| La soledad de América Latina [Discurso de aceptación del Premio Nobel 1982. Texto completo.] Gabriel García Márquez | |
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Víctor Rey es Profesor de Filosofía, Universidad de Concepción, Chile. Licenciado en Ciencias Sociales, Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile. Master en Comunicación Social, Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. Miembro fundador de la Comunidad de Reflexión y Espiritualidad Ecológica (CREE). Facilitador de URI (Iniciativa de Religiones Unidas), en Quito, Ecuador y Director del Servicio de Estudios de la Realidad (SER).
lunes, 6 de mayo de 2013
domingo, 5 de mayo de 2013
La última cena de Pier Paolo Pasolini
La profanación de su monumento o las elucubraciones sobre su asesinato reabren la polémica sobre el director de cine
"Sporco comunista", "mascalzone", "frocio", "fetuso"... ("sucio comunista", "sinvergüenza", "golfo", "maricón"...). Son las últimas palabras que escuchó Pier Paolo Pasolini antes de ser apalizado hasta morir en la noche del 1 al 2 de noviembre de 1975. Los mismos insultos que hasta hace poco ensuciaban su monumento funerario, que recuerda el lugar donde se perpetró el homicidio en un desolado paraje de Ostia, a 30 kilómetros de Roma. El Ayuntamiento de Ostia Lido decidió cercar la estatua con alambre y unas rudimentarias vallas de madera para evitar las pintadas que deshonraban al artista que amaba a los ragazzi di vita (muchachos de la vida).
Sobre el páramo yermo donde fue reventado a palos hace 31 años se alza ahora una columna más cursi que simbólica, coronada por una paloma que sostiene en el pico una luna llena. Se supone que se puede visitar de lunes a sábado, entre las 9.00 y las 13.00, pero casi nunca está el guarda que abre el candado de la verja. "Venían los chicos y la ensuciaban con sprays. Por la noche se reunían para beber o chutarse. Aquí hay mucha droga, ¿sabe?", dice Giampietro Falcone, taxista de profesión.
"Pino no tenía cara de asesino...", dice la dueña de la 'trattoria' donde cenaron el director y el homicida
"Gente normal, / me condenáis: / a temblar, / a odiar, / a ocultarme, / a desaparecer...", decía el director italiano que, tres décadas después de su muerte sigue levantando ampollas como prueban las verjas del monumento de la Via del Idroscalo, una calle-carretera que discurre entre barbechos salpicados de barracas deshabitadas y galpones que alojan coches polvorientos. Las autoridades programan allí homenajes periódicamente, así que había que mantenerlo a salvo de pintadas y de yonquis.
¿Qué conmemora en realidad el monumento? Según la versión oficial, que Roberto Pelosi, apodado Pino Rana, un chapero de 17 años, golpeó hasta la muerte a Pier Paolo Pasolini, de 53 años. La otra versión, defendida por sus allegados y espoleada por la periodista ya fallecida Oriana Fallaci es que fue víctima de una conspiración política, y que Pelosi sólo fue el cebo que le condujo a la emboscada en la que participaron al menos tres sicarios.
Sea como fuere, si alguien quisiera rememorar hoy el crimen no encontraría muchas dificultades. Los escenarios siguen casi intactos. Como la estación Termini, donde el cineasta recogió al joven prostituto y le invitó a subir en su coche, un Alfa Romeo GT plateado. Los chaperos que amó Pasolini siguen allí. Ya no se amparan bajo los restos de la muralla aureliana, que apesta a orines. Ahora lo hacen en el interior de la estación, en la entrada de la Via Giovanni Giolitti, junto a las escaleras mecánicas. Basta un guiño y se acerca un veinteañero de tez cobriza. "Soy Rocco", afirma, entre descarado y amenazante mientras sushermanos de oficio contemplan la escena. La única diferencia es que hoy llevan cinturones con unas enormes hebillas en las que se lee D&G y se calan gafas de sol de imitación de grandes marcas. Rocco ofrece sus servicios con dos tarifas. En los aseos de la estación, 50 euros; si hay que salir, el precio sube.
Pino Rana declaró en el juicio que Pasolini le ofreció 20.000 liras de entonces (unos 10 euros). El chapero, que ahora tiene 48 años, subió al Alfa del artista, que cogió la Via Nazionale para salir de la ciudad. En el trayecto, al muchacho le entró hambre. Pasolini conocía una trattoria,junto a la basílica de San Pablo, en la Via Ostiense, que conduce a la costa. Se llamaba y se llama Biondo Tevere. Un local alojado en una casa de dos pisos, de paredes encaladas y una luminosa terraza con vistas al Tíber (Tevere) del que toma el nombre. Al artista boloñés le encantaba pasar allí las horas muertas "pensando y escribiendo sus cosas". Las comillas son de Giuseppina Panzironi, cocinera y regente del local desde hace cinco décadas. Ahora tiene 76 años. Ella preparó la última cena de Pasolini y de su homicida. Sentada en la misma mesa donde ambos compartieron mantel rememora la escena: "Nos dijo que le preparáramos algo al chico, que él no tenía hambre porque ya había tomado un bocado en Roma". En su voz hay cierta inquietud, como si esperara aún una revelación que esclareciera lo sucedido aquella fatídica noche. "Era el día de Todos los Santos y no había mucha gente. Mi marido, Vincenzo, les tomó nota. El muchacho pidió spaghetti all'aglio, olio e peperoncino y pechuga de pollo. Pero él insistió en que no tenía apetito, que le bastaba con una birra y una banana. Sólo eso". Ésa fue la última cena del director de El Evangelio según San Mateo. "Se le veía tranquilo. Hablaba en voz baja con el muchacho mientras éste comía... Pino no tenía cara de asesino. Tenía cara de... chiquillo", apunta.
La sala de la planta de abajo de la trattoria se ha convertido en un pequeño museo en torno a la figura del director de Edipo Rey. De la pared cuelgan fotos suyas junto a sus amigos y los actores con los que trabajó como Ana Magnani, dibujos y poemas manuscritos. Sus íntimos en Biondo Tevere eran el escritor Alberto Moravia y su esposa Elsa Morante, y el poeta Dario Bellezza. "Él era muy tranquilo, nunca armaba jaleo, ni bebía. Si acaso una cerveza. Cuando acababa no esperaba la cuenta. Le daba a Vincenzo un cheque en blanco y le decía 'pon tú la cantidad", dice la anciana cocinera.
Giuseppina no tiene constancia de que nadie siguiera al Alfa Romeo hasta su local, ni que le estuvieran esperando a la salida, como apunta la versión conspirativa que hizo reabrir el caso hace tres años. Sólo sabe que el auto partió sobre las doce de la noche hacia Ostia.
Pasolini era un maldito y el malditismo le ha perseguido hasta después de su muerte. El lugar donde cayó muerto, perteneciente a Lido de Ostia, no es el destino turístico ideal. "Entonces venían aquí personas importantes, gente del cine como Fellini y Sordi. Pero ahora nos cae esta chusma de la droga y los turistas se espantan", dice el taxista Falcone. Porque en la estación de Lido Nord no sólo se bajan bañistas, sino muchos enganchados que vienen a buscar su dosis. Pietro es uno de sus camellos. Trabaja en los alrededores de la plaza Lorenzo Gasparini, en el mismo centro del Bronx, como le llaman a este barrio los lugareños. La policía hace redadas periódicas, pero no ha conseguido acabar con la reputación como uno de los supermercados de la droga romana.
Pasolini celebró a estos desharrapados, a los accattone, el proxeneta que protagonizó su primera película. Pietro conoce a casi todos estos muchachos del bogarte (de la calle). Pero no tiene ni idea de quién fue Pasolini, el muerto más ilustre de su localidad. Viéndole trapichear, uno imagina que Pasolini volvería a morir aquí si le dejaran elegir, junto a Pietro, junto a Pino Rana, sin monumentos.
Conmemoran el 195 Aniversario del natalicio de Karl Marx en Alemania
Foto: Especial
MARX MURIÓ EL 14 DE MARZO DE 1883, EN LONDRES, INGLATERRA, Y FUE ENTERRADO JUNTO A SU MUJER EN EL CEMENTERIO DE HIGHGATE.
México • Para celebrar el natalicio 195 del filósofo, sociólogo y economista alemán Karl Marx, que se conmemora mañana, el escultor Ottmar Hörl ha instalado estatuas del fundador del socialismo científico alrededor de Porta Nigra, en la sureña ciudad de Tréveris, Alemania.
En la inauguración de la exhibición, Hörl refirió que el homenaje lo hace porque Marx, nacido en Tréveris el 5 de mayo de 1818, fue el padre espiritual del comunismo y, como tal, fue un filósofo a menudo mal entendido, cita el portal de Internet "thelocal.de".
Considerado, junto con Friedrich Engels, como el padre del socialismo científico, del comunismo moderno y del marxismo, Karl Marx fue un hombre que marcó época por sus destacadas aportaciones a la política mundial y a los sistemas económicos.
El autor de múltiples estudios sobre la historia humana nació en el seno de una familia culta y acomodada. Su padre era un abogado judío convertido al protestantismo, y fue él quien se encargó de proveerle de todo lo necesario para que asistiera a las mejores escuelas desde muy pequeño.
Al concluir el bachillerato, Marx se matriculó en la Universidad de Bonn para estudiar leyes; y posteriormente se trasladó a Berlín para estudiar, primero, historia y luego filosofía.
De acuerdo con su biografía publicada en el portal de Internet "biografiasyvidas.com", a la edad de 23 ya contaba con una ideología enmarcada en el idealismo hegeliano, en gran medida por el contacto que sostuvo en Berlín con las ideas "hegelianas de izquierda", fundamentadas en el ateísmo y la revolución.
Luego de doctorarse en filosofía por la Universidad de Jena, Marx se trasladó a Bonn con el propósito de ejercer la docencia, pero a su llegada se encontró con un gobierno reaccionario que había separado a profesores como Ludwig Feuerbach y Bruno Bauer de sus cátedras, por lo que se vio obligado a desistir.
En 1836 las ideas de los "hegelianos de izquierda", encabezadas por Feuerbach, habían conseguido grandes cambios en Alemania; uno de ellos, el surgimiento de la Gaceta del Rin, periódico de oposición en el cual colaboró Marx.
En octubre de 1942 fue nombrado redactor jefe del periódico, por lo que tuvo que trasladarse de Bonn a Colonia. Como director, la tendencia democrática revolucionaria del rotativo fue acentuándose y la censura, por parte del gobierno, no se hizo esperar.
A partir de enero de 1843, el gobierno alemán ordenó una total supresión de la gaceta, situación que obligó la salida de Marx de la redacción. Ese mismo año, el filósofo contrajo nupcias con Jenny von Westphalen, a quien conocía desde la infancia.
A partir de enero de 1843, el gobierno alemán ordenó una total supresión de la gaceta, situación que obligó la salida de Marx de la redacción. Ese mismo año, el filósofo contrajo nupcias con Jenny von Westphalen, a quien conocía desde la infancia.
En el otoño de 1843, Marx viajó a París, Francia, con el objetivo de continuar su carrera como editor de la revista Anales franco-alemanes, publicación de tipo radical en la que colaboró con Arnoldo Ruge, otro hegeliano de izquierda que había sido encarcelado y exiliado entre 1825 y 1848.
La revista sólo pudo ser publicada una vez, ya que la difusión clandestina de la misma en Alemania y las discrepancias de criterio surgidas entre Marx y Ruge la hicieron fracasar. Los artículos que Marx escribió para esta revista muestran su repudio por las armas y su apoyo a las masas y al proletariado.
Durante su estancia en París, en 1844, convivió unos días con Federico Engels, quien a partir de ese momento se convirtió en su amigo más íntimo y compañero en los movimientos revolucionarios parisinos.
Los dos filósofos revolucionarios se unieron a la enérgica lucha contra las diferentes doctrinas del socialismo pequeño burgués y elaboraron la teoría del socialismo proletario revolucionario, mejor conocido como "Comunismo".
En 1845, Marx fue expulsado de París, a petición del gobierno prusiano, al ser considerado como un revolucionario peligroso, por lo que tuvo que refugiarse en Bruselas, Bélgica.
Un año después, Marx y Engels se afiliaron a una sociedad secreta denominada "Liga de los Comunistas", en la que participaron de forma importante y fueron los responsables de redactar el famoso Manifiesto del Partido Comunista, en 1848.
La obra expone una nueva concepción del mundo, en la que por medio del materialismo y la dialéctica aplicados a la vida social, concibieron al proletariado como creador de una nueva sociedad comunista.
Tras ser expulsado de Bélgica, en 1848, Marx regresó a Francia y luego se trasladó a Colonia, Alemania, donde reinició las actividades de la Nueva Gaceta del Rin y asumió el cargo de editor en jefe.
Entre 1848 y 1849 la efervescencia de los movimientos revolucionarios inundó Europa, con lo que se confirmó la nueva teoría diseñada por Marx, la cual tuvo alcances varios años después en todo el mundo.
Luego del triunfo de la contrarrevolución, Marx tuvo que comparecer ante los tribunales, en febrero de 1849, en Alemania, y pese a resultar absuelto de los cargos que se le imputaban, fue expulsado del país.
El exilio constante que padeció durante su vida le causaron gran miseria, tanto a él como a su familia; puesto que los únicos ingresos económicos con los que contaban, era la ayuda ofrecida por Engels.
Tras apartarse de los círculos de emigrados, concentró sus fuerzas en el estudio de la economía política y desarrolló la teoría materialista en una nueva serie de trabajos históricos que revolucionaron la ciencia económica.
A finales de la década de los 50, con la intensificación de los movimientos democráticos, Marx volvió a participar de forma activa en dichos movimientos sociales; prueba de ello es la fundación de la "Asociación Internacional de Trabajadores en Londres".
Enfocó todos sus esfuerzos por unificar los movimientos obreros y por fomentar una actuación común de las diferentes formas de socialismo no proletario y premarxista, por medio una táctica común de lucha proletaria.
Su intensa labor y sus estudios teóricos, cada vez más profundos, terminaron por consumir su salud. Sin embargo, continuó con su obra de transformación de la economía política, consagrada en "El Capital".
La muerte de su esposa el 2 de diciembre de 1881 lo dejó devastado, por lo que cayó en una profunda depresión que empeoró aún más su problemas de salud; murió el 14 de marzo de 1883, en Londres, Inglaterra, y fue enterrado junto a su mujer en el cementerio de Highgate.
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