jueves, 19 de julio de 2018

En el aniversario 120 de su nacimiento


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HERBERT MARCUSE, UN FILÓSOFO PARA HOY

 Víctor Rey

“Leer a Marcuse es acceder a la imaginación crítica”

R. Laureillard

En el año 1973, cuando comencé mis estudios de filosofía en la Universidad de Concepción en el sur de Chile, circulaba entre un grupo de amigos dos libros que de algún modo eran considerados heterodoxos entre el pensamiento oficial del marxismo de ese tiempo, estos eran:  “El Hombre Unidimensional” y “Eros y Civilización”.  Conversábamos acerca de las revueltas estudiantiles en las universidades europeas y sobre todo del “Mayo Francés de 1968”, y la influencia de su pensamientos en esos movimientos.  También se hablaba del “poder estudiantil”y de la fuerza que tenía en Europa y en Estados Unidos.  Por supuesto que nos sentimos atraídos por estos sucesos y por estos libros.  ¿Qué era el “poder estudiantil”?  Era el nombre que le daban los jóvenes norteamericanos al movimiento que empujaba a los adolescentes de todas las universidades del mundo a impugnar en sus propios fundamentos la sociedad que los rodeaba.  ¿Qué tenían en común?  Por lo menos dos cosas:  eran jóvenes y rechazaban la sociedad de sus mayores.  ¿Qué deseaban?  Actuar de manera que la universidad no fuera más el bastión del conservadurismo, sino el foco de un nuevo radicalismo revolucionario.  Tenían pocos años para cambiar el mundo:  no se es estudiante por mucho tiempo.  Estaban apurados.

Para comprender la virulencia de este rechazo, es necesario conocer a un autor que gran parte de los estudiantes más politizados reivindicaban para sí: el filósofo germanonorteamericano Herbert Marcuse.

¿Quién fue Herbert Marcuse?  Un hombre de un metro ochenta centímetros, satírico.  En California donde vivió fue conocido en primer lugar por su amor a la naturaleza y a los animales (fue miembro de zoológico de San Diego), por su horror al ruido, por su felicidad matrimonial (estuvo casado con su esposa Inge por 41 años), por su conocimientos de los idiomas (hablaba correctamente el alemán, su lengua natal, el inglés, su lengua de adopción, el francés y el ruso, comprendía el italiano y el español). 

Nacido en Berlín en 1898, y muerto en Estados Unidos en 1979, Herbert Marcuse perteneció al inteligencia centroeuropea que sufrió, en carne propia o muy de cerca, los trastornos configuradores de la historia europea primero , y la historia mundial después.  De familia judía, vivió a sus veinte años la gran esperanza y el ulterior desengaño del fracaso de la revolución alemana.  Especialista en Hegel, reconoce posteriormente en su obra dos maestros con los cuales mantuvo siempre una provechosa discusión intelectual: Marx y Freud.  Después de unos años de quietud y trabajo-Marcuse abandonó la política activa tras el asesinato, en 1919, de Rosa Luxemburgo y de Karl Liebknecht-, en 1933 la subida al poder de Hitler lo fuerza a dejar su país y a establecerse, por poco tiempo, en Suiza y en Francia.  Finalmente algunas estancias como “profesor visitante” en universidades norteamericanas, fija su residencia en los Estados Unidos, donde ocupó varias cátedras.  Trabajo en el Instituto Ruso de Columbia y en el Centro de Investigación de Estudios sobre Rusia de Harvard, donde enseñó ciencias políticas y también enseñó filosofía política en la Universidad de California.  El enfrentamiento con la sociedad industrial norteamericana acabó de configurar sus intereses intelectuales, iniciados temáticamente –aparte los estudios sobre Hegel- con una colaboración al libro que se publicó en 1936 bajo la dirección de Max Horkheimer y con la intervención también de Theodor W. Adorno, titulado “Estudios sobre la autoridad y la familia”.  En efecto, si el tema central de la no-libertad en los hombres y las sociedades, especialmente en la sociedad, especialmente en la sociedad industrial avanzada.

El discurso de Marcuse es, pues coherente con su biografía y con la historia.  Probablemente por esta misma razón, fue apasionado y polémico, incisivo y provocativo.  El público lector tiene la posibilidad de descubrir que la obra de Marcuse le aporta una gran cantidad de sugerencias y planteamientos que, más que específicamente nuevos, resultan profundamente adecuados al momento histórico que estamos viviendo.

El núcleo central de la obra de Marcuse quedó constituido por la meditación sobre el pensamiento de sus tres grandes maestros- Hegel, Marx y Freud-, representada por los cuatro grandes libros de su época americana:  “Razón y Revolución” (1941), que lleva el subtítulo “Hegel y la aparición de la teoría social”, donde se configuran por vez primera, en un cuadro orgánico, las bases del pensamiento del autor; “Eros y Civilización” (1955), cuyo subtítulo es “Investigación filosófica sobre Freud”, su libro más original y creador y, a la vez con toda probabilidad, el más hondamente arraigado en Marx entre todos sus libros; “El Marxismo Soviético” (1958), crítica de la civilización totalitaria soviética y denuncia de la traición al pensamiento de Marx; y, finalmente, “El Hombre Unidimensional” (1964), con su subtítulo suficientemente esclarecedor: “Estudios sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada”.

Marcuse comenzó sus estudios universitarios de filosofía en Berlín y se licenció en la Universidad de Friburgo, en 1921.  En Friburgo conoció a Heidegger, quien por un tiempo influyó sobre él, guiándolo, a través de las corrientes de la época ( neokantismo de Marburgo, fenomenología de Husserl, Dilthey, Simmel, etc.), hacia su orientación particular, o sea, las primeras formulaciones del existencialismo.  Pronto, sin embargo, Marcuse se desprendió de la influencia de Heidegger, y se sintió tentado por la problemática sociológica según el planteamiento de Max Weber.  Pero la obra que más influyó en su pensamiento inicial –y no solamente sobre él, sino en toda una generación- fue “Historia y conciencia de clase” (1923) de George Lukács, que lo indujo a trabajar sobre la base de la tradición hegeliana-marxista y más específicamente, sobre el pensamiento de Hegel, que se convirtió en “su” filósofo.

La obra de Marcuse es cuestionable, porqué en su esencia y por voluntad es una obra abierta, una sugerencia y un estímulo – más que una doctrina- que reclaman el diálogo y la discusión, la imaginación y la libertad, en la lucha contra el establishment y el sistema, contra la burocracia y el dogma, y contra la civilización represiva.  El discurso de Marcuse habla a favor de la libertad y de la felicidad, y hace falta no confundir la crítica intelectual que se le dirige desde el mismo punto de vista con la crítica cuyo objetivo es precisamente, perpetuar el sistema represivo contra el cual se alzó Marcuse.

Pensador reactivo, o sea, que obedece casi siempre a estímulos externos, Marcuse cuenta, entre sus contribuciones originales, la de haber sabido complementar –enlazándolos estrechamente –los pensamientos de Marx  y de Freud como no lo habían logrado otros pensadores amigos suyos de la “Escuela Filosófica de Frankfurt”, y el haber sabido también presentarlos sugestivamente es sus aspectos a la vez más auténticos y actuales, o sea, por la vertiente más revolucionaria y –si así se prefiere- más creadoramente libre de su espíritu.

miércoles, 18 de julio de 2018

En el aniversario 100 de su nacimiento


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Nelson Mandela el Padre de la Libertad
Víctor Rey

“Todo parece imposible, hasta que se hace”.
(Nelson Mandela)

En el mes de noviembre del 1993 me encontraba en la ciudad de Birmingham en Inglaterra estudiando un curso de Misionología.  Vivía en el Selly Oak College junto a otros estudiantes venido de varios países.  Estando ahí me enteré que Nelson Mandela visitaría la ciudad y para eso se preparaba un gran coro de todas las iglesias que participarán en el acto que tendría efecto en un estadio techado.  Para mi fortuna la directora de ese enorme coro vivía también en el mismo college, así que le pedí que me incorporara al coro.  No fue fácil convencerla, ya que no me destaco por cantar bien y además los himnos eran en inglés y ya tenían un tiempo de ensayar.  Al final aceptó y creo que mi voz entre las mil voces no se notaba.  Desde la plataforma del escenario pude ver a Mandela muy cerca, hablando a un estadio abarrotado y haciéndolo con mucha paz, esperanza y alegría.  Realmente su sola presencia impresionaba.  Al año siguiente ganó las elecciones y gobernó hasta el año 1999.  Años más tarde tuve la oportunidad de viajar al III Congreso Mundial de Evangelización Lausana, que se realizó en la Ciudad del Cabo en Sudáfrica el año 2010 y allí pude conocer su celda de 2x2 donde pasó 18 de los 27 años de prisión.  A su muerte ocurrida un 5 de diciembre del 2013 a los 95 años, justamente asistieron 95 jefes de estado.  Ha sido el funeral de un presidente donde han asistido la mayor cantidad.  Creo que eso demuestra la transversalidad de su lucha por la justicia, la paz, la libertad y la igualdad que interpreta a la gran mayoría de la humanidad.

«Siempre he atesorado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que las personas puedan vivir juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal para el que he vivido. Es un ideal por el que espero vivir, y si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir». Lo dijo en 1961 ante un tribunal que lo juzgaba por alta traición.

La coherencia de Mandela (18 de julio 1918 - 5 de diciembre 2013) le convirtió en una leyenda política ya en vida. Otros, como el Che Guevara, Mahatma Gandhi, Salvador Allende o Martin Luther King, son también admirados por llevar sus ideales hasta las últimas consecuencias, pero sus asesinatos contribuyeron al mito, dejando la duda de si hubiesen sucumbido al poder. En el caso de Mandela no hubo espacio para la sospecha: luchó, gobernó y se mantuvo fiel a sus creencias.
'Madiba' —'abuelo venerable', como le conocían en Sudáfrica— soportó muchos maltratos a lo largo de su vida. Familia de los jefes supremos de la tribu de los 'Tembu', fue formado para convertirse en dirigente de su clan. Pero se rebeló contra su destino: estudió Derecho y se metió en política para combatir las prácticas xenófobas del Apartheid.  Era negro en un país dominado por blancos que practicaban la exclusión racial. Y no estaba dispuesto a aceptarlo.

En 1948, el Partido Nacional de Sudáfrica (PN) había ganado unas elecciones en las que sólo podían votar los blancos y había instalado un sistema de segregación racial. Enfrente tenía al Congreso Nacional Africano (CNA), formado en 1912 para luchar por los derechos de la población negra y al que se unió Mandela en 1942. Fueron años de recorrer el país promoviendo la desobediencia civil, incluidas las acciones violentas. Hasta que fue arrestado y acusado de alta traición.

El régimen de Sudáfrica consideraba a 'Madiba' un terrorista y le tuvo cerca de tres décadas entre rejas. Cuenta la leyenda —llevaba al cine por Clint Easwood— que allí cogía fuerzas repitiéndose como un mantra el poema 'Invictus', de William Ernest Henley: «Más allá de la noche que me cubre / negra como el abismo insondable / doy gracias a los dioses que pudieran existir / por mi alma invicta». Le escuchaba la comunidad internacional, que orquestó una campaña en su apoyo que dio frutos el 11 de febrero de 1990. Ese día, Mandela salió en libertad tras 27 años de cárcel. En su primera intervención ante la prensa apostó por una solución que no menoscabase los derechos de los blancos. Sin rencor. Tomó entonces las riendas de la transición del país y cambió su condición de 'peligroso opositor' por la de presidente, previo paso por las primeras elecciones democráticas a las que acudían sus compatriotas. Fue en abril de 1994.

Una vez en el poder, mantuvo la coherencia. No se aferró al sillón. Se retiró cuando llegó el momento y siguió luchando por causas noble, como erradicar la pobreza en África o combatir el sida. Trabajó además como mediador en los conflictos de Angola, Burundi y República Democrática del Congo y recibió un sinfín de homenajes. Su figura ha sido venerada por miles de personas. En vida, y tras su muerte.

“Aprendí que el coraje no era la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él.  El valiente no es el que no siente miedo, sino el que vence ese temor.”

lunes, 16 de julio de 2018

Reseña de la película: Héctor y el Secreto de la Felicidad

ficha tecnica hector y el secreto de la felicidadCreo que este año han habido pocas películas que me llamen la atención de una forma tan persona y especial, este fue el caso de la película Héctor y el secreto de la felicidad, que desde que la vi en los trailers del cine, supe que tenía que verla.
Lamentablemente para mí, esta es una de esas películas que no todos quieren ver, porque nadie necesita encontrar el secreto de la felicidad, asumo que todos son felices, todos menos yo y la idea de encontrar ese secreto y una extraña búsqueda de la felicidad, me pareció una quest que podría tomar como personal.
Hay quienes recorren el mundo buscando aventuras, yo podría recorrerlo buscando la felicidad y el secreto para obtenerla; así que esta película capto mi imaginación, desafortunadamente no duro nada en cartelera y no la pude ver en el cine, hasta ahora, que la encontré on demand y por supuesto que vi la película Héctor y el secreto de la felicidad, una cinta emotiva, hecha para que pienses y reflexiones sobre los sentimientos, las emociones, los recuerdos, la tristeza y esas cosas que te mantienen intranquilo e infeliz, una cinta sin dudas muy emotiva.
Definitivamente lo genial de esta cinta es la idea central de lo que significa la felicidad en nuestra vida, una película definitivamente hecha para que pienses, cuestiones y te preguntes que es lo que te hace feliz. Si bien esta no es la primera película de este tipo, e incluso la cinta de Will Smith “En busca de la felicidad” o “Comer, Rezar, Amar” de Julia Roberts nos muestran también estas inquietantes del alma humana; debo decir que la película Héctor y el secreto de la felicidad me dejo las respuestas a las preguntas que siempre me hice, bueno, en realidad respuestas no eran y si más un extraño y loco plan para ir en busca de mi felicidad. Ese es el motivo por el cual la película Héctor y el secreto de la felicidad recibe un 8 sobre 10, si bien tiene algunas fallas en la logica de la cinta, el hecho de que te haga reflexionar y buscar tu felicidad a mí se me hacen motivo suficiente para ser una película muy recomendada.
La película Héctor y el secreto de la felicidad es una cinta dirigida y escrita por Peter Chelsom con las actuaciones de Simon Pegg, Rosamund Pike y Toni Collette.

Sinopsis

¿De qué trata? la película Héctor y el secreto de la felicidad, es la búsqueda personal de Héctor, un psiquiatra que aparentemente lo tiene todo en esta vida, una buena casa, una novia perfecta y guapa que lo quiere mucho, un trabajo estable; en pocas palabras Héctor lo tiene todo pero su mente y su subconsciente saben que algo le falta y él no sabe que es, tal vez nostalgia, tal vez felicidad, no sabe qué, pero esa situación es insostenible, motivo por el cual decide buscar por el mundo eso que le falta y por diferentes rincones del planeta, Héctor está decidido a encontrar eso que le falta para ser feliz y poder ayudar a los demás a también ser felices.

El reparto

Una cinta con muchas estrellas, y en esta película no hubo papeles pequeños y un claro ejemplo de ello son Jean Reno y Christopher Plummer, quienes tienen una pequeña pero muy significativa aparición en esta cinta que buscaba aclarar las dudas sobre la felicidad.
Además es un gusto ver a Simon Pegg en papeles más serios y siempre es un gusto ver a la talentosa y guapa Rosamund Pike y por supuesto a Toni Collette.

Mi opinión

Creo que lo que más me gusto de esta cinta son las interrogantes y preguntas que se hace Héctor a lo largo de su viaje sobre la felicidad; de esas veces que parecen incluso ser las respuestas que tu buscabas a tu propia infelicidad.
Una película que me recordó todos esos momentos en los que yo también lo tenía todo, pero aun así algo me faltaba.
De esas pocas películas que me deja pensando sobre lo que ya estaba pensando, por eso rescato esas frases que me dejaron emocionada pensando sobre la felicidad.
  • A veces perderse es la mejor forma de encontrarse
  • El miedo es un impedimento para la felicidad
  • El miedo es un impedimento para la felicidad
  • Evitar la infelicidad… no da la felicidad
  • Escuchar es amar
  • Buscar la felicidad es una cosa, pero no podemos convertirla en una meta.
  • Más importante que lo que buscamos es lo que evitamos
  • La mente puede doler tanto como el cuerpo
  • La gente que tiene miedo a la muerte tiene miedo a la vida.
  • Deberíamos centrarnos no tanto en la búsqueda de la felicidad como en la felicidad de buscarla
  • Cuanto más nos centramos en nuestra propia felicidad es cuando más se aleja.