lunes, 7 de septiembre de 2015


Los viajes del Che Guevara

Víctor Rey

A fines de agosto del 2015, estuve en Córdoba, Argentina, invitado por el joven matrimonio compuesto por Josías y Luchi.  Los padres de Luchi me hospedaron esos días en los cuales visitamos algunas iglesias y tuvimos momentos de ricas conversaciones con jóvenes en torno a mates, cervezas o cafés, recorriendo la ciudad.  Uno de estos días Guillermo y Susy los padres de Luchi me invitaron a conocer la Casa Museo del Che en la ciudad de Alta Gracia que queda a 40 kilómetros de Córdoba.  Esta visita fue muy inspiradora.  Por supuesto no pude dejar de recordar la película “Diarios de motocicleta” (2004) donde se narran estos primeros viajes. Estar en el lugar donde el niño Ernesto Guevara vivió por 11 años me hizo reflexionar en la vida itinerante que este ícono del siglo XX que ha inspirado a tantas generaciones.  El ver su bicicleta con la cual recorrió parte del norte de Argentina y la réplica de la moto con la cual viajo a Chile, dan para pensar.  Me hicieron recordar mi primer viaje solo en una tarde de invierno a los 10 años cuando tome un tren de Santiago a Rancagua. También los viajes “mochileando” que hice por tres veranos con unos amigos recorriendo el norte y sur de Chile, en los últimos años de la secundaria, en los tiempo de la Unidad Popular del gobiernos de Salvador Allende, donde nos internábamos por dos meses “construyendo el socialismo”, haciendo trabajos voluntarios.  De alguna manera como el Che conocí la explotación de los obreros y campesinos en mi país.  Luego vinieron los viajes por América Latina.  Recuerdo el segundo que hice con tres amigos donde viajamos por tierra a Colombia.  Conocer por dentro nuestro continente fue algo que me marcó.  Este viaje incluyó un conflicto bélico entre Perú y Ecuador.  En esa oportunidad no tuvimos que quedar por un mes en la ciudad de Guayaquil sin poder regresar a Chile.  Y por coincidencia en esa ciudad también conocimos una de las casas donde vivió por un tiempo el Che en su peregrinaje hacia Cuba.

Los viajes de Ernesto Guevara pueden dividirse fácilmente en dos categorías: los que realiza movido por su espíritu aventurero, como su recorrida por gran parte del territorio argentino a bordo de una bicicleta a la que le había adosado un motor, o sus dos viajes por América Latina en compañía de Alberto Granado y, por otra parte, las giras que lleva a cabo como representante de la Revolución Cubana ante otros países u organismos internacionales.
En 1949, mientras cursaba su segundo año en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, el joven Ernesto decide lanzarse a la aventura y recorrer las provincias Argentinas de Santa Fe, el norte de Córdoba y el este de Mendoza. Su ingenio le permite adaptar un motor de fabricación italiana marca "Cucciolo" a una bicicleta. Ernesto terminará recorriendo casi todo el norte del país y será noticia, por varios días, en una de las revistas deportivas más conocidas de la argentina de aquellos años, "El Gráfico". En cada escala escribía sus notas de viaje en un cuaderno.
En su paso por la provincia de Córdoba, después de un accidente de tránsito del que milagrosamente sale ileso, Ernesto hace amistad con un "linyera", quien lo convenció de tener oficio de peluquero y se ofreció a demostrárselo practicándole un corte gratis. Nacería de este encuentro casual, el apodo de "Pelado" que su amigo Alberto Granado le pondrá al verlo con la cabeza rapada hasta las raíces cuando Ernesto lo visita en el leprosario en el que Granado trabajaba, en el pueblito del Chañar, en las afueras de la capital mediterránea Argentina.
Guevara pasa de Córdoba a la provincia de Santiago del Estero y luego la meta será Tucumán. El plan original se pierde a medida que Ernesto avanza y descubre los paisajes del interior argentino. Siempre hay algo más allá adonde debe llegar, algo nuevo que debe ser descubierto. Cruza La Rioja y visita Mendoza, llega hasta Salta, una de las provincias del noroeste, a más de 2.000 kilómetros de Buenos Aires y su familia. 
En 1950, cansado de la situación económica que lo agobia, Ernesto busca trabajo en la marina mercante. Es contratado en los buques de bandera argentina "Anna G.", "Florentino Ameghino", y "General San Martín". En ellos hará travesías destacado como enfermero, desde Comodoro Rivadavia, en el sur argentino, hasta Trinidad y Tobago en el Caribe. También visitará, en cargueros y petroleros, las costas de Brasil y Venezuela. Mientras navega estudia las materias que luego rendirá, en su mayoría como libre, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Cuando Ernesto Guevara pierde su trabajo en la marina mercante, viaja a Córdoba para visitar a su novia María del Carmen "Chichina" Ferreyra. De paso aprovecha para encontrarse con los hermanos Granado. En esa visita a la provincia mediterránea argentina, Ernesto planeará una de las aventuras que marcará definitivamente el perfil que tomará su vida. Junto con su amigo de la infancia Alberto Granado deciden recorrer cinco países sudamericanos montados en una motocicleta Norton de 500 centímetros cúbicos de cilindrada a la que llamaban "La Poderosa II". A fines de 1951 los jóvenes se lanzan a la cruzada. 
Granado y Guevara salen de Córdoba hacia Buenos Aires donde se despedirán de los padres de Ernesto. Celia De la Serna le pide a Alberto que traiga al Che de vuelta sano y salvo, para que pueda terminar su carrera de médico. Un tercer tripulante se suma a la aventura. Se trata de un cachorro de perro de policía, al que el Che bautiza con el nombre de "Comeback" y que será el regalo de despedida que el joven le entregará a María del Carmen antes de su partida. 
Que el Che le haya puesto "regreso" al presente que entregaría a su novia, indica su intención de regresar algún día. Pero es evidente que algo en él necesita, por algún llamado desconocido que no alcanza a comprender del todo, lanzarse a la aventura, conocer, probar su capacidad frente al asma, su resistencia, su respuesta ante las dificultades extremas. La próxima parada será Miramar, una playa en el litoral atlántico argentino, donde "Chichina" toma sus vacaciones. Ernesto quiere despedirse de la primera y quizás única mujer que realmente amó en su vida. La relación con "Chichina" está documentada por la mano del Che. Ninguna otra relación amorosa de Ernesto ha sido descrita y expresada con tanta claridad como la que él vivió con María del Carmen Ferreyra. Quizá las experiencias en combate, o las responsabilidades políticas que tuvo que asumir, o los cargos públicos que lo pondrían frente a los ojos de miles de personas, no se lo permitieron. Lo cierto es que Ernesto amó sin reservas a María del Carmen Ferreyra. 
El joven Guevara pensaba quedarse sólo dos días en la ciudad balnearia y parte recién a la semana. Presiente que el final del noviazgo con "Chichina" está cercano, pero se resiste interiormente a la ruptura. De Miramar a Bahía Blanca y de allí a la cordillera. Pasan unos días en Bariloche, donde el Che recibe una carta de María del Carmen anunciándole la finalización de la relación. Ernesto queda conmovido por la noticia. 
El 14 de febrero de 1952 los amigos cruzan la frontera con Chile. El asma no deja tranquilo a Ernesto que debe trabajar para pagar el cruce en barco hacia el país limítrofe. Del lado chileno, los jóvenes ponen rumbo a Osorno montados en su "Poderosa II" que ya comienza a darles dolores de cabeza. En Temuco, Ernesto y Alberto sufren un accidente en el que "La Poderosa II" se parte al medio. Gastan todo el dinero que tenían en repararla. 
Al llegar a Santiago, la motocicleta Norton se rinde y queda abandonada en medio de la soleada capital transandina. Sin dinero y agotados por el viaje, Ernesto Guevara y Alberto Granado se esconden en los baños del buque "San Antonio" que los transportará a Antofagasta desde Valparaíso. Son descubiertos y obligados a trabajar en la cocina hasta llegar al puerto de destino. En Arica, los jóvenes se despiden de Chile el 23 de marzo de 1952. 
En Perú, los amigos caminan hacia la ciudad de Cuzco. Pasan la primera noche en la casa de un campesino que se apiada del cansancio de los jóvenes. A la mañana siguiente, en tren, camiones y autobuses ruinosos repletos de "cholos" continúan el viaje hacia la ciudad sagrada de los Incas. Los jóvenes argentinos descubren paso a paso la miseria y segregación racial a la que es sometido el campesinado peruano de los años cincuenta. Recorren el lago Titicaca y arriban, con los estómagos vacíos y las espaldas rotas, a la milenaria Machu Picchu. En su diario de viaje, Ernesto describe la zona arqueológica peruana con metáforas e imágenes que no repetirá en otros pasajes del escrito. Una realidad muy distinta espera a los amigos en el leprosario de Huambo. Allí conocerán el oprobio en el que viven los internados de aquel hospital miserable que se mantiene gracias a la ayuda de un grupo de vecinos. Camino al leprosario, al que arriban el 14 de abril de 1952, Ernesto sufre un ataque de asma que ni siquiera cuatro inyecciones de adrenalina pueden detener. En Lima, la capital del Perú, el médico Hugo Pesce les consigue alojamiento en el Guía, un centro de atención a leprosos, que es administrado por un grupo de monjas salesianas.
En Pucallpa, a bordo de una embarcación enclenque llamada "La Cenepa", Guevara y Granado comienzan la travesía por el Amazonas peruano. Los acompañará una chica que, según el diario de viaje del Che, comparte conversaciones y cama con los dos amigos. Llegan a San Pablo donde trabajarán unos días en otro leprosario. De allí, en una balsa de troncos con una choza clavada en su centro que construyen los enfermos del hospital, a la que llamarán "Mambo Tango", los jóvenes argentinos continuarán su viaje a través del gran río sudamericano. Navegan durante días disfrutando del exuberante paisaje de la selva. Guevara y Granado se quedan dormidos y derivan sin rumbo llevados por la corriente. Al despertar advierten que están en territorio brasileño. Cruzan el río hacia Colombia y toman contacto por casualidad con el gerente del Independiente Sporting de esa ciudad fronteriza. Los jóvenes son contratados como entrenadores del equipo. Más tarde el Che jugará como guardametas y Granado, al que los colombianos apodarán "Pedernerita", de delantero. Al poco tiempo, con el dinero que cobran por los servicios en el Sporting, parten hacia Bogotá. 
La dictadura de Laureano Gómez había militarizado la capital colombiana. Guevara y Granado son detenidos por la policía que amenaza con deportarlos cuando Ernesto, con la intención de dibujar un mapa en la tierra, saca un cuchillo de entre sus ropas. El Che, lejos de aceptar el decomiso del cuchillo, reclama su devolución en varias oportunidades ante las autoridades policiales. Los problemas con los uniformados continúan y los amigos deciden abandonar el país. Colombia deja una mala impresión en los argentinos, que no comprenden la actitud policial, pero menos el comportamiento de la gente que les recomienda constantemente que no se metan en problemas con los cuidadores del orden.
Ernesto Guevara y Alberto Granado cruzan la frontera hacia Venezuela por el río Tachira. La falta de dinero no es el principal problema que deben afrontar, se suma el asma de Ernesto que lo acosa en forma permanente. Los jóvenes han discutido varias veces la posibilidad de que el Che regrese a Buenos Aires. Guevara decide intentar una conexión con un pariente que transporta mercancías entre la capital argentina y Caracas y que podría facilitar el regreso en avión. Granado, por su parte, consigue un puesto como médico en un leprosario de la capital. Si el Che no logra ser transportado, los dos amigos continuarán el viaje hacia México. Ernesto contacta a su tío y éste le facilita el regreso. El Che debe obtener la visa de entrada a los Estados Unidos, pues el avión en el que viajará, cargado con caballos, está obligado a hacer un día de escala en Miami. La escala se transforma en tres semanas de permanencia en territorio de los EE.UU. producto de un desperfecto en uno de los motores del aeroplano. Finalmente Ernesto Guevara aterriza en el aeropuerto argentino de Ezeiza, donde es recibido por sus familiares.
La experiencia acumulada en el viaje ha dejado profundas huellas en Ernesto. Desde su regreso a Buenos Aires comienza a interesarse más en política. Su diario de viaje termina con una frase que será premonitoria. El Che afirma: "Estaré por el pueblo (...) asaltaré las barricadas y trincheras, teñiré en sangre mis armas y, loco de furia, degollaré a cuanto vencido caiga en mis manos.” El Che se lanza a una loca carrera contra el tiempo por la obtención de su título de médico. El 11 de abril de 1953 lo consigue. Llega a rendir más de diez materias anuales para lograrlo. Viaja a Córdoba donde Ernesto Guevara se encuentra con María del Carmen Ferreyra, en la villa "La Malagueña" donde juega una última carta en el intento de permanecer junto a esa mujer que significó tanto en su vida; el joven Guevara repite su proposición matrimonial y es rechazado nuevamente. Ernesto toma la decisión de seguir viajando, aparte de su familia, ya no son muchas las cosas que lo atan a la Argentina.
El segundo viaje por Latinoamérica, Ernesto Guevara lo realizará en compañía de su amigo Carlos "Calica" Ferrer a quien conociera en Alta Gracia, en la primera residencia cordobesa que el Che habitara con sus padres, en el Hotel "La Gruta". El 7 de junio de 1953, los amigos parten en un tren en el que recorrerán los tres mil kilómetros que separan Buenos Aires de la frontera con Bolivia ubicada en la provincia argentina de Jujuy. Otro tren los conducirá a La Paz, a la que arriban el 11 de julio, donde los jóvenes alquilarán un cuarto sobre la calle Yanacocha. Bolivia está en pleno proceso revolucionario. Por primera vez en la historia del continente, asalariados, mineros y campesinos derrocan a un Estado militarizado y se adueñan del poder político. El intento de implantar la reforma agraria, la nacionalización de las minas de estaño y la formación de un pequeño grupo de defensa compuesto por milicias populares, le ha costado al pueblo boliviano la vida de más de 2.000 mineros. Paz Estensoro encabeza el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Según Paco Ignacio Taibo II, en su libro "Ernesto Guevara, también conocido como El Che", a pesar de la confusión general que todavía reina en La Paz, Guevara logra reconocer tres focos de poder en el MNR. Taibo dice: "A veces -refiriéndose a la reflexión de Ernesto-la percibe como una revolución fallida en la que la corrupción de los dirigentes los acabará arrojando a los brazos del imperialismo. Otras veces no puede dejar de respetar los tremendos combates de los mineros (...). Simpatiza con la reforma agraria, pero no ve quién pueda llevarla hasta el final. En una caracterización del partido triunfante, distingue tres alas. Un ala derecha entreguista y conciliadora representada por Siles Suazo, un centro que está escurriéndose hacia la derecha encabezado por Paz Estensoro y la izquierda encabezada por Lechín, el dirigente de los mineros, piensa que la revolución podrá resistir los embates externos, pero quebrará internamente por causa de las disidencias".
Ernesto Guevara conoce en La Paz a Ricardo Rojo, un abogado argentino que huyó de la persecución del peronismo y con quien vivirá el espectáculo denigrante de la desinfección de campesinos con DDT en los pasillos del ministerio de Asuntos Agrarios de Bolivia. El Che sale de ese país hacia Perú en compañía de Calica y de su reciente amigo Rojo, llevando consigo el presentimiento del futuro fracaso de la revolución y el convencimiento de que aquellos dirigentes que había conocido carecían de la intención moral de transformar la situación de los más necesitados de Bolivia. El Che cruza la frontera peruano-boliviana el 17 de agosto de 1953. Ya en el Cuzco, se dedica a recopilar material fotográfico e información que sumará a los que ya tenía de su viaje anterior y que serán destinados a la edición de un artículo, el único que saldrá publicado con su nombre verdadero, al que tituló "El enigma de piedra". A Ricardo Rojo no le interesa especialmente la arqueología y abandona momentáneamente el grupo. Los tres se reencuentran unas semanas más tarde en Guayaquil, Ecuador, donde los jóvenes se relacionan con tres estudiantes argentinos, entre ellos Gualo García, quien saldrá junto con Ernesto para Guatemala. Calica decide viajar a Venezuela para encontrarse con Alberto Granado. 
En Panamá Ernesto conoce a Rómulo Escobar, un estudiante que le ofrece alojamiento en su casa. En ese país el Che publicará su artículo sobre las investigaciones realizadas en Machu Picchu en la revista "Siete".
Guevara arriba a Costa Rica en los comienzos de diciembre. En San José toma contacto con un grupo de cubanos sobrevivientes del asalto al cuartel Moncada. De labios de Calixto García y Severino Rosell, escucha por primera vez el nombre de Fidel Castro. En Nicaragua, el Che se encuentra por casualidad, mientras caminaba por una ruta, con su amigo Ricardo Rojo, que pasaba en automóvil. Juntos seguirán hasta Guatemala. Un ataque de asma le da la bienvenida a Ernesto Guevara a su arribo al país gobernado por el coronel nacionalista Jacobo Arbenz, de tendencia liberal, que a la llegada del Che enfrentaba la presión incesante de los Estados Unidos.
Cuando Guevara percibe en el aire político guatemalteco la posibilidad de un golpe militar repasa las direcciones de los amigos radicados en México; en la lista se encuentra la de Ulises Petit de Murat, un reconocido cineasta argentino radicado en ese país. 
Ernesto parte hacia la frontera con El Salvador, la visa se le vence y su deseo de andar se acrecienta. En Honduras le niegan la visa para ingresar al país y en unos días más el Che se encuentra nuevamente en Guatemala.
Guatemala hierve ante la ola de rumores sobre un inminente levantamiento militar. Un cargamento de armas checoslovacas que llega a Guatemala rompiendo el bloqueo que Estados Unidos ha impuesto a la región es causa suficiente para que los militares encabezados por el coronel Castillo iniciaran la ofensiva militar desde Honduras.
Ernesto Guevara vivirá a partir de ese momento en la sede de la delegación diplomática argentina. Un día después de la renuncia de Arbenz, Hilda Gadea acompañará a Ernesto en el tren que lo conduce a la frontera. En el viaje, el Che promete a la joven esperarla en México.
En México, Ernesto alquila un pequeño departamento en el que recibirá a la reciente deportada por las autoridades guatemaltecas Hilda Gadea. Allí participa de las reuniones de los exiliados cubanos, que tienen el convencimiento de que la única forma de derrocar al dictador Batista es por la fuerza de las armas.

El 8 de julio de 1955 Ernesto Guevara conoce a Fidel Castro con quien participaría, en un futuro no muy lejano, de la invasión a Cuba. El "Granma" pone la proa hacia Cuba, a la que llegará el 2 de diciembre de 1956. El Che ha pasado en México, al que nunca más volvería, dos años y tres meses de su vida.  Bueno, pero esa es otra historia.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

24 señales de que es usted un triunfador (aunque aún no lo sepa)


Con la alegre llegada del buen tiempo, paradójicamente, vivimos días de crisis en los que lamentamos nuestra situación. Llámese astenia primaveral o llámese bajón, en estos episodios nos volvemos llorones y tendemos a filosofar sobre nuestra vida, no precisamente en tono jovial. Los expertos en psicología positiva observan cómo muchas veces nos quejamos de vicio y sin que exista una verdadera razón. Es más, en ocasiones protestamos incluso cuando nos van bien las cosas. “Aunque el éxito lo medimos cada uno de nosotros, lo importante es el disfrute que sentimos en cada momento, saber identificar y expresar los propios talentos, sentir cuál es el propósito de nuestra vida, y disponer de relaciones constructivas con las que compartirlo”, explican desde esta orientación.

La felicidad también tiene una definición subjetiva, pero existen algunos indicadores de que las cosas van bien, incluso mejor de lo que podemos pensar. La coach y escritora norteamericana Shannon Kaiser, experta en conseguir la conexión de sus clientes con su propio “yo” para que lleguen a vivir su verdadero propósito vital, describe, entre las señales de éxito, algunos de los estados cotidianos de nuestra realidad en los que ni siquiera reparamos, pero que se relacionan con lo que, según la psicología positiva, facilita la sensación de plenitud.Como dijo Napoleón Bonaparte, "el éxito no está en vencer, sino en no desanimarse nunca". El gobernante francés ponía el énfasis en la persistencia y en mantener el esfuerzo a pesar de la dificultad. De esta misma manera opina Dafne Cataluña, psicóloga y coach delInstituto Europeo de Psicología Positiva, quien aclara que no existe una definición de éxito universal, sino que depende de lo que nos rodea: “de la cultura, del entorno, y de la propia forma de ser”. Concretando, el triunfo lo definimos cada uno de nosotros, teniendo en cuenta aspiraciones, metas, ilusiones y valores. “Algunas personas objetivan la gloria en sentirse plenas con su vida, otras en lograr ser papás, algunas en encontrar una profesión que les llene, y otras muchas en tener amigos o parejas con los que se sientan con la libertad de ser ellos mismos”, cuenta la especialista.

Éxito y felicidad… ¿material?

Madonna no parece ser la única material girl. En realidad, todos tendemos a medir lo bien que nos va en función de nuestro nivel adquisitivo, siendo este un fenómeno global propio de la sociedad de consumo: vivimos para consumir y ansiamos la acumulación material, por ser la que nos da el estado y la seguridad. Pero no somos más felices que nuestros antepasados que vivieron una carestía real. ¿Cómo puede ser? La psicología lo explica por el principio de habituación, que aplicada a este caso viene a decir lo siguiente: “Por mucho que me guste algo, cuanto más lo tenga, menos me impresiona”. O lo que es lo mismo: nos acostumbramos a tenerlo y, con el tiempo, nos parece lo normal, y por ello dejamos de apreciarlo como al principio. Será porque la novedad genera excitación y porque siempre queremos conseguir lo que no tenemos.

Aclarados los términos de felicidad y victoria, toca pasar a la prueba del algodón. Porque sí existen una serie de señales, que en ocasiones ignoramos, y que dicen de usted que es una persona con éxito. Si se reconoce en ellas, diga adiós a la melancolía y dé la bienvenida a todo un triunfador.

SOBRE LA EXIGENCIA PROPIA Y AJENA

1. Ha dejado de fustigarse por ese viaje que se frustró hace semanas. Ya habrá más opciones…
2. Cada vez controla mejor su ira y monta menos dramas
3. Dejar de ser mileurista estaría bien, pero no es su prioridad
4. Acepta los defectos de sus padres con naturalidad
5. Cuando se topó con su ex hace meses y lo encontró feliz, se alegró (y no fue pose)
Con estas actitudes ha conseguido relajar la exigencia, permitiendo que la magia suceda en lo que se refiere a no sentirte culpable por no conseguir ciertos objetivos, además de liberar de culpa a los demás.

SOBRE EL AMOR PROPIO

6. Usted no está gordito: solo es un disfrutón al que le encanta comer
7. Viste como quiere, sin importarle lo que digan
8. Celebró el último ascenso de su compañero de mesa
9. Cuando alaban su inteligencia, no se sonroja. ¡Si es cierto!
Cuando se disminuye la necesidad de aprobación, la inseguridad se transforma en autoestima y se encuentra a gusto con lo que es, independientemente de los logros y opinión de los demás.

SOBRE EL ENTORNO

10. Pidió ayuda aquella vez en que la necesitó
11. Es capaz de ponerse en el lugar del otro
12. Cuando llega un domingo, tiene a quien llamar para tomar un café
Comunicar las necesidades personales con empatía incrementa las posibilidades de crear y mantener relaciones satisfactorias. Perder el miedo a pedir ayuda favorece las relaciones satisfactorias. Tan Ben Shahar, profesor de la Universidad de Harvard, describe a los “perfeccionistas” como personas que no tienen fin, ya que siempre se proponen metas cada vez más altas y objetivos más difíciles. En su libroLa búsqueda de la felicidad expresa cómo, sin embargo, “cuando consiguen sus metas no sienten la satisfacción ni la felicidad que esperaban, ya que esa expectativa idealizada se desmenuza y el balance entre el esfuerzo y el disfrute resulta negativo al tener el esfuerzo un peso desmesurado”. Conclusión: menos ambición y más amigos.

SOBRE LA ACEPTACIÓN

13. Cuando llega a su hogar, suspira "ay, por fin en casa"
14. Ha decorado el salón del modo en que a usted le gusta
15. No ocurre todos los días, pero a veces le sorprende su propia belleza en el reflejo del espejo
16. Sabe a ciencia cierta que es un buen trabajador
Por supuesto, no solo de amigos vive el hombre. Así que es necesario que en las parcelas de su hogar y su trabajo reine cierto orden. Esto no se traduce en habitar una mansión de ensueño o ser el empleado más brillante de la oficina, sino en que, como el empresario Henry Ford proclamaba, "disfrutar de lo que se obtiene como la clave del éxito". Piense en su último logro laboral y celébrelo.

SOBRE LA REBELIÓN

17. Reconoce a las malas personas y las expulsa de su vida
18. No se lamenta por lo malo que es fumar: simplemente, lo ha dejado
19. Recuerda perfectamente la última vez que dijo "no"
La aceptación solo es positiva si se acompaña de asertividad, un palabro que ahora reivindican todos los expertos en psicología para definir el punto exacto en el que somos capaces de hacernos respetar sin recurrir a la agresividad.

SOBRE LOS SUEÑOS ACORDES AL TALENTO

20. Al suspender aquel examen, estudió más para el próximo
21. Tiene metas por cumplir
No achantarse ante la adversidad es todo un logro. En general, lo es conocer aquello en lo que uno es bueno y, además, le hace sentir bien: “Conocer nuestras fortalezas personales tiene un impacto positivo en el bienestar”, explica la directora del Instituto Europeo de Psicología Positiva. ¿Ha detectado ya sus puntos fuertes y construye sus objetivos en función de ellos? Entonces, es usted una persona con éxito.

SOBRE EL AMOR

22. Puede enumerar, al menos, a cinco personas que lo quieren
23. Les dice 'te quiero' con frecuencia
24. En todas las ocasiones, tal declaración es verdad
La capacidad de amar y ser amado es una de las 24 fortalezas personales descritas por los psicólogos Seligman y Peterson. Sentirnos queridos significa también sentirnos seguros. Tal y como expresaba el también psicólogo Bowbly respecto a sus estudios de las relaciones de apego en la infancia, "cuando hemos creado un apego seguro con las personas que se encargaron de nuestro cuidado en la infancia, las posibilidades de desarrollar relaciones afectivas y sanas es mucho mayor”. 

martes, 1 de septiembre de 2015

Cómo cuidar de nuestra Casa Común

Leonardo Boff


  Hoy, para cuidar de la Tierra, como nos sugirió detalladamente el Papa Francisco en su encíclica “Cuidado de la Casa Común”, se exige «una conversión ecológica global», «cambios profundos en los estilos de vida, en los modelos de producción y de consumo, en las estructuras consolidadas de poder» (nº 5). Este propósito jamás será alcanzado si no amamos efectivamente a la Tierra como nuestra Madre y sabemos renunciar y hasta sufrir para garantizar su vitalidad para nosotros y para toda la comunidad de vida (nº 223). La Madre Tierra es la base que sustenta y alimenta todo. Nosotros no podemos vivir sin ella. La agresión sistemática que ha sufrido en los últimos siglos le quitó el equilibrio necesario. Eventualmente podrá seguir adelante durante siglos, pero sin nosotros.
El 13 de agosto de este año fue el Día de la Sobrecarga de la Tierra (The Overshoot Day), día en que se constató la superación de la biocapacidad de la Tierra para atender las demandas humanas. Necesitamos 1,6 planetas para satisfacerlas. En otras palabras, esto demuestra que nuestro estilo de vida es insostenible. En ese cálculo no están incluidas las demandas de toda la comunidad de vida. Esto vuelve más urgente nuestra responsabilidad por el futuro de la Tierra, el de nuestros compañeros de recorrido terrenal y de nuestro proyecto planetario.
¿Cómo cuidar de la Tierra? En primer lugar hay que considerar a la Tierra como un Todo vivo, sistémico, en el cual todas las partes son interdependientes y están inter-relacionadas. La Tierra-Gaia fundamentalmente está constituida por el conjunto de sus ecosistemas, con la inmensa biodiversidad que existe en ellos, y con todos los seres animados e inertes que coexisten y se interrelacionan siempre, como no se cansa de afirmar el texto papal, muy en la línea del nuevo paradigma ecológico.
Cuidar de la Tierra como un todo orgánico es mantener las condiciones prexistentes desde hace millones y millones de años que propician la continuidad de la Tierra, un super-ente vivo, Gaia. Cuidar de cada ecosistema es comprender las singularidades de cada uno, su resiliencia, su capacidad de reproducción y mantener las relaciones de colaboración y de mutualidad con todos los demás, ya que todo está relacionado y es incluyente. Comprender el ecosistema es darse cuenta de los desequilibrios que pueden ocurrir por interferencias irresponsables de nuestra cultura, voraz de bienes y servicios.
Cuidar de la Tierra es principalmente cuidar de su integridad y vitalidad. Es no permitir que biomas enteros o toda una vasta región sea deforestada y así se degrade, alterando el régimen de lluvias. Es importante asegurar la integridad de toda su biocapacidad. Esto vale no solo para los seres orgánicos vivos y visibles, sino principalmente para los microorganismos. En realidad son ellos los ignotos trabajadores que sustentan la vida del Planeta. Nos dice el eminente biólogo Edward Wilson que «en un solo gramo de tierra, o sea, menos de un puñado, viven cerca de 10 mil millones de bacterias, pertenecientes hasta a 6 mil especies diferentes» (La creación, 2008, p. 26). Por ahí se demuestra, empíricamente, que la Tierra está viva y es realmente Gaia, un superorganismo viviente y nosotros, la porción consciente e inteligente de ella.
Cuidar de la Tierra es cuidar de los “commons”, es decir, de los bienes y servicios comunes que ella gratuitamente ofrece a todos los seres vivos como agua, nutrientes, aire, semillas, fibras, climas etc. Estos bienes comunes, precisamente por ser comunes, no pueden ser privatizados y entrar como mercancías en el sistema de negocios, como está ocurriendo velozmente en todas partes. La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, inventario pedido por la ONU hace unos años, en la cual participaron 1.360 especialistas de 95 países, revisados por otros 800 científicos, arrojaron resultados aterradores. De los 24 servicios ambientales esenciales para la vida, como agua, aire limpio, climas regulados, semillas, alimentos, energía, suelos, nutrientes y otros, 15 estaban altamente degradados. Esto muestra claramente que las bases que sustentan la vida están amenazadas.
De año en año, todos los índices van empeorando. No sabemos cuando va a parar ese proceso destructivo o si se transformará en una catástrofe. Si hubiera una inflexión decisiva como el temido “calentamiento abrupto”, que haría que el clima subiese de 4 a 6 grados centígrados, como advirtió la comunidad científica norteamericana, conoceríamos destrucciones apocalípticas que afectarían a millones de personas. Confiamos en que todavía vamos a despertar. Sobre todo creemos que “Dios es el Señor soberano amante de la vida” (Sb 11,26) y no dejará que suceda semejante armagedón.
Cuidar de la Tierra es cuidar de su belleza, de sus paisajes, del esplendor de sus selvas, del encanto de sus flores, la diversidad exuberante de seres vivos de la fauna y de la flora.
Cuidar de la Tierra es cuidar de su mejor producción que somos nosotros, los seres humanos, hombres y mujeres especialmente los más vulnerables. Cuidar de la Tierra es cuidar de aquello que ella a través de nuestro genio ha producido en culturas tan diversas, en lenguas tan numerosas, en arte, en ciencia, en religión, en bienes culturales especialmente en espiritualidad y religiosidad, por las cuales nos damos cuenta de la presencia de la Suprema Realidad que subyace a todos los seres y nos lleva en la palma de su mano.
Cuidar de la Tierra es cuidar de los sueños que ella suscita en nosotros, de cuyo material nacen los santos, los sabios, los artistas, las personas que se orientan por la luz y todo lo que de sagrado y amoroso ha surgido en la historia.
Cuidar de la Tierra es, finalmente, cuidar de lo Sagrado que arde en nosotros y que nos convence de que es mejor abrazar al otro que rechazarlo y que la vida vale más que todas las riquezas de este mundo. Entonces ella será realmente la Casa Común del Ser.