domingo, 5 de julio de 2020

Incertidumbre e insatisfacción


UCAB on Twitter: "La población está saturada de información sobre ...
INCERTIDUMBRE E INSATISFACCIÓN, SIGNOS DE SOCIEDADES DESESPERANZADAS

Víctor Rey

La sociedad de hoy vive una profunda crisis de confianza. Se desconfía de las instituciones, partidos, iglesias, tribunales pero también de quienes te rodean. A la vez se ha desarticulado la antigua participación social y la solidaridad se torna algo esporádico.
Los factores que explican este comportamiento social son múltiples y tiene razones de carácter estructural que dicen relación con el modelo económico que por decenios ha dominado la economías de nuestros países, por factores profundas de desigualdades, separación física, segregación, a la cual conduce a una parte relevante de la población especialmente en las grandes ciudades. Tiene que ver, también, con el hecho de que nuestras sociedades, aún en el contexto de grandes contradicciones, vive, más que otras sociedades latinoamericanas, los efectos de fenómenos típicos de las sociedades modernas, la sociedad líquida, como la llama el sociólogo Zsygmunt Bauman.
El modelo neoliberal ha generado varios países en uno y la configuración urbana ha obedecido a estos patrones. La concentración de la riqueza y la mala distribución de ella, una de las peores del mundo occidental, ha producido una profunda incomunicación entre los diversos estratos de la sociedad.
Los pobres han sido condenados a vivir en barrios periféricos sin servicios adecuados para garantizar una vida digna. Alejados de sus fuentes ocupacionales deben ocupar varias horas del día a trasladarse provocando estrés psicológico, cansancio y falta de tiempo para dedicarse a la familia y a las actividades recreativas y de vínculos sociales. Los sectores de mayores ingresos tienden a alejarse del resto de la sociedad, construyendo barrios, colegios, clínicas exclusivas donde solo viven y participan quienes disponen de altos ingresos y también en ellos la interacción social es débil.
La sociedades latinoamericanas se han ghetizado y se ha impuesto una lógica mercantilista que ha debilitado al máximo las antiguas comunidades, el sentido de pertenencia colectivo, la colaboración, la solidaridad y se ha impuesto un individualismo caracterizado por una feroz competencia y por el deseo de poseer bienes a los cuales se accede de manera más generalizada pero desigual.
Los antiguos espacios públicos de encuentro han desaparecido y han sido reemplazados por los nuevos templos del consumo donde se ofrece realizarse individualmente de acuerdo a la capacidad de cada cual para acceder al mercado, muchos a través del endeudamiento que es algo consustancial al funcionamiento del modelo económico. Las relaciones sociales se monetarizan y las capas sociales aspiracionales buscan construir movilidad renunciando a la acción colectiva y buscando sus propios espacios.
La política y sus actores se han debilitado y no ocupa el lugar de construcción de sociabilidad del pasado. Emprobrecida idealmente no construye identidad fuerte y la desafección de la ciudadanía se expresa en una alta abstención electoral que debilita a las instituciones de representación que son la base de la democracia. El surgimiento de una nueva forma de comunicar, a través del espacio digital, crea sociedades y agrupaciones virtuales, efímeras, que acelera el tiempo y el espacio de la vida cotidiana de las personas.
Estas se comunican por las redes sociales, construyen vínculos lejanos, impersonales, que aíslan aún más del entorno en que se vive. Profundiza la soledad de muchos, aun cuando empodera voces que hasta ayer no tenían expresión alguna.
La ciudadanía, a través de las redes, puede hoy recibir y transmitir, instalar agendas, temas, puede autoconvocarse en causas parciales ya sin la presencia de los partidos políticos que han perdido la capacidad de convocatoria social.
Los partidos y las iglesias viven en un mundo análogo frente a la expansión de la tecnología digital y a la exigencia de que los problemas sean abordados y resueltos aquí y ahora, a una velocidad que la política, que requiere de tiempos distintos, no está en condiciones de responder. Ello profundiza el descontento y hasta la indignación de una sociedad más exigente, en un mundo global que amplía las oportunidades y donde la sociedad de la abundancia de bienes y productos los coloca como el objetivo del deseo, del placer de poseerlos.
Crecen las demandas inmateriales, que conectadas globalmente cambian velozmente la subjetividad de las personas y profundizan la idea de nuevas libertades como sinónimo de autonomía de las personas para resolver sobre asuntos de sus propias vidas, con sus propias creencias y percepciones y donde el control ideológico o espiritual que ejercían diversas instituciones, que ya no están en condiciones de dar sentido a las cosas, resulta sobrepasado por la información digital planetaria.
Nuestras paíeses son también una expresión de ello, en una sociedad líquida, fluída, en constante cambio. Ello crea insatisfacción e incertidumbre que son dos características que cruzan la vida de nuestras sociedades.
Nada parece definitivo, ni siquiera el amor, los valores en los cuales se apoyaba la sociedad tradicional carecen de anclajes y no son reemplazados aún por nuevos y es normal que esta época de mutación cultural, económica, social, en  muchos crezca la desesperanza, por fenómenos que aparecen incontrolables, y con ello la soledad, el recluirse en sí mismo o en el núcleo más cercano en busca de confort, todo lo cual es también un signo de nuestros tiempos.
Crecen los discursos que apuntan al miedo y hasta poderosos liderazgos políticos y religiosos en todo el mundo son construídos más en el temor que en la esperanza. El miedo hacia el otro, al desconocido, a la mezcla cultural y de los espacios, en un mundo que barre con las fronteras y donde las migraciones se tornan bíblicas.
Es decir, hay razones estructurales, de contexto, para la incomunicación y la ausencia de interactividad social.
Reconstruir la confianza es la clave para que las personas vuelvan, en las nuevas condiciones, a compartir, a conversar, a realizar una interactividad social donde el medio no sea el utilitarismo sino la solidaridad. Se requiere que el Estado vuelva a jugar un rol integrador, de protección frente a los abusos, que la política se torne transparente, que todos entendamos que vivimos ya en una casa de vidrio, que la educación de mejor calidad para todos sea el gran vehículo de la construcción de las oportunidades, que la democracia se abra más allá de la representación a formas más horizontales de participación que escuche a una sociedad integrada en un mundo con expresión propia. La revolución digital de las comunicaciones puede ser un gran mecanismo para recrear vínculos y expresiones, para aunar esfuerzos, para ejercer control y asegurar voz a los que no las han tenido.
Vivir en una sociedad compleja, donde lo lineal ya no sirve como canon interpretativo, sugiere desafíos enormes para reconstruir sociedad y para repolitizar, en un sentido noble, la vida de las personas.
A ello debemos abocarnos si queremos una sociedad que resocialice en términos colectivos, con una mirada comunitaria, con vínculos abiertos con las demás personas.
Una sociedad que no se hunda en el individualismo, en el consumismo auto referencial, en la estigmatización de los otros.
Una sociedad donde lo que prevalezcan sean los valores humanitarios, la defensa medioambiental de un planeta en riesgo y donde la creciente inteligencia artificial no reemplace a los seres humanos, sino sirva para que estos crezcan en tiempo y en cultura.

viernes, 26 de junio de 2020

A 112 años de su nacimiento


Salvador Allende - Wikipedia

SALVADOR ALLENDE Y LA RELIGIÓN


Víctor Rey

“Colocado en un trance histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo.  Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente.  Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza.  La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

Del último discurso de Salvador Allende.
9:03 A.M. La Moneda, 11 de Septiembre de 1973


Han pasado ya muchos años de la muerte trágica del presidente constitucional de Chile, Dr. Salvador Allende Gossens, primer socialista elegido por sufragio universal.  Allende fue conocido por su ateísmo, su militancia marxista y su adherencia a la masonería.  Por esto puede resultar sorprendente el título de este artículo y su contenido.

Para tener una mejor comprensión de los hechos religiosos sucedidos antes del golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, cuando fue  derrocado el presidente Salvador Allende, se hace imprescindible una descripción del período previo, que abarca desde 1925 – año de la promulgación de la nueva Constitución Política- hasta los días previos al cruento derrocamiento.  Para esto nos remitiremos a las palabras del sociólogo Humberto Lagos:

“Obviamente ese espacio de tiempo estuvo marcado por la radicalización de las  tensiones entre la Iglesia Católica Romana y las pujantes manifestaciones de las diversas vertientes protestantes.  El liberalismo, políticamente expresado en el Partido Radical y en la Masonería, atrae fuertemente a líderes y fieles protestantes, quienes confunden o asimilan su laico anticlericalismo al propio anticatolicismo, en una alianza que contesta en todos los frentes posibles al conservadurismo religioso de la iglesia mayoritaria, que a su vez, se expresa políticamente en el Partido Conservador y luego en la Falange Nacional que dará paso al Partido Democratacristiano.

En ese período histórico se confirma el fenómeno de interpretación ideológica entre la masonería- con sus aportes laicos y anticlericales- y el ideario protestante, que es leído por los fieles evangélicos como un solo ethos cultural.  El laicismo socialista resulta atractiva oferta para los creyentes protestantes que ven en la alianza con el liberalismo la posibilidad histórica de derrotar a la enemiga Iglesia Católica Romana.  Hasta los años de la segunda guerra mundial, y en medio de una sistemática culpabilización de la Iglesia Católica como responsable de contribuir a la miseria continental, eran las ideologías progresistas, izquierdizantes y liberales, las que despertaban simpatías en los sectores evangélicos.  El marxismo, en tanto que ideología con auditorio en sectores populares, comienza a preocupar a las clases conservadoras y a la Iglesia Católica.  Es innegable que durante el período de post-guerra surge un fuerte movimiento izquierdista en América Latina que acusaba a las jerarquías de la iglesia mayoritaria de no tener interés en romper su “maridaje” con las fuerzas políticas reaccionarias provenientes de proyectos dictatoriales”.
(Humberto Lagos Sch.  CRISIS DE ESPERANZA.  1988, Editorial LAR, Santiago de Chile. Páginas 62 y 63)

Sin embargo las simpatías protestantes por los proyectos comunes con grupos de ideología marxista, comenzaron, desde la década de 1950.  Los misioneros norteamericanos influyen de manera sostenida para introducir como práctica el apoliticismo de iglesias y fieles evangélicos, el que va, imperceptiblemente, reforzándose con un sentimiento anticomunista producto de una modalidad ideológica conservadora útil a la reproducción de la ideología religiosa del capitalismo.  Las contradicciones de las prácticas sociales evangélicas arriban a su momento culmen cuando algunos líderes e iglesias suscriben, en el periodo del proyecto político autoritario, en diciembre de 1974, su adhesión incondicional y acrítica a la dictadura encabezada por el general Augusto Pinochet.

Con la asunción presidencial del Dr. Salvador Allende, gobernante electo popular y democráticamente el 4 de septiembre de 1970, se concreta e inicia una experiencia nueva para el universo religioso chileno.

Los hechos hablan de un presidente respetuoso de las libertades de conciencia y religiosa, que en la práctica se tradujo, en la transformación del Te Deum católico tradicional a ecuménico celebratorio  de la toma del poder político democrático por un nuevo primer mandatario  y de las gestas independentistas históricas, y en la expresa petición del mencionado a las iglesias cristianas para dar apoyo espiritual y ceremonial  a quienes lo requieran de los delegados internacionales asistentes en el período, a la UNCTAD III (Tercera Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Comercio) que se celebró en Santiago de Chile en 1971.

El ateísmo de Salvador Allende no era en absoluto contradictorio con su confesado humanismo que, en las situaciones recién mencionadas, tenía expresiones claras y contundentes.

En los instantes de su toma de posesión presidencial, el Dr. Allende recibió de manos del Cardenal Raúl Silva Henríquez un ejemplar de la Biblia de Jerusalén; en el momento, y complementado después, expresó:

“He releído este libro más veces de las que usted cree.  No me gustan los creyentes que le dan a la Biblia  una categoría mágica, como si allí estuviera la solución hasta para los dolores de muela.  Siempre me he acercado  al gran libro con la libertad de pensamiento de un ateo, dispuesto a no ver más de lo que pueda leer y entender  en cualquier libro.  Y reconozco que he encontrado profundas enseñanzas, alta poesía, apasionantes novelas, trozos de la más alta literatura, filosofía eterna, sabiduría sin par.  Tal vez ello se podría explicar porque la Biblia es la síntesis de la sabiduría y la historia milenaria de los pueblos de la antigüedad.  Allí están sus mitos, sus personajes  amados, sus grandes anhelos, sus ideas políticas, su realidad, su rebelión, sus sufrimientos y sus alegrías...
(Revista “Pensamiento Cristiano”.  N*70; pp. 118-119. Córdoba, Argentina, Junio de 1971.)

En el Te Deum Ecuménico referido, el Cardenal Silva Henríquez, entre otras referencias, planteó en su Homilía:

“Este momento de oración se inscribe así en una antigua tradición religiosa; pero corrobora, al mismo tiempo, inapreciables tradiciones patrias.  Tiene un carácter de símbolo y garantía de respeto: el respeto de los Gobernantes por todas las formas de fe religiosas; el respeto de las Iglesias por la legítima autoridad de los Gobernantes; el respeto recíproco entre múltiples confesiones religiosas.
Es justo entonces que nos congreguemos para una Acción de Gracias, hombres que reciben una tarea de liberación de sus hermanos; hombres que saben respetar, porque se sienten respetados, no pueden menos que dar las gracias, porque todo eso es un privilegio”.
(Revista “Pensamiento Cristiano”, N*70; pp.118-119, Córdoba, Argentina, junio 1971.)

El 5 de septiembre de 1970, Salvador Allende ofreció una conferencia de prensa a los corresponsales extranjeros que asistieron a la transmisión del mando presidencial.  Entre los  asistentes se encontraba el Padre David Turaldo, Secretario General del Centro de Documentación  Juan XXIII, teólogo y escritor italiano.  Señalo que había leído con mucho placer la declaración del presidente Allende sobre la libertad religiosa que existe en Chile, como también el discurso del cardenal en ocasión del Te Deum Ecuménico, el cual era un bellísimo gesto litúrgico abierto a la justicia y a la paz.  Luego hizo votos porque el progreso de todo el pueblo chileno continué y se profundice.  La respuesta de Allende fue la siguiente:

“Allende:  Yo puedo señalar que uno de los hechos más significativos, más trascendentes, que más impresionó a los visitantes y a las misiones que vinieron a la transmisión del mando, fue precisamente el Te Deum Ecuménico  realizado en la catedral chilena.  Te Deum Ecuménico que yo solicité, y lo hice, porque sé que la mayoría del pueblo chileno es católico y yo tengo la obligación de respetar su fuero íntimo, así como sé que ellos respetan el mío.  Las palabras del cardenal de la Iglesia chilena demuestran cómo nuestra Iglesia se coloca en la lucha de los hombres frente a los necesitados y los humildes, haciendo realidad en Evangelio de Cristo.  Puedo afirmarle, con la actitud de toda una vida y no sólo la mía personal, sino la de los partidos que forman la vanguardia del movimiento popular, que nunca hemos incursionado con un dogmatismo intransigente en el derecho de cada cual de tener la creencia que más avenga con su ser íntimo, y que ésta la mantendremos.  Y además, creo que este entendimiento se hará cada vez más profundo, porque las distintas religiones, fundamentalmente la Iglesia chilena en sus documentos, emanados de altas jerarquías, cada vez con más decisión y con más claridad se acerca al respetable pensamiento de Juan El Bueno”.
(Libertad Religiosa. Conferencia de prensa, 5 de septiembre de 1970. Página 104.  SALVADOR ALLENDE EN EL UMBRAL DEL SIGLO XXI.  Frida Modak.  1998, Plaza Janés Editores, México


La ideología de Allende heredó los ideales ilustrados en la versión masónica en que Chile, son un hilo de continuidad desde los próceres de la Independencia y la república autoritaria, en la primera mitad del siglo XIX, hasta el Partido Radical, en la segunda.  Esto es, la confianza en la razón y la educación; la valoración de la igualdad y de la ley; y finalmente, una concepción humanista de la política que desemboca tanto en el nivel individual como en el nivel social.  Ella inserta y determina la vida individual del militante en aquella de, por así decirlo, su grey política, orientándola hacia el diseño de formas de vida, esto es, de sistemas económicos, políticos y legales cuyo primer desafío esta claro: mejorar las condiciones de quienes menos beneficios obtienen del sistema.

Y, en este sentido, los ancestros de dicha concepción de la política pueden seguirse en la tradición occidental hasta la misma concepción judeocristiana de la vida humana correcta o buena.  Porque en la visión bíblica se articula por vez primera la tesis según la cual, en un sentido ético, los seres humanos son todos iguales, en último término, porque son todo creación del único Dios.  “Amarás a tú prójimo como a ti mismo” ordena el Antiguo Testamento, añadiendo a continuación “porque extranjero fuiste en Egipto”.  Visto de esta manera, la idea asociada con la ilustración y el liberalismo de un Pueblo Elector (esto es, un pueblo de cuyo consentimiento depende la legitimidad de los gobiernos) es un lejanísimo descendiente del concepto bíblico de un Pueblo Elegido (esto es, un pueblo donde cuyos miembros han sido elegidos por igual para vivir según los mandamientos divinos).  El entendimiento actual del concepto de revolución desciende de aquel de liberación de la esclavitud, de la opresión, cuya primera representación épica en occidente es la historia del éxodo de Egipto.  Así, Allende, en tanto heredero en clave secular de la concepción judeocristiana, puede ser descrito también como el último ilustrado de la política chilena. 

Resulta paradójico  recordar que fue un ateo, quién ayudo a promover la unidad de los cristianos, en un período tan crítico de la historia de Chile, como tantas veces ha sucedido en la vida de la Iglesia, Dios hace uso de su soberanía y usa para sus propósitos incluso a no creyentes.  Por eso podemos decir que Allende fue un líder que contribuyo a disminuir la distancia entre la utopía y la realidad.

martes, 23 de junio de 2020

A 109 años de su nacimiento



ERNESTO SABATO: RESISTIO HASTA EL FIN

Víctor Rey

“No hay otra manera de alcanzar la eternidad que ahondando en el instante, ni otra forma de llegar a la universalidad que a través de la propia circunstancia: el hoy y aquí”.
Ernesto Sábato  LA RESISTENCIA (Seix Barral, B.A. 1999)

En el invierno de 1991  me encontraba en Buenos Aires, Argentina participando en un seminario y el día sábado lo teníamos libre. Un amigo argentino nos invitó a la Feria Internacional del Libro. Cuando caminábamos por sus pasillos tremendos llenos de libros y lectores habidos de buenas lecturas vi un cartel que a en el puesto de la Editorial Seix Barral: “Hoy a las 17 horas firma sus libros el escritor Ernesto Sábato”. No lo podía creer. El autor que me había ayudado a sacudirme de las teorías dogmáticas y a entender la crisis de este fin de la civilización occidental, estaba a un par de horas de conocerlo.  Y así fue me acerqué a la hora señalada y los funcionarios de la Editorial tuvieron la gentileza de darme la oportunidad de saludarlo, estrechar su mano y brevemente agradecer todo lo que su vida, testimonio y pensamiento había influido en mí.  Más tarde encontré su dirección en una biblioteca de la Universidad Católica en Lovaina, Bélgica y le escribí y tuvo la gentileza de contestarme y cruzar algunas notas. Estando en San José Costa Rica participando de otro seminario en abril del 2011 me enteré de su partida a los casi 100 años. Fue un mpmento de profunda reflexión ese acontecimiento.

¿Quién es Ernesto Sábato? Me preguntó un joven hace algunos días y la respuesta brotó instantánea: ¡El que escribió El Túnel!  Efectivamente Sábato es el escritor de la famosa novela El Túnel.  Una novela que casi todos hemos leído en nuestra época de secundarios. Un libro excepcional escrito con una intensidad tal que da la impresión de ser un cuento.  Pero Sábato no sólo es el autor de la trilogía: El Túnel, Sobre Héroes y Tumbas, o Abaddón  El Exterminador.  Es el ensayista que leímos en nuestra época de universitario, que revela su relación con la ciencia y la filosofía en Uno y el Universo.  El que plantea la lucha con la idea del progreso y la deshumanización del hombre en Hombres y Engranajes, y más tarde en Heterodoxia.  Y es el que cuenta del oficio de escribir en El Escritor y sus Fantasmas.  Y es también el pintor. 

Pero el escritor Sábato también es un ejemplo de autoridad moral.  Nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, en 1911.  Sábato no es sólo un hombre cuyas obras recorren el mundo en millones de ejemplares traducidos a 28 idiomas sino uno de los personajes más buscados  cuando es necesaria una opinión "calificada" sobre algún asunto ético.

Sábato que presidió la Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas (CONADEP)  durante el gobierno militar en la Argentina (1976-1983) y produjo el famoso informe Nunca Más, puede poner en tela de juicio al presidente del país, a las iglesias, a las Fuerzas Armadas, la ciencia, las corporaciones empresariales, pero siempre encuentra el apoyo de la opinión pública.

Reflejo de su autoridad es su vida austera y el auditorio masivo que convoca cada vez que repite por televisión sus viejas ideas sobre el corazón del hombre y la ausencia del progreso.

A lo largo de su vida, Ernesto Sábato fue militante del marxismo y representó a la Federación Juvenil Argentina en un congreso del partido comunista, en Bruselas; estudió filosofía en la Universidad de La Plata y como físico estudió radiación nuclear en el Laboratorio Curie de París, y en la década de los años 40 abandonó la ciencia "por temor a su futura utilización".

En la actividad literaria se convirtió en una de las máximas figuras de la literatura hispanoamericana, en 1984 ganó el premio Cervantes, en 1989 el premio Jerusalén y en 1997 el premio Menéndez Pelayo.

Sábato dice que abandonó el marxismo porque dejó de creer "En cualquier idea que repugne a los problemas sobrenaturales", y decidió afiliarse a la causa del hombre real, de la justicia social y de la dignidad humana.  Hoy se declara "un anarquista cristiano", y agrega: "Yo empecé a luchar por la justicia social a los 16 años en el colegio y nunca he dejado de hacerlo.  Creo que es un deber.  No me gusta que los chiquititos se mueran de hambre.  Eso me ha llevado muchas veces a cuestionar incluso la existencia de Dios, a pesar de que me considero un espíritu religioso, aunque anárquico.  Como también lo era Cristo.  Cristo insultaba a los fariseos y andaba con los pobres, con prostitutas...Ese es el verdadero Cristo.  Lo demás son cuentos".   También hace un ejercicio de autodefinición: "¡Yo soy un anarquista!  Un anarquista en el sentido mejor de la palabra.  La gente cree que anarquista es el que pone bombas, pero anarquistas han sido los grandes espíritus como, por ejemplo León Tolstoi".   (Entrevista en el diario El Tiempo, Bogotá, 22 de junio de 1997)

En su penúltimo libro: Antes del Fin, Memorias, (Seix Barral, 1999, 214 páginas), se destaca el hombre triste, melancólico que piensa en Matilde, su esposa fallecida y solloza.  Que se ve a sí mismo inclinado hacia la tierra encorvado, cansado.  Es el hombre que tiene pequeños momentos de dicha cuando su gatita se recuesta en sus rodillas o cuando despierta con el trinar de los pájaros al amanecer.

De sus épocas de adolescente recuerda su vinculación con grupos anarquistas y comunistas.  Recuerda manifestaciones de obreros y estudiantes cobijados por banderas rojinegras.  Recuerda que la revolución Rusa tenía aún el resplandor romántico y que los compañeros comunistas terminaron por convencerle (aunque luego haya manifestado que no compartió los criterios de los "comunistas de salón" y que "el anarquismo fue más fuerte en su interior")...Recuerda que huyo de casa y que era, a los 19 años, una especie de delincuente que luchaba en la clandestinidad contra la dictadura del general Uriburu.  Esa militancia le llevó a participar en diversos congresos comunistas dentro y fuera de Argentina.

Más tarde cuando terminó su doctorado en Ciencias Físico-matemáticas, el profesor Houssay, premio Nobel de Medicina, le concedió una beca que anualmente otorgaba la Asociación para el Progreso de las Ciencias, y se fue a trabajar al Laboratorio Curie, en París: "durante ese tiempo de antagonismos, por la mañana me sepultaba entre electrómetros y probetas y anochecía en los bares, con los delirantes surrealistas.  En el Dome y en el Deux Magots, alcoholizados con aquellos heraldos del caos y la desmesura, pasábamos horas elaborando cadáveres exquisitos".

Un cuartucho en París, Matilde y su pequeño hijo, la ciencia y el trabajo con la propia Irene Curie..."Muchos, con perplejidad, me han preguntado cómo es posible que habiendo hecho el doctorado en ciencias físico-matemáticas, me haya ocupado luego de cosas tan dispares como las novelas con ficciones demenciales como el Informe sobre Ciegos, y finalmente, esos cuadros terribles que me surgen del inconsciente".  Sábato no sabe contestar a esa pregunta.  Trabajar en el Laboratorio Curie era una de las grandes metas a la que podía aspirar un físico.  Y después de llegar a una meta, solo queda el vacío.  Abandonó la ciencia a principios de la década de los cuarenta.  El mundo de los teoremas quedó ahí, trunco, en plena crisis espiritual.

Entonces tomó otro camino: el del arte.  Empezó a escribir en la revista Sur, en Teseo, a leer a Huxley, Faulkner, Michaux, a los clásicos, a Camus (con quién hizo amistad), Green, Thomas Mann.  Brevemente habla de sus libros, de su oficio como escritor, de sus pinturas.

En la segunda parte del libro, Ernesto Sábato deja a un lado los recuerdos para escribir sus anotaciones:  la reciente película que vio, el recorte de una noticia curiosa de un diario, las cifras de la pobreza en el mundo, la mujer sin patria, la preocupación de la guerra de Bosnia, el drama de los Sin Tierra en el Brasil, la crisis en todas partes, sus conversaciones con Ciorán sobre estos temas trascendentales..."el mundo marchando hacia la desintegración, mientras la vida nos observa con los ojos abiertos, hambrientos de tanta humanidad".

La muerte de su hijo lo derrumbó.  Sábato se define, al final del libro, como un tipo embriagado de dolor y entre ruinas.  Un tipo que, en la soledad de su estudio escucha el quinteto de Schumann para cuerdas y piano en un atardecer de 1998.  Tanta nostalgia le hace caminar un rato, hasta el Parque Lezama de Buenos Aires.  Se sienta en un banco de la plaza.  Se dice un náufrago.  Se confiesa propenso al pesimismo y a la depresión.  De repente, el abrazo de un niño lustrabotas es como un pacto de derrotados, pero que llama a la esperanza. 

En su último libro: La resistencia (Seix Barral, 2000, 148 páginas)  Sábato plantea que en este tiempo de globalización hay necesidad de establecer las bases de alguna resistencia que permita el equilibrio en el nuevo orden que se viene encima.  De lo contrario el hombre sucumbirá ante cada avance, y seguramente moriremos en red, solitarios frente a una máquina que se esmera en reproducir la vida en la pantalla.  Ernesto Sábato lo sabe muy bien y lo dice con la humildad y claridad que sólo los años otorgan a los hombres.  En La resistencia, Sábato se esmera en hacer una radiografía sentida de los tiempos actuales, con nostalgia de cuando una conversación en un café valía más que un televisor encendido para acaparar la atención y evitar, en última instancia, que las miradas se crucen y se reconozcan lo que de seres humanos nos queda.

La resistencia es una carta escrita sin vanidad alguna.  Y aunque suene a discurso en boca de un predicador barato no hay que olvidar toda la producción anterior de este escritor.  Así que estamos hablando de alguien que conoce abismos humanos y sabe describirlos.  Estamos hablando de quien se ha dado el lujo de entrar en depresiones profundas para salir airoso con toda la fuerza de la vida atrapada en la mirada.  "El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria", dice Sábato en La resistencia.  Nada tiene que hacer el desarrollo salvaje frente a este caso de fe.  Sábato se refiere a muchos frentes de la vida humana en los momentos actuales pero siempre su mensaje de dirige a no perder de vista lo esencial: "Quienes se quedan con los sueldos de los maestros, quienes roban a las mutuales o se ponen en el bolsillo el dinero de las licitaciones no pueden ser saludados.  No debemos ser asesores de la corrupción.  No se puede llevar a la televisión a sujetos que han contribuido a la miseria de sus semejantes y tratarlos como señores delante de los niños.

Del Internet, del tiempo libre, de relaciones humanas, de los afanes que mueven el mundo; temas que salen a la luz en La Resistencia con suavidad de quien habla desde el amor a sus semejantes y no desde la vanidad de un nombre de letras de molde.  Sábato está lejos de envanecerse por mirar su nombre en las librerías o en los diarios nacionales.  De hecho se despoja de todos sus atributos literarios para que su "carta", como él mismo se refiere a este libro, no empantane entre figuras retóricas o giros inteligentísimos.  La Resistencia está escrita para todo el mundo y en lenguaje sencillo y elemental.  Para advertirnos como en los siglos XVIII y XIX la dignidad de la especie estuvo cifrada en los adelantos tecnológicos, pero en este siglo que ahora muere, la tecnología se encargo de quitarnos la inocencia.  Pese a todo Sábato señala que: "no podemos hablar del hombre como si fuera un ángel, y no debemos hacerlo.  Pero tampoco como si fuera una bestia, porque el hombre es capaz de las peores atrocidades, pero también capaz de los más grandes y puros heroísmos".

Para quienes no leyeron nunca a Sábato.  Antes del Fin y La Resistencia es una forma de acercarse a un hombre y una obra quijotesca, a un espíritu combativo.  Para aquellos que leímos El Túnel con ansiedad, que seguimos en medio de dolorosas reflexiones los párrafos de los ensayos como Uno y el Universo, Hombres y Engranajes, Heterodoxia o El escritor y sus Fantasmas, que nos sumergimos en el complejo y terrible mundo de Sobre Héroes y Tumbas, que quedamos asombrados con su novela profética Abaddón el Exterminador, donde se vaticinaba el subyugamiento de las fuerzas del mal y el derrumbe de la civilización contemporánea.  Que disfrutamos maravillados de su libro de conversaciones con Carlos Catania: Entre la letra y la sangre o el libro de Diálogos con Borges.  Antes del Fin y La resistencia son dos libros obligatorios y necesarios para el hombre y la mujer de hoy. 

Un sábado 30 de abril del 2011 un mes y medio antes de cumplir los 100 años, nos dejó este ilustre escritor, y como adelantándose  a ese momento escribió estas palabras en la última página de La Resistencia.  “Pero ahora que la muerte está vecina, su cercanía me ha irradiado una comprensión que nunca tuve; en este atardecer de verano, la historia de lo vivido esta delante de mí, como si yaciera en mis manos, y hay horas en que los tiempos que creí malgastados tienen más luz que otros, que pensé sublimes.”