sábado, 14 de diciembre de 2019

En el cumpleaños 81 de Leonardo Boff



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LEONARDO BOFF, 81 AÑOS DEL TEÓLOGO DEL CAMINO

Víctor Rey

El teólogo brasileño Leonardo Boff ha cumplido ochenta y un años (Concordia, Santa Catarina, 14 de diciembre 1938), durante los cuales ha hecho un largo y fecundo itinerario por los caminos de la vida que se bifurca en múltiples sendas: la experiencia religiosa, la teología, la ecología, la política, la academia, el púlpito, la cátedra, la foresta, la ciudad.  Boff ha hecho camino al andar dejando huella por donde ha pasado y sigue pasando. Y siempre desde el pensamiento crítico y heterodoxo.   Ahí radica precisamente su creatividad en todos los campos en los que ha trabajado. Su vida y su pensamiento demuestran que es un intelectual que rompe esquemas, abre horizontes nuevos y propone alternativas donde parece que no hay salida o se cree que la salida es una sola. Él es uno de los teólogos más innovadores de la teología latinoamericana, y es una fuente de inspiración hoy ante la crisis que vive la teología y la eclesiología.
Tuve la oportunidad de conocer y compartir con Leonardo Boff, allá por el año 2013 en Managua, Nicaragua cuando fui invitado a un coloquio en la casa  del ex canciller Miguel D´Escoto, donde se reunieron varios sacerdotes y teólogos católicos.  Yo fui uno de los pocos invitados no católico a ese conversatorio. Al comenzar su charla, lo primero que nos dijo Boff, fue: “quién no entienda que el mundo ha cambiado, no entiende nada de lo que está pasando hoy”. Nos habló de la crisis de la modernidad y también de la crisis que viven hoy las iglesias y de cómo hay que ser creativo e innovador para salir de esta situación.
En su quehacer teológico ha sabido compaginar ejemplarmente, durante más de cinco décadas, el rigor metodológico y la denuncia profética. El rigor metodológico lo demuestra con su recurso a la doble mediación de la teología de la liberación: la socio-analítica y la hermenéutica. Boff recurre a la mediación de las ciencias humanas y sociales para un mejor conocimiento de la realidad donde se ubica, para descubrir los mecanismos de opresión que atentan contra la vida de los pobres y para liberar a la teología de su, neutralidad social, de su, supuesta, neutralidad política y de su, sólo aparente, indiferencia ética. Recurre asimismo a la hermenéutica, necesaria para el estudio y la interpretación de los textos fundantes del cristianismo y para no caer en el fundamentalismo, una de las manifestaciones más perversas de las religiones. A través de la hermenéutica analiza el pre-texto y el con- texto de dichos textos, descubre su sentido primigenio y pregunta por su significado hoy a la luz de los nuevos desafíos y de las nuevas preguntas que plantea la realidad.
Boff es considerado, y con razón, uno de los principales cultivadores de la teología de la liberación (TL). A ella accedió a partir del impacto que le produjo el gran basurero que formaban las favelas de Petrópolis, donde llevó a cabo un intenso trabajo socio-pastoral desde comienzos de la década de los setenta del siglo XX. Su reflexión teológica en clave liberadora nació, asimismo, de la necesidad de dar respuesta a las preguntas que le planteó un grupo de sacerdotes comprometidos con el mundo indígena de la selva amazónica hace ahora cuatro décadas: ¿cómo anunciar la muerte y la resurrección de Jesús a indígenas que están siendo exterminados y muriendo por las enfermedades de los blancos? ¿Cómo anunciar la buena noticia de la salvación a las poblaciones explotadas? ¿Cómo hablar de Dios inteligiblemente, y no de manera cínica, a personas indígenas que viven la experiencia de lo sagrado en contacto con la naturaleza? Las experiencias vividas en el mundo de la pobreza extrema y de la marginación cultural y la necesidad de responder a las preguntas que surgían de ahí le llevaron a dedicarse por entero, profesional y vitalmente, a fundamentar la nueva metodología de la liberación.
La teología apenas ha mostrado interés por la ecología. Boff ha llenado ese vacío llevando a cabo una reflexión teológica en perspectiva ecológica, que cuestiona la supuesta fuerza emancipadora del paradigma científico-técnico de la modernidad. Un paradigma selectivo, centrado en el ser humano, que ni es universalizable ni integral, ni siquiera humano. Como alternativa propone un nuevo paradigma en el que el ser humano no compite con la naturaleza sino que está en diálogo y comunicación simétricos con ella con relaciones de sujeto a sujeto, y no de sujeto a objeto. El ser humano y la naturaleza conforman un entramado de relaciones multidireccionales caracterizadas por la interdependencia y no por la autosuficiencia. Se establece, entonces, un pacto entre todos los seres del cosmos regido por la solidaridad cósmica y la fraternidad-sororidad sin fronteras, gremialismos o tribalismos.
Razón y esperanza o, mejor, optimismo militante es lo que mejor define la vida, la personalidad y la obra de Boff. A veces ha sido acusado de utópico, sin darse cuenta sus acusadores de que esa acusación, más que un insulto es un elogio.

lunes, 9 de diciembre de 2019

En el cumpleaños 91 de Noan Chomsky


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NOAN CHOMSKY, 91 AÑOS DE REBELDÍA

Víctor Rey

“La gente ya no cree en los hechos” dice Noam Chomsky en una entrevista. El lingüista vivo más importante del mundo, creador de la revolucionaria gramática generativa,  ha cumplido 91 años, ha abandonado su mítica cátedra del MIT en Boston para instalarse en Arizona.  Allí sigue impartiendo clases y denunciando las injusticias de un sistema político y económico que argumenta, sigue ahondando en la desigualdad.

Tuve el privilegio de conocer a Noam Chomsky cuando estudiaba Comunicación Social en la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica, allá a principios de los años noventa.  Dio una conferencia pública en uno de los auditoriums más grandes de la universidad, en cual estaba repleto y tuvimos que sentarnos en las gradas para escucharlo.  Una de las preguntas que hizo en esa oportunidad la recuerdo y fue esta: ¿Cómo es la clase trabajadora hoy? Tal vez sea esa la pregunta crucial y no sabemos responderla.  Noam Chomsky arrojaba algo de luz: “Mi familia era de clase trabajadora, estaba en paro, no tenía educación; era un tiempo mucho peor que ahora, pero había un sentimiento de que todos estábamos juntos en ello. Ahora vivimos la sensación de que estamos solos, de que no tenemos nada que hacer”. Resumiendo al lingüista: la exclusión es, sobre todo, un presente sin esperanza. Y es desesperanza lo que se ha instalado en esa parte de la población que no conocemos bien: nos pilla a trasmano, o bien porque está lejos de lo urbano, o bien porque se invisibiliza en barrios periféricos. ¿Cómo acercarse a lo que allí pasa sin escribir cargado de ideas preconcebidas o despertar recelo? La principal contribución de Chomsky a la lingüística se fundamenta en la idea de que el lenguaje es una facultad biológica del cerebro humano, el único programado para procesos computacionales linguisticos.  Chomsky nos invita a considerar, por tanto, que además de sus dimensiones artísticas, social y regulativa, el lenguaje es un objeto cognitivo-biológico que puede estudiarse científicamente: hay en ello una “ventana hacia la mente” y no solo un “instrumento para comunicarse”.

En su obra, Chomsky anima a sorprenderse y hacerse preguntas sobre lo más simple y obvio de la realidad, ya que es entonces cuando empieza la ciencia.  En el estudio del lenguaje, no obstante rara vez sucede eso. La filosofía chomskiana parte del hecho de que sabemos más de lo que nos enseñan.  Hay un componente innato en el ser humano que no se potencia lo suficiente. Eso se ve claramente en el lenguaje, pero puede extrapolarse a la ética y la estética.  Así pues, si se considera  que hace falta desarrollar las capacidades de todo el mundo, se está cerca de un modelo anarquista, en el sentido de contrario a un modelo creado por una élite, y en contra de las limitaciones impuestas por el tal modelo.

No hay manera de que un escritor testimonial deje a la familia satisfecha, ni a los de su pueblo, ni a los de su clase, ni a los de su religión. Pero nosotros necesitamos que esas voces se hagan oír. Es urgente. Nos guían por un terreno desconocido que ayuda a entender ese desaliento abismal que solo se alivia cargando contra quien se considera inferior o más vulnerable en la escala social.

El pensador y activista, más que indicarnos dónde reside el bien, ha de dar pruebas de entereza, lo cual exige seguir respondiendo a las exigencias del pensar en los momentos mismos en los que el combate contra los enemigos del pensamiento constituye el primer imperativo, pues la filosofía puede ayudar a la liberación siendo efectivamente filosofía. Al proseguir con el rigor que se conoce su admirable trabajo al servicio de la causa del lenguaje, Noam Chomsky hace hoy día honor a esa indomable tradición.
Por último el pensador nos animó en esa conferencia a vivir buscando la esperanza en este mundo donde hoy se niega a vivir sin esperanza

miércoles, 4 de diciembre de 2019

594 años de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica




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LA VIDA COTIDIANA DE UN ESTUDIANTE  EN LA UNIVERSIDAD CATOLICA DE LOVAINA LA NUEVA EN BELGICA

Víctor Rey


LA UNIVERSIDAD

La “Universitas Lovainensis” fue creada por edicto del Papa Martín V en el año de 1425.  En aquel entonces Europa superaba el Cisma de Occidente, mientras Inglaterra y Francia se batían en la Guerra de los Cien Años.  Hacía algo menos de dos siglos que se habían creado las primeras universidades, pero faltaban todavía veinte años para que Guttemberg inventara la imprenta y más de seis décadas para que el genovés Cristóbal Colón confundiera una isla caribeña con la costa india.

Tuve el privilegio de hacer un postgrado en esta universidad entre los años 1991 a 1993, ahí hice un Master en Comunicación Social y para mi fue una experiencia transcultural y académica de primer nivel. El vivir por tres años en esa ciudad universitaria marcó mi vida y me permitió conocer otras culturas y ampliar mis horizontes.

Casi seis siglos de vida son tiempo suficiente para que ocurran muchas cosas.  Por los claustros de la Universidad circularon Erasmo de Rotterdam (ocupado por entonces en su Elogio a la Locura) y el célebre Jansenius. Un obispo acusado de herejía cuyos seguidores pasaron a la historia como matemáticos y linguistas.  También Mercator, Vésale, Vives, Lemaitre, entre otros. En los convulsionados años que siguieron a la Revolución francesa, la por entonces tricentenaria Universidad de Lovaina fue clausurada y no volvió a abrir sus puertas hasta que los belgas conquistaron su independencia.  En 1834 la institución es reabierta y funciona durante algo más de un siglo como una universidad bilingüe en donde confluyen la Bélgica francófona y la Bélgica flamenca.

El primero de julio de 1970 se pone en práctica una reestructuración que da lugar a la aparición de dos nuevas universidades: la Université Catholique de Louvain (UCL), de expresión francesa, con su asiento principal en la ciudad de Louvain-La Neuve (a escasos kilómetros de Bruselas) y la Katholieke Universitet te Leuven (KUL), de expresión flamenca ubicada en la antigua sede de Leuven.

La Université Catholique de Louvain consta de 10 facultades, renombrados institutos superiores de filosofía, teología y sociología.  Varios centros, servicios e institutos y una decena de bibliotecas descentralizadas.  Su estudiantado reúne algo menos de 25.000 personas, de las cuales una sexta parte proviene del extranjero.  Considerando conjuntamente los diplomas intermedios y terminales, la Universidad tiene en la actualidad una oferta de aproximadamente, 350 títulos diferentes.  La Universidad Católica de Lovaina cuenta con más de 150.000 diplomas distribuidos en el mundo entero.

LA CIUDAD

 Louvain-la-Neuve es una ciudad única en el mundo. Situada en el corazón de la antigua región de Brabante, Louvain-la-Neuve es la más joven ciudad europea y la primera ciudad construida en Bélgica desde el siglo XVII.  Se encuentra a 30 kilómetros de Bruselas y su población es de 23.000 habitantes, distribuidos en 700 hectáreas

Su origen tiene que ver con las peculiaridades linguisticas de un país como Bélgica, que encierra en sus escasos 30.000 kilómetros cuadrados unos doce millones de habitantes y dos grandes comunidades linguísticas: los valones que son francófonos y los flamencos que son neerlandófonos.

Hasta el año 1968 la antigua Universidad de Lovaina funcionó en el territorio flamenco, en la vieja ciudad de Leuven.  Sin embargo, un agravamiento del tradicional conflicto lingüístico entre ambas comunidades condujo a una separación de la sección flamenca y la sección francófona, con la consecuente mudanza de esta última.  La Université Catholique de Louvain encontró su nuevo hogar unos 30 kilómetros al sur, junto a la villa de Ottignies: un poblado pequeño pero un importante nudo ferroviario.  En ese lugar, el 2 de febrero de 1971 el Rey Balduino pone la primera piedra fundamental de lo que será Louvain-La-Neuve.  En octubre de 1972 la ciudad recibe sus primeros habitantes, constituidos por un grupo de estudiantes de ingeniería.

Louvain-La-Neuve ha sido concebida no sólo como campus universitario sino también como centro urbano, inspirándose en las antiguas ciudades medievales.  Cuatro barrios- cada uno de ellos situado sobre una de las colinas que dominan el pequeño valle de la Malaise- recuerdan los nombres de las granjas sobre cuyos terrenos se construyó la ciudad.  Sus hermosos cascos de estilo brabanzón se conservan y han sido reciclados para ser centros de actividades locales y universitarias.  Los cuatro barrios (Hocaille, Biéreau, Bruyéres y Lauzelle) confluyen hacia el centro de la ciudad, concebido como lugar de encuentro y animación.  El centro está a una altura de tres pisos, levantándose sobre el valle como un puente que une los barrios.  Debajo se sitúan los estacionamientos y una estación de trenes subterránea ubicada bajo el edificio central de la Universidad- Les Halles- que es la principal construcción del centro de la ciudad.

Toda la arquitectura lovainense- siempre coloreada en las gamas naranjas del ladrillo y las negras de los techos de pizarra- ha sido puesta al servicio de una concepción urbanística inspirada en las ciudades medievales, guardando siempre una escala humana.  Calles estrechas (cuyos nombres recuerdan a pensadores y poetas), pequeñas plazas, escalinatas, constituyen una planta filigranada y compleja, a veces tortuosa para el recién llegado, pero juguetona y hasta amistosa para el peatón- el verdadero privilegiado de su urbanismo- que comienza a conocer sus quiebres, y se dispones a intimar con la ciudad más joven de la vieja Europa.

LA VIDA

Vivir en Lovaina-La-Nueva se asemeja mucho a viajar a través del tiempo.  Los hábitos y rutinas de esa ciudad pequeña. Por cuyas calles intrincadas apenas circulan autos y en donde casi todo habitante tiene algún punto de contacto con la Universidad que es su centro, recuerdan en -efecto- a la vida cotidiana de las ciudades universitarias del medioevo.

Los parecidos empiezan a descubrirse desde el momento mismo de la llegada:  la pequeña escala en que se mantiene la arquitectura, el dominio del ladrillo y de los techos empinados, el denso tejido de calles, pasajes, plazas y espacios verdes que se mezclan con las construcciones, reproducen el clima de una ciudad nordeuropea de los siglos XIV o XV.  Sin embargo, estas semejanzas se hacen todavía más palpables cuando se descubre que, tal como ocurría hace quinientos años, toda la ciudad respira al ritmo de la vida universitaria.

El centro de la ciudad está definitivamente marcado por la presencia de los estudiantes.  Negocios, escuelas para todas las edades, bibliotecas, mediatecas, oficinas de la Universidad, multicines, teatros, museos, piscinas, complejos deportivos, un lago artificial, decenas de bares donde se toma cerveza en grandes cantidades, son los territorios habituales de los grupos desordenados y bulliciosos que para nada recuerdan a la ordenada y tranquila Bélgica que sigue su vida  a pocos kilómetros de distancia.  La vida cotidiana de los estudiantes, que abandonan sus familias para residir durante todo el año lectivo en la ciudad universitaria, recrea (en parte inconcientemente, en parte de modo deliberado) el folklore de Francois Villon y los goliardos.  En efecto, los cursos y períodos de exámenes se alternan con las fiestas, las competencias, o la actividad de los clubes que reúnen a gente extremadamente diversa en torno  a alguna pasión común (que puede ir desde la música hasta los “comics”, ese orgullo nacional de los belgas).

Los estudiantes pueden alquilar apartamentos, pequeñas casas o “estudios”, pero sobre todo prefieren los “apartamentos comunitarios”.  En este último caso, un número de estudiantes que puede oscilar entre ocho y los quince comparte un gran apartamento que tiene en común una cocina, un comedor común y una serie de baños.  Los “apartamentos comunitarios” reúnen con frecuencia a una población convocada en torno a un interés concreto.  Existen así “comunitarios” (o “kots” en la jerga lovainense) de cinéfilos, de amantes de la música coral o de entusiastas de la bicicleta, que agregan su nota particular a la vida social de la ciudad.

Si se sale del centro, la vida bulliciosa de los estudiantes tiende a amortiguarse para dar lugar a barrios más tranquilos, familiares, de casas con jardín, en donde suelen vivir los profesores, funcionarios, o simples habitantes que han elegido vivir en Lovaina-La-Nueva.  Los traslados desde estos barrios hasta el centro se realizan a pie o en bicicleta.  El auto es un artículo de poco uso al interior de la ciudad.

Los tiempos de la ciudad son, a lo largo de todo el año, los tiempos de la propia Universidad.  Al principio del año académico se realiza la fiesta de iniciación de los cursos, que incluye un “cortejo” en el que desfila toda la comunidad académica.  Cuando los cursos terminan, en cambio, o también durante los fines de semana, la ciudad prácticamente se  vacía, quedando a disposición de la población estable.

Como toda ciudad o villa europea, Lovaina-La-Nueva, tiene también su gran fiesta anual.  Una carrera de bicicletas: “Las veinticuatro horas de velo”.  En efecto, una vez al año se realiza en Lovaina-La-Nueva una competencia que consiste en una carrera de veinticuatro horas alrededor de la ciudad, en donde se enfrenta una multitud de equipos de ciclistas.  Durante esos días confluyen  en Lovaina-La-Nueva jóvenes universitarios de toda Bélgica y de diferentes países de Europa.  La ciudad ve crecer en cuestión de horas una enorme cantidad de carpas y de puestos de ventas de comidas y bebidas, mientras las calles son cortadas por grandes fardos de paja que marcan la ruta a seguir por los competidores.  La carrera se realiza sin interrupciones durante veinticuatro horas, y durante todo ese tiempo el público sigue los esfuerzos de su equipo favorito.  Para combatir el cansancio y el frío se organizan algunas competencias paralelas (por ejemplo, el premio a la bicicleta más original y rara) al mismo tiempo que se da cuenta de enormes cantidades de cerveza.

En este marco de intensa vida social, de tradiciones muy vivas y de fuerte identidad local, se desarrolla la estadía de los estudiantes.  En general, todos los estudiantes siguen cursos durante las mañanas y las horas siguientes del mediodía.  A las cuatro de la tarde (prácticamente de noche, si es invierno) se terminan los cursos, quedando el resto del tiempo a disposición del estudiante.  En general se estudia en la propia casa o en las bibliotecas, aunque los que realizan estudios de maestría y doctorados, suelen dispones de oficinas particulares.  Por la noche se hace vida familiar o se asiste al teatro, al cine, a los centros deportivos, a los clubes o a los bares.  Según el momento del año, la vida social se puede extender hasta tarde en la noche o, si es tiempo de exámenes, se puede volver casi inexistente.

La relación con la Universidad variará según las características de cada estudiante.  Si se trata de un alumno que recién inicia sus estudios universitarios, lo más probable es que deba cursar un alto número de materias y que mantenga vínculos relativamente distantes con el cuerpo de profesores.  Si, en cambio, se trata de estudios de post grado, el número de cursos se reduce radicalmente y se estrechan las relaciones de tipo personal con los docentes.  En cualquiera de los casos, el estudiante se ve enfrentado a un etilo de vida universitario distinto al que estamos acostumbrado en América Latina, en el que se verá profundamente inmerso durante los años que dure su estadía.