viernes, 9 de agosto de 2013

E l7: ¿Por qué es un número mágico?

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Desde la antigüedad, este dígito encerró un halo de misterio. Para Pitágoras era “el número perfecto”, Alighieri lo usaba en sus obras y la Biblia lo menciona con frecuencia. ¿Qué secreto oculta? De las siete maravillas a los siete pecados capitales, las claves de una cifra que tiene poder en sí misma.

El 7 es considerado un número mágico porque se compone del sagrado número 3 y del terrenal número 4 estableciendo, así, un puente entre el cielo y la tierra. Si asociamos el número 4 a la tierra con sus cuatro elementos y sus cuatro puntos cardinales, con el sagrado número 3 que simboliza la perfección, llegamos al número 7, que representa la totalidad del universo en movimiento.
 “El número siete -dijo Hipócrates- por sus virtudes ocultas, tiende a realizar todas las cosas; es el dispensador de la vida y fuente de todos los cambios, pues incluso la Luna cambia de fase cada siete días: este número influye en todos los seres sublimes”.
Su simbología se obtuvo, probablemente, a partir del cielo, donde los siete planetas clásicos forman un todo: el septenario. El Sol, la Luna y los planetas visibles: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. La inmensa mayoría de símbolos de siete elementos en el mundo entero derivan de este modelo celeste de las siete esferas.
Hay, además, una gran concordancia entre el número 7 y el 12: como 3 y 4 suman 7, tres veces 4 hacen 12, que son los planetas y los signos derivados de la misma raíz y  participan con el 3  por la divinidad y  con el 4 de la naturaleza de lo inferior.

El 7 está en todo
Vamos a encontrar tantas relaciones y aplicaciones del septenario (el nombre que se le da a los siete planetas clásicos en Astrología y, por extensión, a todo aquello que consta de siete elementos) que sería difícil enumerarlas todas. Veamos algunas: el número 7 está presente en la semana compuesta por siete días y en las fases lunares que duran siete días cada una y, a través de las cuales, surge el mes.
A la simbología del 7 pertenecen, por supuesto, los grupos de los siete elementos como los siete mares del mundo, las botas de las siete leguas y los siete enanitos.
En la Edad Media se conocían siete formas de arte y, desde el inicio de la humanidad, conocemos los siete milagros del mundo. Las siete columnas sobre las que se edificó Roma pertenecen al mismo tipo de simbología que las siete columnas sobre las que se construyó el Templo de la sabiduría de Salomón: en la casa de Dios sobre la tierra se unen el tres divino con el cuatro terrenal.
Al igual que el principio de Hermes, “Como es abajo, es arriba, como es arriba es abajo para que perpetúe el milagro de la Unidad”, así ocurre con el siete celestial, que tiene su correspondencia en el siete terrenal y en los siete metales que -a su vez- constituyen los siete pasos del proceso alquímico. La Lira, el instrumento sagrado de Apolo, consta de siete cuerdas que originaban los tonos de los siete planetas, los cuales elevaban el espíritu del hombre. Los siete colores del arco iris también nos muestran al septenario como regulador de vibraciones.
De acuerdo a Cornelio Agrippa, los siete ángeles que asisten ante la faz de Dios son:
-Para el Sol, el ángel de la Luz , Miguel.
-Para la Luna, el ángel de las aspiraciones y de los sueños, Gabriel.
-Para Mercurio, el ángel civilizador, Rafael.
-Para Venus: el ángel del amor, Anael.
-Para Marte, ángel exterminador, Samahel.
-Para Júpiter, el ángel dominador, Zadkiel.
-Para Saturno, el ángel de la solicitud, Zaphkiel.
Los pecados (o vicios capitales) también se pueden asociar con el septenario: la soberbia al Sol, la avaricia a Saturno, lujuria a Venus, la ira Marte, la gula Júpiter,  la envidia  a Mercurio, la pereza a la Luna. Como contrapartida, sucede lo mismo con las siete virtudes cardinales.

La dualidad del número siete aparece reflejada en la expresión bíblica “siete años de vacas flacas y siete años de vacas gordas”. Además, el 7 es frecuentemente empleado en la Biblia: en el candelabro de siete brazos, los siete espíritus reposando sobre la vara de José, los siete cielos donde habitan las órdenes angélicas y Salomón que construye el templo en siete años.


El 7 y los Astros
Para la Astrología, es bien conocido que el ciclo de siete suele ser un ciclo crítico por dos razones: o por el ángulo hostil que forma la Luna con el Sol cada siete días (llamados días críticos) o por el ciclo de Saturno que hace un aspecto hostil  con su posición inicial cada siete años. El 7 es el número, según se ha señalado, de la finalización de un ciclo y su renovación. El séptimo día el Creador dejó de trabajar y descansó e hizo de éste un día santo: el shabat no es, por ende, su reposo exterior sino su coronación, su finalización en la perfección, y no solamente el séptimo día, el séptimo año también es de reposo.
El número 7, por la transformación que inaugura, posee en sí mismo un poder: es un número mágico.



La religión en la percepción de la felicidad

 Jaume Triginé


En una reciente encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, en una puntuación entre el 0 (nada) y el 10 (mucho), los españoles establecemos en un 7,24 nuestro nivel de felicidad. Diríamos que, en las adversas condiciones actuales (paro, recortes salariales, limitación de prestaciones en los campos de la salud, educación y bienestar social, aumento de impuestos…), la percepción de felicidad es más que aceptable, lo que induce a pensar si para muchas personas el ser se antepone al tener.
En la citada encuesta, entre los factores que determinan la percepción de felicidad sobresalen la salud y el tener trabajo. Cuando en torno a una cuarta parte de la población potencialmente activa alimenta las estadísticas del paro, es normal esta alta valoración del disponer de empleo. También, y a pesar del desencanto por la política, el hecho de vivir en un país con libertades (por lo tanto, ser libre) se valora por delante del vivir en pareja, tener hijos o disponer de dinero (paradigma, este último aspecto, del tener).
Al final de la lista de los factores considerados en la encuesta, aparece el hecho de tener creencias religiosas (que no alcanza ni el aprobado), hecho que contrasta con la alta puntuación que obtiene la existencia de ideales y principios morales sólidos. De nuevo el ser (una persona ética o coherente con la propia conciencia) por delante del tener (una religión).
Si bien se trata de una encuesta, que debe interpretarse con todas las cautelas propias de este tipo de instrumentos, no deja de ser un dato a considerar la baja valoración del hecho religioso a la hora de establecer los factores que determinan la felicidad.
Estos datos vienen a coincidir con los del Estudio Europeo de Valores, que se realiza cada diez años, que pone de manifiesto un significativo descenso de la importancia que se concede al hecho religioso frente a otros valores como la familia, el trabajo, los amigos, el ocio… Concretamente, en este estudio, la religión ocupa el penúltimo lugar por delante, tan solo, de la política.
Se impone la pregunta: ¿qué es lo que ha provocado este descenso en la valoración del hecho religioso? Es evidente que, al haberse efectuado ambos estudios en nuestro contexto, este desmarque tiene que ver con el cristianismo y con la iglesia como su institución más representativa. Más aún, dada la sociología religiosa de nuestro país, los resultados apuntan, fundamentalmente, a la Iglesia Católica.
Pero pecaríamos de ingenuos si considerásemos que nuestro cristianismo evangélico queda al margen por tratarse de un porcentaje minoritario en nuestro país. No nos hallamos libres de pecado para tirar ninguna piedra. El hecho religioso y la iglesia (o mejor las iglesias) han dejado de ser significativas, en un alto grado, para la sociedad. Las causas de los problemas complejos, como el que nos ocupa, son plurales y no podemos caer en el reduccionismo de las respuestas simples.
Existen, sin lugar a dudas, causas externas a la propia iglesia como es el desinterés general por la práctica religiosa y el analfabetismo religioso resultado de una falta de formación sobre esta temática; es por ello por lo que muchos de los contenidos de la fe (la naturaleza de Dios, la Trinidad, la divinidad de Jesucristo…) son incomprensibles para el hombre y la mujer postmodernos. Asimismo, el predominio de determinados valores postcristianos: pragmatismo, relativismo moral, hedonismo… no ayudan a orientarse a la espiritualidad cristiana cuyos valores aparecen, a los ojos de nuestros conciudadanos, como arcaicos y fuera de lugar.
Pero también, y estas deberían preocuparnos, existen causas internas. En términos generales, nos cuesta contextualizar el mensaje de Jesús de Nazaret (el evangelio, las buenas nuevas) a nuestra realidad social. Quizá, en primer lugar, el literalismo de algunos sectores impide la conciliación del relato bíblico con las aportaciones de la paleontología, la geología, el registro fósil, la arqueología, la historia, la biología, la medicina o la psicología. Qué decir de las imágenes distorsionadas de Dios como aquel que prohíbe, castiga, infunde temor, actúa arbitrariamente… Qué de la pretensión de que determinados relatos alegóricos, míticos… sean asumidos como historia objetiva.
A todo ello habrá que añadir un serio problema de comunicación. Nuestro código comunicativo, preñado de conceptos teológicos y/o filosóficos, no se halla en consonancia con la semántica postmoderna. Soteriología, escatología, predestinación, inspiración, redención, expiación, metafísica, inmanencia, trascendencia… son ejemplos de términos que poco, por no decir nada, sugieren a importantes sectores de la población.
Los escándalos que, en ocasiones, salpican tanto a los líderes como a los laicos de las iglesias y la falta de sensibilidad suficiente frente a los problemas de los demás es un elemento más de la ausencia de significación y de credibilidad. La voz de denuncia profética es apenas perceptible a pesar de darse un sinfín de situaciones injustas que reclaman un posicionamiento en favor de tantas víctimas del sistema.
Todo ello explica, quizá solo en parte, el lugar otorgado al hecho religioso en encuestas y estudios sociológicos y nos invita a preguntarnos cuál es nuestro grado de responsabilidad en ello. Es imprescindible modificar la percepción negativa y crítica del cristianismo como algo regresivo y opresor. Muchas personas perciben, en la práctica de la fe, prohibiciones, limitaciones, tristeza, frustración, condenas… Poco atractivo como para considerar la fe como factor facilitador de la felicidad.
Es momento de enfatizar la importancia del ser (aspecto explícito en las enseñanzas de Jesús) sobre el tener, que los propios encuestados no terminan de considerar determinante de la felicidad. Es hora de compartir el mensaje de alegría, sentido, armonía, esperanza, compromiso, liberación, fraternidad, solidaridad, justicia, capacidad de inclusión… para que pueda ser percibida la auténtica esencialidad de las buenas nuevas del Maestro de Nazaret.

lunes, 5 de agosto de 2013

Oración por Marilyn Monroe por Ernesto Cardenal

l


Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de
Marilyn Monroe
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a
los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.


Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia
(según cuenta el Time)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también más que eso…
Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz)
Pero el templo no son los estudios de la 20 th Century-Fox.
El templo ?de mármol y oro- es el templo de su cuerpo
en el que está el Hijo del Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20 th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.
Señor
en este mundo contaminado de pecados y radioactividad
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda.
Que como toda empleadita de tienda soñó ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos
-el de nuestras propias vidas- Y era un script absurdo.
Perdónala Señor y perdónanos a nosotros
por nuestra 20 th Century
Por esta Colosal Super-Producción en que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes
para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.


Recuerda, Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje ?insistiendo en maquillarse en cada escena-
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.


Como toda empleada de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.


Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y apagan los reflectores!
y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.


La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan sólo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER.
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.


Señor
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Angeles
¡contesta Tú el teléfono!