domingo, 18 de marzo de 2018

EN EL ANIVERSARIO 38 DE LA MUERTE DEL GRAN PENSADOR CONTEMPORÁNEO

Erich Fromm: Amor a la vida, a la libertad, a la humanidad


Erich Fromm (1900 - 1980)
Por Víctor Rey, Chile y Ecuador 

Cuando tenía 17 años y cursaba tercer año de la educación secundaria, en el Liceo Valentín Letelier de Santiago, el profesor de Psicología y Filosofía nos habló de Erich Fromm y nos dio la tarea leer dos de sus libros: “El Arte de Amar” y “El Miedo a la Libertad”.  Fue la primera vez que escuché sobre este pensador que influyó a toda una generación.  Más tarde en la Universidad de Concepción en algunos cursos de Psicología, Sociología y Filosofía, leímos y estudiamos: “El Corazón del Hombre”, “Psicoanálisis de la Sociedad Contemporánea”, “Marx y su Concepto del Hombre”, “El Dogma de Cristo”, entre otros.

Hace algunos días dos amigos me han prestado dos libros de Erich Fromm y he vuelto a leer apasionadamente a este pensador que tanto bien ha producido.  Me refiero a “Y seréis como Dioses” y “¿Podrá sobrevivir el hombre?”.  Dos textos claves que de dos ángulos tan diferentes como es la religión y la política analizan la sociedad actual. Dos textos de los años sesentas que parecen que fueron escritos ayer.

¿Quién fue Erich Fromm?  Nació en Frankfurt, Alemania en 1900.  Su padre era un hombre de negocios y según Erich, más colérico y con bastantes cambios de humor.  Su madre estaba deprimida con frecuencia.  Erich Fromm provenía de una familia muy religiosa, en este caso de judíos ortodoxos.  Hasta 1925 asistió a clases de El Talmud. El mismo se denominó más tarde un “místico ateo”.  Estudió filosofía en la Universidad de Heildelberg y realizó estudios y entrenamiento psicoanalítico en el Instituto Psicoanalítico de Berlín.   En 1922 se doctoró en Sociología. Entablo contacto con la Escuela de Frankfurt donde trabajó en estrecho contacto con Herber Marcuse, Walter Benjamín y Theodor Adorno. Debido al ascenso del nazismo, debió mudarse  a los Estados Unidos en 1934, estableciéndose en la ciudad de Nueva York, donde conocería muchos de los otros grandes pensadores refugiados allí.  Cerca del final de su carrera, se mudó a México para enseñar y por razones de salud de su esposa.  Murió en Suiza en 1980.  Dos años antes de morir el gobierno helvético lo había designado ciudadano honorario de Suiza.  Su orientación teórica llevará a la marca importante de la Teoría Crítica lo que redundará en un sistema teórico psicoanalítico con fuerte interpretación sociológica.

Fue un pensador inquieto que publicó una gran cantidad de libros, que se han transformados en clásicos.  Era un hombre profundo y optimista.  Era una persona inteligente que tenía esperanzas.  Su visión no era utópica, porque ella estaba fundamentada en la realidad.  Fue un optimista enamorado de la vida.  Siempre estuvo a favor de ella.

El fue un marxista que estudió en profundidad a Marx, y se interesó por el joven pensador, el de los primeros tiempos, el más humanista.  También fue muy conocedor de Freud, lo respetaba y al mismo tiempo era crítico.  Al estudiar estos dos pensadores le hizo adelantar una visión humanista y esperanzadora del futuro del hombre.  Muestra de esto es su “Credo Humanista”.

Fromm simplificaba las cosas para hacerlas entender.  Esto no quiere decir que lo que escribió no fuera profundo.  Tenía un concepto del hombre muy particular.  Con profundidad habló de las necesidades básicas del hombre, fundamentó muchas cosas en el amor, en la ética, y habló del problema de la autoridad.  Sus escritos se reducen a cosas muy elementales pero importantes.  Si algo le obsesionó fue la objetividad y el sentido de la realidad.

Logró de alguna manera una síntesis interesante de lo mejor del mundo oriental cercano: La Biblia, El Talmud, Los Profetas.  Del Mundo Oriental lejano: El Budismo Zen, y Susuki.  Y del mundo occidental griego y del mundo occidental místico: Eckhart, Spinoza y Scheweizer.  Además de Freud y Marx.

La teoría de Fromm es más bien una combinación de Freud  y Marx.  Por supuesto Freud enfatizó sobre el inconsciente, los impulsos biológicos, la represión y demás.  En otras palabras, Freud postuló que nuestro carácter estaba determinado por la biología.  Por otro lado, Marx consideraba a las personas como determinados por su sociedad y más especialmente por sus sistemas económicos.

Fromm añadió a estos dos sistemas deterministas algo bastante extraño a ellos: la idea de la Libertad. El animaba a las personas a trascender los determinismos que Freud y Marx les atribuían.  De hecho, Fromm hace de la libertad la característica central de la naturaleza humana.

Fromm en su libro “El Corazón del Hombre”, afirma que el ser humano actual se caracteriza por su pasividad y se identifica con los valores del mercado porqué el hombre se ha transformado a sí mismo en un bien de consumo y maneja su vida como un capital que debe invertirse provechosamente.  El hombre se ha convertido en un consumidor sin límites, y el mundo para él no es más que un objeto para calmar su apetito.

Son de importancia sus estudios acerca de la relación que existe entre los sistemas políticos totalitarios y las religiones monoteístas. Según  Fromm, las religiones monoteístas educan a los individuos en la obediencia ciega a una autoridad superior, que pone las normas por encima de cualquier razón o discusión.  Así el individuo queda reducido a un mero servidor de un dios todopoderoso.  Esta mentalidad masoquista, adquirida desde la infancia, sería la base psicológica que ha hecho que muchos hombres y mujeres sigan ciegamente a dictadores como Hitler.

Publicó más de 30 títulos, algunos de tanta repercusión como “Anatomía de la destructividad humana”, “Escape a la libertad”, “El hombre por sí mismo”, “El lenguaje olvidado”, “La Sociedad Sana”, “La misión de Sigmund Freud” y “El dogma de Cristo”, y otros ensayos sobre religión, psicología y cultura.

En “El arte de amar”, analiza el desarrollo del sentimiento amoroso, en su opinión “única respuesta humana a los problemas de la existencia”, en tanto que en “El miedo a la libertad” estudia la evolución de ese requisito de la cualidad de hombre desde la Edad Media y profundiza en los mecanismos psicológicos que llevan a la adhesión a los regímenes totalitarios. Su inconformismo se expresa, sobre todo, en “La crisis del psicoanálisis”, mientras que su última visión de las posibilidades humanas está reflejada en “La revolución de la esperanza”.

Su legado ha quedado vigente en sus textos ejemplares en los que al rigor científico se unen la sagacidad del observador de hechos sociales y la vasta cultura de alguien que había trabajado intensamente en conocimientos históricos, filosóficos y antropológicos.  Y a la vez la, la precisión y la elegancia de un literato de raza.  En una ocasión Fromm se reconoció deudor en cuanto a su concepción del mundo, de Marx y de Freud, “pero también de Goethe”.  La cita bien vale como una definición de su espíritu, preocupado por hondas inquietudes acerca del porvenir de la cultura de nuestro tiempo.

Estando en Mar del Plata mi amigo Pablo Alaguibe y saboreando un rico café cortado en la misma librería, disfrutamos de la conversación en torno a este pensador. Encontramos una cantidad de libros de Fromm que no habíamos tenido acceso antes.  Entre ellos uno titulado: “Recordando a Erich Fromm, Testimonios de sus alumnos sobre el hombre y el terapeuta.”  Mi amigo tuvo la gentileza de hacerme este regalo que lo valoro enormemente y que ha sido el tema de nuestras conversaciones en estos días: la vigencia del pensamiento de Fromm y el atractivo que sigue teniendo sobre la juventud.

Sobre el autor: 
Víctor Rey es chileno, radicado en Ecuador. Coordinador de Relaciones Inter institucionales de la Fundación Nueva Vida en Quito. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago de Chile, posteriormente se recibió de Profesor de Filosofía en la Universidad de Concepción. En 1989 obtuvo la Licenciatura en Ciencias Sociales en la Universidad Alberto Hurtado (ILADES), Chile, y en 1993 el Master en Comunicación Social en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.

jueves, 15 de marzo de 2018

Solidaridad: Un valor del Reino de Dios Víctor Rey


Casi siempre pensamos en la Solidaridad como una actitud que debemos asumir en emergencias y desastres, sin embargo, la Solidaridad es una característica de la sociabilidad que inclina al hombre y la mujer a sentirse unido a sus semejantes y a la cooperación con ellos.

Podemos manifestar esta unión y cooperación, cada vez que procuramos el bienestar de los demás, participando en iniciativas que nos impulsen a servirles, como puede ser la visita a los enfermos en un hospital, haciendo colecta de ropa y alimentos para los más necesitados, en un grupo que imparta educación en comunidades marginadas, colaborando en campañas de limpieza y cuidado de calles, en los momentos que auxiliamos a quienes son víctimas de alguna catástrofe, es decir prestando nuestros servicios en la creación de mejores condiciones de vida.

La Solidaridad es la ayuda mutua que debe existir entre las personas, no porque se le conozca o sean nuestros amigos, simplemente porque todos tenemos el deber de ayudar al prójimo y el derecho a recibir la ayuda de nuestros semejantes.

El principio de Solidaridad, expresado también con el nombre de amistad o caridad social, es una exigencia directa de la fraternidad humana y cristiana. La solidaridad se manifiesta en primer lugar en la distribución de bienes y la remuneración del trabajo. Supone también el esfuerzo a favor de un orden social más justo en el que las tensiones puedan ser mejor resueltas, y donde los conflictos encuentren más fácilmente su salida negociada.

La identidad humana y cristiana se esclarecen en la revelación divina. En el contacto con el texto bíblico se tiene la oportunidad de reconocer la propia dignidad humana, la vocación y la misión del ser humano. El hombre y la mujer ha sido creados por amor y para amar y solo en ese ámbito pueden realizarse.

La plenitud del amor se da en la comunidad. Por eso el proyecto de Dios fue salvarnos como pueblo, ya que la persona humana es siempre relación de amor. La Iglesia no puede desarrollar su misión sino es en la comunión orgánica.

¿Cómo afrontar esta nueva realidad económica? ¿Cómo tener una visión adecuada de la globalización?

En primer lugar, los cristianos deben partir de una lectura creyente de la Biblia, que es el paradigma esencial de la práctica y la vivencia del amor traducido en solidaridad. El contacto con la Palabra de Dios produce frutos de caridad. La lectura asidua y orante de la Palabra de Dios, provocará actitudes estables de solidaridad. La solidaridad se rige también por una ética o moral, ya que muchos dicen ser solidarios, pero buscan sólo su bien personal o grupal.

En segundo lugar, los cristianos deben luchar para que nadie quede excluido de los beneficios económicos, culturales, sociales y políticos. Hay que buscar los caminos y los métodos que favorezcan el respeto absoluto de las personas, de las culturas, de las conciencias y de las religiones.

El respeto a la libertad personal y de conciencia, así como la plena libertad religiosa debe favorecer una verdadera globalización de la fraternidad y de la mutua comprensión. Solamente de esta manera, podremos realmente afrontar el reto de la globalización, que por su carácter excluyente y destructor de la vida, es contraria a la universalidad y a la ecumenicidad.

Los problemas socio-económicos solo pueden resolverse con la ayuda de todas las formas de solidaridad: solidaridad de los pobres entre si, de los ricos y los pobres, de los trabajadores, empresarios, empleados, naciones y pueblos. La Solidaridad a nivel local, nacional e internacional es una exigencia del orden moral. En buena medida, la paz del mundo depende de ella.

La respuesta es amor convertido en solidaridad, solo así venceremos los difíciles problemas que nos aquejan como humanidad. No olvides que cuanto mayores y más importantes sean tus privilegios, tanto mayor es tu responsabilidad.

Sobre el autor:
Víctor Rey es chileno. Director del Servicio de Estudios de la Realidad (SER). Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago de Chile, posteriormente se recibió de Profesor de Filosofía en la Universidad de Concepción. En 1989 obtuvo la Licenciatura en Ciencias Sociales en la Universidad Alberto Hurtado (ILADES), Chile, y en 1993 el Master en Comunicación Social en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.

 

miércoles, 14 de marzo de 2018

En los 200 años de su nacimiento y los 125 de su muerte



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CARLOS MARX SIGUE VIVO

Víctor Rey

“Lo de Marx es lo de menos”
(Graffitti en un pared de Quito, Ecuador)

Hace veinte años atrás me encontraba en Londres, en casa de un amigo colombiano, conversando después del almuerzo y en un momento me dijo: “¿Víctor te gustaría conocer la tumba de Carlos Marx?”  Por supuesto que si le dije.  Inmediatamente partimos hacia el cementerio Highgate.  Eran cerca de las tres de la tarde.  Cómo no conocíamos bien la ciudad nos demoramos en encontrar el cementerio.  Llegamos a las 17 horas, ya casi era de noche en ese invierno londinense y estaba cerrado.  Nos quedamos por un momento conversando en la puerta del cementerio cuando llegó una persona que venía del norte de Inglaterra y tomó la decisión de empezar a escalar la puerta y luego saltó al interior del cementerio.  Con mi amigo nos miramos y de inmediato tomamos la decisión de seguir el ejemplo del amigo inglés.  Comenzamos a escalar las rejas de la puerta del cementerio y comenzamos en la oscuridad a buscar la tumba de Carlos Marx.  Mi amigo colombiano llevaba una linterna y pronto entre las sombras y árboles apareció la silueta de su cabeza.  Realmente estar los tres en la noche, en un cementerio a la sombra de la tumba de Carlos Marx, era una escena surrealista.  Alguien había dejado un ramo de flores a los pies de su tumba y bajo la luz de la luna y a la sombra de la tumba de Carlos Marx, tuvimos una rica conversación sobre la influencia de este pensador y su vigencia después de la caída del Muro de Berlín.
José Carlos Mariátegui, marxista peruano, en su libro Defensa del Marxismo escribió: “Marx está vivo en la lucha que por la realización del socialismo libran en el mundo, innumerables muchedumbres, animadas por su doctrina.”  Considero que esta afirmación es correcta, pero la lucha de la justicia no es un patrimonio del marxismo, ya hace muchos siglos antes muchos hombres y mujeres de diferentes corrientes lo han realizado. Sin lugar a dudas, Marx es uno de los personajes que más ha influido en la historia universal.
Marx siempre fue odiado por las fuerzas retrógadas, perseguido y difamado.  Filósofos, sociólogos e ideólogos de toda laya hicieron esfuerzos para deformar, falsificar y liquidar su pensamiento.  Muchas veces sus libros fueron prohibidos y quemados por dictadores como Pinochet o sectas religiosas como el Opus Dei.  Sin embargo, Marx sigue vigente en sus aspectos esenciales, inspirando y guiando a muchas personas que buscan la liberación del ser humano.
Marx siempre se mostró crítico de toda la filosofía anterior por considerarla meramente especulativa, teórica y desvinculada de la realidad.  Desde el materialismo dialectico se alza como revolucionario al señalar que su objetivo no era puramente teórico sino práctico: transformar la realidad.  En la primavera de 1845 fue claro en la Tesis XI sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversas modos el mundo, pero de los que se trata es de transformarlo”. Esas palabras encierran la esencia de su pensamiento en permanente desarrollo y guía para la acción transformadora.
Poco después de la caída del Muro de Berlín frente a la Universidad de Humbold estuve reflexionando sobre estas palabras que están escritas en el frontis de esa universidad y recordando mis tiempos de estudiante secundario y universitario cuando queríamos cambiar el mundo y luego como luchamos por derribar la Dictadura de Pinochet.  Más adelante en el Berlín Oriental caminado por sus calles y plazas y buscando los restos del lo que quedaba del Muro de Berlín, me encontré con la estatua de Carlos Marx sentado y de pie a su lado su amigo Federico Engels.  Eran dos mudos testigos en un mundo que estaba cambiando y que quería olvidarlos.  Pero viendo la crisis del capitalismo que seguimos sufriendo donde vemos que los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres, creo que el pensamiento de Carlos Marx está más vivo que nunca.