miércoles, 27 de febrero de 2013

443-02 “La interpretación no cristiana de Pablo de Tarso” (Carlos A. Segovia). Prólogo

10.02.13 | 05:57. Archivado en Pablo de Tarso,
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Segovia Por_una_lectura_no_cristiana_de_Pablo
Hoy escribe Antonio Piñero
Prometí la semana pasada transcribir hoy domingo el Prólogo a este más que interesante libro. Lo hago ahora, aunque pienso –si no me equivoco— que en algunos de los links/vínculos ofrecidos puede leerse también. Pero da igual. Aquí está:
PRÓLOGO
Este libro de Carlos A. Segovia es absolutamente indispensable en el panorama de los estudios sobre Pablo de Tarso en lengua española, pues presenta con rigor y claridad los resultados de una novedosa línea de investigación sobre la que la inmensa mayoría del público culto e interesado en los estudios sobre el cristianismo –y diría que incluso entre los profesionales de la teología- no tiene todavía ninguna o escasa información.
Esta línea investigadora se centra sin duda en el núcleo del pensamiento del apóstol Pablo e intenta ofrecer razonadamente una interpretación nueva, pero que se piensa como mucho más acorde con el carácter profundamente judío del personaje, La verdad es que desde antes de la Segunda Guerra Mundial se vienen planteando reiteradamente, sobre todo por autores en lengua inglesa, cuestiones básicas acerca de si entendemos correctamente el pensamiento de la figura más prominente del cristianismo después de Jesús. Pero en España tales debates han tenido escasa o nula repercusión hasta ahora. Podríamos preguntarnos incluso si éste podría ser un silencio interesado, fomentado por las autoridades eclesiásticas a quienes en nada podría interesar que tales debates lleguen a la opinión pública.

Ciertamente, los temas tratados en este libro son de capital importancia para la comprensión cabal del pensamiento de Pablo y la respuesta que a ellos se ofrece es clara y, a los ojos de muchos, radical. El autor presenta ordenada y claramente las opiniones de los principales representantes del nuevo planteamiento, para abordar él mismo las cuestiones suscitadas por este repaso del estado de la investigación ofreciendo sus propias respuestas y procurando fundamentarlas con el análisis de los textos principales de las cartas de Pablo, en especial la Epístola a los romanos.
Ante todo se plantea el autor el alcance de la denominación común de Pablo como “Apóstol de los gentiles” y el papel que desempeña en verdad en su teología la incorporación de los paganos al grupo de creyentes en Jesús como mesías. No menos importante es abordar la cuestión conexa de la mal denominada “conversión” de Pablo, puesto que el Apóstol jamás la denomina así, sino “llamada” de Dios Padre o de Jesús. ¿Cómo pudo Pablo “convertirse” a algo si realmente éste algo no existía aún? Unida a esta cuestión va otra, también básica y frecuente, que se oye plantear muchas veces entre gentes interesadas por los orígenes de su fe: qué fundamento real tienen quienes defienden que fue Pablo y no Jesús el que creó, o fundó el cristianismo
Es sabido que existen hoy confesiones que se denominan cristianas, pero que no creen en la divinidad de Jesús. ¿Fue Jesús un ser divino, o no lo fue según la teología del Apóstol? Consecuentemente, al responder a tal pregunta el autor se plantea si el Nazareno fue para Pablo un hijo real, óntico –casi diríamos, para entendernos bien, hijo “físico” de Dios-- o por el contrario, si hay que entender tal filiación según el más puro estilo judío. Naturalmente la investigación trata de estudiar cómo entiende el sintagma “Hijo de Dios” no sólo el Antiguo Testamento, por muy importante que esto sea, sino también –y diría que ante todo— en la literatura judía religiosa compuesta entre los siglos III a.C. y I d.C., aunque no fuera aceptada en el canon de Escrituras sagradas. Y la razón es que tales textos, que intentan completar o precisar la teología del Antiguo Testamento, fueron en verdad el humus donde creció parte del pensamiento religioso no sólo de Jesús, sino también de Pablo y otros seguidores del Nazareno.
El debate sobre si la muerte de Jesús en la cruz tuvo realmente para el Apóstol el sentido sacrificial, es decir, el de una víctima cuya muerte borró ante Dios todos los pecados del mundo, es conocido por los lectores españoles ya que ha sido planteado ante todo por los teólogos de la Teología de la liberación. En este libro se aborda tal cuestión no a partir del estudio de los Evangelios, sino más atrás, señalando con razón que, a pesar del orden y presentación tipográfica del Nuevo Testamento que ofrece al lector primero los Evangelios y luego las epístolas paulinas, estas comenzaron a escribirse una dos décadas antes del primer escrito evangélico, en orden cronológico, el de Marcos.
El tema de “Pablo y la ley de Moisés” es también capital en este libro, como es natural. Pero, ¿debemos enfocarlo de un modo radicalmente distinto a lo usual? Puede haber dudas serias de que Pablo cuestionara la ley de Moisés de un modo tan absoluto como se mantiene normalmente. Otro tema básico es la conversión de los paganos según Pablo.
El núcleo de la vida misionera del Apóstol fue su denodado intento de convertir a “gentiles”, no judíos, a la fe en Cristo cómo mesías. El nuevo enfoque radical del pensamiento paulino presentado en este libro se plantea cómo debe comprenderse tal afán y qué función desempeña en la teología de Pablo. Unido estrechamente a él se halla el espinoso problema de la increencia de la mayoría de los judíos en el personaje, Jesús, al que sus seguidores aclamaban como el verdadero mesías de Israel.
Es éste uno de los temas cruciales de la última carta de Pablo, la dirigida a los romanos y es una cuestión que debía de angustiar realmente a Pablo. Situar la solución que ofrece la Epístola a los romanos dentro del esquema general del pensamiento del Apóstol es uno de los afanes principales de este libro. El lector podrá encontrar, como muy sugestiva e interesante en mi opinión, la solución que él ofrece, que intenta bucear en cómo Pablo pudo concebir la aceptación de su muerte por parte de Jesús. La dilucidación de sus razones abocará también en este libro a indagar en qué sentido decía Pablo que, al final, “todo Israel se salvará”.
Como se ve, los temas abordados en este libro son cruciales, van a la raíz de la teología paulina y se enfrentan sin miedo a los espinosos problemas que una correcta interpretación suscita. Es claro que su respuesta tiene gran importancia para dilucidar cómo debe comprenderse hoy esta teología, que después de la muerte del personaje, Pablo, se convirtió en uno de los ejes principales sobre los que se vertebra la teología cristiana, junto con la elevada cristología --es decir la “ciencia sobre cómo debe considerarse a Jesús como mesías”— del Cuarto Evangelio,
No me cabe duda de que el libro presente suscitará una fuerte polémica intelectual. Algunas de sus interpretaciones son sin duda discutibles, y yo mismo tengo hacia ellas algunas reservas. Pero precisamente por ello el interés por leerlo puede ser aun más acuciante. Además, como el autor está perfectamente informado de la literatura que se ha generado últimamente sobre las cuestiones discutidas, el lector encontrará en las notas una bibliografía totalmente al día que le servirá de pista segura si desea profundizar en algunas de las cuestiones propuestas a discusión.
Es inútil y dañino a la larga el intento de evitar que estas nuevas líneas interpretativas, realizadas con toda seriedad y en el ámbito de la investigación universitaria, vean la luz entre los lectores de lengua hispana, como creo que ha podido pretenderse ya por quienes se sienten inseguros en sus posturas intelectuales, aun aparentando una notable firmeza externa en su defensa. Por ello, y aun no convencido en todos los casos por las nuevas tesis radicales, recomiendo vivamente su lectura. El lector verá que la interpretación usual del apóstol Pablo, tan básica para su fe, o para su cultura religiosa, no es tan segura como parece.
Saludos cordiales,
Antonio Piñero.
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com

www.cree.cl

¿Qué Es La Espiritualidad?

Cuando se trata de Dios y el hombre, sólo existe un lenguaje, y ese lenguaje es la espiritualidad. 
La espiritualidad es la universalidad de la Verdad, la Luz y el Deleite. La espiritualidad es la necesidad consciente de Dios. La espiritualidad es la oportunidad constante de realizar y probar que todos nosotros podemos ser tan grandes como Dios.
Dios es Deleite. El Deleite es el hálito del alma. Dios no quiere ver el rostro de la tristeza. Dios nos dará la infinitud en el momento en que estemos dispuestos a ofrecerle tan sólo un destello del deleite de nuestra alma.
El mundo está afligido. Nosotros somos responsables de ello. Nuestros sentimientos de auto-interés y auto-importancia son totalmente responsables de ello. La conciencia individual debe expandirse. El hombre necesita inspiración. El hombre necesita acción. La espiritualidadnecesita al hombre. La espiritualidad necesita cumplimiento absoluto. La espiritualidad posee el ojo interno que enlaza todas las condiciones de la vida con certeza interna.
El hombre puede hacer y deshacer sus condiciones externas mediante sus pensamientos espirituales. Para el que lleva a Dios en sus pensamientos y acciones, sólo para él, Dios es una Realidad viviente.
La espiritualidad posee una llave secreta que abre la Puerta de lo Divino. Esta llave es la meditación. La meditación simplifica nuestra vida externa y energiza nuestra  vida  interna. La meditación nos da una vida natural y espontánea. Esta vida llega a ser tan natural y espontánea que no podemos respirar sin tener conciencia de nuestra divinidad.
La meditación es un regalo divino. Es la aproximación directa, pues conduce al aspirante hacia Aquel de quien ha descendido. La meditación nos dice que nuestra vida humana es algo secreto y sagrado y confirma nuestra herencia divina. La meditación nos da un nuevo ojo para ver a Dios, un nuevo oído para oír la Voz de Dios y un nuevo corazón para sentir la presencia de Dios.
La vida espiritual no es un lecho de rosas, ni tampoco un lecho de espinas. Es un lecho de realidad e inevitabilidad. En mi vida espiritual veo el papel del diablo y el papel del Señor. Si el diablo posee la tentación, mi Señor posee la Guía. Si el diablo tiene oposición, mi Señor tiene Ayuda. Si el diablo tiene castigo, mi Señor tiene Compasión. Si el diablo me lleva al infierno, mi Señor me lleva al Cielo. Si el diablo tiene la muerte para mí, mi Señor tiene la Inmortalidad para mí.
Con la plenitud de nuestro corazón y con las lágrimas inundando nuestros ojos, debemos rezar a Dios. Debemos elevar nuestro objetivo tan alto como la realización de Dios, puesto que ese es el único propósito de nuestra existencia terrenal. Sri Ramakrishna dice: «Para ningún propósito ha nacido, quien teniendo el raro privilegio de haber nacido hombre, es incapaz de realizar a Dios en esta vida».
La ciencia ha logrado maravillas. No obstante, el alcance de su visión es limitado. Hay mundos más allá de los sentidos; hay misterios ocultos. La ciencia no tiene acceso a estos mundos; la ciencia nunca puede resolver estos misterios. Pero una figura espiritual puede fácilmente, con su visión interna, penetrar en estos mundos y sondear estos misterios. Y aún así, una figura espiritual es un auténtico idealista que no construye castillos en el aire sino que, mas bien, tiene sus pies firmemente plantados en la tierra.
La espiritualidad no es mera tolerancia. Ni siquiera es aceptación. Es el sentimiento de unicidad universal. En nuestra vida espiritual consideramos lo Divino, no sólo en términos de nuestro propio Dios sino en términos del Dios de todos. Nuestra vida espiritual establece firme y seguramente las bases de la unidad en la diversidad.
La espiritualidad no es mera hospitalidad con la fe en Dios de los demás. Es el reconocimiento y la aceptación absoluta de su fe en Dios como la propia de uno. Difícil, pero no imposible, puesto que esta ha sido la experiencia y la práctica de todos los Maestros espirituales de todos los tiempos.
La «Verdad» ha sido el problema de los problemas en todas las épocas. La verdad vive en la experiencia. La verdad en su aspecto externo es sinceridad, veracidad e integridad. La verdad en su aspecto interno y espiritual es la visión de Dios, la realización de Dios y la manifestación de Dios. Eso que respira eternamente es la Verdad. Incitador del alma es el grito de nuestros videntes Upanishádicos: Satyam eva jayate nanritam: "Sólo la Verdad triunfa, y no la falsedad". Bienaventurada es la India por tener este como su lema, su aliento de vida, su extenso mensaje de divinidad universal.
La espiritualidad no va a ser hallada en los libros. Aunque exprimamos un libro no vamos a obtener espiritualidadalguna. Si queremos ser espirituales, tenemos que crecer desde dentro. Los pensamientos y las ideas preceden a los libros. La mente levanta a los pensamientos y a las ideas de su sueño. La espiritualidad despierta a la mente. Una persona espiritual es la que escucha los dictados de su alma, y a la que el temor no puede torturar. Las opiniones del mundo son demasiado débiles para atormentar su mente y su corazón. Ella conoce, siente y personifica esta verdad.
Por último, tengo un secreto abierto para los que quieran emprender la vida espiritual. El secreto abierto es este: pueden cambiar su vida. No necesitan esperar años, ni siquiera meses para este cambio. Este se inicia en el momento en que uno bucea en el mar de la espiritualidad. ¡Intenten vivir la vida de la disciplina espiritual por un día, ¡un solo día! Están llamados al triunfo.

martes, 26 de febrero de 2013

¿Hacia dónde va la Iglesia Católica?

Víctor Rey 


La sorpresa de la dimisión de Benedicto XVI a la silla papal fue una sorpresa a medias. Desde mayo del año pasado cuando se dieron a conocer los escándalos financieros en El Vaticano, comenzaron a circular diversos comentarios y escritos en internet que hablaban de una posible renuncia de Ratzinger. La sorpresa no fue su renuncia, sino el momento en el cual lo hizo. Así que podemos decir que fue una “Crónica de una renuncia anunciada”. Lo interesante de todos esto es el revuelo que ha causado y ha sido tema de conversación y escritos en diversos medios, no solo religiosos sino también seculares. Esto demuestra la importancia y la influencia que tiene la Iglesia Católica Romana en el mundo de hoy a pesar de las muchas deserciones de sus miembros y de su posición cada vez más abierta a la modernidad y la posmodernidad.
Personalmente he caminado con la Iglesia Católica, dónde tengo muchos amigos, sin ser un miembro o feligrés. Supe que me bautizaron a los pocos días de nacido en la Parroquia Santa Ana de Santiago, que a los siete años hice la Primera Comunión y posterior Confirmación junto a mi hermano mayor en la Basílica El Salvador y luego en la adolescencia participé en la Parroquia San Mateo de mi barrio, donde funcionaban varios grupos juveniles y ahí comencé a hacer mis primeras tareas de trabajo social y de liderazgo junto a sacerdotes que era simpatizantes de la Teología de la Liberación y de Los Cristianos por el Socialismo, expresión comprometida de esa teología en Chile. Luego que entré a la universidad a estudiar filosofía ese poco catolicismo que tenía se esfumó y me sentí más atraído por el marxismo y el ateísmo y la militancia política concreta. Más tarde tuve el privilegio de hacer un post grado en el Instituto Latinoamericano de Doctrina y Estudios Sociales (ILADES), institución creada por el CELAM para el fomento de la Doctrina Social de La Iglesia y coordinado por La Compañía de Jesús. Esa experiencia académica ha sido una de la más rica de mi vida, por la calidad de los profesores y alumnos y por la revisión que hicimos en dos años de las Ciencias Sociales en América Latina. También aprendí a conocer por dentro a la Iglesia Católica y leer mucho de sus documentos que me han servido posteriormente. Desde ese tiempo no me pierdo la lectura de Las Encíclicas y los documentos que salen del Vaticano. Más adelante hice otro posgrado en la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica y mi primera lectura en francés, fue la Encíclica: “Redentor Missio”. Hice un breve comentario de esta Encíclica que posteriormente apareció en español en la revista Iglesia y Misión.
Me considero un cristiano ecuménico y esto me ha generado muchos problemas con mis hermanos evangélicos conservadores y fundamentalistas, que no consideran cristianos a los católicos. Creo que ellos pierden una gran posibilidad de aprender y de enriquecerse con la historia, la liturgia, la espiritualidad, el servicio y la participación social y política de los católicos. Siempre les digo que aquí se debe aplicar el principio del apóstol Pablo: “Exhaminádlo todo, retened lo bueno”.
Después de todo esto quiero hacer algunos comentarios a lo que percibo en relación la renuncia de Benedicto XVI, sin ser un especialista, ni un vaticanólogo, sino como un cristiano común y corriente que está interesado en la misión y la unidad de los cristianos.
Creo que escogió bien esta fecha para que la sucesión y todo el proceso finalice en Pascua, tenía que tomar todo ese tiempo que es necesario. Creo que todos los escándalos que se produjeron durante su papado como los casos de pedofilia y la filtración de los documentos del caso llamado “Vatileaks”, causaron estragos enormes. El sabe que se necesita un líder con una gran fuerza para resolver esos problemas y él no es la persona que tenga esa fuerza para hacerlo. Está claro que Ratzinger no es un político, su vocación es la teología. Por eso algunos dicen que el futuro Papa debe ser más pastor que profesor.
Ratzinger demostró un nivel cualitativo altísimo en el desempeño de su magisterio. Su capacidad más importante es la de comunicar conceptos densos con gran sencillez. No es un hombre que supo manejar la maquinaria del gobierno. Es un estudioso. También carecía de sensibilidad geopolítica. Basta recordar el discurso en la Universidad de Regensburg en septiembre del año 2006 y la frase desafortunada sobre Mahoma que desencadenó reacciones dramáticas.
Muchos ahora esperan un cambio o una reforma en la Iglesia Católica con el nuevo Papa que se elegirá. Si se piensa que estos cambios serán en los temas del aborto, de la ordenación de las mujeres, del celibato de los sacerdotes y del matrimonio homosexual, podemos decir que no. Hay que recordar que todos los cardenales que estarán eligiendo al nuevo Papa fueron ordenados por Juan Pablo II y por el propio Benedicto XVI, los cardenales en esos temas básicamente están de acuerdo. Si se esperan reformas en otros temas, como tener un Papa del tercer mundo, un Pontífice que pueda proyectar un mensaje más positivo, que reforme al Vaticano, que lo haga funcionar mejor, esas clases de reformas son posibles. Los desafíos que está enfrentando la el catolicismo depende desde donde se vive. Si se vive en Europa del Este se puede decir que es el secularismo. Si se vive en Nigeria podemos decir que es el Islam. Si se vive en América Latina es el crecimiento del pentecostalismo y las iglesias neopentecostales. Por otro lado la Iglesia católica ve a América latina como la salvadora de esta institución que está en declive. Creen que el futuro del catolicismo está en este continente pues es donde casi la mitad de los católicos bautizados del mundo. En esta región está el país con más católicos (Brasil), y aquí el número de seminaristas ha crecido.
La renuncia significa que los cardenales que van a elegir al nuevo Papa van a estar más abiertos a hacer cambios, debido a que, obviamente, la decisión de Benedicto XVI de irse es una señal muy clara de que el status quo no está funcionando.
¿Qué puede hacer la Iglesia Católica en América Latina donde la izquierda populista ha sustituido a la Iglesia como redentora en varios países; donde la prosperidad ha vuelto consumistas a millones de nuevos miembros de la clase media; donde las iglesias evangélicas de la “teología de la prosperidad” ( que son las más grandes y más influyentes) predican la idea de que ser rico en este mundo no es incompatible con irse al cielo, y donde las cusas sociales potencialmente útiles para los obispos no tienen suficiente público a escala continental y atraen, para colmo, a radicales con los que no les conviene juntarse?
He ahí el gran desafío actual del catolicismo latinoamericano: adaptarse a los tiempos transformadores que corren, bajo la presión de ser la rama llamada a salvar a esta institución que ha perdido espacios en sus bastidores antiguos.
Todavía no sabemos cuál será la respuesta a todo esto, en parte porque la propia Iglesia no lo sabe aún. Para ello, claro, serán necesarios dos cosas: una cierta unidad, la que nunca ha ocurrido del todo y un liderazgo más definido