viernes, 7 de febrero de 2020

Creer y Pensar Hoy


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CREER Y PENSAR

VÍCTOR REY

A partir de los años sesentas esta expresión se comenzó a cuestionar en los diversos círculos académicos ya que se postulaba que la razón era la que guiaba y daba directrices y era la que se cuestionaba en esos momentos. Está expresión hizo reflexionar a los cristianos y cristianas que el fiel seguimiento a Jesús tenía consigo el pensar la fe y dar cuenta de lo que se creía, que no bastaba solamente la emoción y el sentimiento en el discipulado.  Había que encontrar un equilibrio.

Hace un tiempo atrás la humanidad daba crédito absoluto a lo que sus ojos veían y sus oídos escuchaban.  Las cosas, la realidad eran tal cual uno las percibía.  Se trataba de un dogmatismo ingenuo, por cierto irreal.

Poco a poco tardaron los hombres en pasar a una actitud más crítica.  Se tornaron escépticos, en el sentido de suspender un juicio categórico sobre la realidad de lo visto y oído, en espera ratificaciones indisputables.

La dificultad para encontrar tales ratificaciones y coincidir en su evidencia probatoria condujo al tercer estadio: el subjetivismo.  Se podía conceder que tal o cual afirmación fuera verdadera; pero solo el sujeto que así la veía  y evaluaba.  Cada uno sería el juez, la norma y medida  de la verdad.  La verdad sólo existiría en la subjetividad de cada uno.

Como la vida en sociedad es difícil de estructurar en base a una suma de subjetivismos, el paso siguiente  fue aceptar la existencia de verdades obligatorias para todos; dejando sin embargo constancia de que tal obligatoriedad sería exclusivamente  relativa a es período o fase de evolución de la sociedad.  Cambiadas las circunstancias y modificados los consensos sociales, lo que ayer era verdad se trocaría en error o mentira; y el crimen de antaño se legitimaría como derecho sagrado.  Todo era relativo.

Los estudiosos y amantes del conocimiento, y por ello de la realidad no tardaron en percibir la fragilidad de un consenso basado en el relativismo.  Discurrieron entonces un ulterior criterio para afincar la verdad.  Verdadero sería aquello que en la práctica se demostrara útil para el perfeccionamiento.  El pragmatismo se erigió como metro ordenador y cualificador de la verdad o la mentira de las normas éticas y jurídicas.  Bajo su sombra se fraguaron realizaciones históricas como un cierto capitalismo orientado primordialmente al lucro sin freno, y una interpretación sociológica y teológica del marxismo, que validaba como buena toda conducta y probablemente eficaz para derrotar al enemigo.

A estas alturas, otros estudiosos y amantes de la sabiduría se ocupan en escudriñar el apasionante misterio de la verdad, y reflexionan sobre la capacidad que el hombre tiene de encontrarla.  Ya tiene claro que el tema de la verdad no es una cuestión bizantina.  De la posición que se tenga ante ella puede depender y de hecho ha dependido la vida de millones de seres humanos.  La pseudo verdad del racismo sigue condenando a muerte  a todos los que tienen la desgracia de pertenecer a un grupo étnico que algunos motejan como despreciable o inferior.

Se esboza, a la luz o a la sombra de lo anterior, un desafío imperativo: resumir el esfuerzo personal y social por arribar a las certezas de la verdad.  La verdad libera, y Dios quiere hijos y no esclavos.  Error y mentira son formas de esclavitud.  La ausencia de verdad, con mayor razón su grosera transgresión, auguran y preparan la muerte del hombre.

¿Dónde ir a buscar esas certezas?  El escenario actual no parece el más apropiado.  Nuestra época se caracteriza por el miedo, la incertidumbre, donde la única certeza, es que no hay certezas.  No es sólo el miedo a volar, a invertir, a perder el empleo.  Hay miedo incluso de vivir.  A muchos se les escaparon las certezas sobre las que solían construir sus proyectos.  La caída de las torres gemelas en Nueva York en el 2001, se parecen a la imagen de la torre de Babel: la fuerza humana es incapaz de levantar una construcción que llegue al cielo y subsista.  Con dolor, la humanidad retoma conciencia del axioma bíblico: “Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles.  Si el Señor no cuida la ciudad, en vano hacen guardia los vigilantes.” (Salmo 127:1). (NVI)

Todo apunta hacia Dios, generador, garante y meta de nuestras certezas.  El que creó la vida es el mismo que afirmó y probó ser la verdad.  Si su creatura predilecta, el hombre y la mujer, quedan librados a sus propias luces, ya no son o no se sienten capaz de conquistar una certeza, porque sus fundamentos colapsan y sus argumentos se autodestruyen, entonces la supervivencia humana depende de una reconquista de la fe.  La fe puede y debe suministrar esas certezas que, cual punto de apoyo, le permitirán a la humanidad de hoy vencer la incertidumbre y el pánico.  Quitémosle al hombre y la mujer la fe, y lo habremos dejado en el umbral de su aniquilamiento.

También el consejo bíblico de Filipenses 4:8 es válido para creer y pensar en este tiempo: “Por lo demás hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre: si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” (RV60)

John Stott quien escribió un libro con el mismo titulo de artículo termina con estas palabras: “Dios nos creó para una vida abundante en relación con él y con la creación.  Aunque el pecado afectó toda la persona, Jesucristo vino y venció al pecado en la cruz, para así iniciar una nueva creación.  Que la visión fresca de la verdad bíblica inunde nuestra mente e inflame nuestro corazón para que sigamos a Cristo con todo nuestro ser.”

viernes, 31 de enero de 2020

Hoy cumpliría 82 años Jorge Debravo



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JORGE DEBRAVO EL POETA HUMANISTA
Víctor Rey
Hace un tiempo me encontraba en San José, Costa Rica en el Café del Teatro Nacional donde estábamos saboreando el rico café de este país y conversando con amigos “ticos” sobre poesía y una amiga comenzó a recitar el poema “Hombre” de Jorge Debravo.  Fue la primera vez que escuché acerca de este gran poeta lamentablemente de corta vida.  Luego descubrí su poema “Digo” y quedé sorprendido por la belleza y profundidad de sus frases e imágenes: “El hombre no ha nacido para tener las manos amarradas al poste de los rezos...Dios no quiere rodillas humilladas en los templos…”
Nació en Guayabo, Turrialba, Costa Rica el 31 de enero de 1938, bajo el nombre de Jorge Delio Bravo Brenes. Sus padres fueron Joaquín Bravo Ramírez y Cristina Brenes, campesinos pobres. Ese mismo día del nacimiento de Jorge Debravo, fue decretado en Costa Rica como el Día Nacional de la Poesía. Es uno de los poetas más leídos y la figura más relevante de la poesía de ese país, no sólo por la sencillez de su verso, sino también por el intenso humanismo del contenido, que va desde la exaltación del  amor sexual hasta esa obsesión tan suya del amor y la justicia para el prójimo.  Fue declarado Beneméritos de las Letras Patria.
En Guayabo no había escuela y la más cercana, en Santa Cruz, estaba a cuatro horas de camino. En la escuela de Santa Cruz la maestra, doña Teresa de Albán, se movió y le consiguió una beca de la junta de educación para que fuera a terminar la primaria a Turrialba. Con 14 años entró en quinto grado; duró un mes y lo pasaron a sexto. Cursó la segunda enseñanza en el Instituto Clodomiro Picado.
Circunstancias económicas lo obligaron a dejar los estudios y buscar trabajo en la Caja Costarricense del Seguro Social, a los 17 años. Es por ese período que comienza a publicar en el periódico El Turrialbeño en compañía de varios jóvenes de su tierra.
Al año siguiente lo enviaron para Heredia, siempre en la Caja Costarricense del Seguro Social (C.C.S.S.). Ese oficio de inspector le permitió conocer de cerca muchas miserias. En Naranjo un eminente político tenía un beneficio con más de 200 trabajadoras, pero se negaba a pagarles un seguro. Además por miedo no le querían decir su nombre a Jorge. Vivían muy temerosas de que las despidieran. Él logró ganarse la confianza de una, que le dio todos los nombres. Y así logró asegurarlas a todas.
Ese año sus méritos como trabajador le permitieron ascender al puesto de inspector de la C.C.S.S., dicho puesto requirió que se mudara con su familia a San Isidro de El General, primeramente, después fue trasladado al Valle Central (Heredia y San José), donde fundó el Círculo de Poetas Costarricenses.
Todas estas actividades literarias vinieron a refrescar la literatura costarricense, dando paso a lo que algunos llaman Período de Vanguardia Literaria. En 1965 termina, por fin, sus estudios de secundaria. Estudió periodismo por correspondencia y otros estudios de manera autodidacta. Leía constantemente sus libros favoritos de autores como Pablo Neruda, César Vallejo, Amado Nervo, Miguel Hernández, Gustavo Adolfo Bécquer y Walt Whitman.
Hay una escuela en Hatillo, Costa Rica que lleva su nombre Centro Educativo Jorge Debravo. Existe también un instituto educativo en Turrialba con su nombre: Centro Educativo Jorge Debravo. Su poesía fue usada en la música del rockero José Capmany el cual también murió en un accidente automovilístico. Es por esto y por los trabajos que sufrió desde niño que su poesía está empapada de tanto humanismo, de ese amor al prójimo que convierte en Ley suprema para seguir adelante, para acabar con el hambre y la miseria.
Tenía 21 años en 1959 cuando contrajo matrimonio con Margarita Salazar y en 1960 tuvieron una hijita, Lucrecia, y al año siguiente Raimundo. Ese mismo año fundó el Círculo de Poetas Turrialbeños.
Murió el 4 de agosto de 1967 cuando acababa de matricularse en la Universidad. Recién había comprado una moto para movilizarse por asuntos de su trabajo y un conductor ebrio lo atropelló cegando así la vida del poeta de Costa Rica.
Su origen humilde le permitía acercarse a los trabajadores fácilmente en su puesto de inspector. De ahí que la poesía de Jorge Debravo se distinguió por una gran preocupación social, con varios tópicos recurrentes como la pobreza, la marginación y el armamentismo en el mundo.

sábado, 25 de enero de 2020

A dos años de su partida


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LA INMORTALIDAD EL ANTIPOETA NICANOR PARRA

“Creemos ser un país y la verdad es que apenas somos un paisaje” (NC)

Víctor Rey

Cuando era un adolescente en las clases de Castellano que el profesor nos impartía en el Liceo Valentín Letelier de Santiago de Chile, me acerque por primera vez a la poesía de este antipoeta.  Realmente me sorprendió y me agrado su forma de ser tan provocador, impertinente  e innovador y el humor que corría por las páginas de sus libros.  Casi siempre vuelvo a releer sus poemas y siempre termino con una sonrisa y algo nuevo en mi mente.  Estoy sorprendido por la cantidad de años que vivió  y eso es una gran virtud y esperamos siga cumpliendo años y escribiendo poemas y antipoemas.

El martes 23 de enero del 2018 el antipoeta partió a la inmortalidad.  Era el último del clan Parra que quedaba con vida.  También era el último escritor de su generación que vivía aún.  Los últimos años lo pasó entre Las Cruces y Santiago, donde vivía su familia.  

Nacido el 5 de septiembre de 1914, el primero en nacer de sus hermanos y el único que seguía con vida, Nicanor, de formación matemático y físico en su alma Mater, la Universidad de Chile, es conocido mundialmente por "Poemas y Antipoemas" (1954),pero también por trabajos como "Cancionero sin nombre", su primer poemario (1937), "La cueca larga" (1958), "Manifiesto" (1963), "Obra Gruesa" (1969 y su primera antología) "Artefactos" (1972) o "Ecopoemas" (1982), entre otros.

Además, una extensa lista de premios, como el Premio Nacional de Literatura (1969),Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (1991), Premio Miguel de Cervantes (2011), Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2012), entre muchos otros.
Así definió el oficio del poeta: “El poeta es un hombre como todos / un albañil que construye su muro: / un constructor de puertas y ventanas”, apuntó en Manifiesto, en 1963, donde señalaba que “Los poetas bajaron del Olimpo”. Su obra antipoética, basada en el habla cotidiana, donde asomaba el humor y el absurdo, le valió detractores y también los elogios de quienes vieron oxígeno ante la rigidez de la poesía lírica. Pablo de Rokha fue severo: “Los antipoemas inspiran lástima y asco”. El narrador argentino Ricardo Piglia lo consideraba su “maestro” y “el mayor poeta de la lengua después de Vallejo”.

El poeta y físico matemático, fallecido a los 103 años de edad, que siempre era el mayor entre sus visitantes, era una mente lúcida inigualable, que podía recitar de memoria poemas en varios idiomas, contar chistes callejeros, recordar con detalle sabrosas anécdotas con Neruda, su hermana Violeta, y reflexionar con agudeza, desde la astucia y la experiencia, sobre la vida y la incertidumbre.

En definitiva, el autor que revolucionó la poesía hispanoamericana con su libro Poemas y antipoemas (1954) fue el último sobreviviente de la gran literatura del siglo XX. Al contar sus historias unía el discurso de la academia y de la calle, donde se asomaban frases de su hermano Roberto, Shakespeare, Pezoa Véliz, conceptos de la mecánica cuántica, Nietzsche hasta el Código de Manu.

Nicanor Parra, quien a mediado de los 90 se instaló en el balneario de Las Cruces, luego de 20 años de hacer clases de literatura a los alumnos de ingeniería en la sede de Beauchef de la U. de Chile, volvía de vez en cuando a referirse a su traducción de Hamlet que nadie vio publicada. “Hamlet es la culminación de todo”, decía sobre su desafío y obsesión.

El personaje shakesperiano que tanto lo cautivó convertido en su cuaderno de apuntes, en un huaso chillanejo o un lanzador de frases puntudas. “Soy el fantasma de Hamlet”, diría Parra, el primer gran poeta chileno que no usó seudónimo. Que firmaba sus libros de poemas con el mismo nombre con el que pagaba las cuentas y respondía las dudas al otro lado del teléfono. Distinto a Ricardo Neftalí Reyes (Pablo Neruda), Lucila Godoy Alcayaga (Gabriela Mistral) o Carlos Díaz Loyola (Pablo de Rokha).

Termino con una de sus frases más irónicas: “La izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas.”