lunes, 9 de octubre de 2017

En el 50 aniversario de su muerte.


Los viajes del Che Guevara

Víctor Rey

A fines de agosto del 2015, estuve en Córdoba, Argentina, invitado por el joven matrimonio compuesto por Josías y Luchi.  Los padres de Luchi me hospedaron esos días en los cuales visitamos algunas iglesias y tuvimos momentos de ricas conversaciones con jóvenes en torno a mates, cervezas o cafés, recorriendo la ciudad.  Uno de estos días Guillermo y Susy los padres de Luchi me invitaron a conocer la Casa Museo del Che en la ciudad de Alta Gracia que queda a 40 kilómetros de Córdoba.  Esta visita fue muy inspiradora.  Por supuesto no pude dejar de recordar la película “Diarios de motocicleta” (2004) donde se narran estos primeros viajes. Estar en el lugar donde el niño Ernesto Guevara vivió por 11 años me hizo reflexionar en la vida itinerante que este ícono del siglo XX que ha inspirado a tantas generaciones.  El ver su bicicleta con la cual recorrió parte del norte de Argentina y la réplica de la moto con la cual viajo a Chile, dan para pensar.  Me hicieron recordar mi primer viaje solo en una tarde de invierno a los 10 años cuando tome un tren de Santiago a Rancagua. También los viajes “mochileando” que hice por tres veranos con unos amigos recorriendo el norte y sur de Chile, en los últimos años de la secundaria, en los tiempo de la Unidad Popular del gobiernos de Salvador Allende, donde nos internábamos por dos meses “construyendo el socialismo”, haciendo trabajos voluntarios.  De alguna manera como el Che conocí la explotación de los obreros y campesinos en mi país.  Luego vinieron los viajes por América Latina.  Recuerdo el segundo que hice con tres amigos donde viajamos por tierra a Colombia.  Conocer por dentro nuestro continente fue algo que me marcó.  Este viaje incluyó un conflicto bélico entre Perú y Ecuador.  En esa oportunidad no tuvimos que quedar por un mes en la ciudad de Guayaquil sin poder regresar a Chile.  Y por coincidencia en esa ciudad también conocimos una de las casas donde vivió por un tiempo el Che en su peregrinaje hacia Cuba.

Los viajes de Ernesto Guevara pueden dividirse fácilmente en dos categorías: los que realiza movido por su espíritu aventurero, como su recorrida por gran parte del territorio argentino a bordo de una bicicleta a la que le había adosado un motor, o sus dos viajes por América Latina en compañía de Alberto Granado y, por otra parte, las giras que lleva a cabo como representante de la Revolución Cubana ante otros países u organismos internacionales.
En 1949, mientras cursaba su segundo año en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, el joven Ernesto decide lanzarse a la aventura y recorrer las provincias Argentinas de Santa Fe, el norte de Córdoba y el este de Mendoza. Su ingenio le permite adaptar un motor de fabricación italiana marca "Cucciolo" a una bicicleta. Ernesto terminará recorriendo casi todo el norte del país y será noticia, por varios días, en una de las revistas deportivas más conocidas de la argentina de aquellos años, "El Gráfico". En cada escala escribía sus notas de viaje en un cuaderno.
En su paso por la provincia de Córdoba, después de un accidente de tránsito del que milagrosamente sale ileso, Ernesto hace amistad con un "linyera", quien lo convenció de tener oficio de peluquero y se ofreció a demostrárselo practicándole un corte gratis. Nacería de este encuentro casual, el apodo de "Pelado" que su amigo Alberto Granado le pondrá al verlo con la cabeza rapada hasta las raíces cuando Ernesto lo visita en el leprosario en el que Granado trabajaba, en el pueblito del Chañar, en las afueras de la capital mediterránea Argentina.
Guevara pasa de Córdoba a la provincia de Santiago del Estero y luego la meta será Tucumán. El plan original se pierde a medida que Ernesto avanza y descubre los paisajes del interior argentino. Siempre hay algo más allá adonde debe llegar, algo nuevo que debe ser descubierto. Cruza La Rioja y visita Mendoza, llega hasta Salta, una de las provincias del noroeste, a más de 2.000 kilómetros de Buenos Aires y su familia. 
En 1950, cansado de la situación económica que lo agobia, Ernesto busca trabajo en la marina mercante. Es contratado en los buques de bandera argentina "Anna G.", "Florentino Ameghino", y "General San Martín". En ellos hará travesías destacado como enfermero, desde Comodoro Rivadavia, en el sur argentino, hasta Trinidad y Tobago en el Caribe. También visitará, en cargueros y petroleros, las costas de Brasil y Venezuela. Mientras navega estudia las materias que luego rendirá, en su mayoría como libre, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Cuando Ernesto Guevara pierde su trabajo en la marina mercante, viaja a Córdoba para visitar a su novia María del Carmen "Chichina" Ferreyra. De paso aprovecha para encontrarse con los hermanos Granado. En esa visita a la provincia mediterránea argentina, Ernesto planeará una de las aventuras que marcará definitivamente el perfil que tomará su vida. Junto con su amigo de la infancia Alberto Granado deciden recorrer cinco países sudamericanos montados en una motocicleta Norton de 500 centímetros cúbicos de cilindrada a la que llamaban "La Poderosa II". A fines de 1951 los jóvenes se lanzan a la cruzada. 
Granado y Guevara salen de Córdoba hacia Buenos Aires donde se despedirán de los padres de Ernesto. Celia De la Serna le pide a Alberto que traiga al Che de vuelta sano y salvo, para que pueda terminar su carrera de médico. Un tercer tripulante se suma a la aventura. Se trata de un cachorro de perro de policía, al que el Che bautiza con el nombre de "Comeback" y que será el regalo de despedida que el joven le entregará a María del Carmen antes de su partida. 
Que el Che le haya puesto "regreso" al presente que entregaría a su novia, indica su intención de regresar algún día. Pero es evidente que algo en él necesita, por algún llamado desconocido que no alcanza a comprender del todo, lanzarse a la aventura, conocer, probar su capacidad frente al asma, su resistencia, su respuesta ante las dificultades extremas. La próxima parada será Miramar, una playa en el litoral atlántico argentino, donde "Chichina" toma sus vacaciones. Ernesto quiere despedirse de la primera y quizás única mujer que realmente amó en su vida. La relación con "Chichina" está documentada por la mano del Che. Ninguna otra relación amorosa de Ernesto ha sido descrita y expresada con tanta claridad como la que él vivió con María del Carmen Ferreyra. Quizá las experiencias en combate, o las responsabilidades políticas que tuvo que asumir, o los cargos públicos que lo pondrían frente a los ojos de miles de personas, no se lo permitieron. Lo cierto es que Ernesto amó sin reservas a María del Carmen Ferreyra. 
El joven Guevara pensaba quedarse sólo dos días en la ciudad balnearia y parte recién a la semana. Presiente que el final del noviazgo con "Chichina" está cercano, pero se resiste interiormente a la ruptura. De Miramar a Bahía Blanca y de allí a la cordillera. Pasan unos días en Bariloche, donde el Che recibe una carta de María del Carmen anunciándole la finalización de la relación. Ernesto queda conmovido por la noticia. 
El 14 de febrero de 1952 los amigos cruzan la frontera con Chile. El asma no deja tranquilo a Ernesto que debe trabajar para pagar el cruce en barco hacia el país limítrofe. Del lado chileno, los jóvenes ponen rumbo a Osorno montados en su "Poderosa II" que ya comienza a darles dolores de cabeza. En Temuco, Ernesto y Alberto sufren un accidente en el que "La Poderosa II" se parte al medio. Gastan todo el dinero que tenían en repararla. 
Al llegar a Santiago, la motocicleta Norton se rinde y queda abandonada en medio de la soleada capital transandina. Sin dinero y agotados por el viaje, Ernesto Guevara y Alberto Granado se esconden en los baños del buque "San Antonio" que los transportará a Antofagasta desde Valparaíso. Son descubiertos y obligados a trabajar en la cocina hasta llegar al puerto de destino. En Arica, los jóvenes se despiden de Chile el 23 de marzo de 1952. 
En Perú, los amigos caminan hacia la ciudad de Cuzco. Pasan la primera noche en la casa de un campesino que se apiada del cansancio de los jóvenes. A la mañana siguiente, en tren, camiones y autobuses ruinosos repletos de "cholos" continúan el viaje hacia la ciudad sagrada de los Incas. Los jóvenes argentinos descubren paso a paso la miseria y segregación racial a la que es sometido el campesinado peruano de los años cincuenta. Recorren el lago Titicaca y arriban, con los estómagos vacíos y las espaldas rotas, a la milenaria Machu Picchu. En su diario de viaje, Ernesto describe la zona arqueológica peruana con metáforas e imágenes que no repetirá en otros pasajes del escrito. Una realidad muy distinta espera a los amigos en el leprosario de Huambo. Allí conocerán el oprobio en el que viven los internados de aquel hospital miserable que se mantiene gracias a la ayuda de un grupo de vecinos. Camino al leprosario, al que arriban el 14 de abril de 1952, Ernesto sufre un ataque de asma que ni siquiera cuatro inyecciones de adrenalina pueden detener. En Lima, la capital del Perú, el médico Hugo Pesce les consigue alojamiento en el Guía, un centro de atención a leprosos, que es administrado por un grupo de monjas salesianas.
En Pucallpa, a bordo de una embarcación enclenque llamada "La Cenepa", Guevara y Granado comienzan la travesía por el Amazonas peruano. Los acompañará una chica que, según el diario de viaje del Che, comparte conversaciones y cama con los dos amigos. Llegan a San Pablo donde trabajarán unos días en otro leprosario. De allí, en una balsa de troncos con una choza clavada en su centro que construyen los enfermos del hospital, a la que llamarán "Mambo Tango", los jóvenes argentinos continuarán su viaje a través del gran río sudamericano. Navegan durante días disfrutando del exuberante paisaje de la selva. Guevara y Granado se quedan dormidos y derivan sin rumbo llevados por la corriente. Al despertar advierten que están en territorio brasileño. Cruzan el río hacia Colombia y toman contacto por casualidad con el gerente del Independiente Sporting de esa ciudad fronteriza. Los jóvenes son contratados como entrenadores del equipo. Más tarde el Che jugará como guardametas y Granado, al que los colombianos apodarán "Pedernerita", de delantero. Al poco tiempo, con el dinero que cobran por los servicios en el Sporting, parten hacia Bogotá. 
La dictadura de Laureano Gómez había militarizado la capital colombiana. Guevara y Granado son detenidos por la policía que amenaza con deportarlos cuando Ernesto, con la intención de dibujar un mapa en la tierra, saca un cuchillo de entre sus ropas. El Che, lejos de aceptar el decomiso del cuchillo, reclama su devolución en varias oportunidades ante las autoridades policiales. Los problemas con los uniformados continúan y los amigos deciden abandonar el país. Colombia deja una mala impresión en los argentinos, que no comprenden la actitud policial, pero menos el comportamiento de la gente que les recomienda constantemente que no se metan en problemas con los cuidadores del orden.
Ernesto Guevara y Alberto Granado cruzan la frontera hacia Venezuela por el río Tachira. La falta de dinero no es el principal problema que deben afrontar, se suma el asma de Ernesto que lo acosa en forma permanente. Los jóvenes han discutido varias veces la posibilidad de que el Che regrese a Buenos Aires. Guevara decide intentar una conexión con un pariente que transporta mercancías entre la capital argentina y Caracas y que podría facilitar el regreso en avión. Granado, por su parte, consigue un puesto como médico en un leprosario de la capital. Si el Che no logra ser transportado, los dos amigos continuarán el viaje hacia México. Ernesto contacta a su tío y éste le facilita el regreso. El Che debe obtener la visa de entrada a los Estados Unidos, pues el avión en el que viajará, cargado con caballos, está obligado a hacer un día de escala en Miami. La escala se transforma en tres semanas de permanencia en territorio de los EE.UU. producto de un desperfecto en uno de los motores del aeroplano. Finalmente Ernesto Guevara aterriza en el aeropuerto argentino de Ezeiza, donde es recibido por sus familiares.
La experiencia acumulada en el viaje ha dejado profundas huellas en Ernesto. Desde su regreso a Buenos Aires comienza a interesarse más en política. Su diario de viaje termina con una frase que será premonitoria. El Che afirma: "Estaré por el pueblo (...) asaltaré las barricadas y trincheras, teñiré en sangre mis armas y, loco de furia, degollaré a cuanto vencido caiga en mis manos.” El Che se lanza a una loca carrera contra el tiempo por la obtención de su título de médico. El 11 de abril de 1953 lo consigue. Llega a rendir más de diez materias anuales para lograrlo. Viaja a Córdoba donde Ernesto Guevara se encuentra con María del Carmen Ferreyra, en la villa "La Malagueña" donde juega una última carta en el intento de permanecer junto a esa mujer que significó tanto en su vida; el joven Guevara repite su proposición matrimonial y es rechazado nuevamente. Ernesto toma la decisión de seguir viajando, aparte de su familia, ya no son muchas las cosas que lo atan a la Argentina.
El segundo viaje por Latinoamérica, Ernesto Guevara lo realizará en compañía de su amigo Carlos "Calica" Ferrer a quien conociera en Alta Gracia, en la primera residencia cordobesa que el Che habitara con sus padres, en el Hotel "La Gruta". El 7 de junio de 1953, los amigos parten en un tren en el que recorrerán los tres mil kilómetros que separan Buenos Aires de la frontera con Bolivia ubicada en la provincia argentina de Jujuy. Otro tren los conducirá a La Paz, a la que arriban el 11 de julio, donde los jóvenes alquilarán un cuarto sobre la calle Yanacocha. Bolivia está en pleno proceso revolucionario. Por primera vez en la historia del continente, asalariados, mineros y campesinos derrocan a un Estado militarizado y se adueñan del poder político. El intento de implantar la reforma agraria, la nacionalización de las minas de estaño y la formación de un pequeño grupo de defensa compuesto por milicias populares, le ha costado al pueblo boliviano la vida de más de 2.000 mineros. Paz Estensoro encabeza el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Según Paco Ignacio Taibo II, en su libro "Ernesto Guevara, también conocido como El Che", a pesar de la confusión general que todavía reina en La Paz, Guevara logra reconocer tres focos de poder en el MNR. Taibo dice: "A veces -refiriéndose a la reflexión de Ernesto-la percibe como una revolución fallida en la que la corrupción de los dirigentes los acabará arrojando a los brazos del imperialismo. Otras veces no puede dejar de respetar los tremendos combates de los mineros (...). Simpatiza con la reforma agraria, pero no ve quién pueda llevarla hasta el final. En una caracterización del partido triunfante, distingue tres alas. Un ala derecha entreguista y conciliadora representada por Siles Suazo, un centro que está escurriéndose hacia la derecha encabezado por Paz Estensoro y la izquierda encabezada por Lechín, el dirigente de los mineros, piensa que la revolución podrá resistir los embates externos, pero quebrará internamente por causa de las disidencias".
Ernesto Guevara conoce en La Paz a Ricardo Rojo, un abogado argentino que huyó de la persecución del peronismo y con quien vivirá el espectáculo denigrante de la desinfección de campesinos con DDT en los pasillos del ministerio de Asuntos Agrarios de Bolivia. El Che sale de ese país hacia Perú en compañía de Calica y de su reciente amigo Rojo, llevando consigo el presentimiento del futuro fracaso de la revolución y el convencimiento de que aquellos dirigentes que había conocido carecían de la intención moral de transformar la situación de los más necesitados de Bolivia. El Che cruza la frontera peruano-boliviana el 17 de agosto de 1953. Ya en el Cuzco, se dedica a recopilar material fotográfico e información que sumará a los que ya tenía de su viaje anterior y que serán destinados a la edición de un artículo, el único que saldrá publicado con su nombre verdadero, al que tituló "El enigma de piedra". A Ricardo Rojo no le interesa especialmente la arqueología y abandona momentáneamente el grupo. Los tres se reencuentran unas semanas más tarde en Guayaquil, Ecuador, donde los jóvenes se relacionan con tres estudiantes argentinos, entre ellos Gualo García, quien saldrá junto con Ernesto para Guatemala. Calica decide viajar a Venezuela para encontrarse con Alberto Granado. 
En Panamá Ernesto conoce a Rómulo Escobar, un estudiante que le ofrece alojamiento en su casa. En ese país el Che publicará su artículo sobre las investigaciones realizadas en Machu Picchu en la revista "Siete".
Guevara arriba a Costa Rica en los comienzos de diciembre. En San José toma contacto con un grupo de cubanos sobrevivientes del asalto al cuartel Moncada. De labios de Calixto García y Severino Rosell, escucha por primera vez el nombre de Fidel Castro. En Nicaragua, el Che se encuentra por casualidad, mientras caminaba por una ruta, con su amigo Ricardo Rojo, que pasaba en automóvil. Juntos seguirán hasta Guatemala. Un ataque de asma le da la bienvenida a Ernesto Guevara a su arribo al país gobernado por el coronel nacionalista Jacobo Arbenz, de tendencia liberal, que a la llegada del Che enfrentaba la presión incesante de los Estados Unidos.
Cuando Guevara percibe en el aire político guatemalteco la posibilidad de un golpe militar repasa las direcciones de los amigos radicados en México; en la lista se encuentra la de Ulises Petit de Murat, un reconocido cineasta argentino radicado en ese país. 
Ernesto parte hacia la frontera con El Salvador, la visa se le vence y su deseo de andar se acrecienta. En Honduras le niegan la visa para ingresar al país y en unos días más el Che se encuentra nuevamente en Guatemala.
Guatemala hierve ante la ola de rumores sobre un inminente levantamiento militar. Un cargamento de armas checoslovacas que llega a Guatemala rompiendo el bloqueo que Estados Unidos ha impuesto a la región es causa suficiente para que los militares encabezados por el coronel Castillo iniciaran la ofensiva militar desde Honduras.
Ernesto Guevara vivirá a partir de ese momento en la sede de la delegación diplomática argentina. Un día después de la renuncia de Arbenz, Hilda Gadea acompañará a Ernesto en el tren que lo conduce a la frontera. En el viaje, el Che promete a la joven esperarla en México.
En México, Ernesto alquila un pequeño departamento en el que recibirá a la reciente deportada por las autoridades guatemaltecas Hilda Gadea. Allí participa de las reuniones de los exiliados cubanos, que tienen el convencimiento de que la única forma de derrocar al dictador Batista es por la fuerza de las armas.

El 8 de julio de 1955 Ernesto Guevara conoce a Fidel Castro con quien participaría, en un futuro no muy lejano, de la invasión a Cuba. El "Granma" pone la proa hacia Cuba, a la que llegará el 2 de diciembre de 1956. El Che ha pasado en México, al que nunca más volvería, dos años y tres meses de su vida.  Bueno, pero esa es otra historia.

sábado, 30 de septiembre de 2017

En los 97 años del nacimiento de Mario Benedetti | Por Víctor Rey


Mario Benedetti (1920 - 2009)
Hay ciudades que viven en nosotros antes que las conozcamos, porque las recorrimos antes de verlas. Eso me sucedió en mi vista a Montevideo, cuando caminaba por sus calles y me sentaba en un banco de alguna plaza a mirar la ciudad y conversar con algún uruguayo, siempre salía el recuerdo del escritor Mario Benedetti.  Parecía que no había muerto y que nos estaba esperando en alguna esquina de la ciudad o sentado en algún café, leyendo los periódicos o escribiendo algún poema en su libreta. La ciudad me recordaba sus novelas y poesías como las películas que han hecho de su literatura.  Hay ciudades que destilan literatura y nos atrapan en sus calles, una de ellas es Montevideo, y Mario Benedetti contribuyo para que así fuese.

Y qué decir de las frases de su prosa y verso.  Se han vuelto universales y se distribuyen a través de las redes sociales.  Aquí comparto alguna de las cuales me han acompañado y lo siguen haciendo y que muchas veces generan una linda conversación y una profunda reflexión: “Y aunque son siempre he entendido mis culpas y mis fracasos, en cambio sé que en tus brazos el mundo tiene sentido”; “Es lindo saber que usted existe”; “Me gustaría mirar todo de lejos, pero contigo”; “Compañera usted sabe que puede contar conmigo no hasta dos o hasta diez sino contar conmigo”; “Que alguien te haga sentir cosas sin ponerte un dedo encima, eso es de admirar”; “No me tientes, que si nos tentamos no nos podremos olvidar”; “Lo nuestro fue tan fugaz, que una estrella nos vio y pidió un deseo”; “Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que sale del corazón”; “Mi estrategia  que un día cualquiera, no sé cómo ni  con que pretexto, por fin me necesites”: “Es casi ley, los amores eternos, son los más breves.”

Galardonado en 1999 con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y en 2005 con el Internacional Menéndez Pelayo, Benedetti abordó todos los géneros literarios, en los que reflejó una mirada crítica de izquierdas que le llevaría al exilio y a ser, hasta sus últimos días, un firme detractor de la política exterior de Estados Unidos. Sus poesías fueron cantadas por autores como Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Nacha Guevara, Luis Pastor o Pedro Guerra, y sus novelas más famosas llevadas al cine, como La tregua (1974) o Gracias por el fuego(1985), a cargo del director argentino Sergio Renán.

Este exponente por antonomasia de la llamada generación uruguaya de 1945, la "generación crítica", nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, en el Departamento de Tacuarembo. En 1928 comenzó sus estudios primarios en el Colegio Alemán de Montevideo, donde, según contaba el propio Benedetti, gustaba de escribir en verso las lecciones e incluso sorprendió a sus maestros con un primer poema en ese idioma.

Las dificultades económicas solo le permitieron cursar un año de educación secundaria en el Liceo Miranda y después tuvo que ser casi autodidacta, compaginando los estudios con el trabajo, que comenzó a los 14 años en un taller de repuestos de automóvil. Antes de dedicarse a la escritura, Benedetti hizo de taquígrafo, cajero, vendedor, librero, periodista, traductor, empleado público y comercial. Todos estos oficios supusieron un contacto con la realidad social de Uruguay que fue determinante a la hora de modelar su estilo y la esencia de su escritura.

Entre 1938 y 1941 residió en Buenos Aires y en 1945 ingresó en el semanario Marcha como redactor y publicó su primer libro, La víspera indeleble, de poesía. En 1949 Benedetti avanzó en su carrera periodística con su labor en la destacada revista literaria Número, compaginando al tiempo sus tareas de crítico con una carrera imparable como escritor. Así, en una década trepidante publicó obras como Esta mañana y otros cuentos (1949), Poemas de oficina (1956), Ida y vuelta (1958) y La tregua (1960).

Ya desde 1952 comenzó a implicarse de forma destacada en las protestas contra el tratado militar de Uruguay con Estados Unidos. Su primer viaje a Europa lo hizo en 1957, como corresponsal de Marcha y El diario. De 1961 data el libro Mejor es meneallo, que agrupa sus crónicas humorísticas, firmadas con el pseudónimo de Damocles. Residió en París entre 1966 y 1967, donde trabajó como traductor y locutor para la Radio y Televisión Francesa, y luego de taquígrafo y traductor para la UNESCO.

En 1968 fundó en La Habana el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas, que dirigió hasta 1971, y encabezó el Departamento de Literatura Latinoamericana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de Montevideo, entre 1971 y 1973. En los setenta desarrolló una intensa actividad política, como dirigente del Movimiento 26 de Marzo, del que fue cofundador en 1971 y al que representó en el Frente Amplio, coalición izquierdista que alcanzó el poder en 2005.

Mario Benedetti, poeta del amor y del exilio, murió en Montevideo el 17 de mayo del 2009 a los 88 años. Tras una larga enfermedad que amagó varias veces con llevarse a este best seller de las letras uruguayas, de los sentimientos, a este popularizador de la poesía en español como casi ningún otro. La muerte, es decir, esa enfermedad pulmonar crónica que padecía, se lo llevó por delante tras su cuarto ingreso en un año en el hospital Impasa, de Montevideo.  Sus relatos, poesías, y frases nos siguen acompañando.  Su arte lo hizo inmortal.

Sobre el autor: 
Víctor Rey es chileno, radicado en Ecuador. Coordinador de Relaciones Inter institucionales de la Fundación Nueva Vida en Quito. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago de Chile, posteriormente se recibió de Profesor de Filosofía en la Universidad de Concepción. En 1989 obtuvo la Licenciatura en Ciencias Sociales en la Universidad Alberto Hurtado (ILADES), Chile, y en 1993 el Master en Comunicación Social en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.

lunes, 4 de septiembre de 2017

EN LOS 40 AÑOS DE LA MUERTE DE ERNEST FRIEDRICH SCHUMACHER

Víctor Rey

Descubrí la economía budista cuando cayó en mis manos el libro, “Lo pequeño es hermoso”, del economista E. F. Schumacher. Este libro lo leí, cuando estaba estudiando Ciencias Sociales en la Universidad Alberto Hurtado, en Santiago de Chile, allá por el año 1988, en uno de los cursos de Economía.  Es uno de los 100 libros más influyentes desde la Segunda Guerra Mundial. Me atrajo de inmediato su título, que ya decía mucho de su contenido y me ayudó mucho para entender la economía y poder apreciar esta ciencia desde una perspectiva más amigable y no tan técnica como se suele presentar.  También a adentrarme en la filosofía budista y su propuesta económica.  Schumacher nació en Bonn, Alemania en 1911 y falleció el 4 de septiembre de 1977 en Suiza.
Schumacher visitó Birmania como miembro del consejo de carbón británico para aconsejar al país en la adopción de un crecimiento al estilo oriental. Tras pasar un tiempo conociendo las costumbres del país, y estudiando sus máximas, se dio cuenta de que la economía occidental podría incorporar ideas del budismo para promover un crecimiento más sostenible y respetuoso con la naturaleza, que a la vez pudiese brindar al ser humano el completo desarrollo de sus facultades.
Una de las propuestas que me resulta más interesante es la economía budista, sobre todo porque tiene en cuenta las necesidades humanas y sus limitaciones, proponiendo un control sobre el ansia de querer siempre más. La finalidad es alcanzar un verdadero desarrollo del ser humano en todas sus dimensiones, como ser individual cuya acción va mucho más allá del mero consumo, que actúa en comunidad y se hace responsable de su entorno.
La economía occidental se centra en el interés individual. En cambio la economía budista desafía este concepto con la idea de la inexistencia de un ego permanente. Esto quiere decir que todo lo que uno percibe con sus sentidos trasmite una falsa idea de un “yo” inherente y real. Esto deriva inevitablemente en que se desarrolle una idea de “lo mío”, siendo esta la base del comportamiento egoísta.
El egoísmo no se considera producto de la maldad sino que es un error consecuencia del desconocimiento de la esencia real de las cosas. Es por esto que el ser humano tiene que desapegarse de este sentimiento. La economía basada en el interés personal y con un enfoque oportunista y materialista está condenada al fracaso. En contrapunto proponen promover la generosidad, ya que el ser humano es un actor cooperador motivado por mejorar su entorno. Los individuos y colectividades que cooperan sobreviven, prosperan y funcionan.
El segundo factor que diferencia ambos conceptos es la búsqueda de maximización de beneficios, mientras que la budista enfatiza la importancia de minimizar el sufrimiento. La manera de minimizar el sufrimiento es promoviendo la simplificación de los deseos, de manera que se calme el ansia consumista y materialista y la frustración que conlleva el querer siempre más y lo mejor. Una vez las necesidades básicas del hombre están cubiertas (comida, ropa, refugio, medicinas) el resto de necesidades materiales debe ser minimizado.
La visión del mercado y el crecimiento también dista en ambas visiones. Los enfoques occidentales tienen como objetivo maximizar los mercados hasta el punto de saturación mientras la economía budista tiene como objetivo minimizar el daño. Tienen en cuenta actores primordiales como las futuras generaciones, el medio ambiente y los pobres, que no están correctamente representados porque no gozan del mismo poder que los actores más poderosos y ricos. Es por ello que el mercado no es imparcial y no es representativo de la economía. El concepto de Ahimsa (no cometer acciones que puedan ocasionar daño a uno mismo o a los demás) urge a encontrar soluciones de una manera colectiva y participativa.
Desde el punto de vista budista, no hay nada negativo en el progreso económico, a no ser que ese progreso económico promueva el apego a los bienes materiales y la avaricia. El crecimiento económico que conlleva una reducción de sufrimiento es bienvenido, ya que alivia los efectos negativos de la pobreza. Lo que importa en este caso es la manera en que se genera la riqueza, si ésta se genera a través de un trabajo digno y respetuoso donde se fomenta la confianza, permite a los individuos tener una seguridad económica y poder estar libres de deudas, cuidar de sí mismos y de su comunidad. Esto lleva a desincentivar la maximización de beneficios como fin en sí mismo e impulsar la importancia de la producción a pequeña escala, local, adaptable y sostenible.
Una economía budista considera que el consumo es un medio para el bienestar humano. El objetivo se trata de maximizar el bienestar con un consumo mínimo.
El trabajo debe ser debidamente apreciado y darse con unas condiciones dignas, de manera que impulse al hombre a producir, dar lo mejor de sí mismo y desarrollar su personalidad. La liberación que supone para el hombre dejar de estar enfocado exclusivamente a maximizar sus ingresos y destinar su tiempo a largas jornadas laborales, le permite tener más dedicación a actividades que repercutan en el bienestar de la comunidad. La persona que se puede ganar la vida con un trabajo digno, puede invertir su tiempo también a fortalecer los lazos que lo unen con el resto de individuos de su comunidad. Está demostrado que la inversión en las relaciones interpersonales tiene un impacto positivo en el bienestar.
El concepto de Producto Nacional Bruto (PIB), incompleto para medir el bienestar, es sustituido por la Felicidad Nacional Bruta (FNB). Este indicador mide el bienestar y la felicidad a través de varios factores como el bienestar económico, el ambiental, la salud física y mental y el bienestar laboral, social y político.
Teniendo en cuenta la época en que las ideas de Schumacher fueron planteadas, se puede considerar que transmiten propuestas que en su mayoría son totalmente vigentes hoy en día como la importancia de las energías renovables, pensar más allá del PIB, promover el comercio local y una producción eficiente. En una economía budista se busca pues el consumo óptimo, no el máximo.

La manera en que experimentamos e interpretamos el mundo depende mucho del tipo de ideas que tenemos. Si las ideas son principalmente débiles, superficiales e incoherentes, la vida parecerá también insípida, aburrida, insignificante y caótica. La economía budista defiende la idea de una economía que permita al hombre desarrollar sus facultades y liberarlo del deseo de querer siempre más. Para el desarrollo de estas facultades se requiere una revalorización de lo que verdaderamente satisface al hombre y una limitación de los deseos sin sentido, donde la óptima asignación del trabajo permita estar en un equilibrio y gozar de un nivel de bienestar con lo que se tiene.  Creo que la propuesta de Schumacher tiene hoy más vigencia que nunca es una alternativa real para aplicarla en América Latina.