jueves, 18 de junio de 2020

Una Espiritualidad para tiempos de crisis


Espiritualidad fácil para todos ¿Y eso donde se compra?
UNA ESPIRITUALIDAD PARA TIEMPOS DE CRISIS

Víctor Rey

Me encontraba en estos días en uno de los lugares más hermosos de Quito, en Ecuador que es el Campamento Nueva Vida, un espacio que queda en el pequeño pueblito de La Merced, a una hora de la capital.  Es un espacio verde, con laguna, bosques, senderos, cabañas, piscina, canchas de fútbol, basquetbol y voleybol. Es mi lugar preferido para meditar, leer, caminar, escuchar el canto de las aves y escribir.  Me encontraba en esta tarea cuando se acercó una joven que estaba participando en un retiro espiritual de un grupo religioso y me pregunto: ¿Qué entiende por espiritualidad? y ¿cómo debería ser la espiritualidad para este tiempo? Tuvimos una amena charla que se extendió por una hora y aquí comparto las conclusiones. Y doy gracias a esa joven que me hizo pensar en teste tema tan necesario para este tiempo.
En su sentido originario espíritu, de donde viene la palabra espiritualidad, es la cualidad de todo ser que respira. Por lo tanto es todo ser que vive, como el ser humano, el animal y la planta. Pero no sólo eso, la Tierra entera y todo el universo son vivenciados como portadores de espíritu, porque de ellos viene la vida, proporcionan todos los elementos para la vida y mantienen el movimiento creador y organizador.
Espiritualidad es la actitud que pone la vida en el centro, que defiende y promueve la vida contra todos los mecanismos de disminución, estancamiento y muerte. En este sentido lo opuesto al espíritu no es cuerpo, sino muerte, tomada en su sentido amplio de muerte biológica, social y existencial. Alimentar la espiritualidad significa estar abierto a todo lo que es portador de vida, cultivar el espacio de experiencia interior a partir del cual todas las cosas se ligan y se religan, superar los compartimentos estancos, captar la totalidad y vivenciar las realidades como valores, evocaciones y símbolos de una dimensión más profunda. El hombre/mujer espiritual es aquel que siempre p e r c i be el otro lado de la realidad, capaz de captar la profundidad que se revela y vela en todas las cosas, y que consigue entrever la relación de todo con la Última Realidad.
La espiritualidad parte no del poder, ni de la acumulación, ni del interés, ni de la razón instrumental; arranca de la razón emocional, sacramental y simbólica. Nace de la gratuidad del mundo, de la relación inclusiva, de la conmoción profunda, del movimiento de comunión que todas las cosas mantienen entre sí, de la percepción del gran organismo cósmico empapado de huellas y señales de una realidad más alta y más última.
Hoy en día sólo llegamos a este estadio mediante una crítica severa del paradigma de la modernidad, asentado en la razón analítica al servicio de la voluntad de poder sobre los o t r o s y sobre la naturaleza.
Necesitamos superarlo e incorporarlo en una totalidad mayor. La crisis ecológica revela la crisis de sentido fundamental de nuestro sistema de vida, de nuestro modo de sociedad y de desarrollo. No podemos seguir apoyándonos en el poder como dominio y en la voracidad irresponsable de la naturaleza y de las personas. No podemos seguir pretendiendo estar por encima de las cosas del universo, sino al lado de ellas y a favor de ellas. El desarrollo debe ser con la naturaleza y no contra la naturaleza. Lo que actualmente debe ser mundializado no es tanto el capital, el mercado, la ciencia y la técnica; lo que fundamentalmente debe ser más mundializado es la solidaridad con todos los seres empezando por los más afectados, la valorización ardiente de la vida en todas sus formas, la participación como respuesta a la llamada de cada ser humano y a la propia dinámica del universo, la veneración de la naturaleza de la que somos parte, y parte responsable. A partir de esta densidad de ser, podemos y debemos asimilar la ciencia y la técnica como formas de garantizar el tener, de mantener o rehacer los equilibrios ecológicos, y de satisfacer equitativamente nuestras necesidades de forma suficiente.
La ecología ahora está en el centro de las discusiones y de las preocupaciones. De un discurso regional, como subcapítulo de la biología, ha pasado a ser actualmente un discurso universal, tal vez el de mayor fuerza movilizadora del tercer milenio. El actual estado del mundo (polución del aire, contaminación de la tierra, pobreza de dos terceras partes de la humanidad, etc.) revela el estado de la psique humana. Estamos enfermos por dentro. Así como existe una ecología exterior (los ecosistemas en equilibrio o en desequilibrio), también existe una ecología interior. El universo no está únicamente fuera de nosotros, con su autonomía, está también dentro de nosotros. Las violencias y las agresiones al medio ambiente lanzan raíces profundas en estructuras mentales que poseen su ancestralidad y genealogía en nuestro interior. Todas las cosas están dentro de nosotros como imágenes, símbolos y valores: el sol, el agua, el camino, las plantas, los minerales viven en nosotros como figuras cargadas de emoción y como arquetipos. Las experiencias benéficas que la psique humana ha vivido en su larga historia, en contacto con la naturaleza y también con el propio cuerpo, con las más diversas pasiones, con los otros como masculino y femenino, padre y madre, hermanos y hermanas, dejan marcas en el inconsciente colectivo y en la percepción de cada persona. La cultura del capital imperante hoy en el mundo, ha elaborado métodos propios de construcción colectiva de la subjetividad humana. En realidad los sistemas, también los religiosos e ideológicos, solamente se mantienen porque consiguen penetrar la mente de las personas y construirlas por dentro. El sistema del capital y del mercado ha conseguido penetrar todos los poros de la subjetividad personal y colectiva, determinando el modo de vivir y de elaborar las emociones, la forma de relacionarse con los otros, con el amor y la amistad, con la vida y con la muerte. Así se divulga subjetivamente que la vida no tiene sentido si no está dotada de símbolos de posesión y de status, como un cierto nivel de consumo, de bienes, de aparatos electrónicos, de coches, de algunos objetos de arte, de vivienda en sitios de prestigio. Así la sexualidad viene proyectada como simple descarga de tensión emocional a través del intercambio genital. Se oculta el verdadero carácter de la sexualidad, cuyo lugar no es sólo la cama, sino toda la existencia humana como potencialidad de ternura, de encuentro y de erotización de la relación hombre/mujer. Otras veces se da satisfacción a las necesidades humanas ligadas al tener y al subsistir; enfatizando el instinto de posesión, la acumulación de bienes materiales y el trabajo solamente como producción de riqueza. Por otra parte la ecología integral procura desarrollar la capacidad de convivencia y de escucha del mensaje que todos los seres lanzan con su presencia y de reforzar la potencialidad de encantarse con el universo, con su complejidad, majestad, grandeza. Busca animar las energías positivas del ser humano para enfrentar con éxito el peso de la existencia y las contradicciones de nuestra cultura dualista, materialista, machista y consumista.
La ecología integral procura habituar al ser humano a esta visión integral y holística. El holismo no es la suma de las partes sino captar la totalidad orgánica, una y diversa en sus partes, articuladas siempre entre sí dentro de la totalidad y constituyendo esa totalidad. Esta cosmovisión despierta en el ser humano la conciencia de su misión dentro de esa inmensa totalidad. Él es un ser que puede captar todas esas dimensiones, alegrarse con ellas, alabar y agradecer a la Inteligencia que ordena todo y al Amor que mueve todo, sentirse un ser ético, responsable por la parte del universo que le cabe habitar, la Tierra. Somos co-responsables del destino de nuestro planeta, de nuestra biosfera, de nuestro equilibrio social y planetario. Esta visión exige una nueva civilización y un nuevo tipo de religión, capaz de re-ligar Dios y mundo, mundo y ser humano, ser humano y espiritualidad del cosmos.
El cristianismo está llamado a profundizar la dimensión cósmica siempre presente en su fe. Dios está en todo y todo está en Dios (panenteísmo, que no es lo mismo que panteísmo, que afirma equivocadamente que todo es indiferentemente Dios). La encarnación del Hijo implica asumir la materia e insertarse en el proceso cósmico. La manifestación del Espíritu Santo se revela como energía universal que hace de la creación su templo y su lugar privilegiado de acción. Si el universo es una intrincadísima red de relaciones, donde, todo tiene que ver con todo en todos los momentos y lugares, entonces la forma como los cristianos llaman a Dios, Santísima Trinidad, constituye el prototipo de ese juego de relaciones. La Trinidad no es un enigma matemático. Significa entender el misterio último como una inter-relación absoluta de tres divinas Personas, que emergen siempre simultáneamente en un juego de interrelaciones hacia dentro y hacia fuera sin fin y eterno.
Según esta visión verdaderamente holística y globalizante comprendemos mejor el ambiente y la manera de tratarlo con respeto. Entendemos las dimensiones de la sociedad que debe ser sostenible y ser expresión de convivialidad entre los humanos y de todos los seres entre sí.  Nos damos cuenta de la necesidad de superar nuestro antropocentrismo a favor del cosmocentrismo y de cultivar una intensa vida espiritual al descubrir la fuerza de la naturaleza dentro de nosotros y la presencia de las energías espirituales que están en nosotros y que actúan desde el principio en la formación del universo.  Y, finalmente, captamos la importancia de integrar todo, de lanzar puentes hacia todas partes y de entender el universo, la Tierra y a cada uno de nosotros como un nudo de relaciones orientado hacia todas las direcciones.
Para llegar a la raíz de nuestros males, y también a su remedio, necesitamos una nueva cosmología espiritual, es decir, una reflexión que vea el planeta como un gran sacramento de Dios, como el templo del Espíritu, el espacio de la creatividad responsable del ser humano, la morada de todos los seres creados en el Amor, etimológicamente, ecología tiene que ver con morada. Cuidar de ella, repararla y adaptarla a eventuales nuevas amenazas, ampliarla para que albergue nuevos seres culturales y naturales es su tarea y su misión.

miércoles, 10 de junio de 2020

A cuatro años de su fallecimiento


Alvin Toffler, visionario de la economía del conocimiento ...
El futurólogo Alvin Toffler

“Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos  que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender.” (Alvin Toffler)

Víctor Rey

El lunes 27 de junio del 2016  a los 87 años falleció el escritor norteamericano Alvin Toffler.  Inmediatamente vino a mi mente su libro “El Shock del Futuro”, que leímos y discutimos con algunos amigos en los patios de la Universidad de Concepción en los años 70, cuando estudiábamos filosofía.  Para ese tiempo tan ideologizado nos parecían exageradas algunas de sus predicciones.  Nos parecía que era más ciencia ficción que una posible realidad. En los años 90 cuando vivía en Ecuador volvieron a caer en mis manos su trilogía ahora incluía “La Tercera Ola” y “El Cambio del Poder”.  Estos libros los encontré de ocasión en una librería de libros usados.  A partir del nuevo milenio, me he dado cuenta que las predicciones de Toffler han tenido una capacidad de asertividad increíble.  Sus textos me han ayudado mucho para entender el cambio cultural que estamos viviendo.
Alvin Toffler se hizo conocido a partir de la publicación en 1970 de su ensayo “El Shock" del Futuro” que se convertiría en un auténtico bestseller. A este libro le seguirá 10 años después --1980—“La Tercera Ola”, desarrollo y profundización de sus tesis centrales, y 20 años más tarde --1990—“El cambio del Poder”. Estos tres ensayos configuran en opinión de Toffler una «trilogía»  que recoge lo central de su pensamiento. Después de su trilogía ha publicado --firmando esta vez con su esposa Heidi, quien ha sido siempre su estrecha colaboradora--: “Las guerras del futuro” --1993-- y “Creating a new civilization”, 1995.

La preocupación por los temas sociales y el cambio nació desde muy joven en Toffler. De origen judío, luego de concluidos sus estudios de universitarios de filosofía y letras se doctoró en sociología y quiso hacer --en compañía de su esposa Heidi-- una experiencia como obrero industrial durante cinco años. En aquella época se interesó en la política y asumió la ideología marxista.
Hablando de esos tiempos de su vida dice Toffler: «Finalmente, era un activista político. A finales de la década de los cuarenta, había viajado al Sur para luchar en pro de los derechos civiles. Había participado en manifestaciones y descubierto el marxismo, el cual contempla las fábricas como el centro exacto del universo. Por tanto, el ir a la industria" también constituía una posibilidad de ayudar a organizar a los obreros. Todo esto resultaba embriagador”.



Entre las revistas en las que escribió se debe mencionar la publicación Fortune,  de la que se convertiría en columnista de temas laborales. En 1961 dejará esta revista y se convertirá en colaborador libre de diversas publicaciones y, con el tiempo, en conferencista itinerante.
En 1964 publicó el ensayo “Los consumidores de cultura”, que, en sus propias palabras, constituyó un análisis de la economía de las artes en Estados Unidos y un ataque al elitismo cultural.

“El shock del Futuro” produjo un cambio radical en la vida de Toffler. El libro alcanzó un éxito de ventas inesperado que convirtió a su autor en toda una personalidad. Incluso se hizo una película, animada por el conocido actor inglés Orson Wells, a partir del ensayo.

Para ese momento, según dice Toffler, habría dejado atrás, en lo fundamental, su adhesión al marxismo. En la actualidad se refiere a él como una expresión de la revolución industrial en total crisis y, como tal, anticuado, insuficiente e inadecuado para comprender el mundo de la alta tecnología, es decir el mundo del futuro. Sus criterios de juicio adquirirán curiosos matices y perspectivas propias. Su interés se centrará en el tema del futuro y el proceso de cambio por el que está pasando la humanidad.

El tema central de la reflexión de Alvin Toffler es el cambio. Los tres ensayos que conforman lo que ha llamado su trilogía abordan desde diversas perspectivas este proceso que el autor considera muy profundo.
«El Shock" del Futuro” --afirma Toffler-- contempla el proceso del cambio: la forma en que éste afecta a las personas y a las organizaciones. “La tercera ola” se centra en las orientaciones de ese cambio: adónde nos están llevando los cambios de hoy. “El cambio del poder”  aborda el control de los cambios que han de sobrevenir: quién les dará forma, y cómo.
Su argumento central es que la humanidad se encuentra frente a un cambio social muy profundo. El ser humano tiene ante sí un futuro que se viene aceleradamente y para el cual ni sus instituciones, ni él mismo se encuentran suficientemente preparados.

En las páginas de El "shock" del futuro trata de explorar sistemáticamente los efectos de la aceleración del cambio que está afectando a la humanidad de finales del segundo milenio.

El problema principal sobre el que se detiene no es sólo el proceso de cambio en sí mismo, sino la aceleración de este cambio que lo hace desestructurante y de difícil asimilación para el ser humano.

Por eso se refiere a la llegada del futuro como un shock: «Este shock --afirma-- es la desorientación vertiginosa producida por la llegada prematura del futuro. Y puede ser la enfermedad más grave del mañana» . Ve este shock como una «nueva enfermedad psicológica, turbadora y virulenta» .  Los efectos del shock son múltiples y aquejan de diversas maneras la vida del ser humano. Toffler cree descubrir tres efectos principales que afectan seriamente al hombre: la transitoriedad, la novedad, y la diversidad. Su ensayo “El shock del futuro” está articulado principalmente a partir de estos tres elementos.

En La tercera ola Toffler se fija en las direcciones y consecuencias del proceso de cambio. La tesis central del ensayo es que la humanidad se encuentra ante una suerte de transición crítica hacia una nueva forma de civilización que, no obstante ser de incierto desenlace final, ofrece un potencial lleno de esperanza.

Llama a esta crisis la tercera ola en función de que ha habido antes otras crisis --otras olas en su lenguaje-- que trajeron transformaciones profundas de la vida social.

La primera ola fue producida por el descubrimiento de la agricultura hace diez mil años y propició la revolución agrícola. La segunda ola se generó por la revolución industrial iniciada hace unos trescientos años.

Esta segunda ola habría entrado en una fase de crisis muy seria en el presente siglo, percibiéndose sus primeros síntomas, según Toffler, a mediados de la década de los cincuenta --cuando los obreros norteamericanos se vieron superados en número por los trabajadores del conocimiento y los servicios--.

La tercera ola estaría siendo generada por el fracaso del industrialismo y por la aparición de la revolución tecnológica --Toffler habla de un salto "cualitativo" en el conocimiento--. Las consecuencias de esta ola afectarán seriamente la vida de los seres humanos, en aspectos como lo económico, lo político, incluso la misma vida familiar. Se trata, según cree, de «la muerte del industrialismo y el nacimiento de una nueva civilización; civilización que es «al mismo tiempo, altamente tecnológica y antiindustrial».

Es un proceso que tiene características revolucionarias --por la profundidad y radicalidad de los cambios en la vida del ser humano-- y globalizantes --porque se difunde a nivel planetario--. En palabras de Toffler «lo que ahora está sucediendo es, ni más ni menos, una auténtica revolución global, un salto cuántico en la Historia».

En el libro “El cambio del Poder” aplica sus hipótesis sobre el proceso de cambio de la sociedad al control del poder y las tensiones que se generan alrededor del asunto.

En palabras suyas, este tercer ensayo de su trilogía «se centra en el papel --profundamente modificado-- del conocimiento en relación con el poder. Presenta una nueva teoría del poder social, y examina los cambios que se avecinan en los negocios, la economía, la política y los asuntos mundiales».

A partir de sus hipótesis respecto de la llegada de la tercera ola, Toffler considera que estaría naciendo un nuevo sistema de poder que sustituiría al del pasado industrial. Esto traería una lucha por el poder «que se entablará en todas y cada una de las instituciones humanas», empezando por el mundo empresarial, los Estados, el mercado, los medios de comunicación, incluso la familia y la Iglesia. El punto central para él es quién tendrá el «control del conocimiento», pieza esencial de la civilización del futuro.

martes, 2 de junio de 2020

A tres años de su fallecimiento


FRANÇOIS HOUTART: UNA VIDA DEDICADA A LA LUCHA POR LA LIBERACIÓN ...
EN MEMORIA DEL MAESTRO FRANCOIS HOUTART

Víctor Rey

“Debemos encontrar un nuevo paradigma de vida frente al paradigma de muerte. El paradigma del bien común de la humanidad.” François Houtart
El martes 6 de junio del 2017, falleció en Quito Ecuador, el académico belga François Houtart, teólogo y sociólogo de la liberación de los pueblos a los 92 años. La noticia me  impactó ya que tuve la oportunidad de conocer a este sacerdote católico, sociólogo y teólogo.   Cuando en 1990 me  dieron una beca para estudiar en la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica, algunos amigos lo primero que me dijeron, es que debía contactarme con Francois Houtart.  Y así fue como a los pocos días de estar en Louvain La Neuve me encaminé hacia el Centro Tricontinental (CETRI), donde trabajaba y vivía este sacerdote. Mi intención era que me orientará para iniciar estudios de sociología en dicha universidad.  El recién se había jubilado de profesor y director de la Facultad de Sociología y más que animarme a estudiar sociología me desanimo, ya que me advirtió de los cambios que se habían experimentado en esa escuela.  Así que orienté mis estudios hacia la Comunicación Social.  En los tres años que viví en esa ciudad, asistí a varias clases que el dicto en el CETRI  y muchas veces nos encontramos en las calles y pasillos de la universidad.  Siempre me preguntaba como estaba y también se interesaba sobre Chile, su transición de la dictadura a la democracia y también por los estudiantes chilenos que habían pasado por dicha universidad.  La última vez que lo vi, fue en Bogotá en la casa de una amiga.  Fue una grata sorpresa ya que esta amiga nos invitó a desayunar a varios chilenos que estábamos participando de un congreso en esa ciudad y para mí fue una sorpresa grata volver a encontrarme con Francois Houtart.  La mañana se nos hizo corta en esa grata conversación.  Por supuesto me regalo su último libro sobre la creación de un nuevo paradigma del bien común, que ahora volveré a leer con renovado interés.

Nació en Bruselas en 1925.  Fue ordenado sacerdote en 1949.  Licenciado y Doctor en Sociología por la Universidad de Lovaina, la misma donde estudió el ex presidente del Ecuador, Rafael Correa.  Tempranamente surgió como una de las voces para la renovación de la Iglesia.  Para la preparación del Concilio Vaticano II, el presidente de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM), Dom Helder Cámara, le encomienda sistematizar la propuesta de la Iglesia de América Latina para presentarla en l apertura del Concilio.

Su voz ha acompañado las luchas de los pueblos desde la década de los 50 del siglo pasado.  Ninguna lucha le era extraña.  En una misma semana podía estar en Vietnam, en reuniones con el Partido de Gobierno, y luego en Siria, para buscar acuerdos de paz.  Luego en América Latina podía pasar por las mesas de negociación de las FARC, hablar con el Partido de los Trabajadores sobre la crisis en Brasil. Una conferencia en Argentina, un curso en la Escuela de Formación los Sin Tierra, una reunión en La Habana.  Trotamundo incansable en búsqueda de la palabra, de las semillas de los de abajo, desde el Sur, portador de la palabra de esperanza desde la ciencia, la reflexión, la teología.

El Ecuador tuvo el privilegio de ser elegido como el hogar de residencia de Francois Houtart en estos últimos años.  La Fundación Pueblo Indio, fundada por Monseñor Leonidas Proaño, fue su nueva casa.  Profesor del Instituto de Altos Estudios (IAEN), docente de la Maestría de Sociología Política de la Universidad Central.  Cuando estaba en el país, todos los mièrcoles se reunía con el Grupo de Pensamiento Alternativo, para informar sus periplos por el mundo, analizar la situación del Ecuador y de América Latina, programar las nuevas solidaridades y debatir sobre las alternativas.

Uno de los últimos actos de su vida comprometida fue la participación en el Taller de Pukahuaiko, la sede de la tumba de Monseñor Proaño, para acordar el nuevo Mandato de la Vida, junto a los pueblos y comunidades indígenas, las comunidades cristianas de base, las organizaciones sociales.  La víspera de su muerte, organizó el Acto de solidaridad con el pueblo Tamil de Sri Lanka, para pedir que el Gobierno ecuatoriano, como presidente de turno del Grupo de los 77, plantee una investigación internacional sobre el genocidio del siglo XXI.
Fundó con Samir Amin el Centro Tricontinental (CETRI), la revista “Alternatives du Sud” y el Foro Mundial de Alternativas, como tribunas de pensamiento sobre las luchas y las alternativas en el Tercer Mundo. 

En el 2009, como asesor del Presidente de la ONU, Miguel D;Scoto, inició el trabajo sobre un nuevo paradigma civilizatorio, el Bien Común de la Humanidad, que es un legado teórico-plítico más importante, en el que trabajó el final de su vida.

Escritor incansable.  Publicó alrededor de 70 libros, un promedio uno anual, además de artículos, ponencias.  Casi imposible saber cómo lo hacía.  Los títulos muestran el recorrido de su pensamiento: El cambio social en América Latina (1964), Iglesia y Revolución,  Religión e Ideología en Sri Lanka.  Religión y Desarrollo en Asia (1976).  Sociología de la religión (1992), El otro Davos (1999), Haití y la mundialización de la cultura (2000), Desligitimizar el Capitalismo,  Reconstruir la Esperanza (2005), La Etica de la incertidumbre en las ciencias sociales (2006), Africa codiciada.  El desafío pendiente (2007), De los bienes comunes al bien común de la humanidad (2012), El camino a la Utopía y el bien común de la humanidad (2014), El camino a la utopía desde un mundo de incertidumbre (2015).  Acompañó el proceso de los Gobiernos “progresistas”, entre el apoyo vigilante y la crítica serena.  Una característica de su pensamiento fue la crítica con la presentación de alternativas.  En los últimos dos años la pregunta era sobre el “cierre del ciclo” en América Latina, la crisis y decadencia del capitalismo, y la necesidad de abrir nuevas alternativas.  Terminó de escribir el segundo tomo de sus Memorias, que será publicado póstumamente.  Allí podremos ver el camino recorrido, sus dudas y esperanzas, su mensaje sobre la comunidad universal, libre y justa, que soñó. 

Hoy quiero rendir este homenaje a su memoria y de alguna manera recoger su legado.