformidad con la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

La violencia contra las mujeres es un fenómeno social complejo, multicausal, que está marcado por relaciones de poder, situaciones estructurales de machismo y el patriarcado; desigualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres; y la manifestación de múltiples formas de violencia en lo público, privado y en los círculos afectivos cercanos. Como ser humano que amamos la vida, la paz y la justicia nos preocupa esta situacióny nos conmueve, sabiendo que mucha de esa violencia se ejerce hacia niñas.

La violencia se puede manifestar de distintas formas, no solamente la física que atenta contra la integridad corporal de las personas, sino también la violencia sicológica o verbal, sexual, patrimonial, simbólica, e incluso aquella intergeneracional que se transmite entre generaciones con la reproducción de actitudes, normalizadas y marcadas por un círculo de violencia.

En respuesta a esto, se torna necesario reflexionar sobre la importancia de la igualdad y la no violencia, entendida desde la concepción de que las mujeres son iguales en el ejercicio de sus derechos y obligaciones, lo que a su vez implica la deconstrucción social de las preconcepciones, ideales y roles preestablecidos y esto a su vez permita romper los círculos de la violencia; desnaturalizar la idea de que la violencia es algo cotidiano y normal, y concebir una mayor participación activa y equitativa en la toma de decisiones en los ámbitos público, privado, político, eclesial y familiar, así como el respeto a la auto-determinación. 

Romper los círculos de la violencia significa mirar a esta problemática de manera integral; es decir, requiere una intervención interinstitucional y multidisciplinaria, que convoque a los diversos actores estatales, de la sociedad civil, empresas, espacios educativos, iglesias y familias a sensibilizarse sobre la violencia contra las mujeres y contribuir a la construcción de nuevos espacios de convivencia social, tomando en consideración a la igualdad y no discriminación como principio rector de las relaciones sociales.

Con estos antecedentes, hago un llamado a todas las personas, instituciones y al gobierno a ser defensoras y defensores del cambio, para la construcción de una sociedad más humana, más justa y equitativa, promoviendo el ejercicio pleno de los derechos sin discriminación alguna, y motivando, a través de la formación ciudadana, una cultura de paz y una sociedad libre de violencia. Y nos comprometemos a reflexionar, actuar y crear los puentes para establecer espacios y comunidades de paz donde se respeten a lasniñas  mujeres y a denunciar cualquier acto de violencia que vaya en contra de la creación humana.