martes, 2 de septiembre de 2014

95 TESIS EN LA PUERTA DE LA CATEDRAL DE WITTENBERG, DE NUEVO. Matthew Fox


 “Quiero pasar de la Reforma a la transformación, y ha llegado el momento. Pero la Reforma es el primer paso. Y Wittenberg es arquetípica, representa un lugar donde alguien hace tiempo se levantó contra el poder de la Iglesia y dijo: “Basta”. Y así, al igual que aquel “alguien” hizo en 1517, Lutero, hoy el teólogo americano Matthew Fox ha expuesto delante de la Catedral de la ciudad alemana “sus” 95 tesis para una reforma, una “nueva reforma” para una Iglesia que está en crisis. Matthew Fox, autor de 26 libros, ex-dominico, ha fundado la Wisdom University en Oakland, California. Protagonista en los años 80 de debates teológicos, en los que su rival era el entonces Cardenal Ratzinger, prefecto para la Doctrina de la Fe, fue por esto castigado en el año 88 por sus posiciones en relación con la moral sexual con un año sabático forzado. Fox continuó su trabajo junto al Institute in Culture and Creation Spirituality por él instituido primero en Chicago y después en Oakland, pero continuó siendo objeto de ataques por parte de la derecha católica americana, que lo acusaba de posiciones panteístas new age junto a los teólogos de la liberación y a Teilhard de Chardin. En 1992, la expulsión de la Orden dominica (en la que había desarrollado su ministerio durante 34 años), motivada, no oficialmente por sus posiciones teológicas, sino por su rechazo a obedecer la orden del Superior de trasladarse a Chicago (v. Adista nn. 12 y 15/92), así como la clausura de los programas del Instituto. Fue entonces cuando Fox, después de llegar a la Iglesia episcopaliana, dio vida, ayudado por el obispo episcopaliano de Oakland, a una Universidad propia: la University of Creation Spirituality que después se convertiría en Wisdom University.
Fox ha elegido la fórmula de las tesis porque “la finalidad tradicional de una tesis es abrir un debate constructivo para la búsqueda de la verdad”, ha dicho, pero “Una nueva reforma” es también el título del libro que ha publicado en tiempo récord el día siguiente de las elecciones al solio pontificio de Ratzinger. “El plazo no fue fijado por nosotros –ha explicado Fox en el blog presente en su página web- sino por las circunstancias de mi invitación a hablar en Pentecostés a Bad Herlaub, invitación planificada seis meses antes, pero que ha parecido más importante después de la elección de Benedicto XVI. He oído que el escándalo de este hecho, que el primer inquisidor general fuera elegido Papa, habría llamado la atención de la gente y les habría empujado a la búsqueda de una nueva reforma”. “¿Por qué no perdonas al cardenal Ratzinger?, me ha preguntado una señora”, prosigue Fox. “Porque antes viene la justicia, después el perdón”, he respondido”.
A continuación publicamos el texto de las 95 tesis, en nuestra traducción del italiano.

Como Lutero, presento 95 tesis o, en mi caso, 95 observaciones de fe sacadas de mis 64 años de vida y de práctica de la religión y de la espiritualidad. Se que no estoy solo en el reconocimiento de estas verdades. Para mi representan un retorno a nuestros orígenes, un retorno al espíritu y a la enseñanza de Jesús y de sus profetas predecesores y de Cristo, un espíritu que la presencia y la enseñanza de Jesús han liberado.

  1. Dios es Madre y Padre
  2. En este momento histórico, Dios es más Madre que Padre, porque la parte femenina es la parte más postergada y es importante volver al originario equilibrio de género.
  3. Dios es siempre nuevo, siempre joven y siempre “original”
  4. Dios, entendido como Padre que castiga, no es un Dios digno de ser honrado sino un falso dios y un ídolo que sirve a quienes construyen imperios. La noción de un Dios que castiga, del todo masculino, es contraria a la plena naturaleza de la divinidad que es tanto femenina y maternal como masculina y paternal.
  5. “Todos los nombres que damos a Dios derivan de una comprensión de nosotros mismos”(Eckhart). Por lo tanto, las personas que adoran un padre que castiga son, ellos mismos, castigadores
  6. El teísmo (la idea de que Dios está “allí fuera”  por encima o en otros universos) es falso. Todas las cosas están en Dios y Dios en todas las cosas (panteísmo)
  7. Cada uno nace capacitado de inteligencia mística y de amor, capaz de vivir la unidad de las cosas y todos estamos llamados a mantener vivas esta mística y este amor a la vida
  8. Todos estamos llamados a ser profetas, lo que significa intervenir en la injusticia
  9. La sabiduría es amor a la vida (cfr. Libro de la Sabiduría: “Esta es la sabiduría: amar la vida” y Cristo en el evangelio de Juan: “Yo he venido para que tengáis vida y la tengáis en abundancia”)
  10. Dios ama toda la creación. La ciencia nos puede ayudar a penetrar de forma más profunda y a apreciar los misterios y la sabiduría de Dios en la creación. La ciencia no es enemiga de la verdadera religión.
  11. La religión no es necesaria, pero la espiritualidad sí lo es
  12. “Jesús no nos llama a una nueva religión sino a la vida”(Bonhoeffer). La espiritualidad es dar la vida en profundidad de frescura y gratitud, coraje y creatividad, confianza y disponibilidad, compasión y justicia.
  13. Espiritualidad y religión no son la misma cosa así como no lo son la educación y el aprendizaje, derecho y justicia u comercio o servicio.
  14. Los cristianos deben distinguir entre Dios (masculino e historia, liberación y salvación) y divinidad (femenino y misterio, ser y no hecho)
  15. Los cristianos deben distinguir entre Jesús (figura histórica) y Cristo (la experiencia de Dios en todas las cosas)
  16. Los cristianos deben distinguir entre Jesús y Pablo
  17. Jesús, como muchos maestros espirituales, nos ha enseñado que somos hijos e hijas de Dios y que debemos actuar en consecuencia, siendo instrumentos de la com-pasión divina.
  18. La eco-justicia es una necesidad para la supervivencia del planeta en la ética humana, y sin ella crucificamos continuamente a Cristo a través de la destrucción de los bosques, del agua, de las especies, del aire y del suelo.
  19. La sostenibilidad es otra palabra para indicar justicia, porque lo que es justo es sostenible y lo que es injusto no lo es.
  20. Una opción preferencial por los pobres, como se encuentra en el movimiento de las Comunidades de base, es mucho más próximo a la enseñanza y al espíritu de Jesús, que la opción preferencial por los ricos y los poderosos como hace, por ejemplo, el Opus Dei.
  21. La justicia económica pide un trabajo de creatividad para dar vida a un sistema económico que sea global, respetuoso de la salud y del bienestar de los sistemas planetarios y que funcione para todos.
  22. La celebración y el culto son importantes para la comunidad y para la supervivencia humana y estos hechos, que hacen memoria de la alegría, merecen nuevas formas que hablen la lengua del siglo veintiuno
  23. La sexualidad es un acto sagrado y una experiencia espiritual, una teofanía (revelación de lo divino), una experiencia mística. Es sagrada y merece ser honrada como tal.
  24. La creatividad es el don más grande dado a la humanidad pero también el arma más potente para llevar a cabo el mal y, por lo tanto, se necesita animarla y dirigirla hacia aquella actividad humana que es la más parecida a la de Dios y sobre la que todas las religiones están unidas: la compasión
  25. Hay un sacerdocio de todos los trabajadores (aquellos que hacen un buen trabajo son intermediarios de gracia y, por tanto, sacerdotes): este sacerdocio debe ser honrado como sagrado y los trabajadores deben recibir una formación espiritual para llevar adelante su ministerio eficazmente.
  26. El imperialismo es incompatible con la vida y con la enseñanza de Jesús, con la vida y la enseñanza de Pablo y con la enseñanza de las religiones sagradas.
  27. La ideología no es teología y la ideología pone en riesgo la fe porque sustituye el pensamiento con la obediencia y distrae de la responsabilidad de la teología de adaptar la sabiduría del pasado a las exigencias de hoy. En cambio, de la teología, la ideología pide juramento de fidelidad al pasado.
  28. La fidelidad no es un criterio suficiente para el oficio eclesial: lo son la inteligencia y la probada conciencia.
  29. No importa cuánto aludan al papa y al papado los medios televisivos para hacer espectáculo: el papa no es la Iglesia sino que desarrolla un ministerio dentro de ella. La “papolatría” es una forma contemporánea de idolatría y todos los creyentes deben oponerla resistencia.
  30. Crear una Iglesia de “sicofanti” (el diccionario Webster los define como “oportunistas aduladores serviles”) no es una buena cosa. Los “sicofanti” no son personas espirituales porque su única virtud es la obediencia. Una sociedad de “sicofanti” –sacerdotes, seminaristas, obispos, cardenales, órdenes religiosas como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo y Comunión y Liberación, y la prensa “sicofante”- no representan de ningún modo las enseñanzas o la persona del Jesús histórico que ha elegido resistir al poder en vez de acumularlo.
  31. El “secreto pontificio” es una forma de corrupción y de secretismo en la Iglesia como en tantas organizaciones humanas.
  32. El pecado original es una expresión extrema de un Dios padre que castiga y no es una enseñanza bíblica. Pero la bendición original (bondad y gracia) es bíblica.
  33. El término “herida original” describe mejor que “pecado original” la separación que los seres humanos viven dejando el seno materno y entrando en el mundo, un mundo a menudo injusto y no acogedor.
  34. El fascismo y la obsesión por el control no son un recorrido de paz o de com-pasión, y los que aplican métodos fascistas no son modelos de santidad. El abuso del aparato de las canonizaciones para canonizar fascistas es una mancha sobre la Iglesia.
  35. El espíritu de Jesús y de los otros profetas llama a las personas a estilos de vida simple, para que las personas “puedan vivir”.
  36. La danza, cuyo significado original en muchas culturas indígenas es lo mismo que la respiración o el espíritu, es una forma antigua y muy apropiada con la que orar.
  37. Honrar a los antepasados y celebrar la comunión de los santos no significa poner unos héroes sobre el pedestal sino honrarlos viviendo su vida de imaginación, coraje y compasión en nuestro tiempo, en nuestra cultura y en nuestro momento histórico como ellos hicieron en el suyo.
  38. Hay que esperar y acoger con agrado las diversas interpretaciones del acontecimiento Jesús y de la experiencia de Cristo así como sucedía en los primeros tiempos de la Iglesia
  39. La unidad de la Iglesia no significa, por lo tanto, conformidad. Hay unidad en la diversidad. La unidad impuesta no es unidad.
  40. El Espíritu Santo está perfectamente en condiciones de actuar a través de una democracia participativa en las estructuras eclesiales. Los modos de ser jerárquicos pueden interferir con la acción del Espíritu Santo.
  41. Hay que respetar el cuerpo como templo sagrado de Dios; eso no significa que sea intangible, sino que todas sus dimensiones, bien definidas por siete chakra, son igualmente sagradas.
  42. Así, nuestro vínculo con la tierra (primer chakra) es sagrado; nuestra sexualidad (segundo chakra) es sagrada; nuestra capacidad de indignación moral (tercer chakra) es sagrado; el amor que se opone al miedo (cuarto chakra) es sagrado; nuestra voz profética que habla en voz alta es sagrada (quinto chakra); nuestra intuición e inteligencia (sexto chakra) son sagradas; los dones que compartimos con la comunidad de seres de luz y de antepasados (séptimo chakra) son sagrados.
  43. El prejuicio racionalista y la parte izquierda del cerebro, la racional, deben ser equilibrados desde la atención a los chakras inferiores como lugares en los que la sabiduría, la verdad y el Espíritu actúan.
  44. El chakra central, la com-pasión, es el test para todos los demás chakras, que deben servirlo porque “por sus frutos los conoceréis” (Jesús)
  45. “La alegría es el más noble acto humano” (Santo Tomás). Nuestra cultura con su educación, la religión y sus profesiones, ¿promueve la alegría?
  46. El alma humana está hecha por el cosmos y no estará satisfecha hasta que no esté reunida con él. De esta reunión derivará un respeto profundo, inicio de la sabiduría.
  47. Los “cuatro senderos” (vía positiva, vía negativa, vía creativa, vía transformativa) nombrados por la tradición espiritual de la creación, definen el viaje espiritual místico-profético de Jesús y de la tradición hebraica más plenamente que las tres calles de la expiación, de la iluminación y de la unión que no derivan de la tradición hebrea ni bíblica.
  48. Así pues, se puede afirmar que a Dios se le vive en las experiencias de éxtasis, alegría, maravilla y delicia (vía positiva)
  49. Se vive a Dios en la oscuridad, en el caos, en la nada, en el sufrimiento y aprendiendo a dejar fluir las cosas (vía negativa)
  50. Se vive a Dios en los actos de creatividad y de con-creación (vía creativa)
  51. Todas las personas nacen siendo creativas. Es tarea de la espiritualidad dar ánimos a la sagrada imaginación para todos los que han nacido “a imagen y semejanza” del Uno Creativo y “el orgullosos poder de la imaginación es un don de Dios”(Cabalah).
  52. Si puedes hablar, puedes cantar; si puedes caminar, puedes danzar; si puedes hablar, eres un artista (proverbio africano y dicho de los nativos americanos)
  53. Se vive a Dios en nuestra lucha por la justicia, en el cuidado, en la compasión y en la celebración (vía transformativa)
  54. El Espíritu Santo obra a través de todas las culturas y de todas las tradiciones espirituales y sopla “donde quiere”, no es dominio exclusivo de una tradición y nunca lo ha sido.
  55. Dios habla, hoy como en el pasado, por medio de todas las religiones y todas las culturas y todas las tradiciones de fe, ninguna de las cuales es perfecta y camino exclusivo hacia la verdad, pero todas pueden aprender unas de otras.
  56. Por eso la interreligión o el ecumenismo profundo son parte necesaria de la práctica y de la consciencia en nuestro tiempo.
  57. Ya que “el primer obstáculo para la interreligión es una mala relación con la propia fe” (Dalai Lama), es importante que los cristiano conozcan su tradición mística y profética, que es más amplia que una religión del imperio y que las imágenes de un Dios padre justiciero.
  58. El cosmos es el templo santo de Dios y nuestra sagrada morada.
  59. Catorce mil millones de años de evolución y de expansión del universo expresan la íntima sacralidad de todo lo que existe.
  60. Todo lo que existe es sagrado y todo lo que existe está en interrelación, porque todo lo que existe en nuestro universo ha sido iniciado como ser indivisible antes de que tuviera lugar la gran explosión.
  61. La interrelación no es sólo una ley de la física o de la naturaleza, sino que forma también la base de la comunidad y de la compasión. La compasión es el modo en el que se expresa nuestra interrelación compartida tanto a nivel de alegría como de sufrimiento y de lucha por la justicia
  62. El universo no sufre una falta de gracia y ninguna institución religiosa debe considerar que su tarea es racionar la gracia. La gracia es abundante en el universo de Dios.
  63. La creación, la encarnación y la resurrección suceden continuamente a nivel personal y cósmico. Así también la vida, la muerte y la resurrección (regeneración y reencarnación) suceden a nivel cósmico y personal.
  64. La biofilia o amor por la vida, es la tarea cotidiana de cada uno.
  65. La necrofilia, o amor a la muerte, debe ser contrarrestada en sí y en la sociedad en todas sus formas.
  66. El mal puede ocurrir a través de cualquiera, a través de cualquier nación, de cualquier pueblo, de cualquier individuo y, así pues, la vigilancia y la autocrítica y la crítica institucional son siempre necesarias.
  67. No todos los que se llaman “cristianos” merecen este nombre así como “no todos los que dicen ‘Señor, Señor’ entrarán en el reino de los cielos” (Jesús)
  68. La pedofilia es un terrible error, pero su ocultación por parte de la jerarquía es todavía más despreciable.
  69. La fidelidad y la obediencia no son nunca una virtud mayor que la conciencia y la justicia.
  70. Jesús no ha dicho nada sobre el condón, sobre el control de la natalidad o sobre la homosexualidad
  71. Una Iglesia más preocupada por los errores sexuales que por los causados por la injusticia está enferma.
  72. Ya que la homosexualidad se encuentra en 464 especies y en el 8% de la población humana, es natural para aquellos que han nacido así y es un don de Dios y de la naturaleza a la comunidad.
  73. La homofobia en cualquier forma es un grave pecado contra el amor al prójimo, un pecado de ignorancia de la riqueza y de la diversidad de la creación de Dios, y también un pecado de exclusión.
  74. Racismo, sexismo y militarismo son, también ellos, graves pecados.
  75. La pobreza para muchos y el lujo para pocos no son justos ni sostenibles.
  76. El consumismo es la versión moderna de la codicia y debe ser combatido creando un sistema económico al servicio de todos y todas las criaturas de la tierra.
  77. Los seminarios, tal y como los conocemos, con su excesivo acento en el trabajo racional, a menudo matan y corrompen el alma mística de los jóvenes en vez de animar al misticismo y a la conciencia profética. Deberían ser sustituidos por escuelas de sabiduría.
  78. Todos necesitamos un trabajo interior. Por eso, las prácticas de meditación espiritual deben ser accesibles a todos y esto ayudará a calmar el reptilian brain (la parte del cerebro menos racional, más primitiva, similar a la de los reptiles, ndt.). El silencio o la contemplación y el aprendizaje del sosiego pueden y deben ser enseñados a todos los niños y adultos.
  79. Un trabajo exterior necesita fluir desde nuestro trabajo interior, así como la acción fluye de la no acción y la acción verdadera del ser.
  80. Una prueba para saber si una acción es justa es ésta: ¿cuál es el efecto de esta acción sobre las personas desde aquí hasta dentro de siete generaciones?
  81. Otra prueba para saber si una acción es justa es ésta: lo que estoy haciendo, lo que estamos haciendo, ¿es bello o no?
  82. Eros, la pasión por la vida, es una virtud que combate la pereza o la falta de energía para iniciar cosas nuevas y se expresa también con la depresión, el cinismo y la indolencia.
  83. La noche oscura del alma desciende sobre nosotros y la respuesta más idónea no es la dependencia de las compras compulsivas, del alcohol, de las drogas, de la TV, del sexo o de la religión sino, más bien, seguir la oscuridad y aprender de ella.
  84. La noche oscura del alma es un lugar de aprendizaje de gran profundidad. Se necesita sosiego.
  85. No hay una sola noche oscura del alma sino también una oscura noche de la sociedad y una noche oscura de nuestra especie.
  86. El caos es amigo y maestro y parte integrante del preludio de un nuevo nacimiento. Por eso no debe ser temido o controlado por la fuerza.
  87. La ciencia auténtica puede y debe ser una de las fuentes de sabiduría de la humanidad porque es una fuente de sagrado respeto, de maravilla infantil y de verdad.
  88. Cuando la ciencia enseña que la materia es frozen light (“luz congelada”, físico David Bohm) se trata de un pensamiento que libera la carne del ser chivo expiatorio en cuanto negativo, y nos asegura, en cambio, el hecho de que  todas las cosas son luz. Esta misma enseñanza se encuentra en el evangelio cristiano (Cristo es luz en todas las cosas) y en la enseñanza budista (la naturaleza del Buda está en todas las cosas).
  89. Los objetivos propios del corazón humano son la verdad y la justicia (Santo Tomás) y todos tienen derecho de alcanzarlo con una sana educación y un sano gobierno.
  90. “Dios” es sólo uno de los nombres del Uno divino y hay un número infinito de nombres para Dios y la divinidad, sin embargo Dios “no tiene ni tendrá nunca nombre” (Eckhart).
  91. Tres caminos hacia el corazón son el silencio, el amor y el dolor.
  92. El dolor en el corazón del hombre debe ser curado con rituales y prácticas que, puestos en práctica, aplaquen la rabia y consientan a la creatividad socorrer de nuevo.
  93. Dos caminos que parten del corazón son la creatividad y los actos de justicia y com-pasión.
  94. Ya que los ángeles aprenden exclusivamente gracias a la intuición, cuando desarrollamos nuestros poderes de intuición podemos esperar encontrar ángeles en nuestro camino.
  95. La verdadera inteligencia comprende los sentimientos, la sensibilidad, la belleza, la gratuidad y el humor, que es un don del espíritu, con la paradoja que es hermana de todas ellas

Matthew Fox . Teólogo norteamericano. Estudió en el Instituto Católico de Paris y enseñó en diversas universidades e instituciones de USA, donde creó varios centros para la maduración personal y la apertura de la conciencia al misterio de la Vida Universal. Después de casi treinta años de servicio como sacerdote católico y religioso dominico, el Vaticano le impuso un año de silencio y unas condiciones que él no estaba en condiciones de aceptar, por lo que abandonó la Iglesia Católica, ingresando el año 1993 en la Iglesia Espiscopaliana de USA donde sigue ejerciendo su labor de profesor y sacerdote. M. Fox está convencido de que la espiritualidad cristiana debe superar los cauces de una teología y de una iglesia cerrada en sí misma, en un mundo de racionalidad impositiva, para abrirse a nuevos niveles de conciencia, siguiendo la enseñanza de los grandes maestros de la espiritualidad, dentro o fuera del cristianismo. A su juicio, la jerarquía católica moderna ha insistido en el cultivo de una espiritualidad de la caída y de redención (representada por autores como → San Agustín, Bossuet y Tanquerey), pero ha silenciado o rechazado de hecho la espiritualidad de la creación (en la línea de → San Ireneo o Santo Tomás).

jueves, 28 de agosto de 2014

Diálogo Slavoj Zizek - Peter Sloterdijk: La quiebra de la civilización occidental

Nicolas Troung | IDEAS Política y Economía19/08/11

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  1. Desde la crisis económica y el rol de las religiones hasta el caso Strauss-Kahn, dos de los filósofos más leídos de la actualidad analizan presente y futuro de Occidente. “Hemos acumulado tantas deudas que la promesa de reembolso en la cual se funda la seriedad de nuestra construcción del mundo ya no puede sostenerse”, denuncian.
  2. Occidente vive una crisis del porvenir: las nuevas generaciones ya no creen que vivirán mejor que las anteriores. Una crisis de sentido, de orientación y de significación. Occidente sabe más o menos de dónde viene pero le da trabajo saber adónde va. Ciertamente, como decía el poeta francés René Char, “nuestra herencia no es precedida por ningún testamento” y a cada generación le corresponde dibujar su horizonte. Nuestros tormentos, sin embargo, no son infundados. El sentido de lo común se fragmentó. Con el “cada uno en lo suyo”, el sentimiento de pertenencia a un proyecto que trascienda las individualidades se evaporó. El derrumbe del colectivismo –tanto nacionalista como comunista– y del progresismo económico dio lugar al imperio del “yo”. El sentido del “nosotros” se dispersó.
    La idea de partición, de bien común y de comunidad parece volar en pedazos. Sin embargo, son muchos todavía los que no desean confiar la idea de comunidad a los comunitarismos que acosan a un planeta desgarrado. Entre ellos se cuentan Peter Sloterdijk y Slavoj Zizek, filósofos europeos, que aceptaron debatir públicamente por primera vez sobre estos temas.
    Todo los separa en apariencia. El primero es un seguidor de la filosofía individualista de Nietzsche; el otro, un marxista allegado a los movimientos alternativos. El primero es más bien liberal, el segundo, calificado como radical. Gracias a la fuerza metafórica puesta al servicio de sus audacias teóricas, Peter Sloterdijk (se pronuncia “Sloterdeik”) se dedica a captar la época sobre todo gracias a una morfología general del espacio humano, su famosa trilogía de las “esferas”, que se presenta como un análisis de las condiciones por las cuales el hombre puede volver habitable su mundo.
    Aliando a Marx con y la trilogía de ciencia ficción Matrix , haciendo malabarismos entre Hegel y Hitchcock, el pensador esloveno Slavoj Zizek (se pronuncia “Yiyek”) es una figura notoria de la “filosofía pop”, tan severo con el capitalismo global como con cierta franja de la izquierda radical, que articula sin cesar las referencias de la cultura elitista (ópera) y popular (cine) a las grandes deflagraciones planetarias.
    Este encuentro inédito está relacionado con la publicación concomitante de dos trabajos destinados a pensar la crisis que atravesamos. Con Vivre la fin des temps (Flammarion), Zizek analiza las diferentes formas de aprehender la crisis del capitalismo. Para él, los cuatro jinetes del Apocalipsis (desastre ecológico, revolución bioenergética, mercantilización desmesurada y tensiones sociales) están, diezmándolo: la negación (la idea de que la miseria o los cataclismos “no pueden pasarme a mí”), el regateo (“que me dejen el tiempo de ver a mis hijos recibidos”), la depresión (“voy a morir, para qué preocuparme por algo”) y la aceptación (“no puedo hacer nada, mejor que me prepare”). Y propone alternativas e iniciativas colectivas para recobrar el sentido de un comunismo despojado de su gregariedad aliado a un cristianismo liberado de su creencia en la divinidad.
    Con Tu dois changer ta vie (Libella/Maren Sell), Peter Sloterdijk esboza otras soluciones, más individuales y espirituales. Inspirado por el poema de Rainer Maria Rilke consagrado a un torso antiguo del Louvre, trata de inventar en los ejercicios espirituales de los religiosos un nuevo cuidado de sí mismo, una nueva relación con el mundo. Desde el quebranto del crédito hasta el caso que derivó en la renuncia del director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, un diálogo inédito para cambiar de rumbo. Colectivas o individuales, políticas o espirituales, las ideas-fuerza de dos pensadores iconoclastas para evitar los callejones sin salida de la globalización.
    Por primera vez desde 1945, la idea de porvenir está en crisis en Europa. Y a Occidente le cuesta creer en el progreso, como lo muestran estas nuevas generaciones que ya no imaginan que vivirán mejor que sus mayores. Desafección política, crisis económica o crispación identitaria: ¿podemos hablar, para ustedes, de una crisis de civilización?
    Peter Sloterdijk: ¿Qué queremos decir cuando empleamos el término “civilización occidental”, en la cual vivimos desde el siglo XVII? En mi opinión, hablamos de una forma de mundo creada en base a la idea de una salida de la era del apego al pasado. La primacía del pasado se rompió: la humanidad occidental inventó una forma de vida inaudita fundada en la anticipación del porvenir. Esto significa que vivimos en un mundo que se “futuriza” cada vez más. Creo, por ende, que el sentido profundo de nuestro “ser en el mundo” reside en el futurismo, que es el rasgo fundamental de nuestra forma de existir.
    La primacía del porvenir data de la época en que Occidente inventó este nuevo arte de hacer promesas, a partir del Renacimiento, cuando el crédito ingresó en las vidas de los europeos. Durante la Antigüedad y la Edad Media el crédito no desempeñaba prácticamente ningún papel porque estaba en manos de los usureros, condenados por la Iglesia. El crédito moderno, en cambio, abre un porvenir. Por primera vez, las promesas de reembolsos pueden ser cumplidas o mantenidas. La crisis de civilización radica en lo siguiente: entramos en una época en la cual la capacidad del crédito de inaugurar un porvenir sostenible está cada vez más bloqueada porque hoy se toman créditos para reembolsar otros créditos. En otras palabras, el “creditismo” ingresó en una crisis final. Hemos acumulado tantas deudas que la promesa del reembolso en la cual se funda la seriedad de nuestra construcción del mundo ya no puede sostenerse. Pregúntenle a un estadounidense cómo imagina el pago de las deudas acumuladas por el gobierno federal. Su respuesta seguramente será: “Nadie lo sabe” y creo que ese no saber es el núcleo duro de nuestra crisis.Nadie en esta Tierra sabe cómo pagar la deuda colectiva. El porvenir de nuestra civilización choca contra un muro de deudas.
    Zlavoj Zizek: adhiero totalmente a esa idea de una crisis del “futurismo” y de la lógica de crédito. Pero tomemos la crisis económica llamada de las subprimes de 2008. Todo el mundo sabe que es imposible pagar créditos hipotecarios, pero cada uno se comporta como si fuera capaz de hacerlo. Yo a eso lo llamo en mi jerga psicoanalítica, una denegación fetichista: “Sé perfectamente que es imposible, pero de todos modos voy a tratar...” Sabemos muy bien que no podemos hacerlo, pero actuamos en la práctica como si pudiéramos hacerlo. Sin embargo, emplearía el término “futuro” para designar lo que Peter Sloterdijk llama el “creditismo”. El término “porvenir”, por otra parte, me parece más abierto. La fórmula no future es pesimista pero la palabra “porvenir” es más optimista. Y aquí no estoy tratando de dar un nuevo impulso al comunismo de Marx que está emparentado, efectivamente con un creditismo desmesurado. Para caracterizar nuestra situación, económica y política, ideológica y espiritual, no puedo dejar de recordar una historia probablemente apócrifa. Se trata de un intercambio de telegramas entre los estados mayores alemán y austríaco durante la Gran Guerra. Los alemanes habían enviado un telegrama a los austríacos diciéndoles: “Aquí, la situación en el frente es seria pero no catastrófica” y los austríacos respondieron: “Aquí, la situación es catastrófica pero no seria”. Y eso es lo catastrófico: no podemos pagar las deudas pero, en cierta forma, no lo tomamos en serio. Además de ese muro de deudas, la época actual se acerca a una suerte de “grado cero”. En primer lugar, la enorme crisis ecológica nos impone no continuar en esta vía político-económica. Segundo, el capitalismo, como sucede en China, ya no está naturalmente asociado a la democracia parlamentaria. Tercero, la revolución biogenética nos impone inventar otra biopolítica. En cuanto a las divisiones sociales mundiales, crean las condiciones de explotaciones y alzamientos populares sin precedente. La idea de lo colectivo también se ve afectada por la crisis.
    ¿Cómo volver a dar sentido a lo “común” en la hora del individualismo desenfrenado?
    S.Z.: Aunque debemos rechazar el comunitarismo ingenuo, la homogeneización de las culturas, igual que ese multiculturalismo en que se ha convertido la ideología del nuevo espíritu del capitalismo, debemos hacer dialogar las civilizaciones y los individuos singulares. A nivel de los particulares, hace falta una nueva lógica de la discreción, de la distancia, de la ignorancia incluso. En la medida en que la promiscuidad se ha vuelto total, es una necesidad vital, un punto crucial.
    A nivel colectivo, es necesario, efectivamente inventar otra forma de articular lo común. Ahora bien, el multiculturalismo es una falsa respuesta al problema, por un lado porque es una suerte de racismo denegado, que respeta la identidad del otro pero lo encierra en su particularismo. Es una suerte de neocolonialismo que, a la inversa del colonialismo clásico, “respeta” las comunidades, pero desde el punto de vista de su postura de universalidad. Por otra parte, la tolerancia multicultural es una engañifa que despolitiza el debate público, remitiendo las cuestiones sociales a las cuestiones raciales, las cuestiones económicas a las consideraciones étnicas. Hay también mucho angelismo en esta postura de la izquierda posmoderna. Es así como el budismo puede servir para legitimar un militarismo extremo: en los años 1930-1940, el establecimiento del budismo zen no sólo apoyó la dominación del imperialismo japonés sino que incluso lo legitimó. Utilizo deliberadamente el término “comunismo”, pues mis problemas en realidad son los bienes “comunes” como la biogenética y la ecología.
    ¿Cómo volver a dar sentido a lo “común” en la hora del individualismo desenfrenado?
    S.Z.: Aunque debemos rechazar el comunitarismo ingenuo, la homogeneización de las culturas, igual que ese multiculturalismo en que se ha convertido la ideología del nuevo espíritu del capitalismo, debemos hacer dialogar las civilizaciones y los individuos singulares. A nivel de los particulares, hace falta una nueva lógica de la discreción, de la distancia, de la ignorancia incluso. En la medida en que la promiscuidad se ha vuelto total, es una necesidad vital, un punto crucial.
    A nivel colectivo, es necesario, efectivamente inventar otra forma de articular lo común. Ahora bien, el multiculturalismo es una falsa respuesta al problema, por un lado porque es una suerte de racismo denegado, que respeta la identidad del otro pero lo encierra en su particularismo. Es una suerte de neocolonialismo que, a la inversa del colonialismo clásico, “respeta” las comunidades, pero desde el punto de vista de su postura de universalidad. Por otra parte, la tolerancia multicultural es una engañifa que despolitiza el debate público, remitiendo las cuestiones sociales a las cuestiones raciales, las cuestiones económicas a las consideraciones étnicas. Hay también mucho angelismo en esta postura de la izquierda posmoderna. Es así como el budismo puede servir para legitimar un militarismo extremo: en los años 1930-1940, el establecimiento del budismo zen no sólo apoyó la dominación del imperialismo japonés sino que incluso lo legitimó. Utilizo deliberadamente el término “comunismo”, pues mis problemas en realidad son los bienes “comunes” como la biogenética y la ecología.
    S.Z.: Mi idea no consiste tanto en buscar un “co-inmunismo” como en revitalizar la idea de un verdadero comunismo. Pero, tranquilícense, se trata más del de Kafka que el de Stalin, más el de Erik Satie que el de Lenin. Efectivamente, en su último relato Joséphine la cantante o el pueblo de las ratas , traza la utopía de una sociedad igualitaria, un mundo con artistas, como esta cantante Joséphine, cuyo canto reúne, subyuga y deja pasmadas a las multitudes, y que es celebrada sin por ello obtener ventajas materiales.
    Una sociedad de reconocimiento que mantiene lo ritual, revitaliza las fiestas de la comunidad, pero sin jerarquía ni gregariedad. Idem para Erik Satie. Sin embargo, todo parece alejar de la política al famoso autor de las Gymnopédies . El mismo declaraba componer una “música de amueblamiento”, una música ambiental o de fondo. Y no obstante fue miembro del Partido Comunista. De todos modos, lejos de escribir cantos de propaganda, él daba a escuchar una suerte de intimidad colectiva, justo lo opuesto a la música de ascensor. Y es esa mi idea del comunismo.
    Para salir de la crisis, usted, Sloterdijk, opta por la reactivación de los ejercicios espirituales individuales, en tanto que usted, Zizek, insiste en las movilizaciones políticas colectivas y en la reactivación de la fuerza emancipadora del cristianismo. ¿Por qué tales divergencias?
    P.S.: Yo propongo introducir el pragmatismo en el estudio de las presuntas religiones: esa dimensión pragmática obliga a mirar más de cerca qué hacen los religiosos, a conocer las prácticas interiores y exteriores, que se pueden describir como ejercicios que forman una estructura de personalidad. Lo que yo llamo el sujeto principal de la filosofía y la psicología es el portador de las series de ejercicios que componen la personalidad. Y algunas de las series de ejercicios que constituyen la personalidad pueden describirse como religiosas.
    ¿Pero qué significa esto? Se hacen ejercicios mentales para comunicarse con un partenaire invisible, son cosas absolutamente concretas que es posible describir, no hay nada de misterioso en eso. Creo que hasta nueva orden, el término “sistema de ejercicios” es mil veces más operativo que el término “religión” que remite a la santurronería estatal de los romanos. No debemos olvidar que la utilización de los términos “religión” “piedad” o “fidelidad” estaba reservada en tiempos de los romanos a los epítetos que llevaban las legiones romanas estacionadas en el valle del Rin y en todas partes. El privilegio más elevado de una legión era portar los epítetos pia fedelis , porque eso expresaba una lealtad particular al emperador en Roma. Creo que los europeos simplemente olvidaron lo que quiere decir religio . La palabra significa literalmente “diligencia”. Cicerón dio la etimología correcta: leer, legere , religere , es decir, estudiar atentamente el protocolo para organizar la comunicación con los seres superiores. Es, por ende, una suerte de diligencia o en mi terminología, un código de entrenamiento. Por esa razón creo que “la vuelta de lo religioso” sólo sería eficaz si pudiera llevar a prácticas de ejercicios intensificados. Por el contrario, nuestros “nuevos religiosos” no son, la mayoría de las veces, más que soñadores perezosos. Pero en el siglo XX, el deporte se impuso en la civilización occidental. No volvió la religión, reapareció el deporte, después de haber sido olvidado durante casi 1.500 años. No fue el fideísmo sino el atletismo el que ocupó el primer plano. Pierre de Coubertin quiso crear una religión del músculo en los primeros años del siglo XX. Fracasó como fundador de una religión, pero triunfó como creador de un nuevo sistema de ejercicios.
    S.Z.: Considerar la religión como un conjunto de prácticas corporales ya existía en las vanguardias rusas. El realizador soviético Serguei Eisenstein (1898-1948) escribió un texto muy bello sobre el jesuita Ignacio de Loyola (1491-1556) como alguien que sistematizó algunos ejercicios espirituales. Mi tesis sobre la vuelta al cristianismo es muy paradójica: creo que solamente a través del cristianismo uno puede sentirse verdaderamente ateo.
    Si consideramos los grandes ateísmos del siglo XX, se trata en realidad de una lógica totalmente distinta, la de un “creditismo” teológico. El físico danés Niels Bohr (1885-1962) uno de los fundadores de la física cuántica, recibió la visita de un amigo en su dacha . Este sin embargo se resistía a pasar la puerta de su casa por una herradura que estaba clavada –una superstición para impedir que entraran los malos espíritus. Y el amigo le dijo a Bohr: “Eres un científico de primer nivel, ¿cómo puedes creer en esas supersticiones populares?” “¡No las creo!” respondió Niels Bohr. “¿Pero entonces por qué dejas esa herradura?”, insistió el amigo. Y Niels Bohr tuvo esta respuesta excelente: “Alguien me dijo que da resultado aunque uno no crea”. Sería una imagen bastante buena de nuestra ideología actual. Creo que la muerte de Cristo en la cruz significa la muerte de Dios y que ya no es más el Gran Otro que mueve los hilos. La única forma de ser creyente, después de la muerte de Cristo, es participar en vínculos colectivos igualitarios. El cristianismo puede ser entendido como una religión de acompañamiento del orden de lo existente o una religión que dice “no” y ayuda a resistir. Creo que el cristianismo y el marxismo deben combatir juntos la marejada de nuevas espiritualidades así como la gregariedad capitalista. Yo defiendo una religión sin Dios, un comunismo sin amo.
    El momento histórico que atravesamos parece estar signado por la ira. Una indignación que culmina en la consigna “¡Fuera!” de las revoluciones árabes o las protestas democráticas españolas. Ahora bien, según Zizek, usted Sloterdijk es demasiado severo con los movimientos sociales que a su criterio provienen del resentimiento.
    P.S.: Hay que distinguir la ira del resentimiento. Hay toda una gama de emociones que pertenecen al régimen del thymos , o sea, al régimen del orgullo. Existe una suerte de orgullo primordial, irreductible, que está en lo más profundo de nuestro ser. En esa gama del thymos se expresa la jovialidad, contemplación benévola de todo lo que existe. Aquí, el campo psíquico no conoce trastorno. Si bajamos en la escala de los valores, es el orgullo de sí mismo.
    Bajamos un poco más y es la vejación de ese orgullo lo que provoca la ira. Si la ira no puede expresarse, está condenada a esperar para expresarse más tarde y en otra parte, eso lleva al resentimiento, y así hasta el odio destructivo que quiere aniquilar el objeto del cual salió la humillación. No olvidemos que la buena ira, según Aristóteles, es el sentimiento que acompaña al deseo de justicia. Una justicia que no conoce la ira es una veleidad impotente. Las corrientes socialistas del siglo XIX y XX crearon puntos de recolección de la ira colectiva, algo justo e importante. Pero demasiados individuos y demasiadas organizaciones de la izquierda tradicional se deslizaron hacia el resentimiento. De ahí la urgencia de pensar e imaginar una nueva izquierda más allá del resentimiento.
    S.Z.: Lo que satisface a la conciencia en el resentimiento es más perjudicar al otro y destruir el obstáculo que beneficiarme yo mismo. Nosotros los eslovenos somos así por naturaleza. Conocerán la leyenda en la que a un campesino se le aparece un ángel y le pregunta: “¿Quieres que te dé una vaca? ¡Pero cuidado, también le daré dos vacas a tu vecino!” Y el campesino esloveno dice: “¡Por supuesto que no!” Pero para mí, el resentimiento, no es nunca la actitud de los pobres. Más bien la actitud del pobre amo, como Nietzsche lo analizó tan bien. Es la moral de los “esclavos”.
    Sólo que se equivocó un poco desde el punto de vista social: no es el verdadero esclavo, es el esclavo que, como el Fígaro de Beaumarchais, quiere reemplazar al amo. En el capitalismo, creo que hay una combinación muy específica entre el aspecto timótico y el aspecto erótico. Es decir, que el erotismo capitalista es mediatizado en relación a un mal timotismo, que engendra el resentimiento. Estoy de acuerdo con Sloterdijk: en el fondo, lo más complicado es cómo pensar el acto de dar, más allá del intercambio, más allá del resentimiento. No creo realmente en la eficacia de esos ejercicios espirituales que propone Sloterdijk. Soy demasiado pesimista para eso. A esas prácticas auto-disciplinarias, como en los deportistas, yo quiero agregar la heterotopía social. Por eso escribí el capítulo final de Vivre la fin des temps , donde vislumbro un espacio utópico comunista, refiriéndome a las obras que dan a ver y oír lo que podríamos llamar una intimidad colectiva. Me inspiro también en esas películas de ciencia ficción utópicas, donde hay héroes errantes y tipos neuróticos rechazados que forman verdaderas colectividades. Los recorridos individuales también pueden guiarnos. Suele olvidarse que Victor Kravtchenko (1905-1966), el dignatario soviético que denunció muy temprano los horrores del estalinismo en J’ai choisi la liberté y que fue ignominiosamente atacado por los intelectuales pro-soviéticos, escribió una continuación, J’ai choisi la justice , mientras luchaba en Bolivia y organizaba un sistema de producción agraria más equitativo. Hay que alentar a los Kravtchenko que emergen en todas partes, desde América del Sur hasta las orillas del Mediterráneo.
    P.S.: Considero que usted es víctima de la evolución psico-política de los países del Este. En Rusia, por ejemplo, cada uno carga sobre sus hombros con un siglo entero de catástrofe política y personal. Los pueblos del Este expresan esa tragedia del comunismo y no salen de ella. Todo eso forma una especie de vínculo de desesperación autógena. Yo soy pesimista por naturaleza, pero la vida refutó mi pesimismo original. Soy, por así decirlo, un aprendiz de optimista. Y en eso pienso que estamos bastante cerca uno del otro porque en cierto sentido recorrimos biografías paralelas desde puntos de partida radicalmente diferentes, leyendo los mismos libros.
    El caso Dominique Strauss-Kahn: ¿es un simple caso de moralidad o un síntoma de un malestar más importante?
    P.S.: Se trata de un caso planetario que supera el hecho policial. Dominique Strauss-Kahn tal vez sea inocente. Pero esa historia revela que el poder exorbitante que ostenta un individuo puede crear una suerte de religión de los poderosos que yo calificaría de panteísmo sexual. Creíamos haber terminado con los reyes sol. Pero, curiosamente, el siglo XXI multiplica por diez mil a esos hombres de poder que piensan que todos los objetos de su deseo pueden ser penetrados por su irradiación.
    S.Z.: El único aspecto interesante del caso DSK es el rumor que circuló de que sus amigos se habrían acercado a la familia de la supuesta víctima en Guinea para ofrecerle una suma exorbitante de dinero si Nafissatou Diallo retiraba su denuncia. Si eso es verdad, ¡qué dilema! ¿Qué elegir, la dignidad o el dinero que puede salvar la vida de una familia, dándole la posibilidad de vivir en la prosperidad? Eso es lo que resumiría la verdadera perversión moral de nuestro tiempo.
    (c) Le Monde, 2011.

jueves, 21 de agosto de 2014

Rubem Alves: El teólogo que escapó del gueto de las iglesias

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(El País, 27 de julio de 2014)
La muerte del brasileño Rubem Alves el 19 de julio de 2014 a los 80 años ha teñido de luto a la teología latinoamericana, y muy especialmente a la teología de la teología de la liberación, de la que algunos autores le consideran el padre y fue, ciertamente, uno de sus principales iniciadores, junto con  otras grandes figuras como José Comblin, José Míguez Bonino, Juan Luis Segundo, Gustavo Gutiérrez, Segundo Galilea y sus compatriotas Hugo Assmann y Leonardo Boff.  Su tesis doctoral Hacia una teología de la liberación humana,  defendida en 1968 y publicada un año después en inglés con el título de A Theology of Human Hope, causó un profundo impacto en el panorama filosófico, teológico y científico-social mundial.
La editorial española Sígueme, cuyo director de publicaciones era entonces Alejandro Sierra, hoy director de la prestigiosa editorial Trotta, la publicó en 1973 bajo el sugerente título Cristianismo, ¿opio o liberación? con una presentación del teólogo norteamericano Harvey Cox, autor de la paradigmática obraLa ciudad secular, que empezaba de esta guisa: “¡Ojo con este libro, vosotros, los ideólogos, teólogos y teóricos del mundo opulento, del mundo denominado ‘desarrollado’! El tercer mundo de forzada pobreza, hambre, impotencia y creciente enojo ha encontrado una resonante voz teológica. Rubem Alves, protestante brasileño y brillante intelectual latinoamericano, habla con autoridad…”. A continuación Cox definía a Alves como un intelectual que sabía “combinar el corazón apasionado y comprometido del Tercer Mundo con una inteligencia refinada” y cuya mente “puede agrupar, como  herencia, bajo un solo enfoque, las opiniones de Franz Fanon, Karl Marx, Jürgen Moltmann, Mario Savio, Karl Barth y Paul Lehmann, y enriquecerlos con las ideas de intelectuales latinoamericanos, tal como Esdras Costra y Paulo Freire”.
¿Se extralimitaba Cox con tal reconocimiento? Claro que no.  Alves se convirtió muy pronto en referencia obligada para la elaboración de una teoría crítica de la civilización actual y de la teología, tanto tradicional como moderna, así como en un crítico de la dictadura brasileña y del fundamentalismo de las iglesias cristianas. Por ambas críticas tuvo que pagar un doble precio: la persecución de la dictadura de su país, que le obligó a exiliarse y la expulsión de la Iglesia Presbiteriana, a la que pertenecía. Con todo, fue esta una condena beneficiosa, ya que, según la interpretación de Leopoldo Cervantes-Ortiz, uno de los mejores especialistas en la obra del teólogo brasileño, “Alves salió para siempre del gueto de las iglesias para entrar de lleno en el terreno de la imaginación”. Es la experiencia que hemos vivido muchos teólogos y teólogas heterodoxos de  nuestras iglesias, que nos han conducido por los caminos de una teología inclusiva, interreligiosa, intercultural, interétnica e interdisciplinar, que nos ha enriquecido humana y religiosamente y a la que nunca hubiéramos llegado si nos hubiéramos instalado en el regazo eclesiástico materno.
Alves incorpora un nuevo lenguaje a la teología: el del humanismo político, que es el de la esperanza; el de la libertad, que anuncia un ser humano y una comunidad alternativos; el histórico, que habla de los sufrimientos, los gozos y las esperanzas de los seres humanos; el secular y secularizado, que abandona la metafísica, “lo religioso” y los absolutos eclesiásticos, pero también los absolutos históricos; el iconoclasta, subversivo y de la imaginación, que rechaza los hechos como límite, da nombre a las cosas ausentes,  rompe el hechizo de las cosas presentes y abre caminos hacia el futuro.
Es, en fin, el lenguaje de la esperanza, que define como “el presentimiento de que la imaginación es más real que la realidad y que la realidad es menos real de lo que parece. La esperanza es la convicción de que la abrumadora brutalidad de los hechos que la oprimen y la reprimen no han de tener la última palabra”. Maravillosa definición que le lleva a traducir el prólogo del Evangelio de Juan así: “Y la imaginación se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos comprobado su gracias, su verdad y su promesa” (Juan 1,14).
Pero su propuesta del nuevo lenguaje no se quedó en el papel. La aplicó en las diferentes disciplinas que cultivó con lucidez en sus análisis, sus críticas y sus alternativas. Un ejemplo: compara la civilización actual, con la lógica del dinosaurio en su obra Hijos del mañana. Imaginación, creatividad y renacimiento cultural(Sígueme, Salamanca, 1976; original inglés: Haper & Row, 1972). El grandioso reptil de la época secundaria desapareció no porque fuera demasiado débil, sino por su excesiva fortaleza, por su poderío fantástico. Su poder arrogante resultó inútil ya que no fue capaz de adaptarse a los nuevos desafíos del ambiente. La civilización actual se precipita por los mismos derroteros de destrucción que el dinosaurio. Alves cree que habría que ir preparando el epitafio para la especie en extinción que es el ser humano tal como lo formulara R. May: “Como el dinosaurio, tenía poder sin capacidad de cambio, fuerza sin capacidad de aprender” (Man’s serach for himself, Nueva York, 1953, 20).   
Alves fue un pensador interdisciplinar que transitó por la teología, la poesía, la narrativa, la filosofía política, el psicoanálisis, las ciencias sociales y la educación. Todas sus obras son un intento, creo que logrado, de construir una teología lúdico-poética-erótica centrada en el cuerpo y en la vida en su dimensión real. El lugar de la teología es la vida cotidiana, no la academia. Teología y vida interactúan. Teología y literatura están en diálogo permanente. Su hablar de Dios y con Dios tiene como principales interlocutores a los poetas y otros autores literarios. Una de sus sugerencias finales fue sustituir la palabra teología por teo-poesía. Creo que habría que atenderla en beneficio de la teología y de la poesía. Solo por eso merece un lugar destacado en ambos lares.