miércoles, 7 de octubre de 2015

Renuncié y no me he muerto de hambre





RenuncieCarolinaChavatePrincipal
La escritora Carolina Chavate reflexiona acerca de lo complicado de obtener éxito, felicidad y satisfacción, haciendo algo que no se ama. “No hemos venido a este mundo a hacer cosas que odiamos a cambio de unos cuantos pesos, sería pedirle demasiado poco a la vida”.
Renuncié a mi trabajo y no me he convertido en un monstruo como Gregorio Samsa, estoy bien. De hecho nunca me había sentido con tanta energía creativa y me parece que eso es bueno.
Creo que la mayor parte de eso que llamamos presión social puede resumirse en una pregunta cotidiana: “¿En qué trabajas?, ¿Para quién o en dónde trabajas?” El mundo no está preparado para escuchar la respuesta de “haciendo realidad un sueño, un proyecto personal”, “obteniendo inspiración para mi libro”, “estoy creando una serie fotográfica de lo que la gente pisa con la suela de sus zapatos”, “hago dibujitos y los publico en mis redes sociales”, “me gusta ir a ver pelis y después reseñarlas en mi blog”, “hago croché”, ”tengo un taller de vitrales en casa”, “toco el Ukelele”, “entrevisto gente en la calle”, “hago malabares”, “bailo”, “cocino y experimento con alimentos”, o “viajo y cuento historias del movimiento del mundo”.
NO.
El mundo no está preparado para escuchar que tienes escrita una lista de objetivos idealistas, aunque sean específicos, medibles, alcanzables, aunque tengan sentido y significado; y que además estés tratando de tachar punto por punto de esta lista. El mundo además cree que esa es la opción fácil, cuando en realidad cuesta y cuesta desde adentro porque la verdad es que para ese mundo, es más fácil complicar que simplificar.
Me cuesta creer que haya gente de mi edad que sigue soñando con jubilarse para dedicarse a aquello para lo que nació cuando tenga prescripción médica para enfermedades derivadas del estrés de toda una vida, pantuflas y por fin libere la hipoteca de una casa llena de cosas inútiles que no podrá llevarse a la tumba. ¿Por qué seguimos viviendo como si fuera a haber tiempo siempre? (una vieja pregunta).
Ayer por ejemplo estuve caminando por el centro y curiosamente en diferentes momentos, me encontré con tres amigos. Todos de escalas socioeconómicas diferentes (así nos miden ¿no?). Uno es vendedor ambulante de películas (tiene las mejores siempre), otro es profesional, talentoso y empleado. El tercero, un gerente de un importante lugar de la ciudad. Eran las 5:30 pm y los tres estaban devastados, ojos rojos, lentos, torpes. No eran lo que yo he conocido de ellos. Por supuesto me hicieron espejo, me vi a mi misma hace meses, secándome.
Cuando estamos ocupados nos volvemos estúpidos, estoy convencida de que las mejores ideas, proyectos y la mejor versión de nosotros mismos surge cuando nos regalamos tiempo… y esto es raro porque nacemos con tiempo pero malvendemos las horas de nuestra vida a empresas y a proyectos en los que no creemos y cuyos valores no compartimos.
En la edad media, el Feudalismo decía que teníamos que poseer tierra para ser felices, luego vino la era industrial inventando necesidades que comprar para alimentar el capital y hacernos sentir miserables sino lo teníamos y ¿ahora? No soy yo la única que siente que las cosas están cambiando, ésta generación tiene muchas cosas qué decir.
SER + HACER +TENER = NACER + ESTUDIAR + TRABAJAR + COMPRAR +REPRODUCIRSE +MORIR
Todos los días leo posts, tuits o converso con amigos y me convenzo de que resulta extremedamente complicado obtener éxito/felicidad/satisfacción o que nos vaya bien, haciendo algo que no amamos. Yo creo que no hemos venido a este mundo a hacer cosas que odiamos a cambio de unos cuantos pesos, sería pedirle demasiado poco a la vida, y eso es algo que la muerte súbita de tres seres queridos me ha enseñado.
Tampoco es justo dejar de hacer algo que amamos por dinero y para ello hay que estar muy conectado con los pocos deseos, deben ser pocos, que nos son esenciales. (Ahora parezco Coelho… perdón, es lo que me atraviesa en este momento y este es mi blog).
Hace meses escribí una historia para una revista que me remuneró económicamente por ello. No pude estar más feliz y lo tomé como una señal. El editor, a quien admiro muchísimo, me reseñó como “escritora colombiana”. Lo que me sorprendió de esto es que alguien muy cercano a mí me dijo que era una pretenciosa, que yo no era escritora “tenés que poner que sos abogada, ese es tu título” ¿Abogada? pero si yo no ejerzo, ¿Qué dirían los realmente abogados de alguien como yo?
Voy a cumplir 27 y tengo varios diplomas de los cuales uno o dos me hacen sonreír. Al mirarlos comprendo que el oficio (hermosa palabra) no nos lo da nuestro título. El oficio, nos lo da nuestro talento. Escribir, para mí es una forma de respirar, no son solo signos de colores que se escurren en una página, no es solo seguir llenando libretas Moleskine compulsivamente.
Hace poco leí que lo único que necesitamos para convertirnos en artistas (léase Escritores) es la capacidad de asombro. He dedicado estos últimos días a salir a buscar lugares y personajes que habitan el mundo para encontrar así aquello que nos hace sentir vivos…a todos.
Entonces, ¿no soy escritora? o ¿tengo que ganarme el premio Alfaguara, un nobel, y esperar a que alguna editorial me haga digna de ser explotada por las regalías de un libro para que después me entrevisten y algún círculo de intelectuales me destroce? o ¿puedo seguir autopublicándome, escribiendo por encargo y seguir creando con confianza y disciplina?. El mundo necesita seres que pongan su talento a circular en este proyecto colectivo que se llama planeta tierra. Así vibra la cosa, nada es original pero vale la pena poner al servicio de los demás esas pequeñas cosas que bien enfocadas nos hacen únicos y así ir desarrollando y perfeccionando lo que amamos hacer.
¿Y esto cómo para qué o qué?
Para vivir. El dinero llegará como consecuencia, como valor o señal de que le estamos aportando algo al mundo o a la sociedad a la que elijamos pertenecer. Esto hasta el más racional lo sabe, el dinero fluye y como se va, vuelve. Después de todo el dinero es, lo que hagamos con él. Algunos aún sueñan con acumularlo… yo creo que en ese sentido, es más importante la creatividad que el dinero.
Me quedo con esa frase que le escuché a Pepe Mujica, uno va haciendo suyas algunas frases, “Cuando tú compras con plata, no compras con plata, compras con el tiempo de tu vida que tuviste que gastar para ganar esa plata”… hay que escuchar a los sabios.
Así que la próxima vez que alguien me pregunte ¿En dónde trabajas o a qué te dedicas? voy a responder soy escritora… freelance.

martes, 6 de octubre de 2015

Reflexión sobre Dios
Baruch Spinoza
Quiero compartir esta reflexión sobre Dios,   del filósofo Neerlandes Baruch de Spinoza, nacido en Amsterdam el 1632, de padres Hispano-portugueses y fallecido el 1677.  Se educó  en colegios cristiano judíos.
Es considerado uno de los tres grandes racionalistas filosóficos del siglo XVII junto con el alemán Gottfried Leibniz y el francés René Descartes.

“Dios hubiera dicho:
-Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.
-Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.
-¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa.
-Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.
-Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo.
-El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría. Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer.
-Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito… ¡No me encontrarás en ningún libro!
-Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decir a mí como hacer mi trabajo?
-Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te critico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo. Yo soy puro amor.
-Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice… yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias… de libre albedrío ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad? ¿Qué clase de dios loco puede hacer eso?
-Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que sólo crean culpa en ti. Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para tí. Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.
-Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.
-Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro.
-Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.
-No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.
-Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di.
-Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó?… ¿Te divertiste?… ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Que aprendiste?…
-Deja de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.
-Deja de alabarme, ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy?
-Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado, sobrecogido?… ¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.
-Deja de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí. Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas. ¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones?

No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro… ahí estoy, latiendo en ti.”

domingo, 4 de octubre de 2015

"La cultura ha de acreditarse como una forma de comunicación. Su objetivo no es dificultar la comunicación sino enriquecerla. De ahí que no puede presentarse como una imposición, como una tarea desagradable, como una forma de competitividad o como una manera de adularse a sí mismo. No debe manifestarse como una esfera separada de la vida, ni convertirse en un tema más; la cultura es el estilo de comunicarse que hace del entendimiento entre los seres humanos un auténtico placer. En una palabra, la cultura es la forma que espíritu, carne y civilización se convierten en persona y se reflejan en el espejo que son los demás." Dietrich Schwanitz.

Cultura es algo que todos tenemos. Mejor dicho, lo que todos tenemos es un cierto grado de cultura. Todos tenemos creencias, damos por hecho una serie de conocimientos, poseemos gustos (desde la comida y la forma de vestir, hasta para la música y el arte), mantenemos supuestos generales (filosóficos) sobre el mundo, y a través de un lenguaje aprendido somos capaces de comunicar a nuestros semejantes nuestras creencias, costumbres, prejuicios, anhelos, miedos, etc. (y ellos a nosotros).

Sin embargo, aunque todos tenemos cierto grado de cultura, no cualquiera puede llamarse a sí mismo "culto." ¿Qué significa ser culto? ¿Por qué debería importar saber de mitología, historia, literatura, teatro, filosofía, arte, ciencia, lenguaje, activismo social y gustos estéticos? El difunto filólogo y ensayista alemán Dietritch Schwanitz nos respondería que debe importarnos todo esto "para enriquecer nuestras vidas y ayudar a conocernos mejor." Su última obra La Cultura. Todo lo que hay que saber, es un monumental libro que pasa revista a todos los temas que el llamado hombre cultodebe conocer.

Aunque suena impactante, no hay que juzgar un libro por su portada, pues corremos el riesgo de, o decepcionarnos con el autor al no cumplir con nuestras expectativas o de acabar poniéndolo en un altar y adorándolo como vaca sagrada. Schwanitz hace una introducción básica a la cultura, sí, pero la cultura europea  (y un poco de la cultura estadounidense), concentrándose en la cultura de Alemania. Latinoamerica, Asia, África y Oceanía quedan básicamente excluidos. También es evidente el conocimiento profundo del autor en materia de historia, literatura y teatro, pero se aprecia una carencia en ciencia, presentando casi de pasada algunas de las grandes ideas de la ciencia, tales como la evolución y la teoría de la relatividad (e incluyendo pseudociencias como el psicoanálisis en el apartado de "Concepciones científicas del mundo").

 Muy probablemente cualquier hispanohablante sentirá como que "le falta" algo al libro, un sentimiento que no es excusa para rechazar su invitación a conocer de aquellos países de los que no nos ponemos a pensar qué tanto conocemos su influencia en el mundo moderno. Es cierto que el libro realmente no trae suficiente material de "todo lo que deberíamos saber", pero conforme lo pienso más, comienzo a convencerme que ese era justamente el objetivo de Schwanitz a la hora de hacer su obra. No se trata de una obra a la que le resolverá los problemas al mayor ignorante del mundo, conteniendo cada una de las cosas importantes de las que está conforma la cultura, sino de una invitación introductoria y limitada por los conocimientos del autor, a profundizar sobre sus temas, a cuestionarnos cómo es que antes no nos habíamos cuestionado sobre dichos temas.

Schwanitz identifica a la rica cultura griega (comenzando con la Iliada y la Odisea, de Homero) y a la tradición bíblica hebrea como los dos grandes pilares en lo que descansa toda la cultura occidental. A partir de ahí nos da un emocionante paseo por la historia en busca de las razones del mundo actual, llegando hasta la Revolución inglesa de 1688, acontecimiento que el autor afirma (y lo sustenta) es el verdadero inicio del mundo moderno. Las ideas liberales, los cambios en la política pública, la concepción de la libertad de pensamiento y de expresión, la noción de igualdad y la búsqueda de conocimiento del mundo para conocernos mejor a nosotros mismos, nacen en este período y después es heredado a la Ilustración y a los ideales de la Revolución francesa.

Continuamos el viaje por la historia desde la Ilustración hasta el inicio del siglo XXI, en donde nos bajamos del velero de la historia, para subirnos al viaje aéreo de la Literatura europea, en la que conocemos las formas literarias, así como las grandes obras de grandes literatos como Petrarca, Bocaccio, Shakespeare (de quien habla maravillas en todo el libro), Molière, Lessig, Schiller, von Kleist, Goethe, Dickens, Dostoievski, Austen; miramos esos extraños y maravillosos mundo llamados historia de la música, historia del arte e incluso disfrutamos de una obra de teatro en un manicomio con algunos esquizofrénicos que piensan que son los grandes dramaturgos G. B. Shaw, Luigi Pirandello, Bertolt Brecht, Eugene Ionesco y Samuel Beckett, y con un mensaje sobre el sentido del teatro.

Por fin llegamos al tour en camión que nos guía por el camino de los "Grandes filósofos, ideologías, teorías y concepciones científicas del mundo", revisando la filosofía tradicional de Descartes hasta Heidegger, analizando detenidamente el panorama teórico y el mercado de opiniones que representan el marxismo, el liberalismo, el comunitarismo, el fascismo, la teoría crítica, la teoría del discurso, el deconstruccionismo, el feminismo, el multiculturalismo y lo políticamente correcto. La calle de las concepciones científicas del mundo es bastante pequeña, apenas logramos saludar a Darwin y Einstein, con Freud colándose en donde no lo llaman, y recordando la estructura de las revoluciones científicas de acuerdo a Thomas Kuhn. Por último, el tour nos lleva a la historia del debate sobre los sexos y su inimaginable influencia en la creación del mundo actual.

Nuestro primer viaje finaliza, terminamos la primera parte del libro (más de 500 páginas de recorrido), titulado sencillamente Saber. Pero es hora de dar un paseo en un último modelo a través del capítulo que se titula Poder. Es aquí donde nuestro guía Dietrich se pone bastante reflexivo al cuestionarse qué es la cultura, qué es lo que sabe la gente culta, qué debería saber y qué no debe saberse. Así es como damos un visita a la casa del lenguaje, pasándonos luego al mundo de los libros y la escritura, cruzando la calle para conocer brevemente las costumbres de la gente en Alemania, EEUU, Gran Bretaña, Francia, España, Italia, Austria, Suiza y Holanda.

Luego de un breve descanso nos preparamos para ir a la controvertida calle donde se analizan los conceptos de inteligencia, talento y creatividad, dando un repaso por los primeros estudios del IQ (y sus controversias), pasando por la teoría de inteligencias múltiples de Howard Gardner y llegando a averiguar el secreto de la creatividad. Schwanitz nos advierte sobre la vulgaridad de la cultura popular, representada por los reallity shows, los deportes, los chismes de famosos y demás basura de la televisión, las revistas de opinión y otras tonterías que la gente inculta se preocupa por observar.

Es aquí donde nuestro autor-guía arroja sus más controvertidas afirmaciones. La cultura, aunque es maleable y cambia su contenido con el tiempo, es incompatible con el mundo pop al que la mayoría se encuentran acostumbrados. Si bien reconoce que en algún tiempo cosas tan valoradas en la actualidad por la gente culta, como el cine, fueron en su momento vistas como vulgaridades y conocimientos tabú. Una afirmación que quizá escandalizará a más de un lector de este sitio, es la que nos dice que, si bien alguien que no conoce Hamlet puede ser tildado de inculto no sucede lo mismo con aquel que ignora la segunda ley de termodinámica, la estructura del ADN o la relación (mejor dicho, la controversia) entre la gravedad y el electromagnetismo. La ciencia, nos dice el autor, no es usualmente de conocimiento o interés de la gente culta.

Al principio molesta tal afirmación, pero luego de masticar un poco más la idea, somos capaces de tragarla y digerirla: Schwanitz nos está describiendo lo que significa ser actualmente alguien "culto." La cultura, más allá de ser la comprensión general de nuestra civilización, nos dice Schwanitz, es una clase de juego. Un juego en el que los que compiten lo hacen con elegancia y tolerancia en un café, entre risas y comentarios sobre obras de teatro, sucesos que cambiaron el mundo y grandes obras de la literatura universal, acompañado con bella música creada por genios de influencia incalculable para nuestros tiempos. En este juego no está permitido ni la presunción ni la sumisión. Es un juego que llega a dividirse en "dos culturas" (tal como nos diría C. P. Snow, a quien Schwanitz nos recuerda), pero que cada vez la línea divisora se va disolviendo más.

Probablemente, el principal mensaje que debemos rescatar de este libro y de la reflexión en torno a la cultura, es que: el conocimiento de los logros, descubrimientos, eurekas, calamidades, errores, sentimentalismos y creaciones de la humanidad, o sea, el conocimiento de nuestra cultura, va más allá que el solo presentarse ante los demás como alguien "culto." Ser alguien culto no tiene nada qué ver con nuestra clase social, nuestra vocación o nuestro IQ (no se trata de pertenecer a una élite de poder desconectada del resto del mundo), sino con nuestro deseo de comprendernos mejor a nosotros mismos, mirando atrás nuestro pasado, planeando nuestro futuro y concentrándonos en el presente. Solo porque hoy existan los estereotipos de la gente culta, no significa que estos deban ser mantenidos. La cultura está en constante cambio, el cual no puede realizarse si nosotros no lo hacemos. Un cambio importante tal vez sería el considerar tan valioso comprender (aunque sea de forma básica) la termodinámica o la genética tal como la gente culta conoce y admira Hamlet o reconoce un Rembrandt. Después de todo, al mirar a nuestro al rededor, ¿no nos encontramos primero frente a los logros de la tecnología y la aplicación del conocimiento científico?

Schwanitz es creador de una excelente obra de cultura, pero no contiene todo lo que debemos saber. Es solo el punto de partida a lo que idealmente el ciudadano con cultura debe saber. Es hora pues, de comenzar nuestro bello viaje turístico por la cultura, el patrimonio de todos.

Por Daniel Galarza Santiago.