martes, 2 de junio de 2020

A tres años de su fallecimiento


FRANÇOIS HOUTART: UNA VIDA DEDICADA A LA LUCHA POR LA LIBERACIÓN ...
EN MEMORIA DEL MAESTRO FRANCOIS HOUTART

Víctor Rey

“Debemos encontrar un nuevo paradigma de vida frente al paradigma de muerte. El paradigma del bien común de la humanidad.” François Houtart
El martes 6 de junio del 2017, falleció en Quito Ecuador, el académico belga François Houtart, teólogo y sociólogo de la liberación de los pueblos a los 92 años. La noticia me  impactó ya que tuve la oportunidad de conocer a este sacerdote católico, sociólogo y teólogo.   Cuando en 1990 me  dieron una beca para estudiar en la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica, algunos amigos lo primero que me dijeron, es que debía contactarme con Francois Houtart.  Y así fue como a los pocos días de estar en Louvain La Neuve me encaminé hacia el Centro Tricontinental (CETRI), donde trabajaba y vivía este sacerdote. Mi intención era que me orientará para iniciar estudios de sociología en dicha universidad.  El recién se había jubilado de profesor y director de la Facultad de Sociología y más que animarme a estudiar sociología me desanimo, ya que me advirtió de los cambios que se habían experimentado en esa escuela.  Así que orienté mis estudios hacia la Comunicación Social.  En los tres años que viví en esa ciudad, asistí a varias clases que el dicto en el CETRI  y muchas veces nos encontramos en las calles y pasillos de la universidad.  Siempre me preguntaba como estaba y también se interesaba sobre Chile, su transición de la dictadura a la democracia y también por los estudiantes chilenos que habían pasado por dicha universidad.  La última vez que lo vi, fue en Bogotá en la casa de una amiga.  Fue una grata sorpresa ya que esta amiga nos invitó a desayunar a varios chilenos que estábamos participando de un congreso en esa ciudad y para mí fue una sorpresa grata volver a encontrarme con Francois Houtart.  La mañana se nos hizo corta en esa grata conversación.  Por supuesto me regalo su último libro sobre la creación de un nuevo paradigma del bien común, que ahora volveré a leer con renovado interés.

Nació en Bruselas en 1925.  Fue ordenado sacerdote en 1949.  Licenciado y Doctor en Sociología por la Universidad de Lovaina, la misma donde estudió el ex presidente del Ecuador, Rafael Correa.  Tempranamente surgió como una de las voces para la renovación de la Iglesia.  Para la preparación del Concilio Vaticano II, el presidente de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM), Dom Helder Cámara, le encomienda sistematizar la propuesta de la Iglesia de América Latina para presentarla en l apertura del Concilio.

Su voz ha acompañado las luchas de los pueblos desde la década de los 50 del siglo pasado.  Ninguna lucha le era extraña.  En una misma semana podía estar en Vietnam, en reuniones con el Partido de Gobierno, y luego en Siria, para buscar acuerdos de paz.  Luego en América Latina podía pasar por las mesas de negociación de las FARC, hablar con el Partido de los Trabajadores sobre la crisis en Brasil. Una conferencia en Argentina, un curso en la Escuela de Formación los Sin Tierra, una reunión en La Habana.  Trotamundo incansable en búsqueda de la palabra, de las semillas de los de abajo, desde el Sur, portador de la palabra de esperanza desde la ciencia, la reflexión, la teología.

El Ecuador tuvo el privilegio de ser elegido como el hogar de residencia de Francois Houtart en estos últimos años.  La Fundación Pueblo Indio, fundada por Monseñor Leonidas Proaño, fue su nueva casa.  Profesor del Instituto de Altos Estudios (IAEN), docente de la Maestría de Sociología Política de la Universidad Central.  Cuando estaba en el país, todos los mièrcoles se reunía con el Grupo de Pensamiento Alternativo, para informar sus periplos por el mundo, analizar la situación del Ecuador y de América Latina, programar las nuevas solidaridades y debatir sobre las alternativas.

Uno de los últimos actos de su vida comprometida fue la participación en el Taller de Pukahuaiko, la sede de la tumba de Monseñor Proaño, para acordar el nuevo Mandato de la Vida, junto a los pueblos y comunidades indígenas, las comunidades cristianas de base, las organizaciones sociales.  La víspera de su muerte, organizó el Acto de solidaridad con el pueblo Tamil de Sri Lanka, para pedir que el Gobierno ecuatoriano, como presidente de turno del Grupo de los 77, plantee una investigación internacional sobre el genocidio del siglo XXI.
Fundó con Samir Amin el Centro Tricontinental (CETRI), la revista “Alternatives du Sud” y el Foro Mundial de Alternativas, como tribunas de pensamiento sobre las luchas y las alternativas en el Tercer Mundo. 

En el 2009, como asesor del Presidente de la ONU, Miguel D;Scoto, inició el trabajo sobre un nuevo paradigma civilizatorio, el Bien Común de la Humanidad, que es un legado teórico-plítico más importante, en el que trabajó el final de su vida.

Escritor incansable.  Publicó alrededor de 70 libros, un promedio uno anual, además de artículos, ponencias.  Casi imposible saber cómo lo hacía.  Los títulos muestran el recorrido de su pensamiento: El cambio social en América Latina (1964), Iglesia y Revolución,  Religión e Ideología en Sri Lanka.  Religión y Desarrollo en Asia (1976).  Sociología de la religión (1992), El otro Davos (1999), Haití y la mundialización de la cultura (2000), Desligitimizar el Capitalismo,  Reconstruir la Esperanza (2005), La Etica de la incertidumbre en las ciencias sociales (2006), Africa codiciada.  El desafío pendiente (2007), De los bienes comunes al bien común de la humanidad (2012), El camino a la Utopía y el bien común de la humanidad (2014), El camino a la utopía desde un mundo de incertidumbre (2015).  Acompañó el proceso de los Gobiernos “progresistas”, entre el apoyo vigilante y la crítica serena.  Una característica de su pensamiento fue la crítica con la presentación de alternativas.  En los últimos dos años la pregunta era sobre el “cierre del ciclo” en América Latina, la crisis y decadencia del capitalismo, y la necesidad de abrir nuevas alternativas.  Terminó de escribir el segundo tomo de sus Memorias, que será publicado póstumamente.  Allí podremos ver el camino recorrido, sus dudas y esperanzas, su mensaje sobre la comunidad universal, libre y justa, que soñó. 

Hoy quiero rendir este homenaje a su memoria y de alguna manera recoger su legado.

jueves, 28 de mayo de 2020

52 años del Mayo Francés


Mayo francés de 1968
A 52 AÑOS DEL MAYO FRANCÉS

  La Imaginación sigue luchando para llegar al poder

Víctor Rey

Este acontecimiento histórico controversial de alguna manera no quiere morir.  Siempre que hay un aniversario se organizan mesas redondas, películas, foros, muestras fotográficas, etc.  Lo curios es que gente que no estuvo de acuerdo con este movimiento en esos años hoy lo reivindica como un hecho histórico y cultural del cual se pueden sacar muchas lecciones.   En Chile a raíz del movimiento estudiantil que sigue adelante, muchas veces se hizo esta comparación.
Hace poco participé en una muestra de cine francés en la Alianza Francesa y conversé con una argentina que vivió estos hechos en su época de estudiante en París.  Fue interesante el diálogo y su visión de ese evento que ahora comparto.
Me dijo lo siguiente: “Esos días rabiosos, de furia, de protestas y barricadas, de sueños que quedaron en el desván de la historia. Año de efervescencia revolucionaria, en el ’68 por primera vez los jóvenes asumían, en diversas ciudades del mundo, el papel de sujetos de cambio social que cuestionaban formas cristalizadas del autoritarismo en todos los ámbitos: el familiar, social y político. La ola de desconfianza estaba dirigida contra el capitalismo, la sociedad de consumo, la democracia burguesa y, claro, también contra Estados Unidos y la guerra de Vietnam. Casi todas las manifestaciones comenzaron en las universidades. La chispa se encendió en París, en Nanterre, el 20 de marzo, cuando los estudiantes se movilizaron contra la prohibición de que los hombres entraran en los dormitorios de las mujeres. El movimiento creció y se expandió poco a poco, el efecto contagio llegó a la Sorbona y a las calles del Barrio Latino, que pronto se transformó en un campo de batalla entre manifestantes y policías. Los trabajadores se aliaron y una huelga general sorpresa desembocó en la gran manifestación del 13 de mayo. Sintetizar esos sucesos, que lanzaron a más de diez millones de franceses a las calles, y que llevaron a De Gaulle a disolver la Asamblea Nacional y a anticipar las elecciones parlamentarias, no parece tan útil como preguntarse sobre la herencia que dejó este acontecimiento cuya significación y trascendencia sigue siendo imprecisas”.
 Me aclaró: “Si estás hablando de alguien que tuvo 20 años, el problema es que confunde las impresiones de la edad con el evento, pero lo que se presta a mayor confusión es que para no hablar de Mayo del ’68, hablamos de Daniel Cohn Bendit (uno de los líderes universitarios)”.  “Heredamos los problemas para encauzar las protestas. Un ejemplo es que en las manifestaciones contra la guerra de Irak, hubo un millón de personas en Londres, un millón en Berlín, en Francfurt, Amsterdam, Madrid, Barcelona y París, y esas docenas de millones de personas volvieron a sus casas al día siguiente sin ninguna posibilidad de organización y de darle coherencia a lo que querían ver realizado: la paz”.

Prosiguió: “El problema es que nos interesamos en mayo del ’68 cada diez años. Y como nos interesamos en circunstancias conmemorativas, el enfoque siempre se centra en el corto plazo, pero para mí es imposible pensar los sentidos en el corto plazo. Lo que me parece más complejo es que mayo del ’68 no para de producir efectos y cada uno de esos efectos transforma los sentidos.” Entre esos efectos subraya, “en junio del ’68 tuvimos el sentimiento de que el principal efecto fue beneficiar al régimen de De Gaulle”. Un año después, en 1969, “sentíamos que mayo del ’68 terminó con el gaullismo”. En este racconto, la historiadora recuerda que con la modernización llevada a cabo por el presidente Valéry Giscard d’Estaing a través de una serie de leyes sociales, la mayoría de edad legal pasó de los 21 a los 18 años; también destaca la legalización del aborto, propuesta por Simone Veil. “Se puede sostener que mayo del ‘68 fue el principio de una serie de revoluciones culturales importantes. Pero en el décimo aniversario, Regis Debray dijo que fue una trampa de la historia porque creó las condiciones favorables para el liberalismo, y desde entonces es totalmente imposible dar una respuesta única a la cuestión de la herencia”, señala la amiga argentina.
El presidente francés Nicolas Sarkozy, durante su campaña presidencial, utilizó al Mayo Francés de chivo expiatorio cuando afirmó que ese acontecimiento fue el responsable de todos los males que atraviesan la sociedad francesa. “Mayo del ’68 nos impuso el relativismo moral e intelectual. Los herederos impusieron la idea de que todo vale, de que no hay ninguna diferencia entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso, entre lo bello y lo feo”, dijo Sarkozy. La amiga argentina advierte que en el mundo político francés, la derecha ha regresado con mucha fuerza. “Sarkozy recupera el valor de las ideas petainistas, con ganas de vengarse de las conquistas sociales ganadas”. También agrega que Sarkozy tiene una relación muy “posmoderna” con la historia. “Siempre saca los elementos de contexto para realizar golpes de efecto que funcionan peor que bien porque Francia es un país que guarda una relación muy especial con la historia. El ataque de Sarkozy produjo una respuesta sobre el campo intelectual, por ejemplo el libro de Alan Badiou, ¿Sarkozy es el nombre de qué?, pero no hubo respuestas de parte de los actores sociales que son los herederos de mayo del ’68”, subraya la amiga argentina.
Complejo y menudo asunto para los franceses mirarse en el espejo de esa revuelta sorprendente, aunque previsible como los fenómenos meteorológicos. Hubo una serie de cambios concretos, ‘una crisis de dominación de la autoridad cercana’ en las relaciones interpersonales. Vivimos en una sociedad que cambió, y mayo del ’68 está en el origen de esos cambios.  Ahora que hay muchas movilizaciones estudiantiles, hay que decir que ningún gobierno pudo cuestionar el ingreso libre e irrestricto en las universidades, y en este sentido mayo del ’68 marca un antes y un después. Hubo una sensación inexorable de derrota, de amargura, para muchos de los que militaron en esos movimientos estudiantiles en los que se mezclaban las raíces libertarias y varias vertientes del marxismo cuando De Gaulle ganó con el 60 por ciento las elecciones de junio. Para muchos analistas fue el declive del influjo marxista, sobre todo del Partido Comunista sobre la población francesa y especialmente entre los jóvenes, según sostiene el filósofo Edgar Morin.
Me cuenta que: “En sus memorias, Christian Fouchet, ministro de De Gaulle, escribió que en la noche del 30 de mayo había un ‘hombre triste’ y un ‘hombre feliz’. El hombre feliz era Pompidou y el hombre triste, De Gaulle, que sabía que era el fin de su estrella”.    Por último me dice que el filósofo Gilles Deleuze publicó un artículo en 1984 en Les Nouevelles Littéraires en el que afirmaba que lo que había fracasado en mayo del ’68 no era la revuelta sino la sociedad europea en su incapacidad para hacerse cargo de la “nueva subjetividad” que la revuelta expresaba. Quizá la mejor herencia de aquellos años, sea la pulsión antiautoritaria, pero lo cierto es que esa efervescencia revolucionaria de la primavera francesa dejó en el aire muchas preguntas incómodas y conflictivas.

miércoles, 20 de mayo de 2020

A cinco años de la muerte de Odo Marquand



Odo MARQUARD – Banco de Lecturas
UNA BREVE APROXIMACION A ODO MARQUAND

Víctor Rey

“Los filósofos que solo escriben para filósofos profesionales actúan de un modo casi tan absurdo como actuaría un fabricante de medias que solo fabricaría medias para fabricantes de medias.” (Odo Marquand)

En el mes de mayo del año 2015 visité en Mar del Plata, Argentina, a mis amigas Gabriela Herderson y Eliana Valzura, dos brillantes teólogas.  Entre mates y mates conversamos de lo humano y lo divino.  Entre los temas que salieron estuvo escuchar acerca del filósofo Odo Marquand a quien hasta ese momento no conocía. Lo irónico de la situación es que ese mismo día fue la fecha en la que Odo Marquand falleció a los 87  años.  Al volver a Chile me puse a buscar  e investigar acerca de este pensador tan apasionante y poco conocido en el mundo de habla española.  Comparto este texto aproximativo agradeciendo a Gabriela y Eliana por haberme introducido a este filósofo.
Odo Marquard (1928-2015), catedrático emérito de Filosofía de la Universidad de Giessen y presidente de la Sociedad General Alemana de Filosofía, tiene en su haber una producción intelectual rica y variada, distinguida y premiada con galardones muy prestigiosos por ejemplo, el «Sigmund Freud» de prosa científica de 1984.
¿Qué significa para Marquard ser un filósofo escéptico? En primer lugar, el reconocimiento de una condición que se impone a los humanos: los hombres de hecho no pueden conocerlo todo, y siempre actúan en la medida de sus posibilidades. En segundo lugar, los hombres están impelidos a la elección a vivir de una determinada manera, pero sin hacerse ilusiones ni perderse en vanas esperanzas; o sea, no se trata de que los hombres nada sepan, sino más bien que «no saben nada que pueda elevarse a principio: el escepticismo no es la apoteosis de la perplejidad, sino tan sólo un saber que dice adiós a los principios.
Reunir, entonces, tradición y modernidad no conduce a una contradicción que exija ser superada por estadios de ser y conocer posteriores, sino a una situación factible en la que se completan y complementan oportunamente por la vía de la compensación. El hombre es radicalmente homo compensator, lo cual significa que, más que hacer lo que debe de hacer en absoluto, se limita a hacer lo que puede hacer en cada momento, según sus reales potencialidades: el individuo actúa, es decir, desde la contingencia, liberado de los dictados de la Necesidad, la Ideología, el Progreso, el Deber, la Historia, de los grandes conceptos, en suma, que tal vez hablen con voz poderosa, aunque en verdad sólo impresionan y gobiernan a los muy necesitados de una guía en el vivir o a los ya previamente convencidos.
Precisamente por esa fuerza vital de la compensación, los hombres modernos son los que están más necesitados de la acción, o mejor, la práctica, de conservar. De hecho, cuanto más moderno es el mundo moderno, cuanto más se encuentra su conciencia marcada por el impulso  hacia la innovación, hostigada por la aceleración y la prisa, más requiere de la preservación, de la contención y de la lentitud.  Los principios de la modernidad entran en colisión con el proyecto humano, entre otros supuestos, cuando pretenden exigirle al sujeto demasiado, por el hecho de querer llegar demasiado lejos, o cuando empujan sin conmiseración ni respeto, o se alzan sobre sus hombros, adoptando la forma de doctrinas espirituales y de programas ideológicos de superación (el «hombre nuevo») o de escapismo (las utopías). Los seres humanos somos seres contingentes por destino, y además no somos absolutos, sino finitos. Quiere decirse: nuestra vida tiene un plazo. Y es que, en efecto, si largo es el brazo o la tenaza del progreso e inmenso el horizonte que ofrece la perspectiva de lo moderno, una principal circunstancia humana contiene al hombre y le impone el más estricto principio de realidad, ya visto y muy meditado por los pensadores antiguos: la brevedad de la vida.
No faltará quien diga que la vida humana es cosa muy compleja característicamente, los adictos a la complejidad, los que gustan de enredar los problemas para impresionar y acaso para acomplejar a los espectadores, observadores y público en general, pero Marquard no pretende hacérnosla más difícil de lo que es, ni más pesada ni más latosa. Sencillamente se limita a constatar un hecho indisputable de amplísimas derivaciones: la vida humana no abarca todo el tiempo, sencillamente porque a la vida humana «le falta tiempo». Es por esta razón vital que el hombre debe siempre conservar el pasado, debe sustentar una vida de experiencia, sucesora, y debe de saber enlazar.
Nuestro presente, nuestro mundo contemporáneo, nuestro tiempo, es, para disgusto de los vocacionalmente descontentos e indignados, el «mundo civil-burgués», el ámbito socio-histórico en el que destacan, como sus elementos valedores y dinamizadores, la democracia liberal y la fuerza reparadora de la civilidad. Se puede negar el presente, en nombre del pasado o del futuro, o ser-realistas-y-pedir-lo-imposible, o exclamar la obviedad de que «otro mundo es posible» con aires de insurrección. Pero, como advierte Marquard, la recusación y la potencial sublevación contra lo actual presentan a menudo la característica de una «desobediencia retrospectiva», de una compensación desorientada y desafortunada que aspira a sublimar en unas esferas lo que no fue posible establecer en otras.
La indicada persistencia de la noción de la herencia como dimensión propiamente humana; el implícito reconocimiento del papel de las generaciones en el desarrollo de la cultura; la consideración de la existencia del hombre definida por las instancias de la misión y el destino; la defensa de una mirada de la historia más vitalista y humanista que totalizadora y mecanicista; la distinción entre ideas y creencias, el ejercicio de un pensar jovial junto a una escritura elegante, son sólo algunos ejemplos, de lo que Odo Marquand nos presenta y nos desafía a pensar. Una razón más para no perder de vista a este filósofo que todavía tiene mucho que decirnos y en especial a las nuevas generaciones.